Toni García Arias

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Salarios de esclavo

Toni García Arias | 24/01/2016
Política Nacional


La distancia entre ricos y pobres ha crecido en el mundo. Esto es lo que dicen los datos del informe “Una economía al servicio del 1 %” publicado por Oxfam Intermon. Teniendo en cuenta que desde hace ya cinco años estamos padeciendo en el mundo una enorme crisis económica, este dato parece -cuanto menos- llamativo. Según los datos de este estudio, en este 2015, el 1 % de la población mundial concentró tanta riqueza como el 80 % de los más desfavorecidos, una cifra escalofriante. Si lo miramos por países –cómo no- destaca nuestra querida y putrefacta España, que se ha convertido en la nación de la OCDE en la que más ha crecido la desigualdad desde el inicio de esta crisis. Según el informe, en esta poco honorable clasificación de países con mayor desigualdad nos situamos solo por detrás de Chipre y superamos hasta en catorce veces a Grecia, esa misma Grecia a la que hubo que rescatar hace bien poco. La ONG asegura que la pobreza y la exclusión en España han aumentado de manera alarmante en los últimos años, con 13,4 millones de personas en riesgo de exclusión en el año 2014, lo que supone el 29,2 % de la población española. Como dato más significativo, se señala que la fortuna de sólo 20 personas en España alcanza un total de 115.100 millones de euros, el equivalente a la riqueza que concentra el 30% más pobre del país.


Por si aún no se había dado cuenta, esta crisis que estamos padeciendo ha enriquecido a los más ricos. A usted y a mí nos ha empobrecido alrededor de un 15%, aproximadamente lo que ha beneficiado a los más ricos. Esto se debe a que las políticas económicas de los países desarrollados benefician a las mayores fortunas, mientras que las leyes de esos mismos países “permiten” que dichas fortunas puedan evadir impuestos o directamente gran parte de su capital a paraísos fiscales. Sin embargo, todos estos datos no se pueden utilizar de manera demagógica.


Salarios de esclavo


A pesar de los positivos datos macroeconómicos, España es un país de pobres. Mientras que una gran mayoría de alemanes o ingleses pueden venir a España de vacaciones durante quince días a todo confort, la gran mayoría de españoles no podemos permitirnos más que tres días en Londres en el hotel más cutre del extrarradio. Esa es la economía real. Sin embargo, el problema no es que los ricos sean ricos. Los ricos no son malos por ser ricos, en todo caso, son malos por otra cosa. Utilizando como justificación este enorme desequilibrio entre ricos y pobres, algunos partidos políticos mal calificados como de izquierdas –el PSOE es burgués y Podemos es populista- basan sus políticas en las ayudas y prestaciones sociales, lo cual no deja de ser lamentable al tiempo que fomenta la insana costumbre de vivir del estado. El gran y verdadero problema de nuestro país no es que no existan ayudas suficientes; el gran problema es que mientras nuestras empresas se hinchan a beneficios, nosotros, los trabajadores, cobramos una auténtica miseria. Y eso se ha convertido en algo normalizado, en un tipo de modelo económico. Nuestra economía es la 4º más potente de la zona euro desde hace tiempo mientras que nuestros salarios están en el puesto 16º. Eso es lo que hay que atajar –de un modo u otro- radicalmente.



Hacienda y el Efecto mariposa

Toni García Arias | 17/01/2016
Política Internacional


Lo que la mayoría de los ciudadanos españoles ya sospechábamos desde hace tiempo, ahora por fin se ha confirmado. Resulta que eso de que "Hacienda somos todos" es solo un decir, una forma de hablar, un mero eslogan…; simple publicidad.


Eso es lo que ha afirmado sin ruborizarse la Abogacía del Estado en el caso Nóos, representada por la letrada Dolores Ripoll. Durante la primera sesión del juicio por el caso Noos, Dolores Ripoll defendió con vehemencia la aplicación a la infanta Cristina de Borbón de la denominada doctrina Botín. Para que a la infanta Cristina pueda aplicársele la doctrina Botín debe entenderse que el perjudicado por su presunto delito fiscal contra la Hacienda pública es única y exclusivamente el erario público, y no la sociedad en general. Este aspecto es especialmente relevante y significativo. Según la Abogacía del Estado, en un Estado de derecho, en los perjuicios contra el erario público, el monopolio de la función acusadora corresponde única y exclusivamente a la Abogacía del Estado. Es decir; ni usted ni yo ni Manos limpias puede acusar a la infanta por delito fiscal, porque solo puede hacerlo la Abogacía del Estado. El problema es que, en este asunto, la Abogacía del Estado no quiere hacerlo.

