Toni García Arias



PERIODISMO



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30/03/2020

Temática: Educación    -    Medio: Magisnet


Lo que nos ha enseñado el coronavirus


Lo que nos ha enseñado el coronavirus

Con el cierre de los colegios debido al coronavirus, muchos son ya los que se están preguntando qué va a suceder con el curso escolar. Decenas de -presuntos- expertos aparecen entrevistados en periódicos, radios y televisiones afirmando que si hay que alargar el final del curso o que si hay que adelantar una hora cada día para recuperar lo perdido. Al parecer, no han aprendido nada de toda esta crisis.

No han aprendido, por ejemplo, que la vida es un continuo aprendizaje. No hay prisa: lo que no se aprenda el 18 de marzo de 2020 se puede aprender el 18 de marzo de 2021. Lo importante es llegar vivos a esa fecha. Esto quiere decir, además, que uno puede aprender a sumar con 80 años, pero a ser buena persona, no. A ser buena persona se aprende desde que uno es pequeño. Por eso son tan importantes los valores. Y, por esa misma razón, hay que encontrar un hueco en el sistema educativo para la ética y la filosofía. Un hueco grande. También en Educación Primaria. Y hay que hacerlo de manera equilibrada, porque la educación se ha vuelto absolutamente estresante. Y el estrés perjudica el aprendizaje. La culpa de este estrés que está asfixiando la educación la tienen la burocracia y el exceso de contenidos.

El exceso de contenidos obliga a la superficialidad y, en educación, es mejor profundizar en dos contenidos que “superficializar” cientos. En cuanto a la burocracia, solo decir que se nos ha ido de las manos. Ya no dominamos nosotros la burocracia: la hemos alimentado de una manera tan salvaje que ahora es ella la que nos domina a nosotros. A veces da la sensación de que, en el sistema educativo actual, es más importante justificar burocráticamente el cómo del papel que el qué del aula.

Esta situación de emergencia que estamos sufriendo también nos ha enseñado que el profesorado es generoso. Y con una enorme capacidad de reacción. Los docentes han sido capaces en tan solo 24 horas de cambiar el modo de enseñanza para que todos sus alumnos, en la medida de lo posible, pudieran continuar con la programación en sus casas. A veces, incluso con un exceso de celo y con más recursos de los necesarios, pero la intención era que los alumnos tuviesen material suficiente. Y eso lo consiguieron. Lo consiguieron los maestros y los profesores; no el ministerio, no las consejerías, no los gurús, no los youtuberos; lo hicieron los maestros y profesores que están a pie de aula. Y lo hicieron compartiendo por redes de manera altruista miles y miles de recursos. Aun así, la sociedad española sigue sin valorar a sus maestros. Mucha gente piensa que están de vacaciones. Nunca seremos Alemania ni Noruega por culpa de esa mentalidad. Nunca llegaremos a su grado de civismo. Ni a su poder económico.

La ignorancia y los ignorantes son un lastre para cualquier sociedad. Cultural, social y económicamente. Por eso es tan importante la educación. La falta de respeto a los maestros es tan evidente que la mayoría de los medios de comunicación llaman a profesores universitarios para hablar de Educación Primaria, pero no llaman a maestros de Educación Primaria para hablar de la Educación Universitaria. Tratan a los maestros como profesionales de segunda. Por eso, cuando alguien quiera echarle la culpa del desastre de los resultados de nuestros alumnos a alguien, que no mire a los maestros: que mire a los que tienen responsabilidad en hacer leyes y más leyes que no cuentan con la participación de los maestros. Si los maestros tuviesen voz, tal vez las cosas serían muy diferentes.

También nos ha enseñado el coronavirus que se puede vivir con mucho menos. Con muchísimo menos. Por eso hay que saber priorizar. Lo urgente es trabajar. Lo importante es la salud. Y la familia. Y los amigos. El tiempo que se pasa con los hijos y con los padres es tiempo ganado. Hay que aprovechar esta cuarentena para disfrutar de lo que casi nunca podemos. Un día no podremos hacerlo y ya no habrá vuelta atrás. Un beso o un abrazo que no se da, nunca regresa. Y ninguna red social, ninguna plataforma, ninguna web puede sustituir un abrazo. Tampoco en educación.

Las clases por YouTube o por televisión están muy bien, pero está mejor mirar a los ojos, dar una palmada en la espalda, la convivencia en la diversidad, las conversaciones en confidencia, los abrazos a la salida y a la entrada, la explicación individualizada, el olor a plastilina, las relaciones en el recreo, la resolución de dudas al instante, las tareas cooperativas y colaborativas, algo que jamás podrá ofrecer ninguna plataforma virtual, porque la educación -no nos olvidemos- no se hace de wifi a wifi, sino de mente a mente y de corazón a corazón.

El coronavirus también nos ha enseñado a que es un buen momento para reflexionar sobre nosotros, los humanos. Para que una sociedad funcione, todos somos necesarios. De repente, profesionales olvidados como los trasportistas, cajeros, reponedores, gasolineros, limpiadores o sanitarios se hicieron imprescindibles. No podemos menospreciar a nadie porque, a lo mejor, algún día nuestra vida depende de ellos. Pero, además, debemos reflexionar seriamente sobre nuestra actuación en el mundo: el planeta estaría mejor sin nosotros. El coronavirus es a los humanos lo que los humanos somos al planeta. Gracias al encerramiento, hemos visto cómo el planeta ha bajado drásticamente la contaminación del aire y de los mares. Los animales regresaron al hábitat que les hemos robado.

Debemos establecer otro tipo de relación con el ecosistema y con las demás especies. El planeta no nos pertenece. Cada segundo se mata en el mundo para comer aproximadamente 3.000 animales. Adultos y crías. Cada segundo. Unos 300 millones al día. A esto hay que añadirle más de 140 millones de toneladas de peces. A nuestro regreso a las calles, deberíamos contemplar más el cielo, respirar más profundamente, mirar más a los ojos, abrazar con más fuerza, besar con más pasión y amar, cuidar y respetar todo lo que nos rodea. De no ser así, la naturaleza, de un modo u otro, terminará por vengarse de nosotros. Y estará en su derecho. A ver si esta lección, la aprendemos.




21/05/2020

Temática: Educación    -    Medio: Magisnet


Carta de un niño de 3 años a los adultos


Carta de un niño de 3 años a los adultos

Últimamente está muy de moda publicar a través de los medios de comunicación y de las redes sociales presuntas cartas de alumnos que critican el sistema educativo. Aunque a priori pudiéramos pensar lo contrario, la realidad es que este tipo de falsedades tiene mucho éxito entre los críticos de la escuela pública, maestros incluidos. Sin embargo, para ser honestos, hay que decir que los textos son de tal calidad que, si es cierto que los han redactado alumnos –con esa perfección gramatical, esa ausencia de faltas de ortografía, esa fluidez de términos, esa coherencia, esa capacidad crítica– nuestro sistema educativo es una pasada. Como no podía ser de otro modo, todos esos textos se basan en la idea cada vez más creciente de que hay que cambiar la escuela. Así. A lo bruto. Sin reflexionar. Cambiar la escuela. Sin más. En fin.

Sea como fuere, como yo también creo que hay que cambiar la escuela, quiero aportar mi granito de arena, así que me he animado a escribir una carta fingiendo también que soy un niño. En este caso, un niño de 3 años. Esta es la carta.

Queridos adultos:

Dejad de decir que hay que cambiar la escuela para trasformar el mundo: lo que tenéis que hacer es transformar vosotros el mundo para que así nosotros podamos tener una mejor escuela. No esperéis a que seamos nosotros los responsables de cambiar un mundo que vosotros estáis destrozando. No carguéis sobre nosotros una responsabilidad que es vuestra. No seáis tan irresponsables. No seáis tan hipócritas.

Nos decís que debemos eliminar la competitividad de la escuela, pero vuestra vida está llena de competencia, de envidia, de prejuicios, de enchufismos, de amiguismos, de pisotear al más débil, de machacar al que se esfuerza y tiene éxito, de reírse del diferente. Sois vosotros los que juzgáis por el poder económico, por el aspecto físico. Nosotros, los niños de 3 años, no diferenciamos entre un blanco y un negro, entre un rico y un pobre, entre un interesado y un amigo. Nosotros jugamos y nos divertimos, y sabemos ganar y perder sin quemar contenedores a la salida de un partido de fútbol.

Nos decís que cuidemos el planeta, pero sois vosotros los que estáis exterminando a los animales que ya solo podremos conocer por fotos, los que los maltratáis para vuestro ocio, los que abandonáis a vuestras mascotas como si fuesen un trapo en mitad de la carretera. Sois vosotros los que tiráis las colillas en los parques, los que dejáis las litronas en las calles, los que taláis el Amazonas, los que contamináis nuestro aire, nuestros ríos y nuestros mares.

Nos decís que no tomemos drogas, pero sois vosotros los que las vendéis en las proximidades de los institutos, los que ponéis una casa de apuestas a diez metros de un centro educativo, los que fomentáis la ingesta de alcohol como un medio de ocio.

Nos decís que nos alimentemos de manera saludable, pero sois vosotros los que nos lleváis a comer a lugares de comida basura, los que llenáis los alimentos de productos cancerígenos, los que hacéis una explotación brutal e insana de animales, vegetales, frutas y verduras, los que fomentáis que nos quedemos en casa jugando toda la tarde a videojuegos.

Nos decís que tengamos valores, que seamos humanos, pero sois vosotros los que vivís todo el día en los móviles, los que buscáis vuestra identidad a través de la moda. Nosotros aprendemos del ejemplo que vosotros nos dais día a día; al cruzar un semáforo en rojo, al aparcar cinco “minutitos” en zona de personas con movilidad reducida, al colaros en la fila del supermercado, al emborracharos en las fiestas patronales, al no decir “buenos días”, al no pedir perdón, al pegar al árbitro en un partido de niños, al valorar a los futbolistas por encima de los sanitarios que os han salvado de la enfermedad y de los maestros que os han salvado de la ignorancia. No nos eduquéis para un mundo maravilloso sin violencia, sin intereses económicos, sin contaminación, sin competitividad, sin abusos … un mundo que no existe porque vosotros lo habéis creado así.

Queridos adultos: dejad de decir que hay que cambiar la escuela para trasformar el mundo. Cambiad el mundo vosotros para transformar la escuela. Dejad de hablar en medios de comunicación con palabras que no nos alimentan y que lo único que hacen es engordar vuestra cuenta corriente. Haced vosotros ese mundo maravilloso que nosotros merecemos. No tengáis la desvergüenza de decir que la esperanza del mundo está en niños como yo, que solo tenemos 3 años, mientras vosotros, los adultos, estáis cómodamente sentados en casa sin hacer nada. No esperéis 20 años a que yo cumpla 23 para que pueda empezar a cambiar el mundo. Empezad vosotros. Y empezad ahora. Es responsabilidad vuestra.



25/06/2020

Temática: Educación    -    Medio: Innovación y Desarrollo Docente


No solo la ratio: factores para la mejora de la calidad educativa


No solo la ratio: factores para la mejora de la calidad educativa

En estos últimos meses, debido a la situación producida por el COVID-19, se ha estado debatiendo mucho sobre la ratio en las aulas. Muchas veces, cuando se habla de la ratio, se confunden términos o se utilizan de manera interesada. A continuación, abordo qué tipos de ratio se utilizan en educación y que influencia tienen. Además, como indico en el título, no solo la ratio influye en la mejora de la calidad educativa de los alumnos, sino que también existen otros factores determinantes.
Ratio alumno/aula y ratio alumnos/profesor

Para empezar, no debe confundirse la ratio alumno-aula con la ratio alumnos-profesor, pues miden características muy diferentes del sistema educativo. Como señala el informe “Panorama de la educación Indicadores de la OCDE 2019”, mientras que el primero ofrece información del número medio de estudiantes que están agrupados en una misma clase, la segunda es un indicador del nivel de recursos humanos (profesorado) disponibles en cada país.
Dónde se sitúa España

Siguiendo con el mismo informe, los datos que tenemos sobre nuestro país en comparación con el resto de los países de la OCDE arrojan las siguientes conclusiones:

Número medio de alumnos por clase

El número medio de alumnos por clase en Educación Primaria en España es igual a la media de la OCDE, mientras que para la primera etapa de Educación Secundaria España presenta un tamaño medio de la clase superior a las medias de OCDE y UE23. Entre 2005 y 2017, el tamaño medio de las clases se ha mantenido constante para la media de la OCDE en Educación Primaria y se ha reducido en 6 puntos porcentuales para la primera etapa de Educación Secundaria. Sin embargo, en España aumenta en ambos casos en 7 y 4 puntos porcentuales, respectivamente.

Número de alumnos por profesor

El número de alumnos por profesor en España está por debajo de la media de la OCDE en todos los niveles educativos y es muy similar a la media de la UE23. En Educación Primaria, España tiene una ratio de 14 alumnos por profesor, igualando a la media de la UE23, mientras que la media de la OCDE es de 15. En la primera etapa de Educación Secundaria, la ratio en España disminuye, situándose en 12 alumnos por profesor, y sigue siendo inferior a la media de la OCDE, 13 alumnos, aunque superior a la media de la UE23, 11 alumnos. En la segunda etapa de Secundaria, la ratio española es de 11 alumnos por profesor, mientras que la media de la OCDE es de 13 y la de la UE23 es de 12.

Horas de enseñanza del profesorado

En general, el número de horas de enseñanza del profesorado tiende a decrecer en la mayoría de países de la OCDE conforme aumenta el nivel educativo. En la media de la OCDE, los profesores de la escuela pública imparten 783 horas de clase al año en Primaria, 709 horas al año en la primera etapa de Educación Secundaria y 667 horas al año en la segunda etapa de Secundaria; en los países de la UE23, los valores son similares, con 754, 673 y 643 horas anuales, respectivamente.

El caso de España es, en todas las etapas, superior al de los países de la UE23 y a la media de la OCDE. El número de horas que los profesores españoles dedican a la enseñanza en los centros públicos es de 880 horas en el caso de Primaria, 713 horas en la primera etapa de Secundaria y 693 horas en la segunda etapa de Secundaria.
¿Influye la ratio?

La primera respuesta que nos vendría a la cabeza ante esta pregunta es que la disminución de la ratio de alumnos por aula mejora la calidad de enseñanza de nuestros alumnos. Sin embargo, se trata de una interpretación que, en la actualidad, no cuenta con estudios longitudinales a largo plazo que lo corroboren. Uno de los pocos estudios sólidos realizados sobre este tema fue el Student Teacher Achievement Ratio (STAR), realizado en EEUU en el año 1980. En este estudio, se dividía a los alumnos y profesores en dos grupos distintos; unos con grupos de unos 15 alumnos y otros con grupos de 22 alumnos. Tras 4 años de estudio se pudo demostrar que los alumnos que habían formado parte de la clase de 15 alumnos tenían mejores resultados académicos que aquellos que habían formado parte de la clase con 22 alumnos.
Al margen de estos estudios, la justificación pedagógica de que una clase con menos alumnos mejora la calidad educativa de dichos alumnos parece más que evidente, ya que la individualidad de la enseñanza -y más hoy en día con la diversidad de alumnado que existe en las aulas- requiere de menos alumnos para poder atender de una manera eficiente a dicha individualidad.

Pero, además de la ratio, también existen otros factores de mejora que debemos considerar:

Los salarios de los docentes

En Education at a Glance 2019 de la OCDE se señala que, mientras que el gasto por estudiante en España es más bajo que el promedio de los países de la OCDE, los salarios iniciales del profesorado son “relativamente altos”. Sin embargo, la gran diferencia es que, con el paso de los años, las condiciones laborales y salariales del profesorado en España no mejoran y esto disminuye su motivación. En otros países de la OCDE, en cambio, los docentes empiezan ganando menos y prosperan con los años mucho más que los docentes españoles, llegando a diferencias muy significativas.

En este sentido, el informe PISA (Programme for International Student Assessment), sugiere que los países que priorizan el alto nivel de formación del profesorado sobre el número de alumnos por clase, obtienen mejores resultados que aquellos que no lo hacen. Como ejemplos, PISA destaca a Japón y Korea, ya que ambos países priorizan el sueldo de los profesores sobre el número de alumnos por clase y ambos obtienen unos altos resultados en PISA.

Colegios públicos o privados

En España, la rivalidad entre colegios públicos y privados está enquistada en términos políticos e ideológicos y no en términos de calidad educativa. Si eliminamos esa parte subjetiva e interesada y analizamos solo los datos objetivos, PISA señala que uno de los factores más determinantes en las diferencias de los resultados se debe a la naturaleza de los centros, ya sea pública o privada, ya que la financiación de unos es superior a la financiación de los otros lo cual influye en los resultados. En este sentido, tenemos que tener en cuenta que España es uno de los países con más centros escolares concertados de Europa, colegios privados pero subvencionados por el Estado. En nuestro país, uno de cada cuatro alumnos estudia en alguno de ellos. Sólo Bélgica, Reino Unido y Malta, según datos de Eurostat, tienen más escuelas concertadas que España. En Finlandia, por ejemplo, este tipo de centros no llegan al 2%. Por ello, PISA señala que sería recomendable mejorar las dotaciones de recursos de los centros públicos en España para tratar de reducir estas diferencias con los centros privados y concertados.

En el mismo sentido, en el informe Education at a Glance 2019 de la OCDE, señala que la mayoría de los países dedica un porcentaje significativo de su presupuesto público a la educación: para los países de la OCDE supone un 10,8 % del gasto público total, la media en los países de la Unión Europea (UE) es de un 9,6 %, mientras que en España se sitúa en un 8,6 %. En concreto, nuestro país gasta el 3,1 % de su producto interior bruto (PIB) en Educación Primaria y Secundaria, en comparación con el 3,5 % en la media de la OCDE. Teniendo en cuenta el valor de cada punto porcentual, está claro que debemos mejorar en este sentido.

La carrera docente

Mientras que en los países más desarrollados socialmente de Europa los docentes gozan de una gran valoración social, en nuestro país el profesorado no está bien valorado ni social ni profesionalmente. O, al menos, justamente valorado, ya que existe un enorme desconocimiento sobre su labor y sobre su impacto en la educación y la economía del país. A pesar de ello, es cierto que en lo que se refiere a la carrera docente, queda mucho por mejorar.

En este sentido, todos los estudios nacionales e internacionales coinciden en señalar que es imprescindible apostar por una verdadera carrera docente de calidad para el profesorado, ya que los resultados del alumnado se ven claramente influenciados por la calidad y la motivación del mismo. Por ello, parece claro que se requiere de una urgente renovación del programa de estudios de magisterio -así como de una mejora de la preparación pedagógica de los profesores de Secundaria- donde se dote de mayor calidad de contenidos al programa y de una mayor exigencia curricular.

Las expectativas

Por último, no podemos olvidar la importancia de influencia de las expectativas en la educación de los menores. Cuando se habla de expectativas, casi siempre pensamos en las expectativas que los docentes tienen sobre sus alumnos, pero la influencia no depende solo de ellos. Diversos estudios muestran que uno de los mejores predictores del éxito escolar y ajuste social de los niños son precisamente las expectativas que tienen los padres sobre los logros académicos de sus hijos en la escuela (Michigan Department of Education, 2001; Epstein, 2013). Por otra parte, se ha demostrado la enorme relación entre las aspiraciones que los padres tienen de la educación para sus hijos y el éxito de los mismos (Lyn & Yan, 2005). Asimismo, en diversos estudios como los elaborados por Hattie, Cardemil, Lavin, Ruíz de Miguel y otros autores, se advierte que las expectativas de los padres sobre sus hijos son determinantes a la hora de lograr buenos resultados académicos, más que otros factores como el nivel económico o los propios estudios de los padres. Además, y aunque pudiera parecer una nimiedad a priori, en este mismo sentido, PISA señala que existe una relación causal directa entre el número de libros en casa y los resultados académicos de los niños. Así que, como vemos, en muchas ocasiones, la influencia de la familia es absolutamente determinante.



29/11/2019

Temática: Educación    -    Medio: Innovación y Desarrollo Docente


Educación en la infancia: ¿autonomía o vigilancia?


Educación en la infancia: ¿autonomía o vigilancia?

Hace un año, estuve visitando un colegio en Alemania. El primer día de la visita me fui media hora antes para reunirme con el director y ponerme un poco al día de las actividades que íbamos a realizar. Después de hablar un rato en su despacho, el hombre me acompañó a dar una vuelta por el centro para que pudiese conocer las distintas aulas. Mientras íbamos andando -y a pesar de que aún faltaban unos 10 minutos para la hora de entrada-, me fijé en que, a medida que iban llegando, los alumnos entraban al colegio y se metían dentro de sus aulas. Cuando finalmente se hizo la hora de entrar, le pregunté al director si no tocaban un timbre o si no ponían música para la entrada. El hombre me miró fijamente y me dijo que no, que los alumnos ya sabían a qué hora tenían que entrar. “¿Los padres españoles no saben a qué hora entran sus hijos cada día al colegio?, me preguntó extrañado. Yo le contesté que sí, y el hombre me respondió que entonces no tenía ningún sentido poner un timbre para entrar a la hora. Le pregunté si los alumnos que llegaban un poco antes esperaban a los profesores en su aula, a lo que el hombre me respondió que sí, que no había ningún problema con eso.

En Alemania, Suecia, Noruega, Finlandia y el resto de países más avanzados en materia de educación no solo institucional sino también social, los padres y los profesores apuestan por la autonomía de los menores, fomentando su responsabilidad, su compromiso con sus obligaciones y su autogestión del tiempo. Gracias a eso, sus sociedades son más responsables en los distintos ámbitos: cumplen con los plazos de entrega, siguen manteniendo de manera estricta las normas urbanas y de convivencia, dejan salir antes de entrar, se hacen responsables de sus errores… A nivel puramente educativo, estos países eligen buscar la autonomía de los alumnos hasta tal punto que, en uno de los colegios de Suecia que visité, había un tractor real anclado al suelo para que los niños más pequeños pudieran jugar, con unas aristas que daba miedo verlas y sin ningún tipo de protección o goma espuma que lo envolviese. Incluso en el colegio de Alemania, con casi 2000 alumnos, solo había 2 maestros controlando el patio durante el recreo. En Suecia, ni siquiera había profesores vigilando, sino que había monitores de ocio y tiempo libre mientras los docentes estaban en sus aulas realizando las tareas propias de enseñanza.

En nuestro país, en lugar de autonomía, elegimos vigilancia. Los profesores tienen que vigilar que los alumnos se coloquen en fila a la entrada del centro y que todos ellos vayan en fila a sus clases sin pegarse empujones, ni colarse, ni meterse la zancadilla. Evidentemente, no puede haber ningún alumno en el aula sin la vigilancia de un profesor porque, en el caso de que dos alumnos se maten a palos, el culpable será el profesor por no estar vigilando, no los alumnos por agredirse. Es más; si a alguno de los padres de los alumnos implicados se le ocurre denunciar al profesor, tendrá todas las de ganar, porque la administración apercibirá al docente por no estar vigilando, en lugar de apercibir a los alumnos por tener conductas agresivas y a sus padres por tener la desvergüenza de denunciar. Esta vigilancia extrema se extiende hasta el patio, donde por cada metro cuadrado debe haber un maestro, ya que si sucede algún accidente, los padres denunciarán al maestro por no estar vigilando, incluso aunque haya sido un accidente inevitable por mucho que hubiese un millón de docentes mirando para el niño.

Por desgracia, en educación algunas dicotomías son insalvables; hay que elegir o una cosa u otra; o autonomía o vigilancia. Si elegimos autonomía, elegimos eximir al docente de aspectos que no le corresponden para que sean los alumnos quienes aprendan a responsabilizarse de sus propios actos y de las consecuencias que esos actos producen. Si elegimos vigilancia, seguiremos educando a nuestros niños sin autonomía, sin autocrítica, caprichosos, dictatoriales, sin capacidad para gestionar sus conflictos; alumnos que de mayores se justificarán ante sus actos porque te dirán que la basura que tiran a la calle o que se cuelen en tal o cual evento no es culpa suya, ¡qué va!, sino de que –como están acostumbrados- no había nadie vigilando.



13/02/2020

Temática: Educación    -    Medio: Innovación y Desarrollo Docente


Enseñanza bilingüe: seguimos sin levantar cabeza


Enseñanza bilingüe: seguimos sin levantar cabeza

A lo largo de esta semana he tenido bastante ajetreo a raíz de un tuit que publiqué en contra del bilingüismo o, como dirían los técnicos, en contra de la enseñanza bilingüe (como si la finalidad de la enseñanza bilingüe no fuese el bilingüismo). En el tuit en cuestión decía que desde el inicio yo había criticado el programa de enseñanza bilingüe en el área de Ciencias Naturales por ser ésta una asignatura con un vocabulario excesivamente técnico. A partir de ahí, cientos de personas –sobre todo docentes de Primaria y Secundaria– retuitearon el tuit y, alguna que otra, lo criticó con argumentos absolutamente indefendibles, tal vez porque a algunos este negocio en el que se ha convertido la necesidad de los docentes de tener un título B2, C1 o C2 de inglés les va de fábula. Ahí lo dejo.

Durante la Educación Primaria y Secundaria, la enseñanza de una segunda lengua tiene fundamentalmente un enfoque funcional y comunicativo. Evidentemente, cuánto más técnico es el vocabulario, más difícil aprender un idioma. Mucho más en esas etapas. Palabras como vellosidades intestinales, hígado, mitocondria, hoja caduca u hoja perenne no ayudan a otra cosa que a la memorización de palabras en inglés que, una vez plasmadas en un examen, se olvidan. No hace falta ser una eminencia para darse cuenta de que, cuanto más expositivo y técnico es el texto, menos adecuado para la adquisición de una lectura comprensiva. Si fuese así, en las Escuelas Oficiales de Idiomas darían las clases de inglés con vídeos y textos de física cuántica, física nuclear, biología molecular y prospectos de medicamentos. Sin embargo, lo que hacen es trabajar vídeos y textos relacionados con la vida cotidiana. Es decir; que mientras que una persona de 20 años está aprendiendo en un nivel B2 palabras como urbanización, bloque de edificios, dúplex, gabardina, chubasquero o préstamo, en 4º de Educación Primaria y con 8 años los niños están aprendiendo palabras como ebullición o vaporización. Eso no quiere decir que no sea bueno que nuestros alumnos aprendan un lenguaje técnico, pero no desde luego en esas edades.

Por otro lado, a pesar de los –escasos– informes que hablan de las maravillas de la enseñanza bilingüe –algún día hablaré de cómo se hacen hoy en día muchas de las investigaciones de ciertos profesores universitarios–, la realidad es que nuestros alumnos salen de la Educación Secundaria –al margen del título– con un nivel de inglés bastante mediocre, sin alcanzar lo que se llama el nivel de “usuario independiente”. Recientemente, las encuestas que recopila Eurostat y el nuevo informe realizado por la compañía dedicada a la enseñanza de idiomas, Education First, sitúan a los jóvenes españoles en los últimos puestos de Europa. Mientras en países como Luxemburgo, Dinamarca o Suecia más del 90% de la población habla un segundo idioma con fluidez, en España apenas alcanzamos el 50%. Al margen de esos maravillosos informes sobre el bilingüismo que publican ciertos gobiernos y ciertas universidades, esa es la cruda realidad.

Para aprender un idioma en las primeras etapas de la vida, nada mejor que vivenciarlo. De nada sirve que en las aulas se dé 2 horas de inglés de las 24 horas que tiene el día si el resto de las 22 horas estamos hablando español. Para mejorar el nivel de bilingüismo en los centros educativos, además de aplicar la enseñanza bilingüe en áreas con un componente comunicativo más elevado que las Ciencias Naturales, la enseñanza del inglés debe adquirir en el currículo un nuevo enfoque y un mayor peso. No podemos pedir a los especialistas de inglés que trabajen la competencia comunicativa en los alumnos cuando luego en las pruebas de diagnóstico de las comunidades autónomas se evalúan a los niños principalmente gramática y ortografía. Además, los padres también deben hacer un esfuerzo y fomentar en casa la lectura de libros en inglés y el visionado de películas en ese idioma. Y, sobre todo, en vez de legislar o de inventar currículos desde un cómodo despacho, algunos políticos y algunos profesores universitarios deberían dignarse de vez en cuando a bajar a la tierra y reunirse con los que saben de verdad sobre el tema, que son los maestros y los profesores de Secundaria y Bachillerato. Seguro que, si atendemos a sus reclamaciones, se solucionarían muchos de los problemas educativos que sufrimos en España.



07/02/2020

Temática: Educación    -    Medio: Viceversa Magazine


Pin parental: el fracaso de la educación de los padres


Pin parental: el fracaso de la educación de los padres

Hace pocos días se aprobó en la Región de Murcia el controvertido Pin parental. De una manera resumida, podemos decir que el Pin o veto parental no es otra cosa que la necesidad de una autorización por parte de los padres para que sus hijos puedan acudir a una determinada charla en el colegio. Después de aprobarse este veto por parte del PP, Ciudadanos y Vox, todos los medios de comunicación comenzaron a abordar el tema -casi siempre sin la presencia de docentes- confrontando si dicho Pin era un derecho que los padres deberían tener o no, olvidándose de los más importante: cómo se ha llegado a esta situación. Vayamos por partes.

