Toni García Arias

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La Feria de la Democracia y la corrupción

Toni García Arias | 24/04/2016
Política Nacional


La democracia en los países comienza a defenderse desde las instituciones. Las instituciones son las responsables de cumplir y hacer cumplir los principios básicos de cualquier democracia. Cuando un ministro –como fue el caso del impresentable ex ministro Rodrigo Rato- sale en los medios de comunicación advirtiendo de los perjuicios que causa a la sociedad defraudar a Hacienda y ataca a los posibles defraudadores, los ciudadanos nos lo creemos y confiamos en él y en sus actuaciones. Cuando luego nos enteramos de que el primer sinvergüenza, caradura y presunto “ladrón” es precisamente la persona encargada de mantener a raya a los defraudadores, se te queda cara de gilipollas. A medida que vamos sabiendo gracias a la prensa y a las actuaciones policiales y judiciales que los nombres de los mayores ladrones de este país están en la banca, en las grandes empresas y en los respectivos gobiernos -ya sea nacional, de las comunidades autonómicas o de los ayuntamientos-, nos vamos dando cuenta de que en España los que gobiernan, los que mandan, lo hacen con el único fin de favorecerse a ellos mismos y a sus esbirros, que en todas las ocasiones son compañeros de partido, familiares o amigos; en cualquier caso, gentuza sin dignidad ni escrúpulos, sin moral ni integridad, sin ética ni valores; es decir, simples bestias.


Ahora –para acabar de rematar la faena- nos enteramos de que los responsables del tan alabado colectivo de funcionarios públicos Manos Limpias y los responsables de la Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios, Ausbanc, constituían una especie de mafia de tipos trajeados y con aire elegante, una organización criminal que presuntamente practicaba la extorsión, la estafa, la administración desleal y el fraude en las subvenciones. Precisamente, todo lo que perseguían.

La Feria de la Democracia y la corrupción


Cuando las instituciones encargadas de legislar y gobernar un país, una comunidad autónoma o un ayuntamiento son las corruptas, las que albergan más ladrones por metro cuadrado que cualquier otro lugar, es que algo está podrido en una democracia. Sin embargo, los ciudadanos de este país parece que ya hemos asumido que eso es así, lo que implica que como nación no tenemos curación posible. Vamos a la Feria de Abril y a los San Fermines en manada, cada año batimos récord de asistencia, pero apenas nos juntamos cuatro para manifestarnos en contra de esta lacra que estamos sufriendo. No tenemos conciencia de país ni de sociedad ni si quiera de tribu. Aquí cada cual va a lo suyo. Y somos estúpidos, tremendamente estúpidos, porque mientras nosotros bailamos como locos con nuestro rebujito en la mano, cientos de ladrones se ríen de nosotros robando o saliendo de la cárcel a los dos días de haber ingresado. Todo ese dinero que nos roban mientras bailamos o corremos delante de los toros o vemos la Champions son menos camas de hospital, menos ambulancias, menos lentejas en los comedores escolares, menos ayudas al estudio, menos subvenciones a los emprendedores, menos inversión en ciencia. Nuestros hijos tienen hambre, no tienen becas para estudiar ni para el comedor del colegio, no podemos pagarnos una vivienda digna, no podemos permitirnos más que comer de ofertas y cada día nos cuesta más llegar a fin de mes. Sin embargo, bailamos. Y eso es lo que nos diferencia del resto del mundo, porque mientras en otros lugares la gente se reúne y protesta, aquí lo celebramos en una caseta de feria.



Quiero aparecer en los papeles de Panamá

Toni García Arias | 10/04/2016
Política Internacional


Me encantaría ser de esas personas que no tienen ningún tipo de escrúpulos, que no tienen ningún tipo de ética, ni de moral, ni valores, ni tampoco principios. Me encantaría ser de esos cabronazos que se levantan por la mañana y se miran el ombligo, sin importarles lo que le suceda al resto del mundo. Me gustaría ser de esos tipejos capaces de vender a su propia madre para aparecer en un programa de bocachanclas rodeado de falso glamour y estúpida intelectualidad.


Me encantaría ser un sinvergüenza, predicar una cosa y hacer la contraria -legislar una cosa y hacer la contraria- y aparecer en una de esas listas tan de moda, como la lista Falciani, rodeado de cientos de miles de “presuntos” defraudadores y evasores fiscales.