Hacienda y el Efecto mariposa


Hace ya varios meses, allá por el mes de octubre, pudimos ver por la televisión un anuncio del Ministerio de Hacienda en el que una persona que no pagaba el IVA era censurada por otra que le decía que por culpa de la gente que no pagaba el IVA no podían hacerse hospitales o carreteras. Sin duda, todo muy hermoso y cívico. Sin embargo, si eso es solo publicidad está bien que los españoles lo sepamos, porque así sabremos que cada vez que defraudemos a Hacienda no estamos defraudando a nuestros conciudadanos, sino a un ente abstracto con nombre de retrete llamado erario público. Así, dormiremos mucho más tranquilos cada vez que vayamos a un comercio, a un bar, a una tienda o a un taller y pidamos que –a poder ser- nos cobren sin IVA.


El peligro de afirmar –como lo ha hecho esta letrada- que “Hacienda somos todos” es solo un eslogan publicitario es muy grave. Y es muy grave porque es absolutamente falso. Hacienda somos todos, y quien roba, falsea, desvía, prevarica, malversa y se forra con dinero de los españoles debería poder ser acusado no solo por la Abogacía del Estado sino por cualquier ciudadano español. Lo que se estafa, lo que se malversa, lo que se roba es dinero que deja de invertirse, lo cual nos perjudica a todos, porque la falta de inversión en algunos casos puede conducir incluso a la propia muerte. No podemos obviar que todo el dinero robado en tantos y tantos casos de corrupción que padecemos en España es esa carretera mal asfaltada que puede provocar un accidente mortal; es esa falta de camas en un hospital donde nuestro abuelo está abandonado en un pasillo; es esa ambulancia que deja de prestar servicio en un pequeño pueblo de personas mayores que durante toda su vida han pagado a Hacienda; es esa lista de espera en la Seguridad Social para ser operado; es esa falta de investigación para curar la enfermedad de nuestro primo: lo que ahora mismo alguien está desviando desde su despacho a una cuenta en Suiza es lo que algún día quizá podría matarnos.



El Zoo de Castellar; una pequeña joya

Toni García Arias | 19/12/2015
Medio Ambiente


La navidad es una época para cumplir nuestros sueños. Yo cumplí el mío hace una semana. Desde muy pequeño, siempre he sentido pasión por los animales en general y por los felinos en particular. Y mi gran sueño era interactuar con algún felino mayor. Gracias a mi mujer y a los que ya considero como mis amigos del Zoo de Castellar -en Castellar de la Frontera, Cádiz-, pude cumplir ese sueño.



El Zoo de Castellar es un zoo especial. Me atrevería a decir que casi único en el mundo. Se trata en realidad de un centro de rescate animal para ayudar a los animales decomisados por las autoridades: animales víctimas de abandono, de maltrato o del mercado negro. Además de esta admirable labor, su principal virtud es que se trata de un centro donde las personas y los animales pueden interactuar. Las infraestructuras del Zoo de Castellar están realizadas de tal manera que el contacto con los animales es el más cercano que he visto nunca, con cristaleras por todas partes para poder observar a los animales más peligrosos muy de cerca, enrejados por donde pasan animales de un lado a otro y espacios abiertos en donde viven los animales más dóciles. Al tratarse de animales que no pueden regresar a la naturaleza, la idea del zoo es que los animales puedan interactuar con los seres humanos y se acostumbren a su presencia. Gracias a ello, podemos darle de comer a un mono, coger en nuestros brazos a un osito de la miel, darle de comer a un lemur, coger en nuestras manos a un erizo, tocar las plumas de un águila, tocar la piel de una serpiente o acariciar a un tigre de cinco meses, entre otras muchas actividades.