En el mes de septiembre del 2019, un periódico recogía la noticia de que un colegio de Granada estrenaba una asignatura sobre protección animal. Enseguida, muchas personas aplaudieron esta iniciativa. Pero ¿cómo se puede aplaudir que se introduzca una asignatura como esta en el colegio? ¿Acaso el colegio no está para impartir conocimientos sobre Legua, Matemáticas, Ciencias, etc.? ¿Por qué una asignatura sobre protección animal? ¿Por qué realizar charlas en el centro educativo sobre educación vial, ciberacoso, alimentación responsable, uso responsable de redes sociales, educación emocional o educación sexual reduciendo horas a Lengua, Matemáticas o Ciencias? Pues, curiosamente, no porque sea una iniciativa de los docentes sino porque es una reclamación de la sociedad. ¿Y cuál es la causa de que la sociedad reclame que se den este tipo de contenidos en el aula? Pues porque los padres cada vez delegan más este tipo de educación en la escuela. Veamos algunos ejemplos.

¿Por qué educar en una alimentación saludable? Pues porque España tiene uno de los índices de obesidad infantil más alto de toda Europa. ¿Por qué dar educación sexual en la Educación Secundaria? Pues porque en España, después de muchísimos años, se han vuelto a dar casos de sífilis y gonorrea en adolescentes y las prácticas sexuales en esa edad están cada vez más influenciadas por su adicción a la pornografía. ¿Por qué educar en el respeto? Pues porque el aumento del acoso escolar y de las agresiones de adolescentes a los padres se ha disparado en la última década. ¿Por qué educar en la igualdad? Pues porque, a pesar de los avances, las mujeres siguen estando asociadas a las tareas de la casa y sus sueldos por realizar el mismo trabajo son muy inferiores a los sueldos de los hombres. ¿Por qué dar contenidos de protección animal en el aula? Pues porque en España se abandonan 140.000 perros y gatos anualmente y cientos de cazadores cuelgan o asesinan cruelmente a sus perros tras la temporada de caza, siendo nuestro país líder mundial en abandono animal. Y así, hasta el infinito. Así que, bien visto, la existencia de charlas en los colegios no es ni más ni menos que el producto del fracaso de los padres en ese tipo de educación que ha generado una sociedad cuyos datos están muy lejos de situarnos como un país desarrollado.

Por otro lado, se preguntan algunos padres qué tiene de malo que sean ellos los que decidan las charlas que reciban sus hijos. Lógicamente, si esas charlas se ajustan a los contenidos y valores propios del currículum, la prohibición de que un menor acuda a una de esas charlas es un insulto a la profesionalidad del docente -que es quien ha seleccionado la charla- y una desconfianza hacia la escuela. Pero, además, cuando un padre se niega a que su hijo reciba formación sobre ciberacoso, igualdad de sexos, uso de redes sociales, bienestar animal, reciclaje, integración, cuidado del medio ambiente, enfermedades de transmisión sexual, alimentación saludable, etc., está vulnerando claramente el derecho a la educación de su hijo. Y es que no podemos olvidarnos que por encima del derecho de un padre a decidir la educación para sus hijos está el derecho del niño a recibir una adecuada educación, porque muchas veces esta formación viene a compensar la deficiente educación o el mal ejemplo que ciertos padres les están trasmitiendo a sus hijos; padres machistas, homófobos, sexistas, que se drogan, que maltratan a los animales o que solo les dan bollería industrial y comida rápida a sus hijos.

A lo largo de mi carrera me he encontrado con padres que no querían que sus hijos hiciesen educación física por cuestiones religiosas, a padres que me dijeron que no apuntaban a su hija a ninguna actividad en la que pudiese disfrutar porque iba en contra de su dios, a padres que no querían que sus hijos fuesen a un concierto de rock en la escuela porque el rock era peligroso (no como el reggaetón, que la escuchan casi la totalidad de los niños matriculados en España y es casi música de iglesia), a padres que no querían que sus hijos fuesen a natación porque se les había muerto un hermano ahogado (que, aunque lo comprendo, el padre también debe comprender que su hijo no tiene por qué pagar las malas experiencias de su familia), a padres que no querían que les diese clase un profesor porque era “amanerado”, a padres que no querían que a su hijo le diese clase una mujer, a padres que no querían que su hijo se sentase al lado de un niño de color, etc., etc., etc. Obviamente, la escuela -que busca la formación integral del individuo- no puede permitir que cada padre elija de manera arbitraria la educación de su hijo.

Por último, cabe decir que todo lo que está rodeando al tema del Pin Parental no tiene una intencionalidad educativa, sino una intencionalidad política. Esto lo demuestra el hecho de que, de los 265.000 alumnos de la Región, no existe ni una sola denuncia por contenido inadecuado en ninguna charla, lo cual demuestra que se trata de un debate innecesario. Sin embargo, algunos, los más dados a no contrastar informaciones, han comprado este producto de la extrema derecha española haciendo un daño irreparable a la escuela, que cada vez está más cansada de la intromisión política y de la negligencia de los padres: dos males que es importante solventar si queremos realmente que la escuela sea la promotora del cambio de una sociedad española que cada vez parece más cateta y más casposa.



11/12/2019

Temática: Educación    -    Medio: Viceversa Magazine


Sobre la enorme hipocresía de felicitar a los maestros


Sobre la enorme hipocresía de felicitar a los maestros

Durante estos días, con motivo del Día del maestro, han sido muchos los que han felicitado a los maestros y han reconocido su labor públicamente, tanto a través de las instituciones como en los diferentes medios de comunicación y redes sociales. Tal ha sido la locura que -como si de repente media población se hubiese tomado un bote entero de prozac en el desayuno- ha habido quien ha comparado a los maestros con una especie de multi profesional incombustible (psicólogo, animador, padre, vigilante, guía), con héroes que luchan incansablemente contra viento y marea, incluso con seres casi divinos con unas cualidades excepcionales. Y la verdad es que todo eso está muy bien, sobre todo porque luego, en el resto de los 364 días del año, contrasta con lo que muchos docentes perciben en el día a día, donde se califica a los maestros de vagos, con demasiadas vacaciones, que no vigilan, que no atienden a los niños, que no están formados,  que no hacen nada o que, para lo que hacen, bastante cobran y que, ante lo que diga un hijo, no hay palabra de docente que valga. Basta con leer los titulares de algunos diarios para saber de lo que estoy hablando.

En este sentido, a parte de la sociedad en general, que suele desprestigiar a los maestros a la mínima oportunidad, incluso delante de sus propios hijos, mención especial merecen algunos medios de comunicación. Digo algunos medios de comunicación como digo algunos padres ya que, obviamente, no son todos, pero sí un número considerable. Pues bien, el día del maestro, como si fuese el día de la paz, todos los medios de comunicación, tanto en artículos como en tertulias, se lanzaron a alabar la enorme importancia de un buen maestro y lo influyente que era éste en la vida de los niños. En las televisiones y en la radio se abrieron  secciones para recordar a los maestros que nos habían marcado en nuestras vidas. Y, como si eso ya fuese suficiente, como si ya estuviese todo hecho, todos se fueron para su casa tan contentos y aquí todos tan panchos. Y digo esto porque luego, cuando se quiere abrir un debate de educación en la prensa o cuando se invita a alguien a hablar de educación en la radio o en la televisión, o cuando se realiza un congreso importante, por lo general no se llama a los maestros, a esos a los que tanto admiran, sino a profesores universitarios. O, lo que es más insultante, a un coach. Y es que al final, a pesar de todas esas hermosas palabras, existe todavía en nuestro país, España, un complejo de titulitis que conduce al ninguneo de la figura del maestro de Educación Infantil y de Educación Primaria, como si estos fuesen profesionales de segunda categoría, muy inferiores por supuesto a los profesores universitarios, muchos de los cuales tienen un buen fundamento teórico pero carecen de la experiencia necesaria con alumnos de las primeras etapas. Este ninguneo –además de paradójico- es absolutamente despreciable, porque sigue fomentando la idea de que el maestro sirve para ocuparse de atender a los niños 6 horas al día, pero que no tiene la categoría suficiente para hablar de educación. Y no es una percepción. Sé de medios de televisión, radio y prensa donde se hacen estas prácticas porque las he vivido en primera persona. Así que, menos reconocimiento de palabra y más reconocimiento de obra.

Hace unas semanas, en una ponencia que tuve la oportunidad de dar en Vigo gracias a la maravillosa Asociación Érguete, asistí por la tarde a la charla de una chica keniana de veintitrés años que actualmente reside en España y que a pesar de su juventud tiene detrás una vida increíble que pone los pelos de punta. Durante su relato, esta chica comparaba algunos aspectos de la educación en Kenya con la educación en España. Una de las cosas que decía era que la educación en Kenya era muy importante porque era la única forma de salir de la miseria, y que por eso le tenían al maestro un gran respeto y una gran admiración. Asimismo, señalaba que, tras su paso por varios colegios e institutos españoles, le sorprendía que en España ni los niños ni los padres les tenían ese respeto a los maestros. Y es que, en España, hemos aumentado la velocidad de nuestro ADSL pero hemos rebajado la velocidad de nuestra cultura, nuestra educación, nuestra moral y nuestros valores. Nos creemos que por tener un móvil de última generación ya estamos fuera de la miseria, pero la tecnología sin conocimiento sigue siendo oscuridad. Realmente, más allá de la burda hipocresía y de quedar bien, ni valoramos a nuestros maestros ni valoramos la educación, por eso tenemos los colegios que tenemos; cayéndose a cachos y con una falta de profesorado que sería inadmisible para un país civilizado. Y es que, precisamente por no apostar verdaderamente por la educación, seguimos siendo la mano de obra barata de Europa y con muchos de nuestros grandes valores huyendo de España porque aquí ni tienen reconocimiento ni se les da valor. Y, por eso, tenemos lo que tenemos y estamos donde estamos.



08/10/2019

Temática: Educación    -    Medio: Magisnet


Un currículo del siglo XX para alumnos del siglo XXII


Un currículo del siglo XX para alumnos del siglo XXII

Hace 22 años, yo era tutor de un 5º de Educación Primaria. Para fomentar la lectura y la escritura, llevé a cabo un proyecto de revista escolar. Era el año 1997. Casi la prehistoria. Como por aquella época había bonanza económica, muchos bancos y empresas aportaban dinero para llevar a cabo aquellos proyectos educativos, así que nuestra revista tenía una calidad de impresión y una distribución muy alta. Aunque una parte del proyecto lo realizábamos por la tarde, también dedicábamos algunas mañanas en el área de lengua para elaborar contenidos.

Habíamos distribuido las secciones de la revista en grupos y todos los alumnos participaban en su elaboración. Cuando terminaban de escribir su sección en papel y de corregirla, cada uno de los grupos pasaba el texto al programa Publisher (un programa gratuito de edición de textos e imágenes) y lo completaba con fotografías. Para que pudieran realizar la maquetación de cada una de sus secciones, yo les había enseñaba edición de textos (tipos de letra, tamaño, letra capital, etc.) y edición de imágenes (recortar, marca de agua, brillo, etc.).

Una mañana en la que estaba en la sala de ordenadores con mis alumnos, se me acercó el jefe de Estudios acompañado del inspector. El hombre, muy amable, me preguntó qué era lo que estábamos haciendo. Tras explicarle que los alumnos estaban elaborando su maquetación de la revista escolar, el hombre torció el gesto y me señaló muy secamente que no podía seguir haciendo aquello, porque la enseñanza de la edición de imágenes y de textos no se encontraba en el currículo. Yo intenté explicarle que tanto la edición de textos como de imágenes era un contenido muy importante, pero el hombre me volvió a recordar que aquellos contenidos no se encontraban recogidos en el currículo de Educación Primaria.

Un alumno que se matricule hoy en Infantil de 3 años, terminará su Educación obligatoria –si todo va bien– en el año 2032. Si hace una carrera universitaria, terminará su formación en el año 2038. Si su esperanza de vida son 85 años, algo posible, este niño vivirá en el siglo XXII. Sin embargo, a pesar del impacto de saber que esos niños que hoy tenemos sentados en nuestras clases de Educación Infantil vivirán en ese siglo, en la escuela actual les seguimos enseñando contenidos seleccionados y diseñados para la enseñanza del siglo XX.

Mis alumnos del año 1997 no pudieron aprender a maquetar ni a editar imágenes y textos al igual que los alumnos de hoy no aprenderán computación en la escuela porque, sencillamente, tanto el currículo de entonces como el actual están diseñados para alumnos de 1970. De hecho, los contenidos que enseñamos hoy en día en la escuela siguen siendo muy semejantes a los que yo mismo estudié cuando era alumno.

Una de las características del currículo eficaz es que debe adelantarse –en la medida de lo posible– al futuro y vislumbrar qué contenidos y qué aprendizajes van a necesitar nuestros alumnos de hoy, tanto para sus vidas personales como laborales. Lógicamente, no se trata de eliminar de un plumazo todos los contenidos y comenzar de cero, sino de realizar un proceso de eliminación de contenidos que ya no son necesarios en la actualidad e introducir otros más ajustados a la sociedad en la que vivimos. Y, también, y muy importante, de distribuir dichos contenidos de una manera más equilibrada por edades, donde su aprendizaje sea más fácil de adquirir, ya que hay ocasiones en que ocupamos semanas en enseñar a alumnos de 8 años un contenido que a los 13 años lo aprenderían en apenas un minuto.

Los currículos de enseñanza no pueden vivir en el pasado. Deben alimentarse del pasado, pero con proyección de futuro, manteniendo aquello que debe permanecer y eliminando lo que comienza a quedar desfasado. Nuestros alumnos de hoy se enfrentan a un mundo muy distinto al que nosotros nos enfrentamos. El aumento del estrés, de la contaminación, el mundo global, las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial, la tecnología de la información y todo lo que ello conlleva son fenómenos a los que nosotros no tuvimos que enfrentarnos cuando éramos estudiantes. Por eso, desde la escuela, las herramientas que debemos ofrecerles a nuestros alumnos deben ser distintas a las que nosotros recibimos.

04/09/2019

Temática: Educación    -    Medio: Magisnet


La dictadura de la programación didáctica


La dictadura de la programación didáctica

Con la llegada del mes de septiembre y el inicio de curso, miles de docentes de toda España comienzan a diseñar y a perfilar su programación didáctica para organizar su actuación para el curso actual. Pero, ¿es realmente tan importante la programación didáctica o programación docente?

En mis inicios como maestro, yo era un defensor a ultranza de las programaciones didácticas. Tal como nos insistían una y mil veces en la carrera, confiaba en que la programación era el eje central, el “santo grial” de nuestra intervención como maestros. Aquel engranaje de objetivos, contenidos, criterios de evaluación, actividades, tareas, tiempos y distribuciones de aula suponía el certificado de que nuestro trabajo como docentes estaba perfectamente diseñado. Sin embargo, hoy por hoy, después de 25 años de profesión, ya no lo tengo tan claro.

Muchos años atrás, cuando la Educación era menos estresante, los maestros tenían como objetivos un par de aspectos fundamentales. Por ejemplo, en el área de Lengua, se tenía claro que los alumnos debían salir del colegio leyendo con fluidez y de manera comprensiva, hablando con corrección según el contexto, escribiendo sin faltas de ortografía y escuchando con atención y respeto. Con el tiempo y la burocratización del sistema educativo, esos objetivos se fueron subdividiendo en otros objetivos más específicos, y luego más específicos, y luego un poco más específicos, y así hasta llegar a las partículas subatómicas del aprendizaje, que son los actuales estándares.

Esa excesiva división subatómica y la obligatoriedad de evaluar casi un millar de estándares de aprendizaje en un solo curso, hace que los docentes pasemos muchas veces de un contenido a otro a gran velocidad sin poder casi profundizar en ninguno de ellos. Como los estándares son tantos y tan específicos, los docentes nos vemos muchas veces obligados a evaluarlos una sola vez en el curso, con lo que un alumno –por ejemplo– puede superar el estándar de la regla de acentuación un día 2 de diciembre y tenerlo superado para toda su vida aunque en las siguientes pruebas hasta que finalice 6º de Educación Primaria observemos que no sabe acentuar. Y lo mismo sucede si el estándar está suspenso. Así de ilógico e irracional se ha vuelto el asunto.

Evidentemente, no voy a negar que programar nuestra actuación como docentes es importante, sin embargo, el gran problema de considerar la programación como un documento tan fundamental es que partimos de una premisa equivocada. Recuerdo una ocasión en la que un alumno de 2º de Educación Secundaria que había aprobado con un sobresaliente un examen de Historia del Arte varios meses atrás, durante una excursión a una iglesia me soltó con cara de sorpresa: “¿Así que esto es un arco de medio punto?”. A pesar de que aquel alumno había aprobado con sobresaliente el examen donde se evaluaba –entre otras cosas– la definición y reconocimiento de un arco de medio punto, no fue hasta que lo vio en primera persona cuando su cerebro aprendió realmente lo que era. Y es que se puede programar la enseñanza hasta extremos imposibles, pero jamás podemos programar el aprendizaje, porque el aprendizaje depende de miles de circunstancias ajenas a nuestra perfecta programación en Arial 12 e interlineado sencillo.

Como señalé al principio, después de 25 años ejerciendo, no tengo tan claro que la programación didáctica sea tan determinante en la calidad educativa que ofrecemos a nuestros alumnos. De hecho, comienzo a pensar que, en la actualidad, ya no es el docente el que controla la programación, sino que es la programación la que controla al docente. Tanto es así, que la programación didáctica se ha convertido en el documento de control por excelencia de los padres y de la propia inspección educativa, de tal manera que si el profesor no hace exactamente lo que señala el documento en el momento en que señala el documento y en el modo en que señala el documento, cualquier reclamación por parte de la administración o de los padres es posible con grandes probabilidades de éxito.

Como digo, la Educación actual se ha burocratizado en exceso. Se ha burocratizado de tal modo que ya no sabemos si el objetivo fundamental de la enseñanza es el aprendizaje o el documento. Un docente que salga hoy en día de carrera debe saber más de leyes que de didáctica, lo cual ya de por sí da una muestra del despropósito al que estamos llegando. Para hacerlo más visible, imagínenselo en un cirujano. Eso demuestra la frase de que el paso de los años no implica que estemos evolucionando. De hecho, en Educación está sucediendo todo lo contrario.

Si no queremos ser devorados por una burocracia que asfixia cada vez más el proceso de enseñanza, debemos recuperar el sosiego, apostar por una Educación en el aula más pausada, más tranquila, más cercana, más reflexiva y, sin duda, más humana, donde el aprendizaje fluya entre el maestro y el profesor como si de magia se tratara, sin que un papel determine que la belleza de los planetas o la grandiosidad de la rotación de la tierra haya que aprenderlo entre el 5 y el 15 de marzo. Feliz inicio de curso.



14/02/2019

Temática: Educación    -    Medio: Viceversa Magazine


El futuro de la escuela española: entre el Circo del Sol y Mr. Wonderful


El futuro de la escuela española: entre el Circo del Sol y Mr. Wonderful

Hace un par de años, un compañero de colegio me dijo que, en un centro educativo de la zona, para el día de inicio de curso, los profesores bajaban desde el techo del colegio haciendo rápel y bailaban una coreografía en el patio para deleite de alumnos y padres. Como no podía creérmelo, me fui a YouTube y, efectivamente, allí estaba: un espectáculo de giros, luces y música digno del Circo del Sol. Inmediatamente calculé que, al ritmo de estupidez al que avanzaba la escuela española y con mi edad, sería imposible escaparme de tan novedosa pedagogía, así que inmediatamente me metí en un gimnasio y en una escuela de danza. Todo por el bien de la calidad educativa de los alumnos.

En los últimos años, rompiendo con todo lo establecido hasta ahora, ha irrumpido con fuerza en España una nueva tendencia educativa; una tendencia que -día a día- gana más adeptos entre el profesorado. Esta nueva tendencia consiste en hacer que los niños se diviertan en el colegio. Para esta nueva corriente pedagógica, la diversión se antepone al propio aprendizaje, convirtiéndose no en un instrumento sino en una finalidad en sí misma. Pero es lógico; en una sociedad diseñada para el ocio, ¡quién quiere debatir sobre filosofía habiendo Gran Hermano!, ¡quién quiere hablar de poesía teniendo YouTube!. La clave del éxito escolar para esta nueva corriente es que los niños sean felices –como si la escuela les impidiese serlo- y, para ello, solo existe una metodología posible: el amor. Cuatro años de carrera de Magisterio -con su psicología, su sociología de la educación, su didáctica, su organización escolar- para descubrir que, cualquier persona dispuesta a dar amor, es un buen docente. Nunca ser maestro fue tan fácil. Para poder llevar a cabo esa nueva metodología del amor donde los alumnos se desarrollen libres y amados, los docentes piden –entre otras cosas- eliminar los exámenes, jugar al baloncesto sin marcadores, poder entregar los trabajos de aula arrugados y con manchas de chorizo, desterrar el bolígrafo rojo, no entregar notas y los pedos sin olor. Como en una sobredosis de opiáceos, los docentes llenan las puertas y paredes de los colegios de mensajes motivadores, como si el colegio fuese una enorme tienda del mismísimo Mr. Wonderful. Cada aula es una minitienda cargada de frases bellas y potencialmente motivadoras: “Solo tienes que soñarlo para conseguirlo”, “Todo es posible en la vida”, “No hay nada que no puedas alcanzar”, “Si nunca lo intentas, nunca lo conseguirás”, “Cambia tu forma de ver las cosas y las cosas cambiarán”… Y, seguro, todo eso está muy bien. ¡Qué puede haber más hermoso que millones de niños levantándose felices cada mañana para ir al colegio y no querer regresar a sus casas jamás! El problema es que esta corriente pedagógica se queda ahí, en la frase, en el eslogan, y no dice qué hay entre el intento y la consecución. Porque ahí, entre el intento y la consecución, está el esfuerzo, el sacrificio, la voluntad, la motivación, el caer, el levantarse, el volver a caer, el pensar en abandonar, el dejarse las pestañas bajo el flexo, el formarme, las horas de insomnio, las tazas de café, el miedo, las ganas de huir, la incomprensión, la frustración, el fracaso, el éxito,… y todo eso, sin duda, no hace que los niños vayan felices al colegio. Para defender este nuevo paradigma educativo, afirma este colectivo de nuevos docentes que las ecuaciones sin emoción no sirven de nada. Las emociones sin ecuaciones, sí. Dicen que sin emoción no hay aprendizaje, como si todos aquellos que aprendimos los ríos o los verbos en un antiguo sistema educativo sin pasión no hubiéramos aprendido nada. Y es que, en realidad, el principal detonante del aprendizaje no es la emoción sino la motivación, y la motivación –ya lo sabemos, o deberíamos saberlo- puede ser intrínseca o extrínseca, relacionada con el yo, con la recompensa, etc., etc. Sin embargo, los defensores de esta nueva pedagogía dicen que somos los docentes los que tenemos que apasionar, los que tenemos que motivar constantemente a los alumnos, que ese es hoy uno de los grandes retos de la escuela. ¿Acaso debe motivar un médico a un paciente para extirparle un tumor de doce quilos? Seguramente no. La diferencia entre este ejemplo y la escuela es que los padres de hoy no consideran los estudios como algo beneficioso, no consideran la ignorancia como una enfermedad y no tienen claro que los estudios sirvan para algo, por eso millones de alumnos acuden desmotivados a la escuela. Miles de ejemplos les apoyan. Cientos de seres inútiles intelectualmente forrados económicamente y grandes bioquímicos tras la barra de un Burger King. Entonces, ¿son realmente solo los docentes los encargados de vender a los menores que la educación sí sirve para algo? Pues parece ser que sí y, para ello, la escuela tiene que transformarse, reformularse y convertirse en un centro de ocio adaptado a los caprichos de los alumnos, porque si ellos suspenden, es la escuela la que no sabe darles una respuesta, son los docentes los que no han sabido exprimir al máximo las enormes cualidades de ese alumno de ocho años que no tiene ni un solo libro en su casa, que tiene un iPhone más caro que cualquier docente, que tiene las estanterías llenas de palmeritas de chocolate y unos padres que lo dejan en casa un sábado de noche para irse de copas con sus amiguetes que –después de tanto trabajar – también tienen derecho.

Dicen también los partidarios de esta pedagogía de la orgía emocional que no hay que endurecer a los niños para enfrentarlos a un mundo complejo y cruel, sino que hay que educarlos con cariño para que llenen el mundo de amor. Y eso, que en sí mismo es un fin encomiable, no es más que enviarlos a luchar a una Guerra Mundial armados con ramos de rosas y nubes de corazones. Por supuesto que los jóvenes son los encargados de cambiar el mundo, y nosotros los responsables de darles los más bellos valores para que lo transformen, pero primero tenemos que intentar que sobrevivan, darles las herramientas básicas para enfrentarse a un futuro incierto y complejo. Porque el mundo no solo cambia con amor, sino también con conocimiento, con cultura, con justicia, con honestidad, con responsabilidad, con exigencia, con integridad, con sacrificio… y, de eso, la escuela de hoy en día anda más bien escasa. Por el contrario, la escuela de hoy se vuelca en la educación emocional para que los niños entren felices al aula, en la educación alimentaria para que no sean obesos, en la educación vial para que sepan cruzar una calle, en la educación para el consumo para que sepan elegir entre dos pastelitos de nata, en la educación para el ocio para que no se queden enganchados a una pantalla de móvil de por vida, en la educación sexual para que sepan que el porno no es la vida, en la educación del medio ambiente para que no tiren mierda a las calles cuando vayan de botellón patrocinado por el ayuntamiento, a la educación para la igualdad para que se les meta en la cabezota que mujeres y hombres son iguales…, es decir, que la escuela de hoy está haciendo de padres. Y, curiosamente, con este nuevo paradigma educativo, los datos nos dicen que en los alumnos aumentan los casos de violencia, el acoso, el machismo, la discriminación, el sexismo, la intolerancia y la homofobia, quizá porque se les educa en el egocentrismo más absoluto –tú te mereces todo sin hacer nada- y no en una verdadera gestión de las emociones.

Metidos en esa dinámica, en esa presión que se somete a los docentes para que motiven a sus alumnos y los hagan felices más allá de las tablas de multiplicar, decenas de nuevos gurús que nunca han dado clase en su vida dan ponencias a las que acuden miles de profesores buscando respuestas, patrocinados por empresas que manejan como nadie el márquetin y contratados por instituciones públicas que pagamos todos. Y, envueltos en un entorno de canciones y bailes como si en lugar de un congreso de docentes fuese el mismísimo Got Talent, miles de profesores bailan al ritmo de conferenciantes que están destrozando la educación con cientos de frases huecas. La situación está llegando a tal límite que las consejerías de educación, en lugar de establecer nuevos criterios en las oposiciones para el acceso al cuerpo de maestros, están pensando en contratar a Risto Mejide y a Jorge Javier para que valoren las dotes artísticas y folclóricas de los nuevos docentes.

La escuela de hoy sufre graves problemas que son difícilmente solucionables a corto plazo: una ley educativa elaborada por personas que no saben de educación, un exceso de burocracia que entorpece la tarea docente, unos padres que delegan la educación familiar en la escuela, un exceso de contenidos que estresa el currículo y, ahora, una nueva corriente pedagógica que se engorda a sí misma –sobre todo económicamente- y a la que no le importa el alumno y su futuro, sino vender su crecepelo educativo, su ungüento didáctico, su pócima emocional. Cuando los docentes comiencen a convertirse en verdaderos referentes culturales y comiencen a reclamar a golpe de prestigio el espacio que les pertenece, entonces la escuela dejará de ser un enorme parque de bolas para convertirse en un verdadero centro de aprendizaje.



10/07/2018

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


La educación actual: entre la burocracia y el estrés


La educación actual: entre la burocracia y el estrés

Ahora que ha llegado el veranito y que se ha terminado el curso escolar, es el momento de decirlo: la educación en España está perdida. Y está perdida porque está catapultada bajo cientos y cientos de papeles absurdos que han terminado por ser el fin último del sistema educativo.

Hoy en día, en los colegios ya no hay niños y niñas: hay programaciones didácticas, unidades de actuación, PTIs, PGAs, Memorias Anuales, estándares de aprendizaje, protocolos de actuación, protocolos de refuerzo, adaptaciones del currículo significativas, adaptaciones del currículo no significativas, informes individuales de aprendizaje, informes finales de etapa, programas de recuperación, programas de refuerzo, historiales académicos, planes de convivencia, planes de lectura, planes de pensamiento lógico matemático, rúbricas, planes de acción tutorial, pruebas de diagnóstico. Y, detrás de todo eso, además de un niño esperando a recibir una educación de calidad, hay un maestro estresado a punto de cortarse las venas con el capuchón del BIC. Porque, aunque pudiese parecer que eso es todo, los docentes deben enfrentarse además a una cantidad excesiva de contenidos imposibles de trabajar con un mínimo de calidad a lo largo de un solo curso escolar, rellenado para ello los objetivos, la metodología, los recursos y los criterios de evaluación de, por ejemplo, la historia del caracol colorao. Pero ahí no se acaba el asunto, porque -ya sea por presión de los padres, por iniciativa propia o por una obligación mal entendida- los maestros deben programar las actividades del festival de navidad, del festival de carnaval, del festival de final de curso, la semana cultural, la visita al museo del pueblo, las actividades complementarias, la excursión de final de etapa a Terra Mítica, los cuentacuentos, el día de la constitución, el día de los derechos del niño, el día de la paz, el día de la comunidad autónoma, el día del libro, el día del máster de la Cifuentes… y, cuando encuentren algún hueco entre el sujeto y el predicado, entre el “Despacito” de Luis Fonsi y el Dragon Khan de Port Aventura, entre la revolución francesa y el “A Belén va una burra”, deben enseñar educación emocional, educación vial, educación sexual, educación financiera, educación en valores, educación para la salud, educación para una adecuada alimentación, educación en el uso de las nuevas tecnologías, educación para el emprendimiento y educación para no morir de un infarto antes de los quince. Y, al mismo tiempo, intentar dar una educación personalizada a todos y cada uno de los veinticinco alumnos de la clase, compensar las desigualdades, motivarlos y cuidarlos como si fuesen sus propios hijos.