Quiero aparecer en los papeles de Panamá


Me encantaría que todo me la sudara; el cine, el fútbol y el honor -sobre todo el honor-, y aparecer en alguna lista, como los papeles de panamá, rodeado de cientos de “presuntos” delincuentes, evasores, defraudadores y caraduras, a los que les importa un pimiento la patria, la sociedad y las personas.


Me encantaría ser un jeta, un sinvergüenza, un caradura, un bocachanclas…, pero un caradura español. Porque en el resto de Europa y en la mayoría de los países civilizados aún queda un mínimo de dignidad, y cuando uno es descubierto y queda con el culo al aire, por lo menos tiene la decencia de irse. De dimitir. Pero en España no.



En España, si nos descubren robando, podemos no dimitir. Podemos seguir quedándonos en el mismo puesto sin que nada suceda. Y sin pedir perdón. Seas político, juez, futbolista, cineasta o familia de la familia de la familia real. Es más; en España aún podemos ponernos chulos y decir que todo es mentira, que todo es una persecución política o una persecución judicial, mientras seguimos robando y robando. Porque en España, uno puede aparcar en una zona reservada para minusválidos y partirle la cara a quien se atreva a llamarle la atención. Así somos. Y eso me encanta.



En Europa aún queda un mínimo de dignidad, pero para nuestra fortuna, en España la hemos perdido definitivamente; ya no existe ni honor, ni honestidad, ni dignidad. Por eso, aunque yo ya soy un poco viejo para cambiar, si tuviera un hijo lo educaría en la irresponsabilidad, en la vagancia, en la chulería, en la sinvergonzonería, en la desfachatez, en la inmoralidad. Le animaría a que se copiase en todos los exámenes, a que se le pusiese chulo al maestro, y luego, a que dejase los estudios para dedicarse a poner ladrillos cuando esto del boom inmobiliario vuelva a resurgir y sea el gran motor de nuestra magnífica economía. Le animaría a que diese un pelotazo. A que se casase con un torero. O con un toro, me da lo mismo. A que se metiese en un reality y luego le hiciese la pelota al presentador de turno para aparecer como colaborador en un programa miserable rodeado de glamour. Y yo le aplaudiría desde el sofá de mi casa, orgulloso, con una lágrima en los ojos de pura alegría. Porque esto es España, coño, y aquí el que roba, defrauda, evade, da un pelotazo, acosa, vaguea, lame culos y es un jeta, es el puto amo.



Educación Emocional para todos

Toni García Arias | 21/03/2016
Educación


El pasado fin de semana presenté mi último libro "Educación Emocional para todos", publicado por la Editorial LoQueNoExiste. Se trata de un libro de divulgación dirigido al público en general, con un breve apartado específico para padres, docentes y cualquier persona relacionada con la educación de los menores.



¿Qué es la educación emocional?



De una manera sencilla, podemos decir que la educación emocional es la educación encaminada a la enseñanza y aprendizaje del conocimiento y gestión de las emociones. Aunque el concepto pueda parecer moderno, en esencia no lo es. Desde la aparición del ser humano, la educación emocional siempre ha estado presente, solo que dependiendo de la época y del entorno social, dicha educación era tratada de un modo o de otro, muchas veces de manera equivocada, ya que lo que se hacía era enseñar la represión de dichas emociones.


Educación Emocional para todos


Hoy en día, sin embargo, la educación emocional comienza a tener mayor relevancia debido al hecho de que en la actualidad la neurociencia está comenzando a demostrar que el ser humano es principalmente un ser emocional; un ser emocional que racionaliza sus emociones, pero un ser emocional a fin de cuentas.



¿Por qué es importante la educación emocional?



En un lenguaje coloquial, se puede decir que la educación emocional es importante por dos razones fundamentales:



1. La primera razón es que un adecuado conocimiento y control de las emociones nos ayudará a enfrentarnos a los golpes de la vida de un modo más equilibrado, pudiendo revertir en cierta medida las emociones negativas en positivas. Es decir; podremos afrontar con mejores armas la muerte de nuestros seres queridos, la soledad, la frustración, el rencor, la ira, las relaciones familiares, la soledad, etc.



2. La segunda razón es que gracias al conocimiento de nuestras emociones -de nuestros miedos, esperanzas, ilusiones, etc.- podremos actuar en la vida de tal modo que nos arrepintamos en las menores ocasiones posibles. Es decir; en muchas ocasiones es la vida la que nos dirige, ya que actuamos por la influencia de los demás: un conocimiento de nosotros mismos nos ayudará a actuar según nuestros deseos y objetivos.