El Zoo de Castellar; una pequeña joya


Todo ello, sin embargo, es solo la parte visible. Lo que no se ve –y que yo tuve la oportunidad de observar porque llegué al zoo cuando no había nadie más que los cuidadores, lo cuales ni siquiera sabían de mi presencia- es todo el trabajo que hay detrás. El amor que los cuidadores y el resto del equipo del Zoo de Castellar muestran por los animales me dejó absolutamente asombrado. No solo realizan las tareas propias de limpieza y alimentación, sino que achuchan a los animales, los miman y les dan besos como si fueran miembros de su propia familia. Los animales se vuelven locos de alegría cuando los ven llegar. Tampoco se ve el trabajo de recuperación que todos ellos realizan por culpa de aquellos seres humanos que dicen amar a los animales pero que luego abandonan o maltratan: animales que se compran como juguetes y que luego son tirados como basura en cualquier cuneta; animales que son utilizados y maltratados para espectáculos; o animales que son comprados y vendidos en el mercado negro para regocijo de ricos impresentables. Tampoco se ven los viajes al extranjero para recuperar, por ejemplo, a un tigre que va a ser abandonado por un circo que está en la quiebra; ni la falta de ayudas oficiales para este tipo de proyectos; ni la falta de espacio por el desinterés de las autoridades; ni las operaciones a los animales que llegan malheridos; ni las noches sin dormir para darle el biberón cada tres horas a un león de dos meses.



Todos los que amamos a los animales nos gusta verlos en libertad, eso es evidente, pero cuando eso no es posible, al menos deseamos que esos animales no sean sacrificados y puedan disfrutar de una segunda oportunidad. El Zoo de Castellar es esa segunda oportunidad. Y sus cuidadores son los que la hacen posible. Por eso, el zoo de Castellar es una pequeña joya. Mi gratitud desde aquí por su atención y por la magnífica labor que realizan. Y si ustedes, queridos lectores, tienen la oportunidad, hagan todo lo posible por visitarlos. Cambiará sus vidas.



Sobre lo normal y lo deficiente

Toni García Arias | 06/12/2015
Educación


Hace unos días fui al dentista. Nada más llegar a la clínica, la enfermera me condujo a la sala de espera donde había ya un par de personas esperando. Unos minutos más tarde de mi llegada, llamaron de nuevo a la puerta. Al abrir, entró una familia compuesta por un padre, una madre y un niño. Los tres se sentaron a mi lado y se dispusieron a esperar. El niño en cuestión tenía sobre unos trece años y padecía Síndrome de Down.


Durante el tiempo en que estuve en la sala de espera, el padre estuvo hablando con el hijo de las actividades que había realizado en el colegio ese día. De vez en cuando, el niño le daba palmaditas en la espalda al padre con cariño, el cual respondía también dándole cariñosas palmaditas en la espalda a su hijo. Justo antes de dirigirme a enfrentarme con el dentista, padre e hijo quedaban abrazados sobre el sofá viendo la televisión. A pesar de que la experiencia de ir al dentista nunca es agradable, salí de la clínica feliz; contento de ver a aquella familia y admirado por la buena educación que aquellos padres le habían ofrecido a su hijo. Sin embargo, la alegría me duró poco.


Sobre lo normal y lo deficiente


Nada más salir de la clínica me fui directamente a coger mi coche. De repente, unos gritos me sobresaltaron. En un principio me pareció que se trataba del berrido de unos animales salvajes –búfalos o bueyes- pero al girar la cabeza me di cuenta de que en realidad eran seis jóvenes de entre doce y catorce años que estaban situados frente a una tienda de abierto 24 horas. La ropa de las dos chicas de la manada no se diferenciaba mucho de la de Julia Roberts en Pretty Woman, mientras que la de los cuatro chicos se parecía más a Kiko Rivera a la salida de la disco; ¡ya tú sabe! No llegué a precisar si el idioma en que se comunicaban aquellos seres humanos era español o sencillamente se entendían por gruñidos. Lo único que llegué a entender justo cuando ya los perdía de vista fueron las palabras “hijo de puta, cabrón, mierda, polla y capullo”. Al volver a cruzarme con ellos, ya metido en el coche, pude observar que seguían berreando a grito pelado en mitad de la acera y riéndose entre ellos como si fuesen hienas alcoholizadas.