Sin embargo, no hay por qué ser pesimistas. Gracias a Dios, los responsables educativos se han puesto manos a la obra y se han rodeado de gente buena, de gente de calidad, de gente que sabe: famosos pedagogos visionarios que nunca han visto a un niño a menos de diez metros de distancia, coaches parlanchines que parecen telepredicadores, traders llenos de tatuajes, deportistas triunfadores con dificultades de expresión o grandes empresarios con enormes cuentas en Suiza, pero con nulo sentido social. Ellos, a través de sus charlas, nos conducirán con total seguridad al éxito escolar. Y es que, aunque pudiera parecer lo contrario, para hablar de educación no hace falta tener una carrera educativa, ni dos mil horas de formación, ni una experiencia de años viendo a niños cada día, ni corregir millones de libretas, ni padecer los problemas del sistema, ni tratar con los padres de los alumnos… basta -sencillamente- con tener boca.

En fin, maestros y profesores; que -aunque nadie cuente con vosotros-, vosotros sois la única solución de la educación en nuestro país, así que abrid las ventanas y airead el sistema, tirad lo que no sirve para nada y seguid luchando contra todo, porque lo único realmente importante son esos ojos que cada mañana os miran detrás del pupitre.



04/07/2018

Temática: Opinión Política    -    Medio: Viceversa Magazine


El socialismo de los gestos


El socialismo de los gestos

Por fin, Pedro Sánchez – el que todos creían muerto políticamente -, ha logrado su gran sueño: hacerse con el gobierno de España.Para ello, ha sabido esperar, agazaparse como un felino en la sabana detrás de un ñu, saltar como un lince y soltar un zarpazo en forma de moción de censura. Para conseguir el gobierno, Pedro Sánchez ha tenido que apoyarse en los partidos nacionalistas, esos que dicen que no tienen una idea de España porque son regionalistas. Irónicamente – por no decir patéticamente – a esos políticos nacionalistas les importa un carajo lo que suceda en Extremadura o en la Región de Murcia, pero están presentes en el Congreso y en el Senado español cobrando un generoso sueldo gracias a los impuestos que pagan los extremeños y los murcianos. Para eso, son más españoles que nadie. A cambio de ese apoyo para conseguir el gobierno, estos partidos nacionalistas recibirán con seguridad algún tipo de compensación por parte de Pedro Sánchez. Ya sea una inversión económica mayor en su comunidad autónoma o un reconocimiento como país en su estatuto o un derecho a votar la autodeterminación. Y es que, gracias a la organización territorial en comunidades autónomas que padecemos, España se ha convertido en un enorme mercadillo veraniego donde todo se compra y se vende, y para sacra mejor tajada, nada mejor que estar gobernado por un partido nacionalista extremista y excluyente.

Al margen de esto, hay que reconocer el valor del nuevo presidente del gobierno. Cuando se encontraba casi noqueado por las encuestas y la bajada en intención de voto hacia su partido era dramática, Pedro Sánchez ha sido capaz de revolverse y llevar al partido socialista al gobierno, algo absolutamente impensable hace apenas un mes. Aquellos cuya máxima referencia sobre lo que significa el socialismo es el infausto Zapatero, están de enhorabuena. Y es que este socialismo representado por Zapatero y por Pedro Sánchez es el nuevo socialismo; el socialismo de los hashtags, el socialismo de las frases en Facebook, el socialismo de los gestos. Y, por eso, muchos socialistas de esta nueva época aplauden el nombramiento del gran literato Maxim Huerta, que es a la cultura lo que la bruja Lola a la ciencia. Pero hablando de gestos, ninguno como el ofrecimiento del gobierno español para acoger a los 600 inmigrantes del barco “Aquarius”. Es, sin duda, un precioso gesto humanitario. Eso sí; un número muy importante de los que aplauden esta medida llevan a sus hijos a colegios privados y concertados, porque no quieren que sus hijos se mezclen con lo que ellos mismos llaman “moros”. Estos nuevos socialistas son generosos y solidarios con el esfuerzo y el sacrificio de los demás, y dejan para la escuela pública a los que representan la diversidad cultural de nuestro país: aquellos que no llegan a fin de mes, a los que no pueden pagarse el comedor escolar, a los gitanos, los desfavorecidos, los chinos, los rumanos, los árabes, … toda esa gente que puede manchar sus maravillosos y relucientes trajes de Calvin Klein.

Sin embargo, hay que ser honesto y reconocer las grandes proezas de este gobierno que, en apenas unas semanas, ya apunta maneras. Por eso, no se puede negar que Pedro Sánchez es un valiente y se ha puesto ya desde el primer momento a solucionar el gran problema de este país: Franco. En apenas unas semanas en el gobierno, Pedro Sánchez ya ha reunido a sus fieles y ha comenzado a planear la exhumación del dictador del Valle de los Caídos. Después de eso, España despegará como un cohete. No habrá paro, habrá tanto trabajo que tendrán que cerrar los comedores sociales, no se necesitarán becas, los másteres serán mucho más baratos para que los padres no tengan que hipotecarse por los estudios de sus hijos, el precio de la vivienda bajará hasta un euro el metro cuadrado, las empresas eléctricas dejarán de pactar precios para “estafar” a sus clientes, las empresas petrolíferas dejarán de pactar precios para “estafar” a sus clientes, las empresas de telefonía dejarán de pactar precios para “estafar” a sus clientes, los hombres dejarán de matar a sus mujeres, los médicos se aburrirán sentados en las sillas de sus consultas porque no habrá listas de espera, los autónomos tendrán coberturas para no arruinarse en caso de enfermedad, los parques estarán limpios y no dará miedo pasear por ellos de noche, los políticos no robarán dinero de las arcas públicas, los españoles podremos disfrutar de los mismos permisos de paternidad que en el resto de países civilizados de Europa, las planeadoras dejarán de desembarcar a sus anchas en las playas de Cádiz, el sistema judicial volverá a recuperar la cordura y el sentido común, los salarios en España dejarán de ser salarios de esclavos modernos,… y todo gracias a coger los huesos de un viejo que lleva enterrado casi 50 años y llevarlos para otro sitio ¿Habrá algo más fácil en la vida que gobernar?

En fin; que el socialismo español sigue huérfano de ideología y se desangra en el absurdo de la vulgaridad y la incultura, liderado por aquellos que con su gestualidad dicen ser una cosa pero que, en sus actos más internos, son otra bien distinta.



30/06/2018

Temática: Educación    -    Medio: Magisnet


La educación por la ventana


La educación por la ventana

Ahora que ha llegado el veranito y que se ha terminado el curso escolar, es el momento de decirlo: la educación en España está perdida. Y está perdida porque está catapultada bajo cientos y cientos de papeles absurdos que han terminado por ser el fin último del sistema educativo. Hoy en día, en los colegios ya no hay niños y niñas: hay programaciones didácticas, unidades de actuación, PTIs, PGAs, Memorias Anuales, estándares de aprendizaje, protocolos de actuación, protocolos de refuerzo, adaptaciones del currículo significativas, adaptaciones del currículo no significativas, informes individuales de aprendizaje, informes finales de etapa, programas de recuperación, programas de refuerzo, historiales académicos, planes de convivencia, planes de lectura, planes de pensamiento lógico matemático, rúbricas, planes de acción tutorial, pruebas de diagnóstico. Y, detrás de todo eso, además de un niño esperando a recibir una educación de calidad, hay un maestro estresado a punto de cortarse las venas con el capuchón del BIC. Porque, aunque pudiese parecer que eso es todo, los docentes deben enfrentarse además a una cantidad excesiva de contenidos imposibles de trabajar con un mínimo de calidad a lo largo de un solo curso escolar, rellenado para ello los objetivos, la metodología, los recursos y los criterios de evaluación de, por ejemplo, la historia del caracol colorao. Pero ahí no se acaba el asunto, porque -ya sea por presión de los padres, por iniciativa propia o por una obligación mal entendida- los maestros deben programar las actividades del festival de navidad, del festival de carnaval, del festival de final de curso, la semana cultural, la visita al museo del pueblo, las actividades complementarias, la excursión de final de etapa a Terra Mítica, los cuentacuentos, el día de la constitución, el día de los derechos del niño, el día de la paz, el día de la comunidad autónoma, el día del libro, el día del máster de la Cifuentes… y, cuando encuentren algún hueco entre el sujeto y el predicado, entre el “Despacito” de Luis Fonsi y el Dragon Khan de Port Aventura, entre la revolución francesa y el “A Belén va una burra”, deben enseñar educación emocional, educación vial, educación sexual, educación financiera, educación en valores, educación para la salud, educación para una adecuada alimentación, educación en el uso de las nuevas tecnologías, educación para el emprendimiento y educación para no morir de un infarto antes de los quince. Y, al mismo tiempo, intentar dar una educación personalizada a todos y cada uno de los veinticinco alumnos de la clase, compensar las desigualdades, motivarlos y cuidarlos como si fuesen sus propios hijos.

Sin embargo, no hay por qué ser pesimistas. Gracias a Dios, los responsables educativos se han puesto manos a la obra y se han rodeado de gente buena, de gente de calidad, de gente que sabe: famosos pedagogos visionarios que nunca han visto a un niño a menos de diez metros de distancia, coaches parlanchines que parecen telepredicadores, traders llenos de tatuajes, deportistas triunfadores con dificultades de expresión o grandes empresarios con enormes cuentas en Suiza, pero con nulo sentido social. Ellos, a través de sus charlas, nos conducirán con total seguridad al éxito escolar. Y es que, aunque pudiera parecer lo contrario, para hablar de educación no hace falta tener una carrera educativa, ni dos mil horas de formación, ni una experiencia de años viendo a niños cada día, ni corregir millones de libretas, ni padecer los problemas del sistema, ni tratar con los padres de los alumnos… basta -sencillamente- con tener boca.

En fin, maestros y profesores; que -aunque nadie cuente con vosotros-, vosotros sois la única solución de la educación en nuestro país, así que abrid las ventanas y airead el sistema, tirad lo que no sirve para nada y seguid luchando contra todo, porque lo único realmente importante son esos ojos que cada mañana os miran detrás del pupitre.



29/05/2018

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Viceversa Magazine


La España de las mil banderas


La España de las mil banderas

No sé si recordarán la noticia. El pasado 17 de febrero, la cantante Marta Sánchez, al final de su espectáculo en el que celebraba sus 30 años de carrera en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, sorprendió a todos los asistentes cantando su versión del himno de España con una letra compuesta por ella misma. Su actuación fue tan polémica que levantó una respuesta inmediata a favor y en contra en las redes sociales y en los medios de comunicación. Pues bien: esta semana, en la plataforma llamada España ciudadana presentada por Ciudadanos, Marta Sánchez se volvió a subir al escenario y volvió a cantar su versión del himno.

Lógicamente, no voy a hablarles en este artículo de la más que discutible calidad literaria de la letra del himno -si es que la tuviera-, ni tampoco de la intencionalidad de la cantante al hacerlo, asunto que no tengo muy claro. En este artículo, voy a hablarles de aquellos que critican a la cantante porque, según afirman, “lo importante para amar a tu país y sentirse patriota no son los himnos ni las banderas”.

Todos los que me conocen saben que no tengo mucho de monárquico. Y de nacionalista español, menos. Sin embargo, no me gusta que me manipulen, ni siquiera los más cercanos a mí ideológicamente, y odio a aquellos que critican en los demás lo que ellos mismos hacen y defienden. Puede que sea cierto; para amar a un país no hacen falta ni himnos ni banderas. Sin embargo, esa frase tan crítica con los himnos y las banderas la dicen muchas personas que -curiosamente- llevan una pulsera con la bandera republicana en la muñeca. O que la cuelgan en el balcón de sus casas. O que la lucen en toda manifestación a la que acuden. También, curiosamente, esa frase la dicen muchas personas que cantan una determinada canción cargada de simbología política al principio de un mitin. O que levantan el puño al final del mismo. La dicen también personas que se envuelven en la bandera gay mientras bailan alegremente desfilando por la Gran Vía. La dicen personas que inundan un partido de fútbol, un partido de baloncesto o un partido de tenis de miles de banderas catalanas independentistas. La dicen personas que besan el escudo de su equipo de fútbol más que a su pareja. La dicen personas que se ponen una camiseta del Athletic de Bilbao y se van a dormir con ella. La dicen personas que se rompen las cuerdas vocales cantando el himno del Atlético de Madrid.

En realidad, ¿qué diferencia existe entre aquellos que llevan una bandera española y aquellos que llevan una bandera republicana? ¿Aman más a España los republicanos que los monárquicos por tener una bandera con una raya de otro color? ¿Acaso es mejor persona un republicano que un monárquico? ¿Es mejor padre o mejor hijo? ¿Es más inteligente una persona que lleva la bandera gay que aquella que lleva la bandera del Betis? ¿Qué diferencia hay entre aquel que se pone de pie cuando suena el himno de su equipo que aquel que se pone de pie cuando suena el himno de España?¿Es mejor aquel que inunda un estadio de banderas independentistas que aquel que la inunda de banderas españolas? ¿Acaso la ideología extrema que representa el puño en alto no ha matado a lo largo y ancho del planeta a seres inocentes como lo ha hecho la ideología extrema de la mano alzada?

Los seres humanos somos seres sociales y seres grupales, y –al final- siempre intentamos identificarnos con un escudo, con un himno y con una bandera que nos represente a todos los que pertenecemos a un determinado grupo.Lo hacemos desde pequeños. Lo hacemos al llevar una camiseta de los Rolling Stones o una camiseta de Calvin Klein. Lo hacemos cuando nos ponemos un pendiente en la nariz o cuando nos hacemos un tatuaje. Lo hacemos cuando nos dejamos barba para seguir una moda o cuando nos rapamos el pelo para seguir otra. Todo ello no es ni más ni menos que simbología de la forma de ser y de la pertenencia a un grupo.

No es verdad lo que dicen aquellos que afirman que “lo importante para amar a tu país y sentirse patriota no son los himnos ni las banderas”. No es verdad y lo dicen a sabiendas de que no es verdad. Lo que quieren decir es que “lo importante para amar a tu país y sentirse patriota es que sigas a nuestros himnos y a nuestras banderas, porque los otros himnos y banderas son contrarias”. Y ese es el problema de España desde hace muchos años; el exceso de banderas, el exceso de himnos y la incapacidad social de respetar una simbología común. Cada ideología –ya sea republicana o independentista, monárquica, de izquierdas o de derechas- desea imprimir su esencia, y lo primero que hacen para ello es –precisamente- lucir su bandera y su himno. Los ciudadanos españoles –si es que todavía existe España- no somos capaces de reconocernos en una simbología común que nos represente a todos. Por eso, como estado, somos una vergüenza. Y, por eso, somos de los pocos países “civilizados” del mundo que en su historia moderna han tenido una guerra civil.

La bandera española que existe en la actualidad es la que nos representa. Y no es mejor ni peor que la bandera republicana. Ni más bonita ni más fea. Es la que es, y mi obligación, como ciudadano español, es respetarla. No podemos estar toda la historia enfrascados en una estúpida y vergonzosa guerra de banderas y de himnos.



26/05/2018

Temática: Educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


La desmotivación de los docentes


La desmotivación de los docentes

Cuando se habla de motivación en el ámbito educativo, casi siempre se habla de la motivación del alumnado. Por lo general, parece que la escuela desmotiva a los alumnos y que la función principal del docente es motivarlos para que estudien. Sin embargo, nunca se habla de los problemas de motivación de los propios docentes y, mucho menos, de lo poco que los alumnos motivan a sus profesores.

Es cierto que en este tema existen grandes diferencias entre Educación Primaria y Educación Secundaria. En Educación Primaria, la situación de los docentes es mucho menos dramática que en Secundaria y no existen -por lo general- graves problemas de desmotivación, aunque cada vez son más frecuentes. Sin embargo, en Secundaria, la situación es absolutamente desoladora: muchos docentes sufren a diario graves problemas que les hacen perder no solo la motivación sino, incluso, la propia vocación.

La motivación externa de un docente procede de tres sectores: la Administración, los padres y los alumnos. En el primero, está claro que hace ya muchos años que las consejerías de Educación y el propio ministerio perdieron el rumbo; es lo malo que tiene no contar con el profesorado para legislar y meter en los puestos más altos a bioquímicos o especialistas en ferrocarriles que, si bien en sus profesiones pueden ser eminencias, en educación son unos auténticos ineptos. En el actual sistema educativo, la burocracia lo ha invadido todo. Incluso podría decirse que es más importante que el propio aprendizaje. Y mil veces más importante que el propio docente.

En lo que respecta a los padres, poco se puede decir. La motivación que transmiten a los docentes es casi nula. Los padres desautorizan a los profesores frente a sus hijos, cuestionan sus decisiones y se quejan de las vacaciones que tienen. También se manifiestan para reclamar más horas de clase, pero no exigen a las empresas que les den más horas para conciliar la vida familiar con sus hijos. No quieren verlos ni en pintura. La dejación que muchos padres hacen de sus responsabilidades genera hijos sin normas, egoístas, egocéntricos, violentos y con baja resistencia a la frustración, pero eso sí, con una gran inclinación al alcohol, a las apuestas deportivas, al uso enfermizo de las tecnologías y a las drogas, aspectos que luego los padres reclaman que se solucionen en la escuela. Con esas características, llegan al aula infinidad de alumnos a diario. A veces, llegan incluso sin dormir, porque tienen ordenador, móvil y táblet en su habitación, y se pasan las noches enteras jugando o chateando o istagrameando o acosando a otros.

En cuanto a los alumnos, aparte de cansados, llegan sin ganas de pensar, y su actitud es de tal inactividad y tal falta de interés que terminan con la poca motivación que le ha quedado al docente después de pasar miles de estándares de aprendizaje al ordenador y de haber sido ninguneado por algún padre (o algún alumno) a la puerta del instituto.

Es cierto que los docentes deben intentar encontrar esa motivación muchas veces oculta en algunos alumnos. Es parte del propio proceso de enseñanza. Pero no es la única ni la más importante finalidad. Mayoritariamente, los alumnos deberían llegar a los centros educativos motivados de casa. Nadie les motiva para apostar en un partido de fútbol y, sin embargo, saben hacerlo a la perfección. O para conocer la barra de labios que lleva tal actriz, o para seguir a tal o cual youtubero; un youtubero, por cierto, que (gracias a esos jóvenes tan desmotivados para el estudio), cobra por hacer chorradas en un mes lo que todos los profesores de un instituto en un año. Por eso, no estaría de más que la Administración, los padres y los alumnos reconociesen el enorme mérito de los docentes por intentar contrarrestar toda la basura espiritual y ética que los menores reciben de la sociedad en general y de algunos padres en particular y, aunque no los motivasen, les mostrasen, como decía Jack Nicholson en Algunos hombres buenos, al menos, «un poco de jodido respeto».



26/05/2018

Temática: Educación    -    Medio: Viceversa Magazine


Recuperar la ética en la educación


Recuperar la ética en la educación

A principio de esta semana, salí de casa para ir al hospital a hacerme una prueba, nada importante. Justo al salir del garaje con el coche hacia la calle, me encontré detrás de un enorme vehículo -un monovolumen de esos que por el brillo ya se ve que es carísimo- que circulaba muy despacio. Después de recorrer medio kilómetro detrás de él a una velocidad inferior a la de un caracol con lumbago, el vehículo se detuvo en mitad de la carretera y -unos segundos más tarde- el conductor puso el intermitente. Entonces, cuando comenzó a girar, pude observar que se trataba de una conductora que iba hablando por el móvil a carcajada limpia, como si estuviese viendo un programa del Comedy Channel, con dos niños sentados en sus silletas en la parte trasera. Impresionado por su comportamiento, le pité suavemente y le hice saber con un gesto de la mano en forma de teléfono que no se podía conducir hablando por el móvil, esperando que la mujer pidiese disculpas. Se me olvidó que estaba en España. La mujer no solo no pidió disculpas, sino que aún tuvo más que decir y -tras la ventanilla- comenzó a hacerme gestos descontrolados como los de un gorila enfadado detrás de una cristalera. Sin lugar a duda, su nivel económico y su nivel cultural no iban a la par, y ya se sabe que no hay nada peor que un imbécil con dinero. Seguramente, incluso imagino que esa madre, tan bien vestida, con ropa de marca tan elegante, será de esas que protestan porque en la escuela no les enseñan a sus hijos a usar correctamente las nuevas tecnologías. En fin.

Puede que algunos solo vean en esta anécdota una simple historieta, una curiosidad, pero es el reflejo de un tipo de conducta -muy extendida- que se ha contagiado en nuestro país gracias a una educación -tanto familiar como escolar- sin ética. Ya sé que, a algunos, cuando se habla de ética, les sale un sarpullido por el cuerpo, pero la ética es básica en la educación de cualquier individuo. La ética es la disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y sus relaciones con la moral y el comportamiento humano, lo apropiado y lo inapropiado, lo correcto y lo incorrecto, lo debido y lo indebido y lo moralmente bueno y lo moralmente malo. Su estudio es básico para la formación de todos los seres humanos y es el centro sobre el que se sustenta la convivencia social y ciudadana pacífica. Si no existe ni bueno ni malo, ni moral ni inmoral, ni correcto ni incorrecto, cualquier acción es justificable, por muy despreciable que sea, ya que no habrá ningún código con que valorarla.

En España, desde que los gobiernos consideran que las ciencias sociales no son importantes para la formación de los alumnos, llevamos tanto tiempo sin ética en las aulas -y también en las casas- que parece que el comportamiento natural es el del sinvergüenza, el de aquel que -haga lo que haga- nunca le pasa nada, el del granujilla, el del mentiroso. Si echamos un vistazo al panorama social y político, nos damos cuenta enseguida de que -por falta de una ética común- en nuestro país se ha generalizado ese tipo de conducta: el que nadie dimita por sus engaños y triquiñuelas para conseguir tal o cual máster, el que nadie reconozca abiertamente su error y pida perdón por tirar a otro piloto de la moto en una carrera sin necesidad de justificarse, el que nadie se sonroje por aparcar en zona de minusválidos, el que nadie baje el volumen de su radio por si molesta a los vecinos, el que nadie tire las colillas a la basura, el que nadie cumpla las normas de la comunidad o el que nadie guarde silencio en el cine. Y eso es se debe a que, tanto si lo haces bien como si lo haces mal, obtienes el mismo resultado. Incluso mejor, si actúas mal.

La mujer de la anécdota demostró con su actitud que le es indiferente poner en riesgo la vida de los otros conductores, conduciendo mientras hablaba por el móvil; también demostró que no piensa en el resto de los conductores al no poner los intermitentes a tiempo y, por último, también demostró que ella no se siente responsable de nada de lo que pueda suceder por sus actos. Como ciudadana, es absolutamente despreciable. Pero lo peor es su ejemplo como madre. Como dice el proverbio africano, “se necesita a toda la tribu para educar a un niño”. Lo malo es cuando la tribu es la que no está educada.



24/03/2018

Temática: Educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


El ocio en la infancia


El ocio en la infancia

En la época en la que transcurrió mi infancia, nuestros padres tenían la insana costumbre de enviarnos a jugar a la calle sin ninguna herramienta. Después de comer, te decían: “venga; vete a jugar”, y tú salías a toda velocidad por la puerta de tu casa sin ningún instrumento en las manos. Como mucho, algunas veces llevabas una pistola de petardos, una muñeca de plástico o un balón de fútbol, pero poco más. Por aquel entonces, los niños éramos más salvajes, más primitivos y -aunque no tuviésemos ningún artilugio para jugar- enseguida nos entreteníamos haciendo un arco de flechas con un paraguas roto, o construyendo una cabaña de madera con las ramas de unos árboles, o cazando grillos, o inventando historias para recrearlas o jugando al escondite hasta bien entrada la noche. Eran tiempos donde las máquinas no estaban destinadas al ocio y donde los aparatos no sustituían a las personas.

Hoy en día la situación del ocio en los menores es muy diferente. Posiblemente, un poco más triste. Los niños de hoy en día apenas saben jugar entre ellos. Y, mucho menos, jugar solos sin la presencia de una máquina. La situación ha llegado a tal extremo que algunos colegios están comenzando a incluir programas en los recreos para enseñar a los niños a jugar en el patio. Decirle a un niño de hoy en día “sal a jugar” sin darle un móvil o una tableta es como lanzarlo en mitad de un desierto vacío.

El ocio en la actualidad para los niños tiene varios problemas: el primero, es que se trata de un ocio individual. Es decir: los niños de hoy en día juegan solos. No existe interacción con otros niños más allá de una máquina. No hay contacto, no hay roce, no hay relación interpersonal. El segundo problema es que el ocio de los menores está ocupado casi exclusivamente por los videojuegos. No es que los videojuegos sean negativos en sí, pero el hecho de que solo se utilicen videojuegos para el ocio hace que el niño no pueda desarrollar otro tipo de habilidades propias de otros juegos. Además, los videojuegos ofrecen una recompensa constante, lo cual también impide el desarrollo de la capacidad de resistencia a la frustración y provoca una distorsión sobre la relación esfuerzo-recompensa de los niños en la vida real. El tercer problema sobre el ocio de los niños es que los padres no les dejan aburrirse nunca. Los niños de hoy en día están ocupados en todo momento. Si están viendo una película y se cansan a mitad, los padres les dan una tableta para que jueguen un rato. Y cuando se cansan de la tableta, les dejan la Play. Y si se cansan de la Play, los meten en una actividad extraescolar. Esto hace que, por un lado, los niños estén sobre-estimulados y, por otro, que no desarrollen la constancia. Además, la sobre-estimulación impide el aburrimiento, y el aburrimiento es muchas veces la madre de la reflexión que conduce a la creación.

Es evidente que las circunstancias de la vida familiar y social han cambiado, y que resultaría muy difícil que los niños de hoy en día se divirtiesen como los de antes, pero también es cierto que el ocio al que pueden acceder los niños en la actualidad es nefasto para su desarrollo. El juego tiene infinidad de beneficios, por eso no podemos dejarlo en manos de una empresa norteamericana de videojuegos. Debemos recuperar el aburrimiento, el juego en compañía, los juegos familiares, la plastilina, los rotuladores y, por qué no, un poco de ese sano salvajismo infantil primitivo de carreras a lo loco y golpes en las rodillas.



17/02/2018

Temática: Educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


Los nuevos líderes


Los nuevos líderes

Nelson Rolihlahla Mandela fue un conocido político y filántropo sudafricano considerado el mayor activista contra el apartheid. Tras estar 27 años en prisión, fue el primer mandatario de raza negra, elegido presidente de su país en 1994. Su Gobierno se dedicó a desmontar la estructura social y política heredada del apartheid a través del combate del racismo institucionalizado, la pobreza y la desigualdad social, así como la promoción de la reconciliación social entre negros y blancos.

Mahatma Gandhi fue el dirigente más destacado del Movimiento de independencia indio contra el Raj británico. Como modo de protesta para defender su ideología, Gandhi practicó la desobediencia civil no violenta. Debido a sus declaraciones públicas y a sus protestas continuadas, fue encarcelado en varias ocasiones. El 30 de enero de 1948, Gandhi fue asesinado por Nathuram Godse, un fanático ultraderechista hindú relacionado con el Gobierno que encontró en Gandhi un obstáculo para llevar a cabo su proyecto del alzamiento del hinduismo en perjuicio del resto de creencias y religiones.

Sir William Wallace fue un soldado escocés, de ascendencia galesa, que dirigió a su país contra la ocupación inglesa del rey Eduardo I de Inglaterra en la Primera Guerra de Independencia de Escocia. Tras ser traicionado, fue detenido, juzgado y condenado a muerte por traición al Rey.

De acuerdo con el método habitual de ejecución de la época para los casos de alta traición, lo desnudaron y lo arrastraron atado de los talones a un caballo desde el Palacio de Westminster hasta Smithfield, en Londres. Posteriormente, fue ahorcado a una altura que no fuese suficiente para romperle el cuello, descolgado antes de que se ahogase, emasculado, eviscerado, y sus intestinos fueron quemados ante él, antes de ser decapitado. Su cuerpo fue cortado en cuatro partes: su cabeza se conservó sumergida en alquitrán y fue colocada en una pica encima del Puente de Londres y sus extremidades fueron repartidas por distintas partes de Inglaterra.

A lo largo de toda la historia de la humanidad, han sido muchos los grandes líderes políticos que han defendido a su país hasta la muerte, ya fuese ésta violenta o natural. Todos esos líderes lucharon a sabiendas de las crueles consecuencias que sus actos podían acarrear. Todos ellos compartían características comunes de liderazgo, como la fidelidad a sus creencias, a su ideología y, evidentemente, a su país, y fueron dignos de admiración histórica por su compromiso y valentía. A parte de los aspectos políticos, uno de los aspectos que más me sorprende en el asunto de Cataluña es la nueva interpretación del liderazgo que tienen algunas personas.