¿Hay que enseñar educación emocional en los colegios?



En principio, en los centros educativos no deberían enseñarse normas, ni educación vial, ni alimentación, ni tampoco educación emocional. Esa debería ser una tarea de las familias. Lo que sucede es que muchas familias se han desentendido de la educación en valores o de la educación emocional de sus hijos y la escuela tiene que abordarlo. ¿Por qué? Pues, en primer lugar, porque nuestra función es educar todas las facetas del individuo, y, en segundo lugar, porque mejorando la educación emocional y las normas en los alumnos conseguiremos también mejores resultados académicos. Hoy en día, el gran fracaso de muchos alumnos no está relacionado con sus capacidades, sino con su desequilibrio emocional.



En la actualidad, muchos alumnos han sido abandonados emocionalmente por sus padres, y son educados por la calle o por la Play-Station. Nuestra labor como docentes es recuperarlos para hacerlos de nuevo funcionales.



¿Qué voy a encontrar en este libro?



En "Educación emocional para todos" se aborda de una manera didáctica y con un lenguaje sencillo aquellos problemas que más nos afectan desde el punto de vista emocional: la soledad, la muerte, las relaciones tóxicas, el desamor, la imagen corporal, la amistad, los prejuicios, la timidez, las relaciones familiares... Además de mostrar un análisis de cada una de esas circunstancias, el libro también ofrece una serie de consejos para afrontar dicha problemática con la finalidad de solucionarla y ser más felices.



Se trata de un libro de lectura ágil fundamental para todos aquellos que crean que la educación emocional es determinante en nuestras vidas.



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Deberes para vacaciones

Toni García Arias | 02/07/2017
Educación


Por fin, ha llegado el verano, y con él, las vacaciones del colegio. Este es, sin duda, un momento crítico para muchos padres, que no pueden ajustar su horario laboral al horario vacacional de sus hijos. Equivocadamente, algunos de esos padres solicitan a la administración más días de clase en los colegios, cuando lo que deberían reclamar es más días de vacaciones en sus empresas para poder disfrutar de la vida familiar con sus hijos. Esto es como cuando alguien cuelga en Facebook la foto de un jornalero trabajando al sol y dice que los demás no pueden quejarse de la ola de calor en su trabajo de oficina. Los derechos, hasta donde yo sé, nunca se piden a la baja. De lo contario, no se defiende al jornalero, sino al explotador. Pero, aparte de esto, hoy me gustaría hablarles de otro asunto que también preocupa a los padres: los deberes de vacaciones.


El aprendizaje, al contrario de lo que algunos puedan pensar, no es algo exclusivo de las escuelas. Por supuesto, también se produce en las escuelas, pero no es exclusivo de ellas. El aprendizaje está presente en cualquier lugar y en cualquier momento de la vida. El aprendizaje surge, fundamentalmente, de las experiencias. Por eso, la vida es el mejor escenario para aprender y, si uno está atento, cualquier aspecto que vivamos nos sirve para adquirir un aprendizaje. Porque el aprender, en la mayoría de las ocasiones, está en la actitud del que aprende más que en otra cosa. Yo, por ejemplo, aprendí mucho más de ciencias naturales cuando iba con mi abuelo en el carro de la vaca que en el colegio. Aprendí mucho más de valores con mi padre que en el colegio. Aprendí mucho más de sacrificio con mi equipo de fútbol que en el colegio. Aprendí mucho más del sentido de la vida con mi bisabuela que en el colegio. Aprendí mucho más de música con mi grupo de amigos que en el colegio. Etc., etc.

Deberes para vacaciones


Evidentemente, no estoy diciendo con ello que el colegio no sea necesario. Todo lo contrario. Las escuelas enseñan infinidad de conocimientos fundamentales para la vida, y la labor diaria de los docentes es encomiable. Pero no lo son todo. La vida, con toda su belleza, también nos enseña. Por eso, para este verano, los mejores deberes que pueden llevar los niños a sus casas no son de lengua o de matemáticas. Los mejores deberes que pueden llevar son pasar más tiempo con sus padres y con sus abuelos –algún día faltarán y el tiempo perdido jamás se recupera-. Que lean algún libro que les guste. Y si puede ser, rodeados de naturaleza. Que prueben nuevas comidas, nuevos sabores. Que miren las estrellas de noche. Que viajen a algún lugar nuevo, si puede ser, cargado de historia. Que cuenten el paso del tiempo y aprendan a aburrirse. Que sientan en su corazón el latido del corazón de algún animal. Que escuchen música diferente, de todo tipo. Que reclamen a sus padres más tiempo con ellos, tiempo de calidad, tiempo de familia, tiempo de diálogo, tiempo de risas.