Llegué a casa pensando lo extraña que es esta sociedad en la que vivimos. Aquellos individuos que están por debajo de la normalidad en el plano intelectual o físico son calificados como deficientes o subnormales –o con el resto de los diferentes eufemismos que han ido surgiendo a lo largo de los años-. Aquellos individuos que padecen, por ejemplo, síndrome de Down son calificados de ese modo. Los chicos de la tienda de abierto 24 horas, sin embargo, son calificados como normales porque tienen dos piernas, dos brazos, oyen, ven y tienen un rostro típico. Sin embargo, son absolutamente deficientes. Aunque imagino que mucho menos que sus padres. Se trata de una deficiencia que nos está diagnosticada. Ni siquiera determinada, lo cual no quiere decir que no exista. Se trata de la incapacidad para vivir en sociedad, de la incapacidad para comunicarse con otros semejantes, para responsabilizarse de los actos, para sentir empatía. Todo ello se traduce en individuos con agresividad, irresponsabilidad, incivismo, egocentrismo, egoísmo, chulería, arrogancia, y prepotencia. Es decir; lo más despreciable que puede tener un ser humano. Por eso, antes de reírnos de los demás, de cachondearnos por sus caras o por su modo de andar, de llamarlos deficientes o subnormales, primero deberíamos mirarnos un poco al espejo, no vaya a ser que descubramos que el verdadero subnormal somos nosotros.



No a la violencia de género

Toni García Arias | 06/12/2015
Ciudadanía


El 25 de Noviembre se celebró el Día Internacional contra la violencia de género. Cuando se han cumplido 10 años de la entrada en funcionamiento de los juzgados especializados en violencia sobre la mujer, los expertos aplauden que la ley da una respuesta específica a las víctimas pero advierten de la prevalencia de estereotipos y comportamientos machistas que impiden erradicar esta violencia de manera significativa En lo que va de año, la violencia de género ha dejado ya 48 mujeres muertas y 42 menores huérfanos. Si contamos desde el 2005, ya van 671 mujeres asesinadas. En estos últimos 10 años, unos 300.000 maltratadores han sido condenados en España, una cifra que pone los pelos de punta.


No voy a entrar en si el término de violencia machista o violencia de género es más o menos adecuado. Tampoco voy a entrar en si existen mujeres que hacen denuncias falsas y amenazan a sus pareja con denunciarles o quitarles a sus hijos, porque de todo hay en la viña del señor. Lo que es evidente de manera aplastante es que la violencia la ejercen los hombres sobre las mujeres en todos los ámbitos, países y razas. Las mujeres –por norma general- no violan a hombres, ni abusan de su superioridad laboral para obligarles a tener relaciones sexuales, ni les manosean el culo en el trabajo, ni los acosan. Eso, lo hacen los hombres con las mujeres.


No a la violencia de género


Con respecto a la violencia de género existe una cierta hipocresía social. Lloramos por las víctimas pero no hacemos nada para que no siga habiendo. En ese sentido, hay tres aspectos sobre los que tomar medidas. En primer lugar, la violencia de género de baja intensidad está absolutamente normalizada dentro de la sociedad. Una mujer sola por la calle puede ser víctima de las obscenidades de los obreros del edificio de enfrente, del camarero de turno y del baboso de la esquina. Incluso hay mujeres que lo aceptan como algo normal e incluso deseable. Sin embargo, ese es, sin duda, el germen que normaliza la sumisión sexual y moral de la mujer al hombre. Por muy guapo que uno sea, a ningún hombre le apetece que una desquiciada le vaya detrás diciendo que le va a comer esto o aquello. Sin embargo, los hombres lo hacemos, lo comentamos entre nosotros y -por si no fuera ya repulsivo de por sí- nos reímos.



En segundo lugar, ni yo -ni creo que nadie que esté cuerdo- entiende cómo un maltratador, un acosador, un violador, un pederasta puede estar en la calle como si tal cosa. En nuestro país podemos encontrarnos por la calle o viviendo al lado de nuestra casa a delincuentes con una veintena de robos a mano armada, a violadores reincidentes, a pederastas reconocidos, a maltratadores agresivo, sin que la justicia haga nada. La policía los detiene una, dos, tres y cuatro veces y la justicia se encarga de ponerlos de nuevo en la calle. No creo que eso ayude a rebajar el número de víctimas. Para finalizar, según un último estudio aparecido hace unos días, resulta que nuestros jóvenes son más machistas que sus padres y aceptan este tipo de conductas como algo normalizado. Incluso las chicas. Sin duda, algo está podrido en los valores de nuestra juventud, futuros ciudadanos –por cierto- de esta sociedad.



Ninguna persona que utilice la violencia para ejercer su poder sobre otro –especialmente sobre otro al que dice amar- debe convivir entre nosotros. La sociedad y la justicia debe preocuparse únicamente de defender y proteger a la víctima, jamás al verdugo. A fin de cuentas, la prevención es el arma ideal para erradicar cualquier problema; una vez que crece, lo demás es solo lamentar. Lo hemos visto ya en demasiadas ocasiones como para no aprenderlo.



