Toni García Arias

Cuatro días antes de que el hombre pisara por primera vez la Luna, nací yo, en una luminosa habitación de la casa de mis abuelos maternos, en una pequeña aldea gallega llamada Laraxe. Aunque la costumbre de dar a luz en las casas comenzaba a desaparecer por aquella época, agradezco haber nacido de aquel modo, ya que -de alguna manera- me siento enraizado a un lugar de referencia, a una historia, a un árbol genealógico cargado de alegrías y tristezas y emigración. Como no podía ser de otro modo, a los pocos meses de mi nacimiento mi familia se trasladó a un pueblo de Orense. Y luego a Cádiz. Y después a Tarragona. Y así hasta recorrer prácticamente toda la geografía española. Gracias a ello, conocí lo mejor y lo peor de la esencia humana.

 

Al nacer en el mes de julio, mi carácter quedó marcado por el signo de Cáncer. El carácter de un Cáncer –dicen los libros zodiacales- es el menos claro de todos los signos del zodiaco. Tal vez por eso, puedo amar y odiar con la misma intensidad; adoro la lluvia, la noche y el mar… y también todo lo contrario.

 

Comencé a escribir por venganza. Durante mi larga etapa de estudiante siempre fui calificado como un “fracasado escolar”. A pesar de que aquel “fracaso escolar” era una elección, fue confundido con un atributo, por lo que nadie puso nunca esperanzas en mí. Esa fue, sin embargo, mi salvación. Todo lo que no aprendí en la escuela y en el instituto tuve que aprenderlo de manera autodidacta, que es como se aprende todo lo que nos marca en la vida. Después conocí la poesía y comencé a entender el mundo. Publiqué los poemarios “Todos los puertos” (Nausícaä, 2002), “Diccionario de derrotas” (Nausícaä, 2003) y “Ángeles Caídos” (Renacimiento, 2007).

 

Me hice profesor quién sabe si por un cierto sentimiento de revancha o por salvar a algunos estudiantes como yo. Se dice que quién salva a una persona salva al mundo. Para ello, realicé diversos proyectos de innovación que obtuvieron grandes resultados y escribí “Manual para superar la adolescencia” (Aljibe, 2013) y "Hacia una nueva educación" (Editorial MAD). Tanto mis trabajos como mis textos literarios han sido recogidos en diversas revistas tanto nacionales como internacionales, e incluso han formado parte de las pruebas de acceso de algunas universidades latinoamericanas y de algunos libros de texto españoles. Tal vez por todo ello, alguien debió de equivocarse y me entregaron el Primer Premio a la Cultura del Ayuntamiento de Cabanas, en La Coruña, en el año 2010. Ese reconocimiento me ha ayudado a darle de comer a mi ego que, aunque no es muy grande, intento compensar con humildad y un exceso de trabajo.

 

Dentro de mis mayores virtudes está que no tengo memoria a corto plazo. Soy incapaz de recordar una frase completa, incapaz de saber qué comí con exactitud el fin de semana anterior. Eso hace que viva cada día con renovada ilusión, ya que no recuerdo las satisfacciones pasadas.

 

De la literatura aprendí sobre todo que hay otros seres humanos que sienten lo mismo que yo, aunque estén a miles de kilómetros de distancia. De la educación, que es lo único que puede cambiar nuestro futuro. De la muerte de mis seres queridos, que el amor es el motor de nuestras vidas. Y, precisamente, lo primero que relegamos. Con “Educación emocional para todos” (LoQueNoExiste, 2016) pretendí solventar ese error.

 

Según Wikipedia…