En la vida, por desgracia, casi siempre estamos ocupados en la rutina, en lo inútil, en lo superficial. Luego, los años pasan y nos hacemos viejos. Y, entonces, nos damos cuenta de que el tiempo solo adquiere verdadero sentido cuando estamos al lado de las personas a las que queremos. No hagamos hoy que el día de mañana tengamos que arrepentirnos. Felices vacaciones.



Los semáforos paritarios

Toni García Arias | 13/03/2016
Política Nacional


Estos días se están instalando por toda España los llamados “semáforos paritarios”, una circunstancia que -sin duda ninguna- mejorará mucho la situación de la mujer no solo en España sino en el mundo entero. Para que los semáforos sean “paritarios” los responsables de su defensa e instalación han decidido que nada mejor que dibujar en el semáforo la figura de una mujer, ya que –al parecer- la figura que aparecía hasta ahora era la de un hombre. Un hombre raro, también es cierto, pero un hombre, al fin y al cabo. Para conseguir esa figura femenina, sus responsables han pensado que lo mejor era hacer un monigote con falda, que es una característica que no sé hasta qué punto define a una mujer ni hasta qué punto es aún más sexista. Pero es que la gente paritaria es así; llegan hasta el gesto pero no entienden el fondo.


A pesar de que los semáforos de nuestro país empiecen a reflejar a un supuesto hombre y a una supuesta mujer, aun así, los semáforos seguirán sin ser paritarios, ya que no reflejan la diversidad que somos. Para empezar, no todos los hombres son como el monigote del semáforo. Hay hombres gordos que ahora no sabrán si pueden cruzar o no. También hay hombres delgados, altos y bajos que se quedarán parados en la acera dubitativos. Asimismo, tampoco aparecen mujeres con pantalones, las cuales se tendrán que quedar en su acera sin poder cruzar para toda la vida. Tampoco los ancianos –y ancianas- con bastón aparecen reflejados en los semáforos. Tampoco hay monigotes con minifalda para los calores del verano, o con abrigo para las inclemencias del invierno. Millones de personas sin su silueta de semáforo seguirán viviendo discriminados en esta injusta sociedad.

Los semáforos paritarios


Sinceramente, a mí, la forma que tengan los semáforos me parece una absoluta estupidez. Nunca me he sentido más hombre ni más importante en la sociedad porque la silueta de un semáforo represente a un supuesto ser masculino. Cuando veo la silueta de un ciervo en una señal de tráfico en la carretera jamás me planteo si es macho o hembra. Tal vez estoy completamente equivocado, pero toda esa política del gesto me parece quedarse en lo superficial. A mí, lo que realmente me importa es que una mujer pueda disponer de un año de sueldo para cuidar de su hijo –o hija, para los que se quedan solo en lo superficial-. Me importa que una mujer cobre igual que un hombre por realizar el mismo trabajo. Me importa que a una mujer no se le llame puta por ir vestida de una forma o de otra. Me importa que las mujeres del mundo no sean violadas y utilizadas como armas de guerra. Me importa que las niñas del mundo tengan derecho a recibir una educación igual que un niño. Me importa que las niñas del mundo no sean vendidas a hombres adultos para casarse. Me importa que las niñas del mundo no sean utilizadas y vendidas como esclavas sexuales. Me importa que las mujeres del mundo no sean compradas y vendidas en las tratas de blancas. Me importa que las mujeres del mundo no sean asesinadas por hombres que creen que son de su posesión. Todo eso es lo que me importa sobre la igualdad entre el hombre y la mujer. Lo demás, el gesto, la palabrería; pura demagogia y espectáculo para el beneplácito de los que le dan más importancia al estandarte que a la cruda realidad diaria.