El cambio educativo

Toni García Arias | 08/11/2015
Ciudadanía


Durante este último año he visto con enorme satisfacción y alegría que se habla mucho de educación. La educación vuelve a despertar el interés de los medios de comunicación, y ya se sabe que todo lo que interesa a los medios de comunicación acaba finalmente interesando al ciudadano, como el libro de Belén Esteban, la operación estética de Kiko Matamoros o las lesiones de Messi o Ronaldo.


Se habla mucho de educación, digo; se habla de educación en la prensa y en la radio, en la televisión y en las redes sociales. Habla de educación el presidente del Gobierno, los candidatos a presidente, el intelectual, el escritor, el contertulio, el pintor, el portero, la cajera del Mercadona y hasta el vecino del quinto, que ni siquiera tiene hijos. Habla de educación gente con gran renombre –no quiero citarlos para no provocar discusiones- que creo que jamás ha dado clase en un colegio o en un instituto. Incluso hablan de educación grandes maestros que aprenden a tocar la caja, cosa –sin duda- de gran repercusión en la vida del alumnado. Yo, como no quiero ser menos, también voy a hablar de educación.


El cambio educativo


Resulta que en los últimos años se habla mucho de que hay que cambiar la educación. Se habla de cambiar la educación como si la educación fuese un trozo de azulejo del cuarto de baño o una lavadora estropeada. Cambiemos la educación, dicen, y da la sensación de que solo hay que ir al Media Mark y comprarnos una nueva. Sin embargo, la educación, al contrario que un azulejo o una lavadora, es un ente vivo; un ente vivo que se compone de políticos, padres, profesores y alumnos. Por eso, parece difícil hablar de cambiar la educación si no cambiamos a los políticos, a los profesores, a los padres y a los alumnos. No digo que los eliminemos así de raíz, pero sí debemos cambiar al menos algo en su interior. Habría que experimentar –por ejemplo- y traer a todos los alumnos suecos y meterlos en las aulas españolas para comprobar cómo son sus resultados después de tres o cuatro años. A lo mejor resulta que al cabo de tres años solo les preocupa el sol y las cervecitas del fin de semana. A lo mejor la culpa de la mala educación en nuestro país la tiene solo nuestro clima, y a lo mejor por eso Rajoy pretende privatizar el sol con fines educativos. Puede que –se me ocurre así, a bote pronto- que la educación no sea solo una palabra y dependa en gran medida de la cultura social.



Yo estoy de acuerdo; hay que cambiar la educación. Pero cambiar la educación no significa cambiar la ley de educación cada legislatura. Cambiar la educación no significa ser un maestro enrollado y molón, o un maestro con más alma de funcionario que de docente. Cambiar la educación no significa ser padre o madre de fin de semana. Cambiar la educación significa valorar los estudios como sociedad, valorar el hablar bien, el pensar antes de hablar, el informarse antes de hablar, ser responsables, respetar las normas, comprar menos móviles y más libros, valorar más la calidad profesional que el amiguismo, hablar en familia, cultivar esa parte inculta que tenemos, escuchar a Mozart, aunque sea en una versión de Pitbull, y leer, leer, leer y, si puede ser, volver a leer. La educación no se cambia sola, se cambia con el compromiso individual. A ver cuántos se apuntan ahora a empezar con el cambio.



Politízame Deluxes

Toni García Arias | 01/11/2015
Política Nacional


Tal como ya imaginábamos, después de un mes de septiembre más o menos tranquilo, al fin se ha dado el pistoletazo de salida y todos los partidos políticos han entrado sin excepción en modo “campaña electoral”. La cercanía de las elecciones generales –que para el caso, bien podrían haberse puesto ya en Fin de Año- ha hecho que todos los partidos políticos dejen a un lado sus responsabilidades ciudadanas para dedicarse casi exclusivamente al márquetin y al maquillaje electoral. El Partido Popular, después de la debacle sufrida en las elecciones catalanas, se ha dado cuenta de que no sabe venderse, de que no sabe llegar al público y mostrar sus virtudes, y por eso ha comenzado a rejuvenecerse y a popularizarse, con el fin de ser más cercano, más tierno, más dulcificado. Como gran apoyo para revalidar el título de ganador de las elecciones, el PP sale con los buenos datos de empleo que –vistos simplemente como números- certifican que las medidas adoptadas por el gobierno han sido acertadas. Evidentemente, lo que no dicen los números es el coste; la precariedad, el desequilibrio social, la bajada de sueldos, la pobreza.