Desde el punto de vista de la propia definición, Carles Puigdemont es todo lo contrario a lo que se entiende por un líder: fugado en cuanto existió la más mínima posibilidad de ser encarcelado; huido con nocturnidad mientras el resto de sus guerreros luchaban en el campo de batalla, oculto tras la seguridad de las redes sociales y viviendo cómodamente protegido en su paraíso como aquellos reyes que observaban desde una colina como sus soldados morían acribillados por las flechas enemigas mientras ellos comían fresas cómodamente en su carruaje. Las rebajas ya no solo pertenecen al ámbito de los objetos; también los valores están de saldo, y las sociedades son más simples, más inútiles, más deficientes, y eligen a sus líderes (solo hace falta ver a los gobernantes actuales) a su imagen y semejanza.



23/12/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


Feliz Navidad


Feliz Navidad

A lo mejor es solo una percepción mía y estoy equivocado, pero tengo la sensación de que las calles, los comercios y las casas están menos decoradas de navidad que en otros años. Da la sensación de que, de algún modo, poco a poco nos hemos ido cansado de la navidad. La tenemos un poco aborrecida. Unos, porque creen que se ha convertido en una fiesta consumista sin otro valor que el de comprar objetos que no sirven de nada. Otros, porque eso de que tenga connotaciones religiosas les crea una urticaria a lo largo y ancho de su sensible moralidad. Otros, porque detestan a sus familias y están hasta las narices de las gracietas de sus cuñados. Sea como fuere, el caso es que parece que la navidad, al igual que la economía, el sistema de valores o la inteligencia, está en crisis.

Yo no puedo negar que soy un tonto de la navidad. Me gusta la navidad. Me encanta la navidad. A pesar de que mi memoria a corto y largo plazo no funciona como debiera, tengo muchos recuerdos infantiles maravillosos de esas fechas; los dibujos animados de por la mañana sentado en el suelo frente a la televisión, los payasos de la tele y su «Hola don Pepito», la estufa a todo gas con los mofletes a punto de estallar, las visitas de los familiares, los nervios de la noche de la llegada de los Reyes Magos, las uvas en familia con los carrillos hinchados, el ruido del tapón del champán al salir y ver a quién le caía, los villancicos en el coche durante los viajes, el sorteo de la lotería de navidad, el sabor del turrón comido a escondidas, los primos jugando en la calle hasta las tantas de la noche. Todo eso hace que, de algún modo, le deba a la navidad una especie de tributo por la enorme cantidad de experiencias vitales que me ha brindado.

Cada mañana, al levantarme, soy feliz al poder disfrutar de un nuevo día con salud al lado de las personas y los animales a los que quiero y me quieren. En realidad, no se necesitan muchas más cosas para ser feliz. Salud, un trabajo que nos dé para vivir y personas que nos aporten algo bello y positivo cada día. Con eso basta. Todo lo demás, es puramente circunstancial. Y, sobre todo, efímero. Lo que sucede es que hoy cada vez estamos más llenos de odio, de vanidad, de orgullo, de envidia, de resentimiento, de egoísmo, de estupidez y eso hace que no sepamos encontrar entre toda esa basura que es lo realmente importante. Hoy en día, cada vez somos más ricos por fuera pero más pobres por dentro. Tal vez si fuéramos más ricos por dentro y más pobres por fuera sabríamos apreciar la importancia de la verdadera amistad, la importancia del verdadero amor, la importancia de una verdadera familia, la importancia de vivir.

Tal vez a usted no le guste la navidad, y lo entiendo. Tal vez todo eso de la navidad no le parezca a usted más que una niñería, un infantilismo, una tontada, y lo entiendo. Tal vez la navidad le parezca a usted una época consumista y no quiera formar parte del espectáculo, y lo entiendo. Pero del modo que vivamos la navidad solo depende de nosotros. Algún día, con suerte, estaremos tirados en la cama de una residencia con la dentadura en un vaso de cristal y la única compañía de un pañal en el culo, y quizá entonces echemos de menos la navidad, aunque fuera en compañía del pesado de nuestro cuñado.

Yo, por mi parte, no estoy dispuesto a que llegue ese día y echarme en cara que no hice lo suficiente para ser feliz. Así que, la celebre o no la celebre, le deseo de todos modos ¡Feliz Navidad!



17/12/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación   -    Medio: La Opinión de Murcia


La justicia del viejo oeste


La justicia del viejo oeste

Para la justicia que tenemos hoy en día, la verdad es que prefiero la justicia del viejo Oeste. En el viejo Oeste uno sabía quién era el bueno y quién era el malo, y al malo, en cuanto se le cogía, se le colgaba de un patíbulo o se le llenaba de plomo. Y asunto acabado. En el antiguo Oeste, por ejemplo, si alguien entraba en tu pequeño rancho con la intención de robarte un ternero o un caballo, podías coger tu viejo Winchester y sacarlo de allí a balazos. Hoy en día, en cambio, con las leyes que tenemos, si alguien entra en tu casa con la intención de robarte y tú le das una paliza o lo hieres, el que va a la cárcel eres tú. En el antiguo Oeste, por ejemplo, la justicia no dependía de la mayor o menor destreza del abogado, ni siquiera del dinero del demandado o del demandante, sino de lo que era y lo que no era justo.

Hoy en día, en cambio, las posibilidades de acceder a una justicia justa (parece mentira que al lado de la palabra justicia haya que poner la palabra justa); como digo, para acceder a una justicia justa tienes que pedir un préstamo y tener la suerte de que te toque un juez con sentido común, algo que cada vez es menos frecuente en el mundo de la judicatura. La situación de la justicia en nuestro país ha llegado a tal punto que incluso en ocasiones los demandantes han coincidido con los demandados en la misma sala de espera del juzgado: personas que han tenido que estar al lado de los ladrones que habían entrado en sus casas y les habían dado una paliza o mujeres frente a la persona que las había violado, algo absolutamente demencial y tercermundista. Pero aún con todo, eso no es lo peor; lo peor es que si te toca un juez de esos con la mirilla torcida y una neurona rebotando en su cerebro, los delincuentes quedarán libres y el que tendrá que pagar con dinero o con días de cárcel serás tú.

El problema en nuestro país con la deficiente justicia que tenemos ha traspasado lo meramente judicial y se ha trasladado a la propia sociedad. No es cierto, por ejemplo, como se dice, que no exista una sensibilidad social hacia el maltrato de la mujer. Eso es algo absolutamente falso. Las personas que presencian el ataque de un hombre a su pareja y no actúan no es porque no estén sensibilizados. Muchos de nosotros desearíamos intervenir para defender a esa mujer y partirles las piernas si hiciese falta al maltratador. El problema es que si lo hacemos, los que vamos al trullo seremos nosotros. Y al salir del trullo, el maltratador nos estará esperando para darnos cuatro puñaladas, mientras el Estado no hará absolutamente nada por defendernos. Lo mismo sucede cuando vemos a un grupo de personas quemando un contenedor, o aparcando en zona de minusválidos, o tirando una botella de cristal al suelo, etc. No les decimos nada porque los que tenemos todas las de perder somos nosotros. Y es que cuando la justicia no funciona y cuando el Estado no defiende a los justos, lo único que podemos hacer los ciudadanos es mirar hacia otro lado. Incluso muchos miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se quejan pública y privadamente de que cuando detienen a un delincuente y lo dejan en el juzgado están en la calle mucho antes de que a ellos mismos les dé tiempo a regresar al coche patrulla. Y no estoy exagerando.

En fin, que aunque pueda parecer una locura, hoy en día la justicia se ha convertido en un peligro para los ciudadanos, en algo a lo que tenerle miedo, como al hombre del saco. Pero solo para aquellos ciudadanos que pagamos impuestos y cumplimos con las normas, porque los Rato, los Pujol, los carteristas del Metro de Madrid, los mafiosos de todas las partes del planeta, los vecinos que no pagan la comunidad, los que conducen sin carnet, los que hacen botellón en un parque infantil, los que ponen la música a todo volumen, esos, todos esos, en nuestro país, viven como si estuviesen de vacaciones en el mismísimo paraíso.



01/12/2017

Temática: Educación    -    Medio: Viceversa Magazine


Recuperar el asombro de los niños


Recuperar el asombro de los niños

Los niños actuales ya no se asuntan con Halloween. No se asustan con Halloween ni con nada. Vas con un dedo atravesado por una punta y te dicen «eso es sangre de los chinos», y tú te quedas con cara de idiota diciendo «para lo pequeñitos que son, qué listos son los muy jodíos». Y es que hoy en día los niños se las saben todas. No como nosotros, que veíamos un condón por la calle y pensábamos que era un globo que había quedado de un cumpleaños. O veíamos una mujer con ropa ligera en la Casa de Campo y nos preocupábamos por si pasaba frío. Hoy no.

Hoy los niños son listos como el hambre. Con seis años ya han montado en el Dragón Khan; con ocho han visto El exorcista y con doce, La guarra de las galaxias. Cada vez cuesta más encontrar algo que les sorprenda. Les pones los dibujos de Disney de toda la vida y se aburren. Te llaman 'viejuno'. Necesitan imágenes 3D en las venas para quedarse enganchados a la pantalla. Todo debe ser estimulante, impactante, alucinante. Incluso les preguntas quién es Puigdemont y lo saben. «Es un tío que está montando un pifostio del quince en Cataluña», te dicen con solo siete años. Durante la cabalgata de los Reyes Magos, disfrazado de Melchor, te miran a los zapatos y dicen con esa voz angelical: «Melchor tiene los mismos zapatos que mi tío». Saben lo que es follar antes de hacer la comunión. Y lo que es la lluvia dorada antes de pasar al instituto. Y cuando pasan al instituto? cuando pasan al instituto ya saben cosas que nosotros, los adultos, jamás conoceremos.

Se pasan horas mirando a capullos youtuberos haciendo gilipolleces frente a una webcam. O se flipan con las peleas de gallos de los raperos, mientras nosotros, los mayores, nos cortamos de decir un taco por si les afecta en su alma cándida y pura. Si en el patio de recreo no tienen ningún artilugio que les distraiga, no saben qué hacer y se quedan sentados en un rincón mirando al vacío, como si el mundo fuese una enorme pantalla en blanco.

Los niños de los países desarrollados han perdido la capacidad de asombro. Y han perdido la capacidad de asombro (precisamente) por un exceso de exposición al asombro. Desde muy pequeños, acostumbramos a nuestros niños a moverse como peces en el agua entre ondas wifi, pantallas de alta resolución, teléfonos móviles, tabletas, imágenes en 3D. Los exponemos a películas que no son adaptadas a su edad. Los exponemos a un lenguaje que no es adaptado a su edad. Los exponemos a una sexualidad anticipada que no es adaptada a su edad. Los exponemos a un ocio que no es adaptado a su edad. Y, al final, adelantamos su madurez de un modo violento.

A veces, te sorprendes de que un padre llegue y te diga que su niña de doce años es demasiado inocente por no saber lo que es una paja o una película porno. ¿Acaso los doce años es la edad ideal para saberlo? ¿Acaso los doce años es la edad ideal para tener la primera relación sexual? ¿Acaso los doce años es la edad ideal para comenzar a fumar? ¿O para comenzar a emborracharse? La inocencia, junto con la capacidad de asombro, son las dos principales características de los niños. Los niños a los doce años deben correr, jugar al escondite, hacer una espada con un palo, jugar a las canicas, caerse, subirse a un árbol, llenarse de polvo, saltar en los charcos. Si les quitamos eso, seremos culpables de exponerlos a un mundo propio de adultos y de robarles su infancia.



26/11/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


Sexualizar a la mujer


Sexualizar a la mujer

Aunque ha habido considerables avances en las últimas décadas, no hace falta decir que en las sociedades actuales sigue existiendo una clara moralidad machista con respecto a la sexualidad. Por ejemplo, todavía hay quien piensa que la hembra que lleva minifalda incita a los machos alfa y que eso incluso justifica que se la persiga desde la discoteca hasta su casa o que se le diga improperios por la calle. Si hablamos de relaciones sexuales, si una mujer tiene muchas relaciones sexuales es una puta, pero si es el hombre el que tiene muchas relaciones sexuales no es un puto, sino un putero, que (curiosamente) vuelve a convertir en puta a la mujer. En lo que respecta al trabajo, la sumisión laboral de la mujer no solo afecta al ámbito salarial, sino también al plano sexual, donde algunos hombres utilizan su poder para acosar sexualmente a las mujeres. Ejemplos como los destapados en Hollywood estas últimas semanas son solo la parte más visible de esta conducta. Si eso sucede en Estados Unidos, imagínense lo que sucederá en países con menor control legal. Por otra parte, con respecto a la sexualidad de la mujer, las estadísticas siguen señalando que los hombres no saben follar, y que el número de mujeres sexualmente insatisfechas aumenta. Esto se debe, en parte, a esa transmisión cultural (y, actualmente, pornográfica) de que la satisfacción sexual de la mujer es menos importante que la satisfacción sexual del hombre. Debido también en parte a esa idea, las leyes que condenan los delitos sexuales contra la mujer son extremadamente blandas, especialmente el de violación, que debido a los destrozos psicológicos que produce merece sin lugar a dudas cadena perpetua. Basta recordar que solo con las cifras oficiales, cada ocho horas es violada una mujer en España.

Con respecto a las mujeres, ¿qué decir? Desde hace ya muchos años vengo afirmando que los colectivos feministas, con sus interpretaciones erróneas, le hacen el juego al machismo más sexualizado. Mientras el feminismo rancio lucha por estupideces como incorporar palabras a la RAE como 'miembros' y 'miembras', miles de mujeres en el mundo sufren ablaciones, discriminación laboral, violaciones, lapidaciones, salarios inferiores, acoso sexual, bodas concertadas, explotación sexual, etc. La transmisión sexual del colectivo feminista no ha ido enfocada precisamente a mejorar la defensa de los derechos de la mujer, sino a vulgarizar su sexualidad y, en todo caso, a exigir poder imitar los peores comportamientos sexuales del hombre, como el famoso eslogan de «hagas lo que hagas, quítate las bragas». El grado de absurdez de este colectivo ha llegado a tal punto que el hecho de que un hombre le pague la comida a una mujer o le ceda el paso se ha convertido en el símbolo del machismo por excelencia. Por otra parte, actos como levantarse la camiseta en San Fermín y enseñar las tetas no dejan de ser ciertamente lamentables, porque no ayudan a reclamar la igualdad de la mujer, sino a sexualizarla aún más. Si la igualdad entre hombres y mujeres se reduce a que mi sobrina, por ejemplo, pueda enseñar las tetas en un San Fermín, entonces es que no hemos aprendido nada. Mi sobrina será igual que un hombre cuando pueda pasear por la calle sin que nadie la persiga por llevar minifalda, cuando cobre lo mismo que un hombre por realizar el mismo trabajo, cuando su sexualidad tenga la misma importancia que la de un hombre, cuando sea tratada igual que un hombre en todos los ámbitos de su vida, profesional, familiar, sexual, legal, emocional y laboral. De lo contrario, lo único que estamos haciendo es seguir reproduciendo una y mil veces los mismos errores.



11/11/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


Asesinos de animales


Asesinos de animales

Hace unos días pudimos ver por televisión y por internet las entrañables imágenes de un golden retriever saltando a las aguas del río Hudson en Long Island, Nueva York, para salvar a un pequeño cervatillo que se estaba ahogando. Storm, que así se llama el perro, se metió en el río sin pensárselo dos veces y (cogiendo del cuello al cervatillo) lo sacó del agua y lo llevó a tierra firme. Después, comenzó a lamerlo y a empujarle para que se pusiera en pie. Como el cervatillo no reaccionaba, se tumbó sobre su vientre y se quedó a su lado dándole calor hasta que llegó el equipo de rescate al que había llamado su dueño. Cuando el equipo de rescate lo llevó al centro de recuperación vieron que el cervatillo estaba lleno de garrapatas, cortes y magulladuras en la cabeza. En contraposición, más o menos por esas mismas fechas, pudimos ver también por televisión y por internet a unos jóvenes arrojando a un gato desde lo alto de un edificio mientras se tronchaban de risa. Llámenme ustedes loco si quieren, pero, en el caso de tener que sacrificar a alguien, yo votaría por sacrificar a algunos seres humanos antes que a algunos animales. Ya sé que son manías mías, pero me siento más seguro viviendo al lado de un perro que salva cervatillos que al lado de un pirado que mata gatos.

Lógicamente, no voy a decir (porque es políticamente incorrecto) que pienso que se podrían utilizar a este tipo de individuos para realizar con ellos los crueles experimentos que se están ejecutando en los animales para la supuesta ´mejora´ de la calidad de vida humana, pero sí que voy a decir que las leyes contra el maltrato animal deberían ser muchísimo más duras. Y deberían ser muchísimo más duras porque detrás de un maltratador de animales hay un asesino en potencia.

Las leyes, aparte de para castigar las malas acciones, también deben servir para proteger a la sociedad de cierto tipo de individuos potencialmente peligrosos y para prevenir sus futuros delitos. Cuando una persona tira a un gato desde una azotea, o le corta la cabeza, o lo quema vivo, sin lugar a dudas está manifestando un trastorno mental grave. Si atendemos a aspectos psicológicos básicos, podemos decir que esta persona primero disfrutará observando el sufrimiento de un animal, pero –con muy alta probabilidad- luego disfrutará violando a otra persona, o maltratándola, o torturándola, o asesinándola. Por eso, debemos prevenir antes que llorar, y para ello no queda más remedio que endurecer las leyes contra este tipo de conductas no solo por el asesinato de un animal (que ya de por sí es un terrible delito) sino por lo que se pueda derivar. De lo contrario, los legisladores serán cómplices por negligencia de las futuras malas acciones de este tipo de delincuentes.

Cuántas veces no hemos visto maltratadores que con el tiempo terminan matando a sus mujeres. O ladrones que con el tiempo terminan volviéndose más violentos y asesinando a unos ancianos. O jóvenes inicialmente agresivos que terminan asesinando y tirando a un río a su novia. No seamos ingenuos en este tipo de casos, no seamos políticamente correctos; quien disfruta asesinando a un animal disfruta asesinando. Que sea un animal o sea una persona, para ellos es solo cuestión de tiempo.



17/11/2017

Temática: Educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


Recuperar el asombro de los niños


Recuperar el asombro de los niños

Los niños actuales ya no se asuntan con Halloween. No se asustan con Halloween ni con nada. Vas con un dedo atravesado por una punta y te dicen «eso es sangre de los chinos», y tú te quedas con cara de idiota diciendo «para lo pequeñitos que son, qué listos son los muy jodíos». Y es que hoy en día los niños se las saben todas. No como nosotros, que veíamos un condón por la calle y pensábamos que era un globo que había quedado de un cumpleaños. O veíamos una mujer con ropa ligera en la Casa de Campo y nos preocupábamos por si pasaba frío. Hoy no.

Hoy los niños son listos como el hambre. Con seis años ya han montado en el Dragón Khan; con ocho han visto El exorcista y con doce, La guarra de las galaxias. Cada vez cuesta más encontrar algo que les sorprenda. Les pones los dibujos de Disney de toda la vida y se aburren. Te llaman 'viejuno'. Necesitan imágenes 3D en las venas para quedarse enganchados a la pantalla. Todo debe ser estimulante, impactante, alucinante. Incluso les preguntas quién es Puigdemont y lo saben. «Es un tío que está montando un pifostio del quince en Cataluña», te dicen con solo siete años. Durante la cabalgata de los Reyes Magos, disfrazado de Melchor, te miran a los zapatos y dicen con esa voz angelical: «Melchor tiene los mismos zapatos que mi tío». Saben lo que es follar antes de hacer la comunión. Y lo que es la lluvia dorada antes de pasar al instituto. Y cuando pasan al instituto? cuando pasan al instituto ya saben cosas que nosotros, los adultos, jamás conoceremos.

Se pasan horas mirando a capullos youtuberos haciendo gilipolleces frente a una webcam. O se flipan con las peleas de gallos de los raperos, mientras nosotros, los mayores, nos cortamos de decir un taco por si les afecta en su alma cándida y pura. Si en el patio de recreo no tienen ningún artilugio que les distraiga, no saben qué hacer y se quedan sentados en un rincón mirando al vacío, como si el mundo fuese una enorme pantalla en blanco.

Los niños de los países desarrollados han perdido la capacidad de asombro. Y han perdido la capacidad de asombro (precisamente) por un exceso de exposición al asombro. Desde muy pequeños, acostumbramos a nuestros niños a moverse como peces en el agua entre ondas wifi, pantallas de alta resolución, teléfonos móviles, tabletas, imágenes en 3D. Los exponemos a películas que no son adaptadas a su edad. Los exponemos a un lenguaje que no es adaptado a su edad. Los exponemos a una sexualidad anticipada que no es adaptada a su edad. Los exponemos a un ocio que no es adaptado a su edad. Y, al final, adelantamos su madurez de un modo violento.

A veces, te sorprendes de que un padre llegue y te diga que su niña de doce años es demasiado inocente por no saber lo que es una paja o una película porno. ¿Acaso los doce años es la edad ideal para saberlo? ¿Acaso los doce años es la edad ideal para tener la primera relación sexual? ¿Acaso los doce años es la edad ideal para comenzar a fumar? ¿O para comenzar a emborracharse? La inocencia, junto con la capacidad de asombro, son las dos principales características de los niños. Los niños a los doce años deben correr, jugar al escondite, hacer una espada con un palo, jugar a las canicas, caerse, subirse a un árbol, llenarse de polvo, saltar en los charcos. Si les quitamos eso, seremos culpables de exponerlos a un mundo propio de adultos y de robarles su infancia.



15/10/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


Soy diferente


Soy diferente

“Soy diferente”. Eso es lo que está de moda hoy en día; “ser diferente”. Ves el programa First Dates y de repente llega un tío que se sienta frente a Sobera y le dice, “yo es que soy diferente”. Y, al final, te enteras de que su diferencia radica en que tiene la espalda cubierta por un tatuaje y un piercing en el escroto, como si entre los 7.000 millones de personas que habitamos la tierra no hubiese nadie más con la espalda llena de tatuajes y un piercing en los huevos. Pero la gente quiere ser diferente. “Yo soy diferente”, dice una chica; “me encanta pasarlo bien, reírme, estar de cachondeo”, como si al resto de la humanidad le gustase pasarlo mal, llorar y clavarse palillos en las uñas. Pero la gente quiere ser diferente, distinguirse, creerse especial, no por nada, sino por el exterior, por la fachada, por el enlucido, ya sea gracias a una docena de tatuajes, a unas ropas estrafalarias o a la cantidad de metal incrustado en el cuerpo.

Ser diferente mola. Eso sí; ser diferente mola cuando se es minoría. Cuando se es minoría, ser diferente es genial. Vas por la calle con tus piercings en los pezones y las nalgas al aire por encima de unos pantalones cagones y lo petas. La gente te mira y te crees alguien. Sigues siendo el mismo paleto lleno de complejos de siempre, pero bajo tu tupe de vértigo o con tu lengua partida en dos a modo de serpiente pareces menos gilipollas. “Cuando salgo por la calle” -dice otro fiera- “las viejas me miran asustadas”. Y uno piensa; joder tío; vaya mérito el tuyo; solo por eso merecerías una beca Fulbright. Me río yo de Fleming y su estúpida penicilina.

Como digo, ser diferente mola. Pero ser diferente también tiene un tope: cuando ser diferente se convierte en mayoría, ya no tiene valor, porque el diferente ya es el otro. Hace varios años, por ejemplo, el diferente era el tatuado, el que vestía de cuero, el que llevaba un fular y anillos en todos los dedos. Ese era el rebelde, el que rompía las normas, el que tenía que enfrentarse a sus padres y su familia para poder ponerse un pendiente en la oreja como Maradona. “A ver si ahora te vas a creer tú Maradona”, te decía tu madre mientras te servía un plato de lentejas. Hoy en día, en cambio, el diferente ya no es el tatuado, sino el que no lleva un duende de enormes proporciones pintado en el culo. Un tatuaje, por cierto, que en la mayoría de las ocasiones se lo han pagado sus padres. Así de rebeldes son los “diferentes” de hoy en día.

Ser diferentes también va unido a ser “el alma de la fiesta”. No hay nadie que sea diferente que sea aburrido. “Es que yo soy la caña”, le dice un tipo al pobre de Sobera, que lo mira con cara de resignación. “Allí donde voy, se monta la fiesta”; “soy súper divertido”; “nadie se aburre a mi lado”, dicen. Estoy con unos buenos amigos en un pub y a nuestro lado se sientan varias mujeres que vienen de despedida de soltera, con sus penes en la cabeza y toda esa parafernalia. Están de despedida, pero bien podrían venir de un entierro, porque tienen cara de aburrimiento. Entonces alguien grita “selfie” y todas sonríen como si la vida les fuese en ello. Las risas apenas duran un par de segundos. Sin duda, también ellas son diferentes. Lo malo es que las diferencias de hoy en día están solo en el exterior, en la pose, no en el alma. Por eso, la gente demuestra que es diferente sonriendo a carcajadas en Facebook o mostrando cuerpazo de verano en Instagram, mientras por dentro se están muriendo lentamente de pura vulgaridad.



29/09/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


La dictadura de la incultura


La dictadura de la incultura

Antiguamente, existía una cosa que se llamaba “vergüenza”. Se trata de un concepto antiguo, así que supongo que muchas personas de las generaciones actuales no lo recordarán. Para clarificar un poco el término, intentaré explicar en qué consistía. De una manera sencilla, podemos decir que la vergüenza es un sentimiento de pérdida de dignidad causado por una falta cometida. La gente -en el pasado- sentía vergüenza por diferentes razones: por no entregar un material en la fecha acordada, por aparcar mal, por dejar un examen en blanco, por ver a sus hijos correr en un restaurante, por colarse en la cola de la carnicería, etc. Gracias a una educación liberal -tanto familiar como institucional-, la vergüenza desapareció y, como contrapartida, se sustituyó por la justificación. Desde esa perspectiva, se enseñó a todo el mundo a que podía hacer y decir lo que le viniera en gana porque para cualquier acto que realizase o disparate que dijese, por muy despreciable que fuese, existía una justificación. De ese modo, la autocrítica fue aniquilada, y la gente fue educada pensando que siempre tenía razón y, lo que es más importante, que tenía derecho a todo. “Me lo merezco” se ha convertido en el eslogan que mejor define a las generaciones actuales. Por supuesto, un “me lo merezco” que no conlleve ni el esfuerzo ni el sacrificio. Así, hoy todos quieren la gloria de Rafa Nadal pero sin el sacrificio que conlleva ser Rafa Nadal, por eso buscan la fama rápida a través de “Gran Hermano” o de “Mujeres y hombres y viceversa”, que no perjudica tanto ni la espalda ni las rodillas.

Por norma general, me gusta ver los realities. Es un modo de observar el comportamiento humano y de saber por dónde camina la sociedad. Al menos, una parte importante de la sociedad. La más moderna. En los últimos años, gracias a esa observación, he comprobado que la incultura ha pasado de ser un aspecto que causaba vergüenza a algo que tiene incluso cierto valor dentro de un nuevo paradigma cultural, basado no en el conocimiento sino en el número de tatuajes y piercings. Antiguamente, la gente que no había leído un libro lo decía con cierta vergüenza, intentando de alguna manera disculparse. Hoy en día, en cambio, no haber leído un libro se ha convertido en un mérito más a incluir dentro del currículo. Hace unos días, por ejemplo, en uno de esos realities de citas, uno le preguntaba al otro “Y a ti, ¿te gustan los libros?” a lo que el otro respondía, “No”. Aliviado, el primero confesaba, “Buf, menos mal; yo tampoco soy de esas cosas”. Eso es algo así como preguntar “¿A ti te gusta ser un analfabeto funcional por voluntad propia?”, “Sí”, “Joer, menos mal, porque a mí también me encanta”. En fin.

Decía Tomás de Aquino, “Temo al hombre de un solo libro”. Sin duda, Tomás de Aquino ya sabía que un ser humano que no lee es un ser humano incompleto, pero, sobre todo, peligroso. Por un lado, porque cuando este tipo de individuos llegan a algún cargo de poder -cuántos analfabetos funcionales no hay en los ayuntamientos y en los ministerios- favorecen a los individuos semejantes a ellos, fomentando así aún más la incultura. Por otro lado, porque este tipo de individuos son influenciables y vulnerables ante la demagogia política, lo cual les convierte en radicales, y entonces llenan Twitter y Facebook de estupideces compartidas por otros millones de estúpidos hasta que -por pura repetición- la estupidez se convierte en verdad. Y, al final, los ignorantes se multiplican porque, como decía Aristóteles hace casi 2.500 años, mientras el sabio duda, el ignorante afirma, y hoy en día el que más berrea, más vocifera y más gilipolleces dice es el que más razón y más “Likes” tiene.