El valor de la vivienda

Toni García Arias | 28/02/2016
Política Nacional


Hace un par de semanas, mientras estaba pasando de un canal a otro, encontré en televisión un programa sobre casas. Se trata de un programa repetido de una famosa cadena nacional donde algunas personas abren las puertas de sus viviendas a los reporteros para mostrarlas al público. Es un programa muy interesante y entretenido, donde los dueños de las casas -en su mayoría de lujo, ya sea por la antigüedad, por la enormidad o por la localización- nos enseñan cada una de las estancias, la decoración de sus viviendas y cuentan alguna que otra anécdota curiosa, especialmente con las viviendas antiguas.


Para ser sincero, debo reconocer que cuando veo esas enormes y preciosas casas, con sus piscinas, con sus jacuzzis, con sus cuadros del siglo XV, con sus grandísimos espacios, con sus chimeneas encendidas, con sus salas de villar, con sus enormes y cómodos sofás, con sus vinotecas o con sus bellos jardines, siento una cierta envidia. Una envidia sana. Pero, sobre todo, siento una profunda decepción.

El valor de la vivienda


En la actualidad, un número importante de los dueños de esas preciosas y valiosas viviendas que hay a lo largo y ancho de nuestra querida España están relacionados directa o indirectamente con el mundo de la construcción: arquitectos, agentes inmobiliarios, decoradores, notarios, constructores, dueños de empresas de materiales de construcción, concejales de urbanismo, etc. Resulta curioso que algo tan necesario como una vivienda se haya convertido en un fructífero negocio. De hecho, en las sociedades modernas, las necesidades primarias de los seres humanos se han aprovechado para convertirlas en enormes y lucrativos negocios; negocios -en muchos casos- económicamente “fraudulentos” y -en casi todos- moralmente deleznables. Así, la sanidad o la vivienda -por ejemplo- son hoy en día dos enormes negocios tan fructíferos como especulativos. La muerte y la vida unidas por el preciado dinero.



Regresando al tema de las casas, si echamos cuentas, una vivienda sencilla, en realidad, cuesta muy poco dinero. De hecho, los materiales y la mano de obra apenas han variado durante los últimos años. Y una casa no deja de ser cemento, arena, acero y arcilla. Son la especulación del suelo y las enormes plusvalías cercanas en muchos casos al 100% las que encarecen las casas. En muchas ocasiones, de una fase de construcción a otra -con el mismo precio del suelo, el mismo precio de mano de obra y el mismo precio del ladrillo- puede haber una variación de un 30% de una vivienda a otra. Y eso en cuestión de dos meses. Algo absolutamente injustificable y -en una sociedad justa- casi hasta delictivo.



Ahora que estamos en crisis, todos estamos tremendamente sensibilizados con el tema de la vivienda y los desahucios. Así somos. Nos gustan las modas. Sin embargo, más tarde o más temprano saldremos de la crisis, los sueldos subirán un poco, el precio de la vivienda aprovechará para dispararse y de nuevo hordas de consumidores acudirán en tropel a los bancos para pedir hipotecas de 300.000 euros a 40 años. Toda una ganga. Y ya no protestaremos. Los políticos y los especuladores se frotarán las manos, y el mundo seguirá girando con su rica zanahoria y su burro detrás.



De qué Justicia hablamos

Toni García Arias | 29/01/2017
Educación


Manolo nació en el año en que comenzó la Guerra Civil. Ahora tiene 80 años. Manolo trabajó duramente durante 65 años, aunque en realidad, por aquella época, todos los niños comenzaban a trabajar casi nada más nacer. Y mucho más en un pequeño pueblo, donde siempre había que echar una mano en el cuidado del campo o de los animales. Manolo abandonó la escuela con diez años. A esa edad comenzó a dedicarse por entero a ayudar a su padre. Como la mayoría de las familias, la familia de Manolo pasó miserias y penurias durante los años de la posguerra. Su mujer, Lola, tiene actualmente 75 años, y también dejó los estudios muy joven, a los doce años, para ayudar a su madre en las tareas del hogar y la labranza. Después de años y años de duro trabajo, Manolo y Lola se jubilaron. Ahora viven en una casa de campo que consiguieron gracias al esfuerzo, al sacrificio, al trabajo y a las arrugas de sus rostros.