A la caza del Partido Popular –que es quien defiende el título-, se encuentra el Partido Socialista Obrero Español; un PSOE también rejuvenecido, con un Pedro Sánchez conciliador, bonachón, templado, sin llegar a la candidez de Zapatero, pero igual de insulso e inconsistente en muchas de sus apariciones. Como gran baza para hacerse con el poder, el PSOE cuenta con sus bases, que son muy fuertes, y que hacen que –a pesar de la horrible legislatura anterior- el PSOE aún se mantenga a flote y con buenos resultados. Como problemas en contra; su falta de posicionamiento en el tema de Cataluña y la crisis que no supo ver y que casi nos ahogó.


Politízame Deluxe

Tras el PSOE, a priori, aparecería Podemos, un partido joven, casi infantil, con un aire tan renovador como caduco, que vive de un lenguaje populista que cala con facilidad en la gente. A pesar de su juventud y su fuerza verbal, hasta el momento Podemos tampoco ha demostrado hacer las cosas de un modo diferente en los lugares donde gobierna, a excepción de cambiar nombres de calles y plazas. Si quiere ser más creíble, necesita sacarse algo más de la chistera.


En cuarta posición se encontraría Ciudadanos; un partido que a priori parece coherente, con las ideas claras y que ha irrumpido en el panorama político sin grandes estridencias ni alardes extremistas. Esas son, sin duda, sus mejores armas.


En quinto lugar, estaría Izquierda Unida, un partido tan válido como mal valorado, que parece que nunca ha sabido transmitir a los ciudadanos sus ideas, que sin embargo sí funcionan como reclamo en otros partidos. Su nuevo líder, Alberto Garzón, tiene la enorme responsabilidad de encauzar su rumbo y hacerse más visible e importante.


Noviembre está ya a las puertas y los partidos se han echado a la calle en busca del triunfo. Desde ahora hasta diciembre, aparecerán los guiños, los niños en brazos, los besos a ancianas, los jóvenes sentados tras los grandes líderes. Aparecerá, como no, Franco, y las banderas republicanas. Y volverán de nuevo los insultos, las descalificaciones, el lenguaje sucio, la insensatez, la falta de calidad en el mensaje, la verdulería; el Sálvame Deluxe, en definitiva, de la gran política española.



El planeta de los monos

Toni García Arias | 25/10/2015
Ciudadanía


Hoy me he levantado un poco animal. Es decir, me he levantado un poco mejor persona. Así que hoy, como me he levantado un poco animal, voy a hablarles de Koko. Koko es una famosa gorila adiestrada por la doctora Francine Patterson y otros científicos de la Universidad de Stanford conocida universalmente por comunicarse con sus cuidadores por signos. Como nació el 4 de julio, fiesta nacional en EE UU, le pusieron Koko, que es el diminutivo de Hanabi-Ko, que significa «Hija de los fuegos artificiales» en japonés. La finalidad de su entrenamiento en la Universidad de Stanford era poder comunicarse con ella mediante unos mil signos basados en la lengua de señas americana (ASL). Según sus adiestradores, Koko comprende aproximadamente 2000 palabras de inglés hablado. Incluso su adiestradora, la doctora Francine Patterson, afirma que Koko es capaz de inventar nuevas palabras, ya que para referirse a anillo „una palabra que no le enseñaron„ Koko unió las palabras ´dedo´ y ´pulsera´.


Aunque Koko es conocida mundialmente por sus enormes proezas humanas, estos días ha vuelto a ocupar las páginas de diferentes periódicos y a aparecer en infinidad de televisiones. A sus 44 años, Koko se ha convertido en una tierna y cariñosa madre. Hace unos días, su entrenadora, en nombre de la Fundación Gorila, le regaló seis preciosos gatitos. En el vídeo publicado en el portal Youtube puede verse como Koko mira al interior de la caja con desconfianza y luego comienza a interactuar con los pequeños gatitos. Después de examinarlos una y otra vez dentro de la caja, Koko elige un gatito gris y se lo acerca hasta su cara para verlo mejor. Más adelante, en el vídeo puede verse a Koko haciendo señas para que le coloquen al pequeño gatito en su cabeza. Lo más asombroso es que, además de tomarlos y ofrecerles cariño, Koko hizo espontáneamente a su entrenadora la señal de ´gato´ seguida de la señal de ´bebé´, comprendiendo que lo que tenía enfrente eran ni más ni menos que unos preciosos y pequeños gatitos.