19/09/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


Presunta humanidad


Presunta humanidad

Puedo imaginarme fácilmente la escena. Una pareja con dos hijos se prepara para tomar las tan esperadas vacaciones de verano. Todos están emocionados, ilusionados, felices, contentos. Han aguardado todo un largo año de trabajo para disfrutar de unos más que merecidos días de descanso en la playa. Pronto, se pondrán en camino, así que cogen las maletas del armario y comienzan a meter camisetas, pantalones, bañadores, … Todos sonríen. Incluso Toby, el perro de la familia, parece feliz mientras camina de un lado a otro de la casa como loco moviendo el rabo. Una vez que ya han metido todo lo necesario -y mucho más-, la pareja baja las maletas por las escaleras y las mete en el maletero del coche. Todos se introducen en el vehículo y comienzan la marcha. En los asientos de atrás, los dos niños y el perro miran atentamente la película proyectada en el DVD situado en el reposacabezas delantero. Después de unos cien kilómetros, los niños se quedan adormilados. El coche para la marcha lentamente y se detiene en la orilla de la carretera. Entonces, la pareja sale del vehículo y abre la puerta trasera. Toby sale, menea el rabo, olisquea y comienza a hacer sus necesidades. La pareja se introduce en el coche a toda velocidad, cierra las puertas, acelera y sigue la marcha, mientras Toby los observa alejándose sin comprender absolutamente nada.

Posiblemente, sea un problema mío. Tal vez no estoy preparado para comprender el comportamiento humano, pero sinceramente creo que alguien capaz de cometer un acto semejante es capaz de cualquier cosa. Nadie que tenga el mínimo brillo de humanidad en su corazón puede abandonar a su mascota después de haberla mirado a los ojos. Nadie con el mínimo brillo de humanidad en su corazón puede seguir viviendo como si tal cosa después de haber abandonado a su mascota a la orilla de una carretera. Y, si puede hacerlo, entonces es que definitivamente no merece el término de humano ni los derechos que por ello se le presuponen. Los vínculos emocionales que se establecen con un animal son, en muchas ocasiones, más fuertes que los que establecemos con la mayoría de las personas. Los animales no poseen las características humanas que suelen joder cualquier tipo de relación. Los animales no conocen el orgullo, ni son prepotentes, ni pretenciosos, ni vanidosos, ni mentirosos, ni les mueve la codicia o la envidia. Su carácter primitivo hace que sean -justamente- primitivos, y dan amor sin esperar nada a cambio incluso cuando son maltratados.

Leo de nuevo la cifra y me resulta absolutamente escalofriante. El año pasado, unos 150.000 perros y gatos fueron abandonados por sus dueños. La cosa podría no ser tan dramática si solo se abandonasen animales durante el 2016, pero el hecho es que todos los años la cifra de abandono es muy semejante.

Cada segundo, se abandona una mascota en el mundo. Miles de animales están sufriendo ahora mismo un dolor insoportable e incluso la muerte en experimentos absolutamente innecesarios financiados con dinero público. Algunos cazadores, finalizada la temporada de caza, cuelgan a sus perros de un árbol con las patas estiradas hasta que -incapaces de aguantarse más- los animales mueren asfixiados lentamente. No creo, sinceramente, que la vida de esas personas sea más válida que la de su perro. A veces, me da asco la especie humana, y creo sinceramente que nuestro trato con la naturaleza nos convierte muchas veces en la especie más repulsiva que habita la tierra.



02/07/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


Asesinos al volante


Asesinos al volante

Hoy voy a hablarles de un tema que cada vez me preocupa más, y es el alcohol y las drogas al volante. Según los datos del pasado año, el 40% de los muertos de tráfico en España consumió droga o alcohol.

Al parecer, la cocaína provoca más siniestros mortales que el resto de narcóticos, pero el cannabis es la sustancia más detectada: dos de cada tres positivos en los controles son por marihuana. En 2016, de las 60.942 pruebas de droga que se realizaron, 23.822 (un 39%) dieron positivo. Curiosamente –lo digo porque jamás lo hubiera imaginado-, esta es una proporción muy superior a la que se registra en los test de alcoholemia, que el año pasado se situó en un 1,5%: de los 4,6 millones de pruebas que hicieron los funcionarios del instituto armado, 68.852 arrojaron un resultado positivo. En cuanto a esto, hay que especificar que si el control de alcohol da positivo, se inmoviliza al conductor y ya no se le hace el test de droga, por lo que el aumento en el porcentaje de consumo de drogas podría incluso aumentar todavía más. Con los datos obtenidos correspondientes al año pasado, la DGT concluye que el alcohol está presente en un 4,5% de los accidentes y la droga en un escalofriante e insoportable 27%. Para finalizar, la DGT concluye que el perfil del fallecido mantiene una constante en los últimos años: suele ser varón (79%), de 45 a 54 años, con turismo viejo, en carreteras convencionales (75%), que se ha distraído (28%) o que acelera más de la cuenta (21%). Estos datos echan por tierra el mito que desde la DGT nos quieren vender desde hace años diciéndonos que el único problema que existe en los accidentes de tráfico es el del exceso de velocidad –que no es lo mismo que velocidad inapropiada-, justificación que utilizan para colocar millones de radares por las autovías, mientras miles de drogatas y borrachos campan a sus anchas por las carreteras españolas. Si en lugar de eso, aumentasen los efectivos de la Guardia Civil de Tráfico y los pusieran a dar vueltas por las carreteras en busca de malos conductores, la mortalidad descendería considerablemente. Aquellos que nos pasamos muchas horas en las carreteras sabemos de lo que hablamos. Un conductor en plenas condiciones a 140 kilómetros por hora en una autovía con un coche que pasa todas sus revisiones es muchísimo menos peligroso que un drogata a 60 kilómetros por hora en una carretera comarcal. Los datos, al menos, así lo señalan. Así que, en lugar de derrochar tanto esfuerzo y tanto dinero en adoptar medidas de recaudación, tal vez debería gastarse en cazar al mal conductor, que no siempre es el que va a una velocidad apropiada aunque fuera del límite, sino también el que nunca señaliza con los intermitentes, el que habla por el móvil, el que envía mensajes por el móvil, el que se droga y coge el coche, el que se emborracha y coge el coche, el que no mira por los espejos retrovisores para adelantar, el que es lento de reflejos y de entendederas –no todo el mundo puede tener el carné de conducir-, el que no sabe tomar las rotondas, el que no se pasa al carril izquierdo cuando alguien se incorpora en la autovía por el carril de aceleración o el que se toma cinco copas y dos porros y se cree el Hamilton de la nacional.

El coche es un arma de destrucción masiva. Mucho más, en las manos de un gilipollas. Está muy bien toda esa fanfarria de los derechos individuales, pero cuando una persona ha sido detenida en infinidad de ocasiones borracho o drogado al volante, sus derechos para conducir deberían ser eliminados. De lo contrario, los que no ejercieron esa decisión serán los culpables de todas sus posibles víctimas.



02/07/2017

Temática: Educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


Deberes para vacaciones


Deberes para vacaciones

Por fin, ha llegado el verano, y con él, las vacaciones del colegio. Este es, sin duda, un momento crítico para muchos padres, que no pueden ajustar su horario laboral al horario vacacional de sus hijos. Equivocadamente, algunos de esos padres solicitan a la administración más días de clase en los colegios, cuando lo que deberían reclamar es más días de vacaciones en sus empresas para poder disfrutar de la vida familiar con sus hijos. Esto es como cuando alguien cuelga en Facebook la foto de un jornalero trabajando al sol y dice que los demás no pueden quejarse de la ola de calor en su trabajo de oficina. Los derechos, hasta donde yo sé, nunca se piden a la baja. De lo contario, no se defiende al jornalero, sino al explotador. Pero, aparte de esto, hoy me gustaría hablarles de otro asunto que también preocupa a los padres: los deberes de vacaciones.

El aprendizaje, al contrario de lo que algunos puedan pensar, no es algo exclusivo de las escuelas. Por supuesto, también se produce en las escuelas, pero no es exclusivo de ellas. El aprendizaje está presente en cualquier lugar y en cualquier momento de la vida. El aprendizaje surge, fundamentalmente, de las experiencias. Por eso, la vida es el mejor escenario para aprender y, si uno está atento, cualquier aspecto que vivamos nos sirve para adquirir un aprendizaje. Porque el aprender, en la mayoría de las ocasiones, está en la actitud del que aprende más que en otra cosa. Yo, por ejemplo, aprendí mucho más de ciencias naturales cuando iba con mi abuelo en el carro de la vaca que en el colegio. Aprendí mucho más de valores con mi padre que en el colegio. Aprendí mucho más de sacrificio con mi equipo de fútbol que en el colegio. Aprendí mucho más del sentido de la vida con mi bisabuela que en el colegio. Aprendí mucho más de música con mi grupo de amigos que en el colegio. Etc., etc.

Evidentemente, no estoy diciendo con ello que el colegio no sea necesario. Todo lo contrario. Las escuelas enseñan infinidad de conocimientos fundamentales para la vida, y la labor diaria de los docentes es encomiable. Pero no lo son todo. La vida, con toda su belleza, también nos enseña. Por eso, para este verano, los mejores deberes que pueden llevar los niños a sus casas no son de lengua o de matemáticas. Los mejores deberes que pueden llevar son pasar más tiempo con sus padres y con sus abuelos –algún día faltarán y el tiempo perdido jamás se recupera-. Que lean algún libro que les guste. Y si puede ser, rodeados de naturaleza. Que prueben nuevas comidas, nuevos sabores. Que miren las estrellas de noche. Que viajen a algún lugar nuevo, si puede ser, cargado de historia. Que cuenten el paso del tiempo y aprendan a aburrirse. Que sientan en su corazón el latido del corazón de algún animal. Que escuchen música diferente, de todo tipo. Que reclamen a sus padres más tiempo con ellos, tiempo de calidad, tiempo de familia, tiempo de diálogo, tiempo de risas.

En la vida, por desgracia, casi siempre estamos ocupados en la rutina, en lo inútil, en lo superficial. Luego, los años pasan y nos hacemos viejos. Y, entonces, nos damos cuenta de que el tiempo solo adquiere verdadero sentido cuando estamos al lado de las personas a las que queremos. No hagamos hoy que el día de mañana tengamos que arrepentirnos. Felices vacaciones.



22/06/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Viceversa Magazine


España: La socialización de la corrupción


la socialización de la corrupción

La corrupción en España no es un mal actual; es un mal que viene de antiguo. La corrupción no es algo propio del Partido Popular que hoy nos gobierna. Ni tampoco del Partido Socialista Obrero Español que nos gobernó hace unos años. Ni tampoco de los nuevos partidos como Podemos, actual promotor de una moción de censura al gobierno y que también cuenta con algún que otro caso de presunta corrupción en sus filas. La corrupción en nuestro país se remonta a varios siglos atrás, donde la corrupción era muy típica no solo en España sino también en gran parte de Europa, dominada por los poderes absolutistas de reyes y nobles. En España, según se dice, el primer gran caso de corrupción que se conoce sucedió en el siglo XVI, con el I Duque de Lerma, aunque seguramente antes ya habría algún que otro caso. Mientras en Europa los excesos de los poderes absolutistas se corrigieron a través de diversos cambios políticos y -sobre todo- sociales, en España, no. Esa ausencia de transformación hizo que, en nuestro país, la corrupción de una época se transmitiese a la siguiente y, así, hasta llegar a nuestros días. De este modo, la corrupción en nuestro país es un mal endémico y un mal sistémico, y cualquiera que entre en el sistema político deberá enfrentarse a ciertas situaciones de poder corrompido y corrupto difíciles de atajar. Sin embargo, el gran problema de la corrupción en España no es que todos los partidos políticos tengan algún caso de corrupción en su historia más o menos reciente -aspecto que ya de por sí es preocupante-, sino que la corrupción que antes se circunscribía al ámbito político ahora se ha socializado.

En el párrafo anterior, decía que en Europa los excesos de los poderes absolutistas se corrigieron a través de diversos cambios sociales. En España, eso no sucedió por diversas razones. Una de esas razones es que España siempre ha sido un país con propensión a la incultura (quizá porque se vive demasiado fuera), y a los pueblos incultos es mucho más fácil manejarlos, porque -por lo general- son pueblos más despreocupados. Otra razón es porque en España gusta mucho la crítica, pero la crítica soez y zafia, la que afecta al ámbito personal, no la crítica razonada laboral, profesional o ética -aquí triunfan programas de televisión que en otros países jamás triunfarían. Otra de las razones es que -sobre todo actualmente- en nuestro país no existe una moral social, una moral colectiva, es decir: unas normas básicas de comportamiento, unos valores y una simbología socialmente aceptada por todos. En nuestro país, no existe un sentimiento de pertenencia a España, a excepción de cuando la selección española de fútbol juega un Mundial o cuando Nadal juega un Roland Garros. Esto hace que los españoles no nos sintamos como un grupo, sino como un conjunto de individuos que comparten un mismo territorio, que es algo bien distinto. Debido a ello, cada uno va a lo suyo, intentando sacar el mayor provecho posible de una sociedad y de un estado que nos importa un carajo. Al preocuparnos solo de nosotros, los españoles cometemos actos de corrupción sin alarmarnos en exceso, ya que nuestro comportamiento moral solo debe obedecer a nuestros intereses particulares, no a los intereses del grupo, lo cual nos libera de la conciencia ética. Como punta de lanza de la corrupción en nuestro país está, posiblemente, el mayor problema que padece nuestro sistema y que, por añadidura, es el alimento del que se nutre la propia corrupción: el amiguismo.

En España, el amiguismo lo es todo. O casi todo. El amiguismo se define como la tendencia a favorecer a los amigos en perjuicio de otras personas, en especial en lo que se refiere al trabajo. Evidentemente, si yo tuviera a dos sujetos frente a mí y tuviera que contratar a uno de ellos, en igualdad de condiciones, elijo a mi amigo. Esta decisión puede ser criticada, especialmente por la persona no elegida, pero desde luego no representa ningún controversia moral ni ética ni puede ser censurada: la persona tiene buen currículo, buenas habilidades y conozco cómo trabaja. El problema viene cuando elegimos a nuestro amigo a pesar de su incompetencia, que es lo que sucede con excesiva frecuencia en España -y también en otros países mediterráneos-. En nuestro país, incluso en el ámbito laboral, prima la “amistad” por encima de la “profesionalidad”, hasta tal punto que lo que más se valora muchas veces en un trabajador no es que sea un magnífico profesional, sino que tenga “buen rollo”. De este modo, solo valoramos y aplaudimos a nuestros amigos, no a los buenos profesionales, con lo cual las empresas terminan llenándose de amigotes al tiempo que de incompetentes. Esto que señalo no es un descubrimiento ni una invención mía; muchísimos autores -especialmente norteamericanos y del norte de Europa- coinciden en señalar que el amiguismo es el mayor problema que tienen las empresas españolas y mediterráneas para ser productivas. Y si eso sucede en el ámbito de las empresas privadas, qué no sucederá en las públicas: puros nidos de ratas.

Nuestro país, España, ha perdido los valores sociales y, actualmente, está inmerso en un egocentrismo individualista inmoral e inculto que se vanagloria de su inmoralidad y de su incultismo. Debido a ello, resultará muy difícil erradicar la corrupción de nuestras instituciones y de nuestra sociedad, porque hay tantos casos y en tantos ámbitos que se convierten en ejemplo de actuación para jóvenes y mayores. De ahí que mucha gente aplique para su vida la máxima tan típica española de “para que se lo lleve otro, me lo llevo yo”. Y en esas estamos.



07/05/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


La necesidad de ser antisistema


La necesidad de ser antisistema

Hace unos tres años aproximadamente, cuando me dirigía en coche de un lugar a otro, cogí por casualidad un programa de radio donde estaban dando un debate. Como el trayecto era corto, solo pude escuchar el debate durante un par de minutos. No tuve tiempo de escuchar el nombre de los colaboradores ni del programa, pero escuché una frase con la que inmediatamente estuve de acuerdo. La frase en cuestión decía que ser antisistema hoy en día no era peor que estar a favor del sistema; de hecho, estar a favor del sistema actual era una verdadera locura. Para intentar explicar por qué estoy de acuerdo con dicha frase y por qué creo que este sistema no se puede defender –especialmente en algunos países como España-, basta con ver la enorme cantidad de casos de corrupción que sufrimos y que nos hacen perder muchísimo dinero a los ciudadanos, lo cual repercute directamente en los servicios que tenemos. A eso, podemos añadirle la nula separación que existe actualmente entre los distintos poderes, ya que –visto lo visto en Madrid y en Murcia- el poder ejecutivo y el judicial son muy amiguitos. De hecho, se parece mucho a esa relación basada en el “tú mata que nosotros limpiamos la sangre”. Pero, por si todo ello fuera poco para despreciar este sistema que padecemos, a continuación les reproduzco algunos titulares aparecidos en prensa este último mes.

“Santander gana 1.867 millones, un 14% más”. “El BBVA gana 1.199 millones hasta marzo, un 69% más”. “El Banco Sabadell ganó en el primer trimestre del año 216,1 millones de euros”. “Renta 4 Banco ha ganado 3,8 millones de euros en el primer trimestre del año, un 51,2 % más que un año antes”. “Bankinter gana 124,4 millones de euros en el primer trimestre de 2017, el 18,7% más”. “Bankia logra un beneficio récord de 304 millones hasta marzo, un 28,4% más”. “CaixaBank gana 403 millones hasta marzo, un 48% más”. “La gran banca gana 4.000 millones en los tres primeros meses del año”. “Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia y Sabadell aumentaron sus ganancias entre enero y marzo en un 28,5%”.

Por si no les ha quedado claro lo que les quiero decir, continúo con otros titulares.

“Los sueldos no ganarán poder de compra en España hasta el 2020”. “España se sitúa por encima de la media de la OCDE en fiscalidad sobre los salarios”. “El Gobierno prevé un alza de los salarios en España del 1,3% en 2017 y del 6,5% de las rentas empresariales para este año”. “El Banco de España insiste en la necesidad de no subir salarios para ajustarlos al IPC”. “Los técnicos de Hacienda denuncian que casi la mitad de los trabajadores españoles no llegan ni a mileuristas”. “En el informe de Gestha se denuncia que casi 6 millones de trabajadores españoles (un 34,4%) podrían encontrarse en riesgo de pobreza”. “Según el sindicato de Técnicos de Hacienda, uno de cada tres asalariados gana menos de los 707 euros del Salario Mínimo Interprofesional”. “El milagro es ser mileurista: un tercio de los trabajadores españoles vive bajo el umbral de la pobreza”. “Los trabajadores que cobran menos de 1.000 euros, en su nivel más alto”. En fin, que -con solo la mitad de lo dicho- me bastaría para estar en contra de este maldito sistema.



01/05/2017

Temática: Opinión Política    -    Medio: Viceversa Magazine


La muerte de Europa o la Unión Latinoamericana


La muerte de Europa o la Unión Latinoamericana

La líder ultraderechista francesa Marine Le Pen aseguró hace unas semanas en una entrevista publicada por el dominical alemán “Bild am Sonntag” que la Unión Europea ha muerto, aunque todavía no lo sabe. En realidad, yo creo que la Unión Europea ya nació muerta. Y nació muerta porque la Unión Europea, desde sus inicios, nunca tuvo la intención de servir a los intereses de los ciudadanos, sino de servir a los intereses de los políticos y de las grandes empresas. Como ciudadano europeo, yo nunca he sentido particularmente esos enormes y maravillosos beneficios de pertenecer a la Unión que nos aseguran desde las instituciones europeas. Posiblemente, todo lo contrario. La corrupción política de los países europeos pertenecientes a la Unión ha aumentado; se han duplicado, triplicado o cuadriplicado las instituciones, lo cual hace que también se dupliquen, tripliquen o cuadrupliquen el número de políticos que tenemos que mantener; se ha aumentado la brecha económica entre los países ricos y los países pobres de la Unión, y –por consiguiente- también entre los ciudadanos más ricos y los ciudadanos más pobres; las grandes empresas cada vez tienen mayor poder y se les permite mayor injerencia en el ámbito legislativo; la gestión de la inmigración ha sido realmente desastrosa, lo mismo que la gestión de la crisis económica, que ha resultado absolutamente ineficaz. Todo ello demuestra que la Unión Europea es una máquina que políticamente y económicamente no funciona.

Por si esto fuera poco, la moneda común no ha servido tampoco para crear una unión cultural y, mucho menos, una unión sentimental. Los alemanes siguen sintiéndose alemanes; los italianos siguen sintiéndose italianos; los españoles no se saben muy bien cómo se siente; los belgas siguen sintiéndose belgas, y ninguno de ellos se siente más europeo que hace diez años. De ese modo, la Unión Europea, desde el punto de vista social, es tan solo una unión en un papel que no sirve para gran cosa.

Este fracaso en la Unión -que ahora se está haciendo palpable con la salida del Reino Unido- ha servido como caldo de cultivo para el aumento de la extrema derecha y del populismo, que han sabido sacar fruto de la inutilidad de la política europea, especialmente en el tema de la inmigración y en materia económica. Estos partidos extremistas y populistas han sabido apelar al sentimiento patriota más profundo de los ciudadanos, lo cual no quiere decir que en algunas de sus críticas no tengan razón. Su resurgimiento es la prueba del fracaso de esos políticos que se dicen más moderados pero que moralmente son despreciables por ocultar la corrupción y políticamente inútiles a la vista de su gestión. Muchos ciudadanos europeos quieren o una Europa unida o volver a lo que había antes. No puede existir una verdadera unión europea si hay dos velocidades distintas; no puede existir una verdadera unión europea si hay enormes diferencias económicas insalvables entre los diferentes países; no puede existir una verdadera unión europea si solo aumentan los impuestos pero no los beneficios; no puede existir una verdadera unión europea si los políticos europeos crean instituciones solo para enchufar a sus amigos o para desviar fondos comunes para beneficiar a determinadas empresas; no puede existir una verdadera unión europea si cada país sigue manteniendo su poder legislativo. Por desgracia, la Unión Europea se empezó por el tejado, y ahora que estamos cayendo, vemos que en realidad no se ha hecho nada para construir los cimientos.

En lo que respecta a España, siempre he defendido que la unión política y la unión económica que deberíamos haber realizado en su momento era la unión con los países latinoamericanos. Existe entre nosotros una cultura semejante, una historia compartida y una lengua común. En ese sentido, a pesar de los acuerdos bilaterales entre España y los países latinoamericanos, es cierto que nuestro país se ha desvinculado con excesiva frecuencia de la economía y –sobre todo- de los problemas de Latinoamérica. Desde el punto de vista económico, la riqueza de España unida a la riqueza de los países latinoamericanos podría habernos convertido en una de las grandes potencias mundiales, a la altura de Estados Unidos o de China. Es cierto que hay países latinoamericanos donde existe una gran corrupción –como en nuestro país–, y también es cierto que en algunos países de Latinoamérica reina el populismo, pero también es cierto que ambos son problemas que, con una adecuada constitución y las instituciones necesarias de control, podríamos solventar. No podemos olvidar que en lo que se refiere a recursos, Latinoamérica tiene una riqueza inigualable, una riqueza que en muchos casos los gobiernos nacionales no han sabido gestionar o que han mal vendido, pero con una unión sólida, una buena gestión y unos intereses comunes podrían convertirse en bienes productores de una enorme riqueza.

Nuestra situación en el mundo hace que geográficamente seamos europeos. Parte de nuestra historia está, sin duda, unida a la historia de Europa. Sin embargo, nuestra historia principal como país desde hace quinientos años está unida a la historia de Latinoamérica. Para bien o para mal, unos y otros somos hermanos de sangre. En momentos difíciles, nuestros países se han ayudado mutuamente y han acogido a una gran cantidad de inmigrantes de ambos lados del Atlántico. Nuestra historia común demuestra que somos capaces de superar las mayores dificultades, lo cual significa también que -uniendo nuestras fuerzas- podríamos convertirnos en la referencia económica y cultural del mundo.



13/03/2017

Temática: Opinión Política    -    Medio: Viceversa Magazine


Yo soy América


Yo soy América

No puedo negarlo. Estoy completamente de acuerdo con el presidente Trump: “América primero”. Todos los presidentes de todos los países del mundo deberían decir “mi país primero”: China, Argentina, España, Alemania, Túnez… Todos los presidentes de todos los países del mundo deberían preocuparse antes de nada por su país. En ese sentido, me siento tan patriota como el presidente Trump. Mi país primero. A pesar de lo que algunos puedan pensar, ser patriota no es negativo. Ser patriota significa amar profundamente la patria propia y trabajar por ella. No hay nada malo en esa definición. Luchar por mejorar nuestro país es algo digno de alabar. El problema viene cuando alguien -según sus particulares criterios subjetivos o según su interés económico o político- decide quién es patriota y quién no lo es, quién es América y quién no lo es. Y, lo que es más preocupante: quién es amigo y quién es enemigo de su país.

Mi bisabuelo emigró a Estados Unidos hace muchísimos años. Exactamente, a Nueva York. Allí vivió desde los veintidós años hasta que falleció en esa misma ciudad. Mi bisabuelo trabajó en la construcción de varios de los edificios que hoy se levantan en sus calles, en un Nueva York que estaba sin hacer, en un Nueva York violento, en un Nueva York aún sin civilizar. Mi bisabuelo ayudó a levantar esa ciudad virginal, ese Nueva York que comenzaba a encaminarse hacia la gran ciudad que es hoy en día. En algunos de esos edificios de Nueva York, está la mano de mi bisabuelo, su sudor, su sacrificio, su alma. Su historia vital está unida a la historia vital de Nueva York, a la historia vital de Estados Unidos, y nadie puede negarle el derecho a ser más estadounidense que cualquier otro, que el mismísimo presidente Trump, a pesar de su nacimiento, de su raza, de su color o de su número de calzado.

Americano -en el sentido al que se refiere el presidente Trump como sinónimo de estadounidense- es todo aquel que vive en Estados Unidos. Sea hispano, israelí, croata, chino o senegalés. El origen o la procedencia de cada cual es absolutamente indiferente. Da igual que esa persona a la que vemos todos los días trabajando en el McDonal’s de la esquina haya nacido en Queens o en Monterrey. Da igual que esa persona que trabaja en Apple sea de Kalorama o de Medellín. Nada los hace diferentes a la hora de ser considerados norteamericanos. La vida de un país es la suma de la vida de cada una de las personas que lo componen, de las personas que trabajan y luchan por mejorar ese país. Tanto unos como otros merecen la atención y –sobre todo- el respeto de su presidente, porque todos ellos -con su esfuerzo diario, con su sacrificio diario- hacen que Estados Unidos sea lo que es hoy en día.



05/03/2017

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Legislar para corruptos


Legislar para corruptos

Según parece, en este país –o lo que sea-, no hay nada mejor que ser un ladrón. Pero no un ladrón de tres al cuarto, sino un ladrón de categoría. Vistas las sentencias que se han dictado y que se están dictando en los últimos casos de corrupción, da la sensación de que nuestro sistema judicial está hecho para arropar a los grandes ladrones. La corrupción y el latrocinio en nuestro sistema “democrático” han calado de tal modo que ser corrupto en este país es casi una obligación. Aunque uno no quiera, el sistema lo induce a ello, ya que, mientras los corruptos logran grandes puestos de poder en sus empresas o en las instituciones y grandes fortunas, los que no son corruptos –aunque tengan mucho mejor currículo y mejores cualidades- se quedan por el camino. Para medrar en España, hay que corromperse. Y hacer muchos amigos. Solo así, escalaremos en nuestra carrera profesional.

Aunque la sentencia judicial sobre el caso Nóos es uno de los temas más comentados, no voy a hacer siquiera una valoración de la misma. Y no voy a hacer una valoración porque, aunque se ajuste a la ley y toda esa palabrería judicial creada para que los pobres no podamos acceder a una justicia real, es una sentencia que desde el punto de vista ético y moral –dos palabras en desuso- avergüenza. La sentencia sobre el caso Nóos no viene más que a agrandar y reforzar esa sensación que tenemos una gran mayoría de los ciudadanos españoles sobre la inmunidad de la clase política, empresarial y aristocrática de nuestro país. Lo mismo sucede con el caso de las tarjetas “black”: una panda de chorizos y escoria humana forrándose bajo la “protección” de las leyes y de un gobierno mientras sus bancos se hundían y eran rescatados con el dinero de nuestros hijos; desgraciados inmorales que siguen con sus cuentas intactas, condenados a penas menores que si hubiesen robado un pollo asado para comer.

Los delitos contra el estado en España salen casi gratis. De ahí, la frase de que “si robas, hazlo a lo grande”, porque cuanto menor sea la cuantía robada más años de cárcel te caerán. Una parte importante de esos “políticos” que dicen querer gobernarnos lo que en realidad están queriéndonos decir es que están deseando llegar al poder para lucrase personalmente, para colocar a sus familiares y amigos y para asegurarse un gran retiro y una mejor jubilación. Ellos, los legisladores y gobernadores de este país, son los que nos dicen a los trabajadores -sin el menor rastro de vergüenza- que tenemos que trabajar hasta los setenta años porque si no el sistema se hunde, mientras ellos se retiran a los cincuenta con una pensión millonaria después de haber hundido a un banco, a una empresa o al país entero. Ellos, los legisladores y gobernadores de este país, nos dicen que Trump es peligroso porque gobierna a favor de sus empresas y su patrimonio, mientras ellos, al dejar el gobierno, pasan a formar parte –sin tener ni idea del tema- de los comités de las grandes empresas eléctricas, de telefonía, de bancos o de fundaciones inyectadas de dinero público. Entonces, ¿para quiénes legislan?, ¿para quiénes gobiernan?.