Hace unos meses, unos ladrones entraron en casa de Manolo y Lola para robarles. Los ladrones cogieron a Lola y la ataron. A Manolo lo agarraron y le golpearon durante varios minutos para tirarlo finalmente al suelo. Uno de los ladrones le metió entonces el cañón de una pistola en la boca y amenazó con matarlo si no le decía dónde estaba el dinero. Al final, se llevaron unos seiscientos euros, joyas y teléfonos móviles, y dejaron a Manolo malherido, que fue trasladado al hospital con infinidad de magulladuras. Pasó ingresado una semana; dolorido, golpeado, humillado. Y ahora viene lo más gracioso de toda esta historia.


De qué Justicia hablamos

Hace unas semanas, la policía logró detener a los dos presuntos ladrones que robaron en casa de Lola y Manolo. En casa de Lola y Manolo y en varias viviendas más, por supuesto. Al ser detenidos, la policía comprobó que ambos ladrones tenían más de una veintena de antecedentes por robo con violencia. Más de una veintena. Se entiende que estos ladrones fueron detenidos veinte veces y puestos en libertad otras veinte veces. No una, ni dos, ni tres, ni cuatro; veinte. Una tras otra. Se entiende también que hubo un juez que los dejó en libertad o que les impuso una pena ridícula la primera vez que los detuvieron, ya que volvieron a la calle, donde volvieron a robar. Y se entiende que un segundo juez también los dejó en libertad o les impuso otra pena ridícula, porque de nuevo volvieron a la calle y volvieron a robar. Y se entiende que un tercer juez, un cuarto juez y hasta un vigésimo juez los volvió a dejar en libertad o a imponerles una pena ridícula, porque volvieron a la calle y -como ya se pueden imaginar- volvieron a robar otras tantas veces. Ahora, el juez número veintiuno los volverá a dejar en libertad o les volverá a imponer una pena ridícula, y estos ladrones volverán a la calle antes de que yo termine de escribir este artículo. Y lo peor es que volverán a robar antes de que ustedes terminen de leerlo.


Posiblemente, no hagan falta tantas leyes para impartir justicia. Posiblemente, bastarían unos cuantos folios bien redactados y un poco de sentido común. Dentro de poco, un nuevo Manolo y una nueva Lola volverán a ser robados y golpeados por dos ladrones que en cinco minutos pisotearán una vida de 80 años. El responsable de sus heridas, de su sangre en la cara, de su miedo, de su humillación no serán finalmente los ladrones, sino un sistema judicial -legisladores y jueces incluidos- que no saben o no quieren protegernos.



Sobre la libertad de expresión

Toni García Arias | 21/02/2016
Política Nacional


La libertad de expresión es algo curioso. Según quién la utilice, puede ser buena o mala. Por ejemplo, hace unos días, dos titiriteros de la compañía “Títeres desde Abajo” fueron detenidos y enviados a prisión sin fianza por un presunto delito de enaltecimiento del terrorismo.


Desde entonces, muchos artistas, políticos y ciudadanos en general han pedido la liberad de los dos titiriteros basándose en el famoso derecho a la libertad de expresión. Para saber de lo que estamos hablando –y según se ha publicado en distintos medios y afirmó el público presente-, durante el desarrollo de la obra “La Bruja y don Cristóbal”, los dos titiriteros detenidos escenificaron numerosas acciones violentas, como el ahorcamiento de un guiñol vestido de juez, el apuñalamiento de un policía y la violación de una monja y su posterior apuñalamiento con un crucifijo. Asimismo, exhibieron una pancarta con la leyenda “Gora alka-ETA”.


Sobre la libertad de expresión

Con respecto a este suceso, Ada Colau –coincidiendo con otras muchas personas- afirmaba en Facebook que “En una democracia sana hay que proteger toda libertad de expresión, hasta la que no nos guste"”. Y ahí está lo difícil del asunto. Por norma general, en este país se defiende o se critica cualquier actuación política según qué partido la cometa. Así, si son los de izquierdas los que cometen una mala actuación, los de derechas la criticarán, y los de izquierdas se defenderán diciendo que cuando Esperanza Aguirre o cuando Aznar, esto y lo otro. Si son los de derechas los que cometen una mala actuación, los de izquierdas la criticarán, y los de derechas se defenderán diciendo que si Zapatero o Venezuela. Y de este modo, es absolutamente imposible hablar razonadamente. Así, en un país donde parece que eso de las libertades no lo tienen muy claro ni la derecha ni la izquierda política ni social, podemos decir que si una persona insulta al Rey, es libertad de expresión; si insulta a la bandera republicana, es fascista. Si una mujer se mea en la calle como modo de protesta, es libertad de expresión; si decide dejar su trabajo para cuidar a sus hijos, es tonta. Si una persona critica a la Iglesia Católica, es libertad de expresión; si critica a otra religión que no sea la católica, es intolerante. Si una persona pide la independencia de una comunidad autónoma, es libertad de expresión; si pide la unión de España, es fascista. Si una persona critica las procesiones de Semana Santa, es libertad de expresión; si critica el día del orgullo gay, es machista. Si una persona vota a Izquierda Unida es un rojo quema iglesias; si vota al Partido Polar –como he visto por ahí- es idiota.