El planeta de los monos

Al margen de algunas excepciones, prefiero a los animales y a los cachorros humanos que a los humanos adultos en general. Prefiero, por decirlo de algún modo, a esa parte más primitiva de la naturaleza, más salvaje, pero siempre emotiva, instintiva y pura. Los seres humanos adultos „sin duda más evolucionados que Koko„ conocen, por lo general, más de 2000 palabras. Sin embargo, no saben usarlas. O las usan en infinidad de ocasiones para hacer daño a sus familiares, a sus compañeros o a cualquier otra persona que se ponga por delante. Insultamos al árbitro, criticamos a nuestra cuñada, ponemos verde a nuestro compañero de trabajo y nos reímos del vecino de enfrente. Las palabras en los seres humanos han pasado de ser comunicativas a lesivas. O, en su defecto, a ensalzadoras de nuestro propio ego, siempre tan desproporcionado con respecto a la realidad.


De igual modo, si bien es cierto que un animal feroz es capaz de despedazar a cien gatos en cinco segundos si se siente amenazado, también es cierto que es capaz de criarlos si los sabe desvalidos. Los seres humanos adultos, sin embargo, somos capaces de torturar a animales por placer, de matar a nuestros semejantes, de abandonar a un perro en una carretera, a un bebé en un contenedor y a un abuelo en una gasolinera. Por eso, cuando veo a Koko y a sus gatitos, me siento más cerca de los animales que de las personas, más feliz en ese mundo donde el corazón del mono domina a la estupidez de nuestro gran razonamiento.



El Día de la Hispanidad

Toni García Arias | 18/10/2015
Política Internacional


Esta semana se ha celebrado el 12 de octubre, la Fiesta Nacional de España, llamado también Día de la Hispanidad y festivo también en EE UU. Este día se conmemora la llegada el 12 de octubre de 1492 de la expedición capitaneada por Cristóbal Colón a la isla Guanahaní, en el archipiélago de las Bahamas, suponiendo el primer contacto entre los continentes europeo y americano. El día 12 de octubre no se celebra la masacre sucedida durante la conquista de América, las violaciones, las amputaciones, las torturas, la guerra, sino la unión sucedida después con el paso del tiempo. Evidentemente, la conquista de América no se produjo a base de besos, como ninguna conquista a lo largo de la historia. Tampoco el imperio azteca dominó la zona central de Mesoamérica „México, Guatemala, El Salvador, Belice, Honduras, Nicaragua y Costa Rica– gracias a sus preciosas sonrisas. Juzgar los acontecimientos de siglos pasados con parámetros actuales es digno solo de estúpidos o manipuladores, cualidades muy peligrosas cuando se juntan en una persona.


Sobre el Día de la Hispanidad, la incalificable alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, manifestó a través de Twitter su rechazo a la celebración de la Fiesta Nacional de España, que para ella supone la exaltación de un genocidio. «Vergüenza de estado aquel q celebra un genocidio, y encima con un desfile militar q cuesta 800mil €». Por su parte, el gran intelectual y alcalde de Cádiz, José María González, conocido como Kichi, también escribió en contra de la Fiesta Nacional: «Nunca descubrimos América, masacramos y sometimos un continente y sus culturas en nombre de Dios. Nada que celebrar». Está claro que personas como estas son las que hacen que España sea tan ridícula y que uno tenga que avergonzarse de ser español.


El Día de la Hispanidad

Este tipo de comentarios en contra de la Historia son muy típicos en aquellos que les gusta refocilarse en la simpleza y en la demagogia populista. Evidentemente, la invasión de América, de ser hoy en día, sería vergonzosa, escandalosa, repugnante, incluso un genocidio, pero hace casi seis siglos aquel era el proceder habitual. Cualquier imperialismo es expansionista y violento por definición y nuestro gran imperio en ese sentido no era ni mejor ni peor que ningún otro. Nadie se atrevería a sentir vergüenza por el gran Alejandro Magno, ni por Gengis Khan, ni por Napoleón, ni por Julio César. Nadie, excepto un español, sentiría vergüenza pos sus grandes imperios en épocas pasadas. Conquistar América, con su extensión y su multitud de tribus, no fue tarea fácil, y no se utilizaron técnicas suaves para imponerse y mantener el poder.