17/02/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Viceversa Magazine


La invasión zombi


La invasión zombi

Como el mundo va tan rápido y cada día aparecen cosas nuevas y extraordinarias, de vez en cuando surgen también nuevas palabras para poder definir tanto avance y tanta evolución. Una de esas palabras es la expresión “influencer”. Según la definición más compartida, un “influencer” es una persona que cuenta con cierta credibilidad sobre un tema determinado y que tiene una enorme presencia e influencia en las redes sociales. Eso hace que, por un lado, esas personas sean grandes generadoras de opinión y, por otro, que sean muy valoradas y perseguidas por las marcas comerciales. Hoy en día, los influencers tienen tanto poder que incluso pueden hacer variar al alza o a la baja el precio de una acción con un simple comentario en Twitter o Facebook. Incluso aparecen en muchos anuncios de televisión aunque usted o yo no los conozcamos.

Muchos de esos llamados influencers son youtubers. Los youtubers son personas que graban vídeos y los suben a la plataforma YouTube. Si no le suena este concepto, no se preocupe; es lo que su hijo quiere ser de mayor. Aunque esto de grabar vídeos y colgarlos en Internet pueda parecerle una estupidez, no lo es en absoluto. Se cree que los youtubers más seguidos en el mundo ganan -entre lo que generan con sus cuentas en YouTube y los contratos de publicidad- más de 2.500 millones de euros anuales. El Rubius, por ejemplo, que es el youtuber español más reconocido internacionalmente con más de 21 millones de suscriptores, se cree que gana cerca de 2.000 millones.

Los influencers y los youtubers son tan deseados y amados por la masa que incluso las editoriales más potentes les publican sus libros; libros de un lenguaje tan simple que parecen escritos para otro tipo de animales. Si Cervantes o Shakespeare tuvieran hoy 23 años, andarían como unos pobres desgraciados buscando editorial sin encontrarla. Y es que las grandes editoriales han evolucionado tanto que también habría que buscarles otro nombre. Pero si creen que esto es pasajero, están completamente equivocados; el mundo ha cambiado y ya no es lo que usted o yo creíamos que era. De hecho, hace unos meses, la prestigiosa revista “Time” publicó una lista de los “líderes de la próxima generación”. Como no podía ser de otro modo, en esa lista aparecen ya varios de esos youtubers, entre los cuales está el famosos Rubius, un chaval que se está forrando haciendo videos presuntamente graciosos; vídeos que son muy semejantes a las chorradas que usted o yo hacíamos en casa con doce años en Nochevieja pero que tuvimos la decencia de no compartir en público.

Algunos pensarán que estoy dramatizando, que ninguna generación comprende a la que viene detrás, que la juventud es así, que hay que saber reírse, que el mundo evoluciona. Sin embargo, en este mundo actual, con el resurgimiento de los populismos, con el extremismo religioso en algunos países, con la crisis económica que solo pagamos los pobres, en un mundo donde el 1% más rico -entre los que están estos youtubers- posee tanto patrimonio como el resto de la humanidad, donde los casquetes polares están desapareciendo, donde miles de animales se extinguen a diario, en un mundo así, lo que menos necesitamos es a un presunto líder que solo hace mamarrachadas. Y, desde luego, mucho menos, a 21 millones de personas visionándolas en tan solo un minuto. Aunque nunca lo habría imaginado, la invasión zombi del planeta ya ha comenzado.



29/01/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


El amor, las feministas y los descerebrados


El amor, las feministas y los descerebrados

Yo no lo vi, pero según he podido comprobar con posterioridad, el programa de “El Hormiguero” en el que se entrevistaba a una futura astronauta dio mucho juego. Según parece, la chica -Alyssa Carson-, que solo tiene quince años, ha tenido desde su infancia el sueño de vivir en Marte. Debido a su esfuerzo, su sacrificio y su constancia -con 15 años habla ya 5 idiomas- la NASA ha decidido prepararla. En principio, la misión consistiría en vivir en Marte dos o tres meses, un tiempo considerable teniendo en cuenta que solo para llegar al planeta rojo se calculan unos nueve meses. Como podemos imaginar, la preparación para realizar una misión semejante debe ser extraordinaria. Sin embargo, lo que invadió las redes sociales no fueron comentarios acerca de los cinco idiomas que habla la chica, o su preparación física para realizar la misión, o la enorme preparación psicológica o de conocimientos físicos y químicos que deberá adquirir. Lo que invadió las redes sociales fueron comentarios sobre sus orejas. Tal como lo oyen; sus orejas. Como no podía ser de otro modo, en un país plagado de ignorantes, muchos de los telespectadores comenzaron a hacer comentarios jocosos en las redes sobre las enormes orejas de la chica. Y, paradójicamente, lo hacía gente -he visto sus fotos- con cara de mandril, o con dientes de conejo, o con pelos de puercoespín. Y, todos sin excepción, con cerebro de gusano. Para resumir; estamos rodeados de ciudadanos a los que no les impresiona el esfuerzo o la preparación de una cría de 15 años pero sí sus orejas. Y es que en España las coñas nos vuelven locos. Es nuestra seña de identidad por el mundo. Yo, solo por reírse de una menor y de un presunto defecto físico, los metía en una nave espacial y los mandaba a tomar por saco a Marte. Pero sin escafandra. Y luego dicen que el “bullying” surge en las escuelas.

Por si esto fuera poco, otro de los momentos estrella, parece ser, fue la pregunta de Cristina Pedroche. Según han escrito los diarios, la pregunta era: "Pero, ¿y si te cambia la vida? Lo mismo conoces, yo qué sé... Tienes una pareja ideal que dices: es que no me quiero separar nunca y no me quiero ir a Marte, porque entiendo que eso... se tarda un montón en llegar allí". Evidentemente, no es que sea la pregunta del siglo, pero tampoco es una mala pregunta. Está horriblemente enunciada, pero se entiende perfectamente lo que quiere decir. Sin embargo, lo que llamó la atención no fue la mala estructura gramatical, sino que alguien se atreva siquiera a insinuar que una persona pueda dejar “todo” por amor. Más si es una mujer. Como no podía ser de otro modo, las guerrilleras feministas enfundadas en sus trincheras de bloges, facebookes y twittereses salieron a destripar a Cristina Pedroche (aunque no sea el caso, hay personas que no están dispuestas a admitir que existan mujeres guapas e inteligentes, y cuando eres una máquina intelectual te critican por las orejas y, cuando eres guapa, te critican por el cerebro). Estas guerrilleras feministas -tan librepensadoras, tan avanzadas en sentimientos de justicia y democráticos- deberían aceptar que cada cual es libre de decidir qué hacer con su vida. Por si no se han dado cuenta, Franco ha muerto. Ya hay libertad sexual. Puedes sacarte una teta en una iglesia -solo en una católica - o mear en la calle con el vello púbico al viento como modo de protesta. A lo mejor es que están tan ocupadas en criticar que no tienen tiempo para leer. Sino, verían que todos los días a todas horas hay en el mundo hermosas historias de amor de hombres o mujeres o hijos que superan mil adversidades para estar juntos. El feminismo no debe demonizar el amor, no debe quemar en la hoguera a la mujer que decida quedarse en casa; el feminismo debe perseguir las actitudes, leyes o comportamientos que hacen que hombres y mujeres no tengan los mismos derechos. Aquí, pero también en el resto del mundo. Lo demás; pura ignorancia y demagogia.



22/01/2017

Temática: Educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


Acoso escolar


Acoso escolar

Después de las noticias del suicidio de una menor en Murcia y el vídeo de una agresión a un alumno en la misma comunidad, el tema del acoso escolar ha vuelto a invadir los medios de comunicación.

En cuanto a ese ámbito educativo, lo más importante es la prevención. Los programas de prevención para el acoso escolar hacen que disminuyan considerablemente ese tipo de casos. Para ello, es importante que dentro del horario escolar existan horas dedicadas a tratar problemas en el centro o personales y a aprender a solucionar conflictos. Llámenle educación emocional, llámenle tutoría. En esas clases pueden detectarse problemas y atajarlos con rapidez. Cuando el caso de acoso ya ha sucedido, lo importante es que la administración –las consejerías de educación- intervengan de manera tajante. No digo el centro educativo, porque cada vez los equipos directivos tienen menos poder para sancionar. Ante los casos de acoso demostrados, es importante que el niño acosado se sienta protegido, y que el acosador se sienta asustado. Sin embargo, curiosamente, en España el niño acosador se siente protegido y el niño acosado tiene que cambiarse de centro. Evidentemente, ese alumno acosador debe ser tratado, pero también debe ser sancionado. Su derecho a recibir una educación gratuita –pagada con dinero público- debería estar en suspenso, ya que no la aprovecha, y los padres deberían comenzar a pagar los costes de su permanencia obligatoria en un centro educativo. No se puede meter al zorro en el gallinero y, además, ponerle una alfombra roja para que se pasee. Por último, toda la comunidad educativa en su conjunto –padres, profesores y alumnos- deberían ser más intolerantes con ese “acoso” de baja intensidad, que es el inicio de las agresiones posteriores. Porque en este, como en otras muchas ocasiones, o estamos con los justos o –si nos callamos- estamos con los criminales.



15/01/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: La Opinión de Murcia


La bolsa o la vida


La bolsa o la vida

Según el sentir popular, los médicos y los enfermeros españoles –hombres y mujeres- son de los mejores del mundo. Y es cierto. La preparación universitaria de nuestros médicos y de nuestros enfermeros es, por norma general, muy superior en calidad –y en años- a la de médicos y enfermeros de otras partes del mundo.

Pero, además de toda esta preparación teórica, nuestros médicos y nuestros enfermeros están tremendamente preparados gracias a su experiencia en el campo de batalla. Trabajar en un hospital español hoy en día es como trabajar en un hospital de campaña de la I Guerra Mundial: enfermos tirados en camillas por los pasillos, pasillos repletos de gente que grita de dolor, ancianos anclados a sillas de ruedas por falta de camillas, niños llorosos, colapso en la sala de urgencias, falta de personal, horas y horas de espera, suciedad, comida precaria, televisión de pago, etc. Por si todo lo dicho anteriormente fuera poco para poder desarrollar una profesión decentemente, los médicos y enfermeros españoles deben enfrentarse cada día a agresiones o insultos por parte de pacientes o familiares de pacientes. El año pasado, por ejemplo, las agresiones a médicos aumentaron un 5%, alcanzándose un total de 361 agresiones. Es cierto que cuando a uno no le atienden correctamente le asaltan unas ganas enormes de darle una ristra de collejas al primero que se encuentre, pero muchas veces esa ristra de collejas va mal dirigida. Es verdad que hay médicos y enfermeros que caminan por los pasillos como si se hubiesen fumado treinta porros, importándoles un carajo si hay más o menos enfermos. Sin embargo, también es cierto que la gran mayoría de nuestro personal sanitario es tremendamente eficaz y profesional y está más cansado que usted y que yo de los recortes que están sufriendo. El problema, por tanto, de la sanidad española no es la calidad de nuestro personal sanitario; es la falta de personal y la pésima gestión. Las salas de urgencias se colapsan porque los pacientes saben que es el único lugar donde van a ser atendidos a tiempo, ya que las citas para ciertas pruebas pueden tardar más de un año, lo que puede suponer la muerte de cualquiera. Es cierto que hay personas que abusan de esas emergencias, pero basta con sancionarlos para que se les quiten las ganas de seguir colapsando las urgencias de hospitales por auténticas minucias.

Por otro lado, según el Tribunal de Cuentas, el rescate bancario ya ha costado a las arcas públicas 60.718 millones. Es lo que se conoce como “tú asesina que nosotros limpiamos la sangre”. Con 61 millones de euros se pueden mejorar muchísimas cosas en nuestro país. Gastar dinero público –suyo y mío- en el rescate a entidades privadas es un fraude a los ciudadanos. Ahora -a cambio de todo ese dinero que les hemos dejado- habría que exigirles a los presidentes y directivos de todas esas entidades bancarias que se acerquen a los hospitales a echar una mano, a limpiar los orines de un pobre anciano que no puede disponer de la atención necesaria por culpa de la falta de personal, o que se lleven a sus enormes mansiones a todos esos abuelos tirados en camillas por falta de camas, o que trasladen en sus lujosos coches a enfermos que no pueden ser trasladados por falta de ambulancias. O, como mínimo, que devuelvan todo el dinero prestado con intereses y cláusulas abusivas. De lo contrario, ellos –junto con los políticos que lo consienten- son culpables de todas las posibles muertes causadas por los mal llamados “recortes”.



09/01/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Viceversa Magazine


Libertad de expresión o el totalitarismo de la ignorancia


Libertad de expresión o el totalitarismo de la ignorancia

Dice el economista estadounidense Thomas Sowell que “no hay una forma más estúpida de tomar decisiones que ponerlas en manos de personas que no pagan ningún precio por estar equivocados”. Aprovechando esta frase, hoy voy a hablarles de un tema que me preocupa. Y me preocupa porque cada vez hay más. Estoy refiriéndome a los necios. Sé que hablar de los necios puede causar cierto rechazo, por eso de que hay que respetar a todo el mundo y ser políticamente correcto. Y, efectivamente, todas las personas son respetables, pero sus opiniones-en cambio- no tienen por qué serlo.

Para que sepan de lo que estoy hablando, les diré que los necios son esas personas que hablan sin tener conocimiento de causa. O, directamente, sin tener conocimiento. Como los necios son profundamente ignorantes, no dudan, lo cual los hace muy peligrosos. Hace unos cuantos meses, por ejemplo, publiqué un artículo donde criticaba el bilingüismo en las escuelas españolas. Advertí que, tal como estaba diseñado, sería un completo desastre -como efectivamente está siendo- y expuse que -en lugar de invertir tanto dinero en introducir el bilingüismo- el gobierno debería fomentar el español en el extranjero, la segunda lengua en el mundo con mayor número de hablantes como lengua materna. Escribía en aquel artículo sobre la importancia de nuestra lengua desde el punto de vista económico y, sobre todo, cultural, cuya riqueza es enorme, y criticaba que estuviese tan discriminada en instituciones internacionales y en locales –hoteles, restaurantes, etc.-, donde se traducía antes al francés o al italiano que al español. Pues bien, uno de esos necios que pululan por el mundo escribió un comentario sobre aquel artículo diciendo que deberían prohibirme escribir en un periódico -toda una muestra del totalitarismo propio de los necios- aduciendo que aprender inglés era importante porque –increíble- él tuvo que emigrar y para emigrar había que saber inglés, como si el emigrar fuese la finalidad de un individuo. En lugar de exponer su opinión, este palurdo escribió que yo no sabía lo que era emigrar -a mí, que procedo de una familia de emigrantes y que vivo a mil kilómetros de donde nací-. Así, sin conocer nada de mí, este individuo se permitió el lujo de expresar su absurda y estúpida interpretación de quién soy rajando mi vida de arriba abajo con total impunidad. En un par de líneas, insultó a los millones de personas que opinan como yo sin despeinarse. A mí, en cambio, su música me parece una mierda –con perdón de la expresión- pero no le niego el hecho de poder seguir difundiéndola.

Hace unas semanas, mientras paseaba por la fábrica de Schindler en Cracovia, estuve sacando fotos a la exposición, la cual es maravillosa. En un momento, me saqué una foto en un pasillo repleto de banderas nazis -igual que antes me había sacado una foto junto a un traje militar polaco o a una vitrina llena de armas alemanas-. Después de sacarme la foto, una española que venía detrás de mí -sin saber que yo era español- le comentó a su amiga “sacarse una foto con la bandera nazi me parece…” y no dijo más. No dijo más porque, posiblemente, el tema de los adjetivos no lo llevara bien, como la gran mayoría de españoles, que subsisten a base de frases hechas y latiguillos del tipo “ya te digo”, “vaya marrón”, “lo siguiente”, “en plan”, “qué subidón”, etc. Y es que España es, irónicamente, el país donde peor se habla el español. Pues bien, a esta mujer, el que yo me sacase una foto con la bandera nazi le parecía no sé qué (la cruz que llevo colgada a mi cuello no deja de ser un instrumento de tortura y asesinato de la época romana y, sin embargo, a esta mujer mi cruz no le pareció nada). Seguramente, esta mujer no ha conocido a ningún superviviente de Auschwitz -como conocí yo- ni a ningún suboficial alemán de la época -como conocí yo-, ni sabrá que la esvástica apareció ya hace once mil años pero, aun así, mi foto le parecía no sé qué. Evidentemente, si yo me hubiera sacado una foto con la lengua de fuera en plan selfi o con los dedos haciendo la señal de la victoria, entendería la crítica, pero esta mujer no sabía nada de mi vida para juzgar ninguno de mis actos. Sin embargo, el totalitarismo de su necedad se lo permitió. Si allí había algún nazi, en cambio, sin duda era ella, porque juzgó y discriminó sin saber, basándose en su desconocimiento y su propio criterio absolutamente limitado.

Todos juzgamos, es cierto. Juzgar es algo innato y propio de cualquier individuo y de cualquier sociedad. Pero hay quien juzga según unos criterios objetivos (una persona tira una lata a la calle y, por tanto, es un mal ciudadano, además de un cerdo) y quien juzga y sentencia según sus opiniones y criterios personales (a quienes están en contra del bilingüismo hay que prohibirles escribir, quien se saca una foto con una bandera nazi es un nazi o la raza blanca es superior a la raza negra).

Aunque pueda parecernos intrascendente, la necedad es tremendamente peligrosa, porque es el arma fundamental del exterminio intelectual y cultural de cualquier sociedad, y el exterminio intelectual y cultural es el inicio de cualquier otro tipo de exterminio. Por eso, debemos ser más beligerantes con los necios, porque –como estamos comprobando- poco a poco están alcanzando mayor cota de poder, y esa extensión de la necedad en el mundo puede ser el principio de nuestro propio fin.



05/12/2016

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Viceversa Magazine


La posverdad o el triunfo del desencanto


La posverdad o el triunfo del desencanto

El Diccionario Oxford ha elegido como palabra del año el término “post-truth” o posverdad, un híbrido cuyo significado es “situación en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Aunque lleva más de una década entre nosotros, este término ha tomado especial relevancia a raíz de la salida del Reino Unido de la U.E. y de la elección de Donald Trump en EE.UU. Estos dos acontecimientos, junto con el fracaso del referéndum de las FARC en Colombia, son -para los defensores de este término- pruebas evidentes de la postverdad. Para ellos, Trump y el Brexit son expresiones inequívocas de falta de sentido común. Según esta concepción, por ejemplo, es verdad que Trump ha ganado las elecciones, pero también es una posverdad, porque esta elección no se hubiera producido sin las variables de la emoción, de la creencia o de la superstición. Pero, ¿cuándo no ha sucedido esto?

No creo que la postverdad sirva para explicar las complejas victorias de Trump o del Brexit. Sería demasiado ingenuo pensar que Trump o el Brexit ganaron solo porque los ciudadanos se levantaron ese día con un sentimiento equivocado. O sin sentido común. Tampoco podemos afirmar que Trump sea posverdad y Hillary, en cambio, la verdad. Existen, desde luego, circunstancias emocionales que pueden explicar las victorias del Brexit o de Trump, pero los movimientos políticos y sociales son mucho más complejos. Siempre ha existido el mensaje político dirigido a las emociones y siempre el político ha falseado la realidad para conseguir el voto de los ciudadanos. Son mecanismos de manipulación política utilizadas desde el principio de los tiempos.

Es cierto: la verdad hoy en día no tiene valor. Cada vez es más frecuente escuchar “esta es mi verdad”, cuando –en realidad- es la interpretación subjetiva de la verdad. Se trata de una devaluación del valor de la verdad. Y, en paralelo, de una devaluación de la falsedad como “anti-valor”. Es, desde el punto de vista moral, admitir como “aceptable” lo “inaceptable”. Pero esta es solo la punta de un enorme iceberg.

¿Por qué ha ganado Trump o el Brexit? ¿Acaso es porque se aceptan las mentiras como verdades? ¿O porque los ciudadanos se dejan engañar emocionalmente? Seguramente, todo ello y mucho más. Entre ese mucho más estaría el desencanto; el desencanto provocado por los mensajes ambiguos de la vieja política. Gracias a esos mensajes ambiguos, vagos, “happy”, el populismo ha crecido. El populismo vende verdades. Verdades absolutas. Y en tiempo de crisis, el pueblo quiere verdades absolutas. Aunque su fundamento sea falso. Por eso, el ciudadano medio prefiere al candidato que les trasmite el mensaje de que va a defender al país del terrorismo o de las drogas o del exceso de inmigración antes que aquel que niega la realidad de todos estos problemas.

Por supuesto, la posverdad existe, pero no es patrimonio de los favorables al Brexit o de los votantes de Donald Trump. La posverdad es una parte más –solo una parte más- de la crisis de valores sociales que padecemos. Los seres humanos del mundo moderno aceptamos las mentiras como algo normal, es cierto, pero además aceptamos la falta de honestidad, la falta de profesionalidad, la falta de rigor, la falta de compromiso, la falta de educación, la falta de respeto. Vivimos en la era de la postverdad, es cierto, pero también vivimos en la era de la postdignidad –preocuparse en parecer digno más que en serlo-, de la postprofesionalidad –tener más en cuenta el amiguismo que el profesionalismo-, de la posteducación –dignificar la estupidez de la ignorancia por encima del esfuerzo de la cultura-, etc., etc. Es la era que venera la imagen por encima de la esencia.

Al final, el problema no es que Trump nos mienta, o que apele al sentimiento o a la emoción para ganar votos. Todos lo hacen. El problema es que una parte de la sociedad está cansada de que aquellos que enarbolan la bandera de la democracia o de la dignidad sean igual de dictatoriales o de indignos que los que ya lo demuestran por sí mismos. Dice la frase histórica que “No basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo”. Hoy en día habría que decir que “No basta que la mujer del César parezca honesta, además tiene que serlo”. La responsabilidad de que personajes como Trump logren alcanzar una presidencia no es solo de los ciudadanos, que se dejan engañar emocionalmente o están limitados en su raciocinio, sino de aquellos líderes que dijeron ser honestos pero no lo fueron, que en un momento vendieron una imagen que luego vulneraron, que les falta arrojo para tomar decisiones difíciles en tiempos difíciles, que prefieren las dulces palabras a las acciones complejas. Del desencanto que producen estos pseudolíderes nacen los extremismos y los fascismos. Y esa es su responsabilidad en este hundimiento democrático y social que padecemos.



20/11/2016

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Mi amigo Donald


Mi amigo Donald

No creo que pudiera ser amigo de Donald Trump. Y no me refiero solamente a la distancia física e ideológica que nos separa. Su forma pública de ser no me gusta. A lo mejor, en la intimidad de su casa, es un tío genial, pero no lo creo. Sus palabras y modales públicos me resultan en muchas ocasiones desagradables. Sin embargo, a pesar de que algunas de sus frases contienen connotaciones machistas o racistas, también es cierto que parte del mensaje que transmite no deja de ser verdad, aunque pueda resultar políticamente incorrecto. Que algo sea políticamente incorrecto no quiere decir que no sea cierto. De hecho, con respecto a la inmigración, un porcentaje importante de latinoamericanos y personas de países musulmanes están de acuerdo con Trump en que la inmigración ilegal es nociva porque perjudica a los que legalmente están en el país. Y lo mismo sucede con su opinión sobre el tráfico de drogas. Pero todo ello sería tema para otro artículo.

Como digo, no creo que nunca llegase a ser amigo de Donald Trump. No me acaba de caer del todo bien. Sin embargo, para juzgar su política, sé que debo esperar un tiempo prudencial. Hay, en cambio, quien no opina de este modo. Tras su elección como Presidente de los EE.UU., una marabunta de norteamericanos se ha echado a la calle para protestar por su elección. Esa gente –y muchos de los que les apoyan tanto en España como en el resto del mundo- dicen que Trump es un indecente, un inmoral, un machista, un sinvergüenza y que no puede ocupar la presidencia del país. Al parecer, estas personas dicen que ellos sí son buenos, morales y decentes. Trump, no lo es; ellos, sí. Por eso, pueden salir a la calle para intentar “derrocar” a una persona elegida democráticamente por el pueblo. Esta gente es tan demócrata que la democracia solo funciona si ganan ellos. De lo contrario, la democracia no existe. Eso es lo que piensan muchos mal llamados progresistas y muchos independentistas. Porque ellos sí son morales. Como Bill Clinton, que utilizó un edificio institucional para que le hiciesen una felación. O su mujer, cuya moralidad le permite –quien sabe si por razones políticas más que emocionales.- seguir con un marido que la humilló públicamente. No sé si eso, al final, será más o menos machismo que las propias palabras de Donald Trump.

Me resulta muy curioso –y sobre todo, preocupante- que hoy en día haya un sector de la población –normalmente asociado a grupos progresistas- que considera que ellos tienen la legitimidad moral para decidir qué es bueno y qué es malo, quién debe y quién no debe gobernar. Donal Trump es apoyado por millones de americanos -de los cuales, no todos son blancos, machistas y racistas- sin embargo, por encima de los votos de esos ciudadanos libres hay un poder superior que es el poder de aquellos que dicen que eso está mal, que esa gentuza que ha votado a Trump está equivocada, que ese hombre no puede gobernar a pesar de las urnas, que el resultado solo es legítimo si ganan ellos. Porque, al final, resultan que quienes acusan de fascistas a otros acaban teniendo actitudes verdaderas fascistas. Y los progresistas somos precisamente lo contrario a eso.



13/11/2016

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Pim, pam, pum...Trump


Pim, pam, pum...Trump

Al final, las encuestas volvieron a fallar y Donald Trump, el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, se ha impuesto finalmente con claridad a Hillary Clinton con más de 270 votos electorales. A medida que se iban conociendo los resultados durante la madrugada europea, los mercados caían con fuerza y los diarios recogían las imágenes de los votantes demócratas echándose las manos a la cabeza por la enorme decepción y sorpresa.

Al margen de esa decepción, hay que reconocer -sin embargo- que estas elecciones en Estados Unidos han sido unas elecciones atípicas. A pesar de que muchos critican solamente a Trump, hay que reconocer que han sido –posiblemente- las elecciones con los dos peores candidatos de toda la historia. Y, también, con los dos candidatos más quemados y menos fiables ya desde el inicio de la propia campaña electoral. Tal vez la victoria de Trump pueda parecerles a algunos un desastre, pero la victoria de Hillary tampoco hubiera sido mucho mejor.

Tras los resultados electorales, muchos intelectuales tanto europeos como americanos han comenzado a lamentarse en sus columnas por la decisión que han tomado los estadounidenses con sus votos. Dicen que no reconocen a EE.UU., que ha vencido el miedo, las armas, el racismo, el poder del dinero, etc., etc. Sin embargo, así es la democracia, y un porcentaje considerable de norteamericanos ha elegido a Donal Trump, y la decisión democrática y libre del pueblo es siempre respetable. Igual de respetable que si hubieran elegido a Hillary Clinton. Hay quien teme ahora un importante retroceso en las relaciones europeas con EE.UU., y quien teme que Donal Trump lleve a cabo una política interior discriminatoria y una política exterior nefasta. Todo es posible, sin embargo, el sistema político norteamericano hace muy difícil que Trump pueda llevar a cabo sus políticas sin contar con el acuerdo de la gente de su propio partido e, incluso, del Partido Demócrata. De hecho, en su discurso posterior a conocerse los resultados, pudimos ver ya a un Trump mucho más cercano, menos agresivo verbalmente, un Trump conciliador, como si hubiera sufrido una transformación repentina. Y es que una cosa es el show de la campaña electoral y otra muy distinta, ser el presidente del país más importante y mediático del mundo.

De todos modos, aquellos que se lamentan por la victoria de Trump deberían también analizar el por qué de su victoria. Es cierto que en muchos países está volviendo a coger fuerza la derecha más conservadora. Eso, sin embargo, no es un mérito propiamente de la derecha, sino un demérito de la izquierda. La izquierda mundial es en la actualidad excesivamente “happy”, verbalmente inútil e incapaz de nombrar la palabra moralidad o la palabra normas. La derecha, sin embargo, ha sabido aprovechar ese descontento del pueblo, las erróneas políticas de inmigración de la izquierda, la crisis moral, la crisis educativa, la falta de respeto, la falta de ética, la falta de moral, y ha conseguido recuperar esa parcela abandonada por los llamados progresistas.

Con la elección de Trump se abre un nuevo periodo en la política de EE.UU. Sería inútil hacer una previsión de lo que pueda suceder. De hecho, sin ir más lejos, todos aplaudíamos la elección de Obama hace ocho años y, al final, ha pasado por la historia sin pena ni gloria.



24/10/2016

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Una justicia que abandona a las víctimas


Una justicia que abandona a las víctimas

Hace ya unos cuantos años, cuando estudiaba Empresariales, tenía una profesora de Derecho muy estricta. Recuerdo que en una ocasión, durante una clase, la profesora nos dijo que la aplicación de la justicia tenía dos objetivos principales: por un lado, castigar al delincuente y, por otro, buscar su reinserción. Yo pregunté entonces dónde se encontraba un –para mí entender- tercer objetivo fundamental de la justicia; la prevención del delito con la finalidad de que no hubiese más víctima de ese delincuente. La profesora me contestó que aquella no era una función de la justicia. Y nada más. Aunque ya lo imaginaba, en aquel momento tuve la certeza de que muchos de los que se dedican al derecho jamás se plantean las normas, solo se dedican a aplicarlas sin plantearse siquiera su funcionalidad o validez, algo que va en contra de la propia esencia de la justicia. Como pueden imaginar, en más de una ocasión fui invitado a abandonar el aula.