Amo la libertad de expresión como el que más. Todos los que escribimos, lo hacemos. Pero la libertad de expresión termina cuando se ofende al otro de manera gratuita, falsa o interesadamente. Yo, como cualquier otro, tengo mi ideología política, mi religión -o mi falta de ella-, mi equipo de fútbol, mi piloto favorito, mi comida favorita, pero no utilizo todo ello para escribir artículos a favor de unos y en contra de otros, ni utilizo todo ello para adoctrinar a mis alumnos. En la vida no importan las palabras que decimos, sino los hechos que realizamos. Por eso, hay que procurar juzgar solamente los hechos, sin importar de donde vengan. Para ello, solo hay que detenerse un momento y pensar qué sentiríamos y diríamos si en la escenificación de la obra el ahorcado, el apuñalado y la violada no fuesen un juez, un policía y una monja, sino uno de esos artistas y políticos que tanto apoyan esa tan presumida libertad de expresión.



Nueva era con vieja política

Toni García Arias | 07/02/2016
Política Nacional


Hace unos cuatro años -mucho antes de que se fundase Podemos y de que Ciudadanos diese su salto a la política nacional- escribí varios artículos sobre la más que posible lenta agonía y desaparición del PSOE de seguir con su falta de ideología. En las últimas elecciones generales, el principio de ese fin comenzó a hacerse visible, con el peor resultado cosechado por el PSOE en toda su historia. Ayer, con la decisión de Pedro Sánchez de aceptar el encargo del Rey de someterse a la investidura, quedó de nuevo evidenciado que al actual PSOE lo único que le importa es el poder, sin tener en cuenta la ideología o el programa, lo que supone sin duda el fin de cualquier partido. Su posible coalición con Podemos en el gobierno puede hace que terminen definitivamente fagocitados. Y lo mismo que le pasa con Podemos, le pasa con los partidos nacionalistas.


Uno de los mayores errores del PSOE a lo largo de su historia ha sido pensar que aquellos que tienen un enemigo común son amigos. Nada más lejos de la realidad. Cree el PSOE –y siempre lo ha creído- que todos los partidos contrarios al PP son amigos del PSOE. Gracias a eso, el PSOE, durante sus años de gobierno, se apoyó en los partidos nacionalistas en Galicia, el País Vasco y Cataluña y cedió a estos un sinfín de privilegios, fomentando el radicalismo nacionalista. Ahora estamos donde estamos gracias a ese estúpido pensamiento, ya que cualquier persona con un mínimo de cultura sabe que los partidos nacionalistas no son progresistas, sino ultraconservadores y, en muchos casos, próximos al fascismo. Si un nacionalista español es un fascista, uno catalán, vasco o gallego no lo es menos. Esto es pura aritmética.


Nueva era con vieja política

Dicen Pedro Sánchez y Pablo Iglesias que en las últimas elecciones España votó por el cambio. Hasta donde yo sé, España eligió como partido más votado al PP. Y como segundo partido, al PSOE, lo cual no supone cambio alguno. De hecho, incluso haciendo sumas, los partidos considerados progresistas –PSOE, Podemos e IU- han logado 11.643.131 votos, mientras que los partidos más conservadores –PP y Ciudadanos- han logrado 10.715.976 votos, una diferencia de tan solo unos 900.000 votos, lo cual tampoco significa que España haya votado mayoritariamente un cambio progresista. Por otro lado, viendo el comportamiento de Podemos -anteponiendo los cargos a las políticas, aumentando sus cuentas bancarias, colocando a sus amigotes sin preparación en cargos políticos- parece que a Pablo Iglesias y a sus colaboradores les gusta tanto el “viejo poder” como al PSOE y al PP. Incluso ya comenzaron a tener presuntos casos de corrupción en sus filas antes de haber gobernado. Todo un récord.