Porque, a pesar de lo que puedan decir algunos ignorantes, la parte religiosa en la conquista de América fue ridícula y secundaria; lo importante de América no eran las almas; eran las riquezas.


Cuando pienso en Latinoamérica siento una profunda cercanía. De no ser por la conquista, para mí los latinoamericanos serían como los esquimales. Latinoamérica ha sido origen de la inmigración española, y España es origen de la inmigración latinoamericana. Nuestras dos historias están unidas a través de un mismo idioma. Borges, García Márquez, Carlos Gardel y miles de personalidades más son el reflejo de una hermandad cuyo origen „nadie lo niega„ fue sangriento, pero que con el tiempo ha supuesto la unión de dos hermanos. Eso, y no otra cosa, es lo que se celebra y debe celebrarse.



El derecho del piojo

Toni García Arias | 12/10/2015
Educación


Hace unos días, en referencia a una noticia sobre una pelea entre dos chicas adolescentes grabada y subida al canal Youtube, un experto en no sé qué decía en un informativo de televisión que la violencia era un problema que surgía en la escuela y que había que abordarlo desde las aulas. Por culpa de gente así, la escuela de hoy en día se ha convertido en un triste estercolero que recoge todas las miserias del ser humano. En particular, del ser humano llamado “padres”. Si los jóvenes cogen el coche de madrugada a la salida de una discoteca, borrachos como cubas, y causan accidentes, un experto dirá que hay que trabajar la educación vial en las escuelas, como si los profesores y no los padres fuesen los que les compran el coche y les dan dinerito fresco para vodka y porretes. Si en la sociedad comienza a extenderse como un virus la obesidad y la mitad de la población se hincha a bollería industrial y a hamburguesas, un experto dirá que hay que tratarlo en la escuela, como si fuesen los profesores y no los padres los que llevan a sus hijos al McDonald´s a que se llenen las arterias de bacon y salsas. Si se descubre a través de un estudio que los adolescentes no saben follar y las chicas quedan embarazadas a edades muy tempranas, un experto dirá que hay que tratarlo en la escuela, como si fuesen los profesores los que tuviesen que preocuparse por montar una boda de urgencia o un aborto de última hora. Y así, infinidad de aspectos más. De este modo, al final, los padres no educan ni en sexualidad, ni en alimentación, ni en respeto, ni en normas, ni en tolerancia, ni en salud, ni en hábitos, etc., etc., delegando todo ello en la escuela, que por su parte no puede educar en matemáticas ni en lengua ni en filosofía ni en otra disciplina.


Sobre la situación de la escuela de hoy en día, basta decir que si a una madre o a un padre se le antoja, puede llevar a su hijo al colegio aunque tenga piojos hasta en las orejas. O aunque tenga conjuntivitis, ébola, malaria o difteria. Ni siquiera el director de un centro puede obligar a estos padres a que se lleven a sus hijos para desinfectarlos. Cuando el derecho de una madre o de un padre irresponsables y piojosos está por encima del derecho del resto de los compañeros a no ser infectados y por encima incluso del poder del director, entonces no estamos hablando de educación; estamos hablando de asistencia. Y en eso, en asistencia pura y dura, es en lo que se ha transformado hoy en día nuestro sistema educativo.


El derecho del piojo

En nuestro país, el problema de la educación es que no hay educación. La educación básica que los niños deberían recibir en casa –sentarse bien, saludar, no insultar, no correr entre las mesas del restaurante, no chillar, no dar balonazos a los cristales, recoger su ropa, hacerse su mochila, no sacar el dedo, etc.- la tienen que recibir en el colegio, y la educación que reciben los niños en el colegio, la destrozan los padres durante el resto de la jornada en casa. Así, en una fila de mil alumnos europeos, todos localizaríamos a la perfección al alumno español, que sería aquel que intenta colarse, inquieto, nervioso, maleducado, que llama la atención, que vocifera, que no respeta el turno, que insulta, que dice “me aburro” o que grita como un descerebrado “no me da la gana”… Ese, y no otro, es el problema de nuestro sistema educativo, y hasta que eso no cambie, no lo mejorará ni mil cambios de ley ni un millón de estándares de aprendizaje.



 

 

 

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