Cuando la justicia no protege a la víctima, apoya al delincuente. Esta es una realidad que creo que mucha gente comparte. Nuestro sistema judicial está obsoleto, es lento y es ineficaz. Debido a esto, muchas personas tenemos la desagradable sensación de que con excesiva frecuencia nuestra justicia castiga a la víctima y protege al delincuente. Muchos jueces -sin que por ello tengan responsabilidad alguna sobre sus actos- dejan en libertad a delincuentes que nada más abandonar la sala vuelven a delinquir. Un médico, un conductor de autobús, un docente, un policía, un bombero, por ejemplo, deben asumir las consecuencias de sus actos judicialmente en caso de error o negligencia. Sin embargo, un juez puede dejar en libertad a un violador que a los tres días vuelve a violar que no le pasará absolutamente nada por ello. Considero que en una justicia real, el juez debería ser llevado a los tribunales por su sentencia equivocada. Con demasiada frecuencia, escuchamos en televisión a delincuentes con veinte o treinta detenciones, algo absolutamente incomprensible e injustificable. Detrás de esa puesta en libertad hay una sentencia de un juez, y detrás de esa sentencia, muchas veces, una nueva víctima.

Leo de nuevo la cifra y me resulta absolutamente escalofriante. El año pasado, unos 150.000 perros y gatos fueron abandonados por sus dueños. La cosa podría no ser tan dramática si solo se abandonasen animales durante el 2016, pero el hecho es que todos los años la cifra de abandono es muy semejante.

Nuestro sistema judicial está anclado en la época de El Lute. Sin embargo, el ladrón de hoy en día ya no es el pobre ladrón que roba gallinas por los montes españoles: el ladrón de hoy en día es capaz de reventarle la cabeza a un señor de 80 años, indefenso y con apenas movilidad. El delincuente de hoy en día trafica con drogas, con mujeres, con órganos, con niños, con vidas. El delincuente de hoy en día sale a la calle con cloroformo en el bolsillo en busca de una chica a la que violar. El delincuente de hoy en día quema a un indigente en un cajero. El delincuente de hoy en día mata a una niña y se niega a decir dónde ha arrojado su cuerpo para que sus padres puedan recuperarlo y descansar. No creo sinceramente que ninguna de esos delincuentes merezca que se busque su reinserción antes que su castigo.

Nuestro sistema judicial podría resumirse en la siguiente situación: en muchos casos de acoso escolar demostrados, los acosadores siguen matriculados en el mismo instituto mientras que es el acosado –la víctima- la que tiene que cambiar de institutito e, incluso, de ciudad. Con ese tipo de interpretaciones, nuestro sistema judicial parece al final la madre protectora de todos los delincuentes.



09/10/2016

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


Primero domesticar; después, hacer los deberes


Primero domesticar; después, hacer los deberes

Cuando empecé a trabajar en educación -hace ya muchos años-, recuerdo que algunos padres me criticaban duramente por no enviar deberes para casa. Incluso, en ocasiones -como suele hacer el español medio, que no sabe de nada pero cree entender de todo- cuestionaban mi profesionalidad cuchicheando entre ellos o protestando formalmente ante al director. Al igual que entonces, sigo pensando que el tiempo que se dedica en el aula a enseñar debe ser suficiente para aprender y que, si no da tiempo, entonces hay que replantearse los programas de estudio, no los deberes. Obviamente, soy defensor de realizar algunas rutinas en casa por parte de los alumnos, como la lectura diaria, los trabajos en común como la realización de murales o vídeos o, lógicamente, terminar las actividades que debían ser terminadas en el aula pero que -por pereza o dejadez- no se terminaron a tiempo. Seguramente, muchos de los padres que me criticaban por entonces son hoy defensores acérrimos de no enviar deberes a casa, algo normal en un país donde todo el mundo tiene derecho a opinar por el simple hecho de tener lengua, aunque luego a esa lengua no le acompañe el raciocinio.

Como he dicho, los tiempos han cambiado. Hace un par de décadas, uno podía dar clase a un grupo de alumnos y daba tiempo a terminar prácticamente todo lo que uno tenía programado para esa jornada. Hoy en día, sin embargo, los primeros quince minutos de clase se dedican a comprobar qué alumnos han traído los deberes o qué alumnos han realizado las tareas del día anterior. Eso cuando traen los libros. Luego, a lo largo de la sesión, unos diez minutos más o menos se van en pedir atención o en mandar callar. Teniendo esto en cuenta, podemos decir que a lo largo de la jornada escolar se pierden 100 minutos en mandar callar, en comprobar quién hace las tareas, en pedir atención, en pedirles que no se insulten, que no se levanten sin permiso, que no se peguen chicles en el pelo, que no lancen pelotas de papel, que no escupan, que se sienten bien, etc. Esos 100 minutos perdidos, no se perdían antes. Si hago un análisis comparativo de lo que sucedía hace 25 años y lo que sucede ahora, podría decir que el cambio más significativo es que los alumnos de entonces venían con las normas de comportamiento y la responsabilidad aprendidas de casa. Eso hacía que el tiempo en el aula fuese mucho más efectivo. El número de alumnos con conducta desafiante, o pasotas, o que no traen libros, o que ya desde muy pequeños son beligerantes, se ha triplicado en la última década. En los colegios de hoy en día, la educación es menos necesaria que la domesticación. Incluso alumnos de educación infantil con solo tres años les pegan patadas a sus profesores, o les muerden o se sacan la chorra y se mean en mitad de la clase como si fuesen criaturas salvajes de una película de Steven Spielberg.

Puede que, como dicen algunos, la calidad de nuestros profesores no sea la mejor del mundo. Desde luego, yo no voy a negarlo. Pero también es cierto que es muy difícil ser profesor cuando tu profesión no es valorada ni por los padres ni por la administración; que es muy difícil ser profesor cuando existe intrusismo por parte de toda la sociedad, que se cree capacitada para opinar de educación; y que es muy difícil ser profesor cuando tienes que anteponer la enseñanza de las normas básicas de conducta a los contenidos de tu asignatura por culpa, precisamente, de la dejadez de unos padres que luego son, irónicamente, los que te juzgan.



25/09/2016

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


La tiranía de la igualdad en educación


La tiranía de la igualdad en educación

Hace unos días, en un programa de televisión, pude observar un suceso que me dejó absolutamente perturbado En la escena en cuestión había dos grupos de niños jugando a un concurso dentro de un aula. Cada grupo iba acumulando estrellas dibujadas en la pizarra a medida que ganaba puntos. En total, un grupo llevaba cuatro puntos y el otro, dos. Ante la siguiente pregunta, el equipo que iba perdiendo acertó y consiguió su tercera estrella. Entonces, uno de los alumnos del grupo ganador -un alumno con baja tolerancia a la frustración-, creyendo que habían ganado no solo el punto sino el juego, se levantó y empezó a dar pataletas y a protestar de manera muy beligerante, gritando y gesticulando excesivamente, golpeando paredes y libros. Mientras su rabieta iba en aumento, una de las niñas del grupo que iba perdiendo se levantó y -así porque sí; sin permiso de nadie- le quitó una estrella al grupo que iba ganando, con lo que ambos grupos quedaron con el mismo número de estrellas. Entonces, el docente -o lo que fuera aquello-, loco de contento, les preguntó a los alumnos si les parecía bien que dejasen el juego así, es decir, en empate, ya que la alumna que se había levantado por voluntad propia había solucionado el conflicto y, al final, nadie ganaba ni perdía. Todos contentos.

Posiblemente, desde el punto de vista educativo, no pueden cometerse más errores en menos tiempo. El número de errores cometidos son tantos y de tal magnitud que requerirían varias páginas para explicarlos correctamente. Por un lado, en la situación en cuestión, no existía conflicto alguno: aquello era una simple competición por ganar un juego. Al contrario de lo que puedan pensar algunos nuevos visionarios de la educación, la competición en sí -ya sea competición con uno mismo o con los demás- no es negativa: lo negativo es estigmatizar por el resultado obtenido o convertir lo educativo en una mera competición donde solo importen los resultados. Por otra parte, el docente -o lo que fuese aquello- solo tuvo en cuenta la reacción del individuo más alterado, pasándose por el forro las emociones o sentimientos de los demás. De hecho, les creó unas expectativas sobre una competición que luego frustró. Por si esto fuera poco, el profesional –por llamarlo de algún modo- al calmar la frustración del individuo más intolerante y violento, lo único que enseñó al resto de alumnos es que hay que ser agresivo, violento, irrespetuoso e intolerante para conseguir todo aquello que queramos, aunque sea injusto. Ya para culminar, dejar que una alumna manipule un resultado, falsee los datos y no respete las normas básicas de un juego y que ese acto no solo no se recrimine, sino que se valore como positivo es algo que no tiene ni nombre.

Lo peor de la educación en nuestro país –tanto la educación familiar como la institucional- es que está gestionada por seres incultos y necios. Incultos, porque prácticamente no saben de nada. Necios, porque a pesar de todo lo anterior se creen que son unos genios, lo cual les hace impermeables precisamente al aprendizaje. Con esas cualidades, la vulgaridad de la igualdad mal entendida se extiende por las aulas y por nuestra sociedad como la peor de las epidemias.



17/09/2016

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


Feliz de ser hombre


Feliz de ser hombre

Soy feliz siendo hombre. Y no soy feliz porque admire las enormes cualidades del sexo masculino: soy feliz siendo hombre porque ser mujer me resultaría del todo insoportable. Sinceramente, no puedo imaginar lo que una mujer normal puede llegar a soportar por culpa de ser mujer en un país medio desarrollado como el nuestro. Y no me refiero solo al ámbito profesional, como se pudiera pensar, donde una mujer cobra mucho menos que un hombre por realizar el mismo trabajo y tiene que soportar en ocasiones el acoso sexual de algún superior y el acoso laboral de alguna superiora, que de todo hay. Me refiero al simple hecho de caminar por la calle.

Hace muchos años, durante mi adolescencia y juventud, recuerdo que las madres y padres pedían a los chicos de la familia que acompañasen y cuidasen de las chicas cuando salían de fiesta o iban a la discoteca. Hoy en día -treinta años después- la situación sigue siendo muy similar: los padres y madres piden a sus hijos o sobrinos que cuiden de sus hijas cuando salen de fiesta. Y es que el simple hecho de salir por la calle supone hoy en día para la mujer una actividad de alto riesgo. El hombre -por el mero hecho de ser hombre- se cree con el derecho de gritarle cualquier babosada que le venga en gana. O de perseguirla mientras camina detrás diciéndole obscenidades. O de golpearla cuando no hace lo que él quiere dentro del ámbito matrimonial. O de acosarla sexualmente si considera que viste de un modo provocativo.

A pesar de las enormes dificultades que tiene la mujer hoy en día para ser considerada como un igual frente al hombre, muchas mujeres siguen creyendo estúpidamente que su liberación tiene que ver con la liberación sexual; otro engaño machista en el que han caído millones de mujeres. La liberación de la mujer no tiene nada que ver con mostrar más o menos piel; la liberación debe estar relacionada con los derechos tanto laborales como sociales, entre los que se encuentra poder ser árbitro de fútbol sin que nadie le diga que se vaya a su casa a barrer, o poder ser taxista sin que nadie le diga que se vaya a su casa a hacer tortillas, o poder dedicarse al cuidado de sus hijos sin que nadie ponga en duda sus cualidades como mujer, o caminar por la calle sola a las doce de la noche sabiendo que ningún capullo la molestará durante el trayecto. Reducir la libertad de la mujer a poder enseñar las tetas en San Fermín es sencillamente estúpido.

Con respecto a este asunto, hace una semana se publicaba en los medios de comunicación que en la población rusa de Severny las autoridades habían llevado a cabo una prueba piloto para reducir la enorme cantidad de muertes que hay en las carreteras de ese país. La campaña consistía en poner a mujeres jóvenes en topless y con una gorra de policía en zonas de alto riesgo de accidente para que los conductores redujesen la velocidad. Me gustaría decir que el número de accidentes siguió siendo semejante, pero -al parecer- se han logrado reducir considerablemente, lo cual demuestra la deformidad mental de algunos machos. Puede que a muchos hombres todo esto les resulte curios, incluso gracioso, pero debemos ser precisamente nosotros los que reprochemos a los individuos de nuestro propio sexo este tipo de actitudes y comportamientos. Solo así, este tipo de conductas dejarán de considerarse entre el sexo masculino como normales.



14/06/2016

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


Está tó pagao


Está tó pagao

Hace ya varios años, mi padre comentaba que en algunas obras de las que era responsable le era difícil encontrar y contratar a trabajadores. Al parecer, esto se debía, por un lado, a las exigencias desmesuradas de los sindicatos y, por otro, a que, entre las ayudas municipales y el paro, muchas personas cobraban casi igual sentados en el sofá de su casa que trabajando. Por aquellos años, recuerdo que alentadas por políticas sociales erróneas, muchas personas se inscribían en el paro -incluso personas que nunca habían trabajado ni pensaban trabajar jamás- por si podían rascarle algo al estado. Ya sé que este tipo de declaraciones molestan a algunas personas, especialmente a aquellos que jamás han dado un palo al agua y a los que les gusta disponer del dinero de los demás, pero que sea incomodo de oír no significa que no sea rotundamente cierto. Y todos sabemos de lo que hablamos.

Hoy en día, debido a la crisis, la situación ha cambiado, pero tampoco sustancialmente. De cada 10 euros que ingresa el estado en sus arcas, 9 proceden de los sueldos de los trabajadores. En España hay alrededor de 17 millones de ocupados y unos 47 millones de habitantes. Es decir, que cada ocupado sustenta los servicios de 3 personas. Si tenemos en cuenta que los ricos y grandes empresarios suelen tener su dinero en paraísos fiscales y que apenas contribuyen, que los políticos suelen ser corruptos y dan menos de lo que reciben, y que algunos familiares cercanos a la Casa Real presuntamente se benefician de amnistías fiscales, ya saben ustedes por qué lo que cobran a fin de mes es muchísimo menos de lo que deberían cobrar.

A parte de esto, vivir del estado -es decir, del dinero de los demás- es algo que en España siempre se nos ha dado muy bien. Existen ayuntamientos y comunidades autónomas donde, por ejemplo, se dan ayudas de 110 euros por hijo a las familias con hijos, ayudas para reparación de electrodomésticos, ayudas para el pago de la luz, ayudas para el pago del agua, ayudas para la compra de material educativo, ayudas para el pago del comedor escolar, ayudas -en definitiva- que todas juntas pueden suponer para una familia con cinco hijos unos mil euros al mes. Evidentemente, hay familias a las que una situación de paro de larga duración y dependiente de las ayudas sociales les supone un enorme problema moral, ético y emocional, y que lo que más desearían sería no tener que necesitar esas ayudas. Pero también es cierto que muchas familias se han acostumbrado a vivir de eso modo y que jamás se han planteado devolverle al estado todo el dinero que están recibiendo de él.

Hace unos días, los suizos rechazaban con una mayoría aplastante establecer una “renta básica incondicional” –RBI- de unos 2.200 euros para todos los ciudadanos que no ejercieran actividad lucrativa alguna y para todo aquel cuyo sueldo fuese inferior a esa RBI. Por fortuna, en Suiza todavía reina la sensatez, y saben que lo que quieren los ciudadanos es un trabajo digno con un sueldo y un horario digno. Allí saben que las ayudas sociales indiscriminadas, sin tener en cuenta las circunstancias, sin exigir algo a cambio, es de todo menos justicia social, porque vivir del esfuerzo de los demás no es solidaridad, sino pura jeta. Allí lo saben, y por eso están donde están. Aquí también lo sabemos, pero decidimos ser corruptos desde el que gobierna hasta el que pide frente a El Corte Inglés. Y también por eso, estamos donde estamos. Lo malo del asunto es que, por desgracia, todo eso lo pagamos entre usted y yo.



29/01/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


Yo soy español, español


Yo soy español, español

Desde hace unas semanas, he decidido comportarme como un español medio. Es decir; he decidido pensar solo en mí y en mis huevos toreros. Para ser sincero, ahora que me comporto como un español medio, tengo que reconocer que soy muchísimo más feliz. Por ejemplo, ahora que soy un español medio, aparco donde me sale del pijo. Me importa un mojón si ocupo dos sitios de aparcamiento o un campo de fútbol entero, igual que hacen la mayoría de las personas que me encuentro cada mañana cuando llego a mi puesto de trabajo. Por supuesto, no pongo los intermitentes. Incluso he arrancado el mando de los intermitentes de mi coche por si algún día me entra la estúpida tentación de pensar otra vez en los demás. Cuando paso por una rotonda, por ejemplo, me encanta ver la cara de los otros conductores que tienen que esperar para salir porque no tienen ni pajolera idea de por dónde voy a ir.

Como español medio, también he decidido comprarme un taladro. De vez en cuando, a eso de las cuatro de la tarde, lo enchufo y comienzo a hacer algunos agujeros en las paredes. Algunas veces lo hago por las mañanas, aunque a eso de las nueve de la mañana de los sábados y los domingos lo que más me gusta es poner la música a tope al tiempo que paso la aspiradora. Ya, a eso de las doce de la noche, pongo si eso una lavadora. Como español medio, también he decidido quejarme de todo, pero no hacer nada. Por ejemplo, me quejo de la sanidad pública, pero cada vez que puedo le digo a la gente que, ante cualquier cosa, se vaya al hospital para que colapse las urgencias. Por ejemplo, también me quejo de la educación, pero luego desautorizo a los profesores y educo a mi hijo como si fuera Orzowei. También me quejo de la administración pública, pero siempre que puedo me escaqueo del trabajo o finjo que hago algo mientras dejo pasar el tiempo. Como español medio, también he decidido hablar mal de los gobiernos y de los corruptos, esos malditos desgraciados que hunden el país. A cambio de eso, pago todo lo que puedo en negro, me he descargado ya unas cien películas y otros tantos libros, y compro los CD’s de música en el Top Manta de mi barrio. Además, como español medio, también he decidido compartir con los demás la felicidad que me dan mis hijos. Por esa razón, los dejo en la calle tirados hasta las diez de la noche dando balonazos y gritos. Y en los restaurantes, les digo que se vayan a dar vueltas hasta las otras mesas para que así puedan interactuar con otros comensales. Y eso sí, sobre todo y por encima de todo, he decidido crear mi propia Hacienda pública, mi idioma y mi propia bandera.

En fin, que todavía estoy descubriendo poco a poco las costumbres típicas que nos han convertido en uno de los países más civilizados y cultos del mundo. Y es que no me extraña que aquí vengan tantos millones de turistas, porque entre que nadie cumple las normas y todo es trapicheo, la verdad es que en España se vive como Dios.



21/05/2016

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Repensar el socialismo


Repensar el socialismo

Me considero una persona de izquierdas. Un progresista, o como quieran ustedes llamarlo. Cuando digo que me considero una persona de izquierdas, no me refiero a que me gusten Pedro Sánchez o Pablo Iglesias, que son -sin duda- el reflejo de la burguesía y la antítesis del socialismo. Me refiero a que para mí la sociedad está por encima del individuo. De esa idea radica su nombre. Esa es su esencia.

Para un socialista, el robo al propio estado es un delito mayor, ya que se roba el dinero de todos. Sin embargo, tenemos socialistas corruptos y partidos que los apoyan y acogen. Un socialismo bien entendido no permitiría que los bancos y las eléctricas se forraran a costa de los ciudadanos con cláusulas abusivas y comisiones inventadas. Un socialismo bien entendido controlaría el precio de la vivienda para que un empresario no pudiese subir el precio de un año para otro en un 30%. Un socialismo bien entendido aumentaría las ayudas sociales, pero penalizaría a todos aquellos que se llevan infinidad de euros al mes en ayudas sociales y luego no dan un palo al agua. Un socialismo bien entendido mejoraría la red educativa española, pero también penalizaría a todos aquellos padres que tienen hijos maleducados y violentos que impiden el derecho a la educación de los demás, porque -como digo- el derecho de la sociedad para educarse está por encima del derecho de un desgraciado a joderle la clase a los otros. Un socialismo bien entendido no daría palmas de alegría por ser el país que más turismo atrae, sino por ser el país que más turistas exporta. Un socialismo bien entendido apoyaría la cultura en general sin importar la ideología política del artista. Un socialismo bien entendido procuraría un reparto más equitativo de la riqueza, una mayor protección del medio ambiente, un respeto máximo a los animales. Un socialismo bien entendido no se quedaría con el gesto, con decir miembros y “miembras”, sino que se preocuparía por equiparar los sueldos de las mujeres por realizar el mismo trabajo. Un socialismo bien entendido no puede defender que el concepto de libertad quede reducido al derecho a fornicar en la calle, emborracharse en los parques, enseñar las tetas para protestar o darse un “pico” en el parlamento. Con esa filosofía, los socialistas quedamos representados por personajes corruptos que creen que ser progresista es el compadreo, la camaradería, el pelotazo de los programas de televisión, la incultura, la laxitud moral, la fiesta y el cachondeo. Triste final para una ideología.



08/05/2016

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


La dulce ignorancia: sobre el abandono escolar


La dulce ignorancia: sobre el abandono escolar

Uno de cada cinco alumnos en España deja de formarse tras acabar la ESO. Esa es la principal conclusión que podemos extraer de los datos publicados el miércoles pasado por la oficina comunitaria de estadística Eurostat. Según esos datos, España renueva otro año más el poco gratificante título de ser el país de la Unión Europea con la tasa más alta de abandono escolar, con casi un 20% en 2015. De esta forma, España tiene el mayor porcentaje de jóvenes de entre 18 y 24 años que tienen, como mucho, una educación secundaria y que actualmente no siguen estudiando ni formándose. Para hacernos una idea de dónde estamos, basta decir que España duplica la media de la tasa de abandono escolar de la UE, que está situada en un 10%, y que además nuestro país se encuentra aún lejos del objetivo fijado por Bruselas para 2020, que está en el 15%.

Otro de los datos curiosos publicados por Eurostat es que, en nuestro país, también ha descendido el porcentaje de aquellas personas entre 30 y 34 años que han finalizado estudios superiores. Este porcentaje se sitúa en un 40,9% en 2015, mientras que en 2014 registró un 42,3%. Como vemos, en este sentido vamos para atrás, y la cualificación de nuestros ciudadanos -tanto en los estudios como culturalmente- cada vez es más baja.

Si nos fijamos en la clasificación del abandono escolar por países, los últimos somos –como ya es habitual- nosotros, luego estarían Malta, Rumanía, Italia, Portugal y Bulgaria. En el lado contrario se sitúan Croacia, Eslovenia, Chipre y Polonia, que en los últimos años están apostando fuertemente por la educación. Además de estos países, Eurostat nos señala que doce estados miembros ya han alcanzado o superado sus objetivos nacionales para 2020: Dinamarca, Estonia, Grecia, Chipre, Letonia, Lituania, Hungría, Holanda, Austria, Eslovenia, Finlandia y Suecia.

Aunque en España todavía no somos conscientes de ello, los estudios, la formación y la cultura es lo único que nos puede salvar de la pobreza, ya sea individualmente o como país. España es un país pobre económica y culturalmente. Pobre económicamente porque tenemos los sueldos más bajos de Europa y los precios igual de altos. Pobre culturalmente porque los ciudadanos no le damos valor ni a la educación ni a la cultura, y nos conformamos con tener sol y muchas fiestas populares. Los españoles basamos nuestra riqueza en la construcción y todo lo que gira entorno a ella. No tenemos nada más que ofrecer. Sin embargo, este tipo de economía siempre es cíclica y pasa por periodos de crisis, como el actual. Y, a pesar de ser conscientes de ello, seguimos educando a nuestros jóvenes en el dinero rápido y el pelotazo. Cuando el boom inmobiliario vuelva a llenar de grúas nuestro paisaje, muchos jóvenes dejarán los estudios, se meterán de peón de obra, ganarán dos mil euros al mes haciendo horas extras en negro, comprarán un coche, después un chalet y creerán tocar el cielo. Y, a los diez años, se verán en la calle por no poder pagar una hipoteca y suplicarán que el resto de la sociedad les eche una mano. Sin embargo, así somos; felices en la repetición de nuestros errores, que son nuestra estupidez y nuestra ignorancia.



30/04/2016

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Hacia unas nuevas elecciones


Hacia unas nuevas elecciones

Desde hace muchos años, tengo amigos que se definen a sí mismos como de izquierdas. También tengo amigos que se definen como de derechas y otros como de centro. Incluso tengo amigos que se aproximan a lo que podría calificarse como una izquierda y una derecha un poco radical. De vez en cuando, nos reunimos y hablamos de educación, de inmigración, de políticas sociales, de economía, de fútbol, de cervezas. Cuando hablamos de cómo mejorar nuestro país, cada uno de mis amigos muestra sus propias opiniones e ideas. Como es lógico, coincido con ellos en muchos puntos y difiero en otros tantos. Sinceramente, no creo que en sentido unos sean mejores que otros, ya que todos opinan sobre lo que creen sinceramente que sería mejor para la gran mayoría de los ciudadanos y de la sociedad. Todos tienen ese fin común. Por eso, aunque sus pensamientos no coincidan con las míos, todas sus opiniones me parecen interesantes, e incluso en ocasiones me hacen dudar de si en el fondo no estarán en lo cierto.

Los miembros del congreso de Ciudadanos, el PSOE, el PP y Podemos no han llegado finalmente a un acuerdo para formar gobierno. Ha habido romances, amoríos de una noche, roces, caricias, pero al final no ha habido cama. Después de todo lo visto en estos meses de negociaciones, mucho me temo que el gran problema para no formar gobierno –al contrario de lo que pasa cuando hablo con mis amigos- no ha sido el interés nacional, sino el interés personal y partidista. A muchos miembros del PSOE lo que les interesa no es que mejore el paro o que nuestros sueldos sean comparables a los de Europa para que dejemos de ser un país miserable, sino echar a los que están para tomar de nuevo el poder. Lo mismo le sucede a Podemos, que ve como a este ritmo puede comerse al PSOE y convertirse en segunda fuerza política, por lo que no le interesa mucho negociar. Los desahucios y la política social parecen ahora no interesarles ya tanto. Al PP, por su parte, le interesa seguir en el poder a toda costa y, sobre todo, que no suba Podemos. A Ciudadanos, lo que le interesa es llegar a algún acuerdo para formar gobierno y así asentarse, siempre que no esté Podemos, que es su gran enemigo para conseguir los votos que van perdiendo los partidos tradicionales.

Resulta decepcionante que cuatro líderes políticos no sean capaces de llegar a acuerdos para evitar unas elecciones generales en un país en ruinas. Y eso, posiblemente, se deba a que en realidad no son tan líderes políticos, sino simples políticos sin carisma ni liderato. Como es lógico, me preocupa que tengamos que repetir unas elecciones que nos van a costar un dinero importante -130 millones de euros- y que, posiblemente, no sirvan para gran cosa, porque a menos que el PP con Ciudadanos o el PSOE con Podemos alcancen la mayoría absoluta, en junio volveremos a estar en las mismas. Pero incluso aunque los resultados nos den una sorpresa en forma de mayorías y dos partidos consigan formar gobierno, me sigue preocupando esta cerrilidad política de enfrentar derechas con izquierdas como si al ser de ideologías distintas ya no hubiese ningún punto posible para el acuerdo. Si el bien del país no les ha hecho acercar posturas, imagínense cuando haya que buscar un gran pacto de estado para hacer una ley de educación o abordar políticas sociales. Y es que, al final, parece que la vieja política -la de la corrupción, los cuñados, los primos, las puertas giratorias, las redes de favores, las subvenciones, la poltrona- es lo que verdaderamente les gusta a todos.



24/04/2016

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


La Feria de la Democracia y la corrupción


La Feria de la Democracia y la corrupción

La democracia en los países comienza a defenderse desde las instituciones. Las instituciones son las responsables de cumplir y hacer cumplir los principios básicos de cualquier democracia. Cuando un ministro –como fue el caso del impresentable ex ministro Rodrigo Rato- sale en los medios de comunicación advirtiendo de los perjuicios que causa a la sociedad defraudar a Hacienda y ataca a los posibles defraudadores, los ciudadanos nos lo creemos y confiamos en él y en sus actuaciones. Cuando luego nos enteramos de que el primer sinvergüenza, caradura y presunto “ladrón” es precisamente la persona encargada de mantener a raya a los defraudadores, se te queda cara de gilipollas. A medida que vamos sabiendo gracias a la prensa y a las actuaciones policiales y judiciales que los nombres de los mayores ladrones de este país están en la banca, en las grandes empresas y en los respectivos gobiernos -ya sea nacional, de las comunidades autonómicas o de los ayuntamientos-, nos vamos dando cuenta de que en España los que gobiernan, los que mandan, lo hacen con el único fin de favorecerse a ellos mismos y a sus esbirros, que en todas las ocasiones son compañeros de partido, familiares o amigos; en cualquier caso, gentuza sin dignidad ni escrúpulos, sin moral ni integridad, sin ética ni valores; es decir, simples bestias.

Ahora –para acabar de rematar la faena- nos enteramos de que los responsables del tan alabado colectivo de funcionarios públicos Manos Limpias y los responsables de la Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios, Ausbanc, constituían una especie de mafia de tipos trajeados y con aire elegante, una organización criminal que presuntamente practicaba la extorsión, la estafa, la administración desleal y el fraude en las subvenciones. Precisamente, todo lo que perseguían.