El principal problema hoy en día en la política española es que todos los políticos se han convertido en presuntos corruptos. Casi nadie se fía ya de ellos. Miembros del PSOE y del PP –junto con sus colaboradores externos- han robado una ingente cantidad de dinero al estado español. Y lo siguen haciendo. Y sus dirigentes siguen defendiendo directa o indirectamente a quienes lo hacen. Tampoco parecen fiables los miembros del tercer partido más votado, Podemos, que predican una cosa y hacen otra bien distinta. Visto así, da la sensación de que el próximo gobierno que salga en España no será progresista, sino continuista: se irán unos para ponerse otros, pero parece que el gusto por el poder, el sillón cómodo y el dinerito fresco seguirá siendo la tónica de la próxima legislatura. Hasta que no aumenten las penas por corrupción, hasta que no persigan el fraude hasta las últimas consecuencias, hasta que no prohíban las puertas giratorias, ninguno de ellos es fiable.



Sobre el acoso escolar

Toni García Arias | 31/01/2016
Educación


Tras el suicidio de un niño de 11 años por un presunto caso de acoso escolar y la publicación de su carta de despedida, estos últimos días se está hablando mucho sobre el acoso en los colegios e institutos. Si soy sincero, no puede sentir más que una enorme tristeza al escuchar la mayoría de estos comentarios, ya que sobre este asunto existe una enorme hipocresía social. Como docente –varios años en colegios de difícil desempeño-, he vivido situaciones extraordinarias sobre este asunto, desde padres que acuden al colegio para denunciar un caso de acoso escolar porque un alumno ha chocado contra su hija hasta padres que ven como algo normal los insultos y las peleas entre su hijo y otros compañeros. Mucho más si se trata de un partido de fútbol, donde los padres son los primeros que insultan al profesor de educación física y animan a sus hijos a partirle la pierna al contrario… Precisamente, esos mismos padres que luego denuncian al profesor si se le ocurre zarandear a su hijo cuando éste se comporta de manera inconveniente.


Cuando la actitud negativa de un menor no se corta en cuanto comienza a aparecer, a medida que crece también crece su nivel de violencia, chulería y agresividad. Con la frase “son críos”, muchos padres justifican actitudes en niños pequeños como robar, clavarle un lápiz a un compañero, pegarse en el patio o dibujar pollas en la pizarra. Sin embargo, el hecho de que un niño sea un niño no le hace más inocente a la hora de juzgarle. De hecho, varios estudios de universidades americanas afirman que un niño de seis meses es capaz de hacer juicios morales, con lo que ya comienza a distinguir entre el bien y el mal. Sin embargo, cuando un centro educativo llama a unos padres para informarles sobre el mal comportamiento de su hijo, por lo general, ponen en duda la palabra del profesor y aceptan la de su hijo, lo que refuerza aún más ese comportamiento negativo. Así, hoy en día no es raro escuchar a un alumno de 8 años decirle a un profesor “como venga mi padre te vas a enterar”. Y lo máximo que puede hacer el profesor es callarse, porque lo más probable es que sea verdad.


Sobre el acoso escolar

En la actualidad, un gran número de padres ha delegado la educación de sus hijos en los profesores. Así, la educación sobre el cumplimiento de las normas, la responsabilidad o el respeto corre ahora a cargo del docente. Sin embargo, tanto la administración como los padres les han arrebatado a los docentes las herramientas para poder enseñárselo. La disciplina huele a viejo, a rancio, a antiguo, y las administraciones evitan hablar de disciplina para no ser tachados de franquistas o algo peor. Por eso, hoy hay que enseñar las normas pero sin las herramientas para hacerlas cumplir. Así, en caso de que un menor se pase por el forro las normas, será expulsado y volverá de nuevo al centro al cabo de unos días como si tal cosa. Por eso, las medidas disciplinarias contra los agresores y los acosadores son absolutamente inútiles e ineficaces. Por lo general, los acosadores permanecen victoriosos en el centro educativo mientras son los acosados los que son cambiados de colegio e incluso de población. Lo mismo que sucede hoy en la calle con los delincuentes.


Hemos creado el monstruo de una sociedad sin normas, sin valores y sin respeto, y ahora el monstruo que hemos generado viene para comernos.



 

 

 

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