Toni García Arias

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La educación actual: entre la burocracia y el estrés

Toni García Arias | 10/07/2018
Educación


Ahora que ha llegado el veranito y que se ha terminado el curso escolar, es el momento de decirlo: la educación en España está perdida. Y está perdida porque está catapultada bajo cientos y cientos de papeles absurdos que han terminado por ser el fin último del sistema educativo.


Hoy en día, en los colegios ya no hay niños y niñas: hay programaciones didácticas, unidades de actuación, PTIs, PGAs, Memorias Anuales, estándares de aprendizaje, protocolos de actuación, protocolos de refuerzo, adaptaciones del currículo significativas, adaptaciones del currículo no significativas, informes individuales de aprendizaje, informes finales de etapa, programas de recuperación, programas de refuerzo, historiales académicos, planes de convivencia, planes de lectura, planes de pensamiento lógico matemático, rúbricas, planes de acción tutorial, pruebas de diagnóstico. Y, detrás de todo eso, además de un niño esperando a recibir una educación de calidad, hay un maestro estresado a punto de cortarse las venas con el capuchón del BIC. Porque, aunque pudiese parecer que eso es todo, los docentes deben enfrentarse además a una cantidad excesiva de contenidos imposibles de trabajar con un mínimo de calidad a lo largo de un solo curso escolar, rellenado para ello los objetivos, la metodología, los recursos y los criterios de evaluación de, por ejemplo, la historia del caracol colorao. Pero ahí no se acaba el asunto, porque -ya sea por presión de los padres, por iniciativa propia o por una obligación mal entendida- los maestros deben programar las actividades del festival de navidad, del festival de carnaval, del festival de final de curso, la semana cultural, la visita al museo del pueblo, las actividades complementarias, la excursión de final de etapa a Terra Mítica, los cuentacuentos, el día de la constitución, el día de los derechos del niño, el día de la paz, el día de la comunidad autónoma, el día del libro, el día del máster de la Cifuentes… y, cuando encuentren algún hueco entre el sujeto y el predicado, entre el “Despacito” de Luis Fonsi y el Dragon Khan de Port Aventura, entre la revolución francesa y el “A Belén va una burra”, deben enseñar educación emocional, educación vial, educación sexual, educación financiera, educación en valores, educación para la salud, educación para una adecuada alimentación, educación en el uso de las nuevas tecnologías, educación para el emprendimiento y educación para no morir de un infarto antes de los quince. Y, al mismo tiempo, intentar dar una educación personalizada a todos y cada uno de los veinticinco alumnos de la clase, compensar las desigualdades, motivarlos y cuidarlos como si fuesen sus propios hijos.


Legislar para corruptos

Sin embargo, no hay por qué ser pesimistas. Gracias a Dios, los responsables educativos se han puesto manos a la obra y se han rodeado de gente buena, de gente de calidad, de gente que sabe: famosos pedagogos visionarios que nunca han visto a un niño a menos de diez metros de distancia, coaches parlanchines que parecen telepredicadores, traders llenos de tatuajes, deportistas triunfadores con dificultades de expresión o grandes empresarios con enormes cuentas en Suiza, pero con nulo sentido social. Ellos, a través de sus charlas, nos conducirán con total seguridad al éxito escolar. Y es que, aunque pudiera parecer lo contrario, para hablar de educación no hace falta tener una carrera educativa, ni dos mil horas de formación, ni una experiencia de años viendo a niños cada día, ni corregir millones de libretas, ni padecer los problemas del sistema, ni tratar con los padres de los alumnos… basta -sencillamente- con tener boca.


En fin, maestros y profesores; que -aunque nadie cuente con vosotros-, vosotros sois la única solución de la educación en nuestro país, así que abrid las ventanas y airead el sistema, tirad lo que no sirve para nada y seguid luchando contra todo, porque lo único realmente importante son esos ojos que cada mañana os miran detrás del pupitre.


Nuestra situación en el mundo hace que geográficamente seamos europeos. Parte de nuestra historia está, sin duda, unida a la historia de Europa. Sin embargo, nuestra historia principal como país desde hace quinientos años está unida a la historia de Latinoamérica. Para bien o para mal, unos y otros somos hermanos de sangre. En momentos difíciles, nuestros países se han ayudado mutuamente y han acogido a una gran cantidad de inmigrantes de ambos lados del Atlántico. Nuestra historia común demuestra que somos capaces de superar las mayores dificultades, lo cual significa también que -uniendo nuestras fuerzas- podríamos convertirnos en la referencia económica y cultural del mundo.



 

 

 

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