Cuando las instituciones encargadas de legislar y gobernar un país, una comunidad autónoma o un ayuntamiento son las corruptas, las que albergan más ladrones por metro cuadrado que cualquier otro lugar, es que algo está podrido en una democracia. Sin embargo, los ciudadanos de este país parece que ya hemos asumido que eso es así, lo que implica que como nación no tenemos curación posible. Vamos a la Feria de Abril y a los San Fermines en manada, cada año batimos récord de asistencia, pero apenas nos juntamos cuatro para manifestarnos en contra de esta lacra que estamos sufriendo. No tenemos conciencia de país ni de sociedad ni si quiera de tribu. Aquí cada cual va a lo suyo. Y somos estúpidos, tremendamente estúpidos, porque mientras nosotros bailamos como locos con nuestro rebujito en la mano, cientos de ladrones se ríen de nosotros robando o saliendo de la cárcel a los dos días de haber ingresado. Todo ese dinero que nos roban mientras bailamos o corremos delante de los toros o vemos la Champions son menos camas de hospital, menos ambulancias, menos lentejas en los comedores escolares, menos ayudas al estudio, menos subvenciones a los emprendedores, menos inversión en ciencia. Nuestros hijos tienen hambre, no tienen becas para estudiar ni para el comedor del colegio, no podemos pagarnos una vivienda digna, no podemos permitirnos más que comer de ofertas y cada día nos cuesta más llegar a fin de mes. Sin embargo, bailamos. Y eso es lo que nos diferencia del resto del mundo, porque mientras en otros lugares la gente se reúne y protesta, aquí lo celebramos en una caseta de feria.



10/04/2016

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Quiero aparecer en los papeles de Panamá


Quiero aparecer en los papeles de Panamá

Me encantaría ser de esas personas que no tienen ningún tipo de escrúpulos, que no tienen ningún tipo de ética, ni de moral, ni valores, ni tampoco principios. Me encantaría ser de esos cabronazos que se levantan por la mañana y se miran el ombligo, sin importarles lo que le suceda al resto del mundo. Me gustaría ser de esos tipejos capaces de vender a su propia madre para aparecer en un programa de bocachanclas rodeado de falso glamour y estúpida intelectualidad.

Me encantaría que todo me la sudara; el cine, el fútbol y el honor -sobre todo el honor-, y aparecer en alguna lista, como los papeles de panamá, rodeado de cientos de “presuntos” delincuentes, evasores, defraudadores y caraduras, a los que les importa un pimiento la patria, la sociedad y las personas.

Me encantaría ser un jeta, un sinvergüenza, un caradura, un bocachanclas…, pero un caradura español. Porque en el resto de Europa y en la mayoría de los países civilizados aún queda un mínimo de dignidad, y cuando uno es descubierto y queda con el culo al aire, por lo menos tiene la decencia de irse. De dimitir. Pero en España no.

En España, si nos descubren robando, podemos no dimitir. Podemos seguir quedándonos en el mismo puesto sin que nada suceda. Y sin pedir perdón. Seas político, juez, futbolista, cineasta o familia de la familia de la familia real. Es más; en España aún podemos ponernos chulos y decir que todo es mentira, que todo es una persecución política o una persecución judicial, mientras seguimos robando y robando. Porque en España, uno puede aparcar en una zona reservada para minusválidos y partirle la cara a quien se atreva a llamarle la atención. Así somos. Y eso me encanta.

En Europa aún queda un mínimo de dignidad, pero para nuestra fortuna, en España la hemos perdido definitivamente; ya no existe ni honor, ni honestidad, ni dignidad. Por eso, aunque yo ya soy un poco viejo para cambiar, si tuviera un hijo lo educaría en la irresponsabilidad, en la vagancia, en la chulería, en la sinvergonzonería, en la desfachatez, en la inmoralidad. Le animaría a que se copiase en todos los exámenes, a que se le pusiese chulo al maestro, y luego, a que dejase los estudios para dedicarse a poner ladrillos cuando esto del boom inmobiliario vuelva a resurgir y sea el gran motor de nuestra magnífica economía. Le animaría a que diese un pelotazo. A que se casase con un torero. O con un toro, me da lo mismo. A que se metiese en un reality y luego le hiciese la pelota al presentador de turno para aparecer como colaborador en un programa miserable rodeado de glamour. Y yo le aplaudiría desde el sofá de mi casa, orgulloso, con una lágrima en los ojos de pura alegría. Porque esto es España, coño, y aquí el que roba, defrauda, evade, da un pelotazo, acosa, vaguea, lame culos y es un jeta, es el puto amo.



21/03/2016

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


Educación Emocional para todos


Educación Emocional para todos

El pasado fin de semana presenté mi último libro "Educación Emocional para todos", publicado por la Editorial LoQueNoExiste. Se trata de un libro de divulgación dirigido al público en general, con un breve apartado específico para padres, docentes y cualquier persona relacionada con la educación de los menores.

¿Qué es la educación emocional?

Hoy en día, sin embargo, la educación emocional comienza a tener mayor relevancia debido al hecho de que en la actualidad la neurociencia está comenzando a demostrar que el ser humano es principalmente un ser emocional; un ser emocional que racionaliza sus emociones, pero un ser emocional a fin de cuentas.

¿Por qué es importante la educación emocional?

En un lenguaje coloquial, se puede decir que la educación emocional es importante por dos razones fundamentales:

1. La primera razón es que un adecuado conocimiento y control de las emociones nos ayudará a enfrentarnos a los golpes de la vida de un modo más equilibrado, pudiendo revertir en cierta medida las emociones negativas en positivas. Es decir; podremos afrontar con mejores armas la muerte de nuestros seres queridos, la soledad, la frustración, el rencor, la ira, las relaciones familiares, la soledad, etc.

2. La segunda razón es que gracias al conocimiento de nuestras emociones -de nuestros miedos, esperanzas, ilusiones, etc.- podremos actuar en la vida de tal modo que nos arrepintamos en las menores ocasiones posibles. Es decir; en muchas ocasiones es la vida la que nos dirige, ya que actuamos por la influencia de los demás: un conocimiento de nosotros mismos nos ayudará a actuar según nuestros deseos y objetivos.

¿Hay que enseñar educación emocional en los colegios?

En principio, en los centros educativos no deberían enseñarse normas, ni educación vial, ni alimentación, ni tampoco educación emocional. Esa debería ser una tarea de las familias. Lo que sucede es que muchas familias se han desentendido de la educación en valores o de la educación emocional de sus hijos y la escuela tiene que abordarlo. ¿Por qué? Pues, en primer lugar, porque nuestra función es educar todas las facetas del individuo, y, en segundo lugar, porque mejorando la educación emocional y las normas en los alumnos conseguiremos también mejores resultados académicos. Hoy en día, el gran fracaso de muchos alumnos no está relacionado con sus capacidades, sino con su desequilibrio emocional.

En la actualidad, muchos alumnos han sido abandonados emocionalmente por sus padres, y son educados por la calle o por la Play-Station. Nuestra labor como docentes es recuperarlos para hacerlos de nuevo funcionales.

¿Qué voy a encontrar en este libro?

En "Educación emocional para todos" se aborda de una manera didáctica y con un lenguaje sencillo aquellos problemas que más nos afectan desde el punto de vista emocional: la soledad, la muerte, las relaciones tóxicas, el desamor, la imagen corporal, la amistad, los prejuicios, la timidez, las relaciones familiares... Además de mostrar un análisis de cada una de esas circunstancias, el libro también ofrece una serie de consejos para afrontar dicha problemática con la finalidad de solucionarla y ser más felices.

Se trata de un libro de lectura ágil fundamental para todos aquellos que crean que la educación emocional es determinante en nuestras vidas.



13/03/2016

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


Los semáforos paritarios


Los semáforos paritarios

Estos días se están instalando por toda España los llamados “semáforos paritarios”, una circunstancia que -sin duda ninguna- mejorará mucho la situación de la mujer no solo en España sino en el mundo entero. Para que los semáforos sean “paritarios” los responsables de su defensa e instalación han decidido que nada mejor que dibujar en el semáforo la figura de una mujer, ya que –al parecer- la figura que aparecía hasta ahora era la de un hombre. Un hombre raro, también es cierto, pero un hombre, al fin y al cabo. Para conseguir esa figura femenina, sus responsables han pensado que lo mejor era hacer un monigote con falda, que es una característica que no sé hasta qué punto define a una mujer ni hasta qué punto es aún más sexista. Pero es que la gente paritaria es así; llegan hasta el gesto pero no entienden el fondo.

A pesar de que los semáforos de nuestro país empiecen a reflejar a un supuesto hombre y a una supuesta mujer, aun así, los semáforos seguirán sin ser paritarios, ya que no reflejan la diversidad que somos. Para empezar, no todos los hombres son como el monigote del semáforo. Hay hombres gordos que ahora no sabrán si pueden cruzar o no. También hay hombres delgados, altos y bajos que se quedarán parados en la acera dubitativos. Asimismo, tampoco aparecen mujeres con pantalones, las cuales se tendrán que quedar en su acera sin poder cruzar para toda la vida. Tampoco los ancianos –y ancianas- con bastón aparecen reflejados en los semáforos. Tampoco hay monigotes con minifalda para los calores del verano, o con abrigo para las inclemencias del invierno. Millones de personas sin su silueta de semáforo seguirán viviendo discriminados en esta injusta sociedad.

Sinceramente, a mí, la forma que tengan los semáforos me parece una absoluta estupidez. Nunca me he sentido más hombre ni más importante en la sociedad porque la silueta de un semáforo represente a un supuesto ser masculino. Cuando veo la silueta de un ciervo en una señal de tráfico en la carretera jamás me planteo si es macho o hembra. Tal vez estoy completamente equivocado, pero toda esa política del gesto me parece quedarse en lo superficial. A mí, lo que realmente me importa es que una mujer pueda disponer de un año de sueldo para cuidar de su hijo –o hija, para los que se quedan solo en lo superficial-. Me importa que una mujer cobre igual que un hombre por realizar el mismo trabajo. Me importa que a una mujer no se le llame puta por ir vestida de una forma o de otra. Me importa que las mujeres del mundo no sean violadas y utilizadas como armas de guerra. Me importa que las niñas del mundo tengan derecho a recibir una educación igual que un niño. Me importa que las niñas del mundo no sean vendidas a hombres adultos para casarse. Me importa que las niñas del mundo no sean utilizadas y vendidas como esclavas sexuales. Me importa que las mujeres del mundo no sean compradas y vendidas en las tratas de blancas. Me importa que las mujeres del mundo no sean asesinadas por hombres que creen que son de su posesión. Todo eso es lo que me importa sobre la igualdad entre el hombre y la mujer. Lo demás, el gesto, la palabrería; pura demagogia y espectáculo para el beneplácito de los que le dan más importancia al estandarte que a la cruda realidad diaria.



28/02/2016

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


El valor de la vivienda


El valor de la vivienda

Hace un par de semanas, mientras estaba pasando de un canal a otro, encontré en televisión un programa sobre casas. Se trata de un programa repetido de una famosa cadena nacional donde algunas personas abren las puertas de sus viviendas a los reporteros para mostrarlas al público. Es un programa muy interesante y entretenido, donde los dueños de las casas -en su mayoría de lujo, ya sea por la antigüedad, por la enormidad o por la localización- nos enseñan cada una de las estancias, la decoración de sus viviendas y cuentan alguna que otra anécdota curiosa, especialmente con las viviendas antiguas.

Para ser sincero, debo reconocer que cuando veo esas enormes y preciosas casas, con sus piscinas, con sus jacuzzis, con sus cuadros del siglo XV, con sus grandísimos espacios, con sus chimeneas encendidas, con sus salas de villar, con sus enormes y cómodos sofás, con sus vinotecas o con sus bellos jardines, siento una cierta envidia. Una envidia sana. Pero, sobre todo, siento una profunda decepción.

En la actualidad, un número importante de los dueños de esas preciosas y valiosas viviendas que hay a lo largo y ancho de nuestra querida España están relacionados directa o indirectamente con el mundo de la construcción: arquitectos, agentes inmobiliarios, decoradores, notarios, constructores, dueños de empresas de materiales de construcción, concejales de urbanismo, etc. Resulta curioso que algo tan necesario como una vivienda se haya convertido en un fructífero negocio. De hecho, en las sociedades modernas, las necesidades primarias de los seres humanos se han aprovechado para convertirlas en enormes y lucrativos negocios; negocios -en muchos casos- económicamente “fraudulentos” y -en casi todos- moralmente deleznables. Así, la sanidad o la vivienda -por ejemplo- son hoy en día dos enormes negocios tan fructíferos como especulativos. La muerte y la vida unidas por el preciado dinero.

Regresando al tema de las casas, si echamos cuentas, una vivienda sencilla, en realidad, cuesta muy poco dinero. De hecho, los materiales y la mano de obra apenas han variado durante los últimos años. Y una casa no deja de ser cemento, arena, acero y arcilla. Son la especulación del suelo y las enormes plusvalías cercanas en muchos casos al 100% las que encarecen las casas. En muchas ocasiones, de una fase de construcción a otra -con el mismo precio del suelo, el mismo precio de mano de obra y el mismo precio del ladrillo- puede haber una variación de un 30% de una vivienda a otra. Y eso en cuestión de dos meses. Algo absolutamente injustificable y -en una sociedad justa- casi hasta delictivo.

Ahora que estamos en crisis, todos estamos tremendamente sensibilizados con el tema de la vivienda y los desahucios. Así somos. Nos gustan las modas. Sin embargo, más tarde o más temprano saldremos de la crisis, los sueldos subirán un poco, el precio de la vivienda aprovechará para dispararse y de nuevo hordas de consumidores acudirán en tropel a los bancos para pedir hipotecas de 300.000 euros a 40 años. Toda una ganga. Y ya no protestaremos. Los políticos y los especuladores se frotarán las manos, y el mundo seguirá girando con su rica zanahoria y su burro detrás.



29/01/2017

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


De qué Justicia hablamos


De qué Justicia hablamos

Manolo nació en el año en que comenzó la Guerra Civil. Ahora tiene 80 años. Manolo trabajó duramente durante 65 años, aunque en realidad, por aquella época, todos los niños comenzaban a trabajar casi nada más nacer. Y mucho más en un pequeño pueblo, donde siempre había que echar una mano en el cuidado del campo o de los animales. Manolo abandonó la escuela con diez años. A esa edad comenzó a dedicarse por entero a ayudar a su padre. Como la mayoría de las familias, la familia de Manolo pasó miserias y penurias durante los años de la posguerra. Su mujer, Lola, tiene actualmente 75 años, y también dejó los estudios muy joven, a los doce años, para ayudar a su madre en las tareas del hogar y la labranza. Después de años y años de duro trabajo, Manolo y Lola se jubilaron. Ahora viven en una casa de campo que consiguieron gracias al esfuerzo, al sacrificio, al trabajo y a las arrugas de sus rostros.

Hace unos meses, unos ladrones entraron en casa de Manolo y Lola para robarles. Los ladrones cogieron a Lola y la ataron. A Manolo lo agarraron y le golpearon durante varios minutos para tirarlo finalmente al suelo. Uno de los ladrones le metió entonces el cañón de una pistola en la boca y amenazó con matarlo si no le decía dónde estaba el dinero. Al final, se llevaron unos seiscientos euros, joyas y teléfonos móviles, y dejaron a Manolo malherido, que fue trasladado al hospital con infinidad de magulladuras. Pasó ingresado una semana; dolorido, golpeado, humillado. Y ahora viene lo más gracioso de toda esta historia.

Hace unas semanas, la policía logró detener a los dos presuntos ladrones que robaron en casa de Lola y Manolo. En casa de Lola y Manolo y en varias viviendas más, por supuesto. Al ser detenidos, la policía comprobó que ambos ladrones tenían más de una veintena de antecedentes por robo con violencia. Más de una veintena. Se entiende que estos ladrones fueron detenidos veinte veces y puestos en libertad otras veinte veces. No una, ni dos, ni tres, ni cuatro; veinte. Una tras otra. Se entiende también que hubo un juez que los dejó en libertad o que les impuso una pena ridícula la primera vez que los detuvieron, ya que volvieron a la calle, donde volvieron a robar. Y se entiende que un segundo juez también los dejó en libertad o les impuso otra pena ridícula, porque de nuevo volvieron a la calle y volvieron a robar. Y se entiende que un tercer juez, un cuarto juez y hasta un vigésimo juez los volvió a dejar en libertad o a imponerles una pena ridícula, porque volvieron a la calle y -como ya se pueden imaginar- volvieron a robar otras tantas veces. Ahora, el juez número veintiuno los volverá a dejar en libertad o les volverá a imponer una pena ridícula, y estos ladrones volverán a la calle antes de que yo termine de escribir este artículo. Y lo peor es que volverán a robar antes de que ustedes terminen de leerlo.

Posiblemente, no hagan falta tantas leyes para impartir justicia. Posiblemente, bastarían unos cuantos folios bien redactados y un poco de sentido común. Dentro de poco, un nuevo Manolo y una nueva Lola volverán a ser robados y golpeados por dos ladrones que en cinco minutos pisotearán una vida de 80 años. El responsable de sus heridas, de su sangre en la cara, de su miedo, de su humillación no serán finalmente los ladrones, sino un sistema judicial -legisladores y jueces incluidos- que no saben o no quieren protegernos.



21/02/2016

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Sobre la libertad de expresión


Sobre la libertad de expresión

La libertad de expresión es algo curioso. Según quién la utilice, puede ser buena o mala. Por ejemplo, hace unos días, dos titiriteros de la compañía “Títeres desde Abajo” fueron detenidos y enviados a prisión sin fianza por un presunto delito de enaltecimiento del terrorismo.

Desde entonces, muchos artistas, políticos y ciudadanos en general han pedido la liberad de los dos titiriteros basándose en el famoso derecho a la libertad de expresión. Para saber de lo que estamos hablando –y según se ha publicado en distintos medios y afirmó el público presente-, durante el desarrollo de la obra “La Bruja y don Cristóbal”, los dos titiriteros detenidos escenificaron numerosas acciones violentas, como el ahorcamiento de un guiñol vestido de juez, el apuñalamiento de un policía y la violación de una monja y su posterior apuñalamiento con un crucifijo. Asimismo, exhibieron una pancarta con la leyenda “Gora alka-ETA”.

Hace unos meses, unos ladrones entraron en casa de Manolo y Lola para robarles. Los ladrones cogieron a Lola y la ataron. A Manolo lo agarraron y le golpearon durante varios minutos para tirarlo finalmente al suelo. Uno de los ladrones le metió entonces el cañón de una pistola en la boca y amenazó con matarlo si no le decía dónde estaba el dinero. Al final, se llevaron unos seiscientos euros, joyas y teléfonos móviles, y dejaron a Manolo malherido, que fue trasladado al hospital con infinidad de magulladuras. Pasó ingresado una semana; dolorido, golpeado, humillado. Y ahora viene lo más gracioso de toda esta historia.

Con respecto a este suceso, Ada Colau –coincidiendo con otras muchas personas- afirmaba en Facebook que “En una democracia sana hay que proteger toda libertad de expresión, hasta la que no nos guste"”. Y ahí está lo difícil del asunto. Por norma general, en este país se defiende o se critica cualquier actuación política según qué partido la cometa. Así, si son los de izquierdas los que cometen una mala actuación, los de derechas la criticarán, y los de izquierdas se defenderán diciendo que cuando Esperanza Aguirre o cuando Aznar, esto y lo otro. Si son los de derechas los que cometen una mala actuación, los de izquierdas la criticarán, y los de derechas se defenderán diciendo que si Zapatero o Venezuela. Y de este modo, es absolutamente imposible hablar razonadamente. Así, en un país donde parece que eso de las libertades no lo tienen muy claro ni la derecha ni la izquierda política ni social, podemos decir que si una persona insulta al Rey, es libertad de expresión; si insulta a la bandera republicana, es fascista. Si una mujer se mea en la calle como modo de protesta, es libertad de expresión; si decide dejar su trabajo para cuidar a sus hijos, es tonta. Si una persona critica a la Iglesia Católica, es libertad de expresión; si critica a otra religión que no sea la católica, es intolerante. Si una persona pide la independencia de una comunidad autónoma, es libertad de expresión; si pide la unión de España, es fascista. Si una persona critica las procesiones de Semana Santa, es libertad de expresión; si critica el día del orgullo gay, es machista. Si una persona vota a Izquierda Unida es un rojo quema iglesias; si vota al Partido Polar –como he visto por ahí- es idiota.

Amo la libertad de expresión como el que más. Todos los que escribimos, lo hacemos. Pero la libertad de expresión termina cuando se ofende al otro de manera gratuita, falsa o interesadamente. Yo, como cualquier otro, tengo mi ideología política, mi religión -o mi falta de ella-, mi equipo de fútbol, mi piloto favorito, mi comida favorita, pero no utilizo todo ello para escribir artículos a favor de unos y en contra de otros, ni utilizo todo ello para adoctrinar a mis alumnos. En la vida no importan las palabras que decimos, sino los hechos que realizamos. Por eso, hay que procurar juzgar solamente los hechos, sin importar de donde vengan. Para ello, solo hay que detenerse un momento y pensar qué sentiríamos y diríamos si en la escenificación de la obra el ahorcado, el apuñalado y la violada no fuesen un juez, un policía y una monja, sino uno de esos artistas y políticos que tanto apoyan esa tan presumida libertad de expresión.



07/02/2016

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Nueva era con vieja política


Nueva era con vieja política

Hace unos cuatro años -mucho antes de que se fundase Podemos y de que Ciudadanos diese su salto a la política nacional- escribí varios artículos sobre la más que posible lenta agonía y desaparición del PSOE de seguir con su falta de ideología. En las últimas elecciones generales, el principio de ese fin comenzó a hacerse visible, con el peor resultado cosechado por el PSOE en toda su historia. Ayer, con la decisión de Pedro Sánchez de aceptar el encargo del Rey de someterse a la investidura, quedó de nuevo evidenciado que al actual PSOE lo único que le importa es el poder, sin tener en cuenta la ideología o el programa, lo que supone sin duda el fin de cualquier partido. Su posible coalición con Podemos en el gobierno puede hace que terminen definitivamente fagocitados. Y lo mismo que le pasa con Podemos, le pasa con los partidos nacionalistas.

Dicen Pedro Sánchez y Pablo Iglesias que en las últimas elecciones España votó por el cambio. Hasta donde yo sé, España eligió como partido más votado al PP. Y como segundo partido, al PSOE, lo cual no supone cambio alguno. De hecho, incluso haciendo sumas, los partidos considerados progresistas –PSOE, Podemos e IU- han logado 11.643.131 votos, mientras que los partidos más conservadores –PP y Ciudadanos- han logrado 10.715.976 votos, una diferencia de tan solo unos 900.000 votos, lo cual tampoco significa que España haya votado mayoritariamente un cambio progresista. Por otro lado, viendo el comportamiento de Podemos -anteponiendo los cargos a las políticas, aumentando sus cuentas bancarias, colocando a sus amigotes sin preparación en cargos políticos- parece que a Pablo Iglesias y a sus colaboradores les gusta tanto el “viejo poder” como al PSOE y al PP. Incluso ya comenzaron a tener presuntos casos de corrupción en sus filas antes de haber gobernado. Todo un récord.

El principal problema hoy en día en la política española es que todos los políticos se han convertido en presuntos corruptos. Casi nadie se fía ya de ellos. Miembros del PSOE y del PP –junto con sus colaboradores externos- han robado una ingente cantidad de dinero al estado español. Y lo siguen haciendo. Y sus dirigentes siguen defendiendo directa o indirectamente a quienes lo hacen. Tampoco parecen fiables los miembros del tercer partido más votado, Podemos, que predican una cosa y hacen otra bien distinta. Visto así, da la sensación de que el próximo gobierno que salga en España no será progresista, sino continuista: se irán unos para ponerse otros, pero parece que el gusto por el poder, el sillón cómodo y el dinerito fresco seguirá siendo la tónica de la próxima legislatura. Hasta que no aumenten las penas por corrupción, hasta que no persigan el fraude hasta las últimas consecuencias, hasta que no prohíban las puertas giratorias, ninguno de ellos es fiable.



31/01/2016

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


Sobre el acoso escolar


Sobre el acoso escolar

Tras el suicidio de un niño de 11 años por un presunto caso de acoso escolar y la publicación de su carta de despedida, estos últimos días se está hablando mucho sobre el acoso en los colegios e institutos. Si soy sincero, no puede sentir más que una enorme tristeza al escuchar la mayoría de estos comentarios, ya que sobre este asunto existe una enorme hipocresía social. Como docente –varios años en colegios de difícil desempeño-, he vivido situaciones extraordinarias sobre este asunto, desde padres que acuden al colegio para denunciar un caso de acoso escolar porque un alumno ha chocado contra su hija hasta padres que ven como algo normal los insultos y las peleas entre su hijo y otros compañeros. Mucho más si se trata de un partido de fútbol, donde los padres son los primeros que insultan al profesor de educación física y animan a sus hijos a partirle la pierna al contrario… Precisamente, esos mismos padres que luego denuncian al profesor si se le ocurre zarandear a su hijo cuando éste se comporta de manera inconveniente.

Cuando la actitud negativa de un menor no se corta en cuanto comienza a aparecer, a medida que crece también crece su nivel de violencia, chulería y agresividad. Con la frase “son críos”, muchos padres justifican actitudes en niños pequeños como robar, clavarle un lápiz a un compañero, pegarse en el patio o dibujar pollas en la pizarra. Sin embargo, el hecho de que un niño sea un niño no le hace más inocente a la hora de juzgarle. De hecho, varios estudios de universidades americanas afirman que un niño de seis meses es capaz de hacer juicios morales, con lo que ya comienza a distinguir entre el bien y el mal. Sin embargo, cuando un centro educativo llama a unos padres para informarles sobre el mal comportamiento de su hijo, por lo general, ponen en duda la palabra del profesor y aceptan la de su hijo, lo que refuerza aún más ese comportamiento negativo. Así, hoy en día no es raro escuchar a un alumno de 8 años decirle a un profesor “como venga mi padre te vas a enterar”. Y lo máximo que puede hacer el profesor es callarse, porque lo más probable es que sea verdad.

En la actualidad, un gran número de padres ha delegado la educación de sus hijos en los profesores. Así, la educación sobre el cumplimiento de las normas, la responsabilidad o el respeto corre ahora a cargo del docente. Sin embargo, tanto la administración como los padres les han arrebatado a los docentes las herramientas para poder enseñárselo. La disciplina huele a viejo, a rancio, a antiguo, y las administraciones evitan hablar de disciplina para no ser tachados de franquistas o algo peor. Por eso, hoy hay que enseñar las normas pero sin las herramientas para hacerlas cumplir. Así, en caso de que un menor se pase por el forro las normas, será expulsado y volverá de nuevo al centro al cabo de unos días como si tal cosa. Por eso, las medidas disciplinarias contra los agresores y los acosadores son absolutamente inútiles e ineficaces. Por lo general, los acosadores permanecen victoriosos en el centro educativo mientras son los acosados los que son cambiados de colegio e incluso de población. Lo mismo que sucede hoy en la calle con los delincuentes.

Hemos creado el monstruo de una sociedad sin normas, sin valores y sin respeto, y ahora el monstruo que hemos generado viene para comernos.



24/01/2016

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Salarios de esclavo


Salarios de esclavo

La distancia entre ricos y pobres ha crecido en el mundo. Esto es lo que dicen los datos del informe “Una economía al servicio del 1 %” publicado por Oxfam Intermon. Teniendo en cuenta que desde hace ya cinco años estamos padeciendo en el mundo una enorme crisis económica, este dato parece -cuanto menos- llamativo. Según los datos de este estudio, en este 2015, el 1 % de la población mundial concentró tanta riqueza como el 80 % de los más desfavorecidos, una cifra escalofriante. Si lo miramos por países –cómo no- destaca nuestra querida y putrefacta España, que se ha convertido en la nación de la OCDE en la que más ha crecido la desigualdad desde el inicio de esta crisis. Según el informe, en esta poco honorable clasificación de países con mayor desigualdad nos situamos solo por detrás de Chipre y superamos hasta en catorce veces a Grecia, esa misma Grecia a la que hubo que rescatar hace bien poco. La ONG asegura que la pobreza y la exclusión en España han aumentado de manera alarmante en los últimos años, con 13,4 millones de personas en riesgo de exclusión en el año 2014, lo que supone el 29,2 % de la población española. Como dato más significativo, se señala que la fortuna de sólo 20 personas en España alcanza un total de 115.100 millones de euros, el equivalente a la riqueza que concentra el 30% más pobre del país.

Por si aún no se había dado cuenta, esta crisis que estamos padeciendo ha enriquecido a los más ricos. A usted y a mí nos ha empobrecido alrededor de un 15%, aproximadamente lo que ha beneficiado a los más ricos. Esto se debe a que las políticas económicas de los países desarrollados benefician a las mayores fortunas, mientras que las leyes de esos mismos países “permiten” que dichas fortunas puedan evadir impuestos o directamente gran parte de su capital a paraísos fiscales. Sin embargo, todos estos datos no se pueden utilizar de manera demagógica.

A pesar de los positivos datos macroeconómicos, España es un país de pobres. Mientras que una gran mayoría de alemanes o ingleses pueden venir a España de vacaciones durante quince días a todo confort, la gran mayoría de españoles no podemos permitirnos más que tres días en Londres en el hotel más cutre del extrarradio. Esa es la economía real. Sin embargo, el problema no es que los ricos sean ricos. Los ricos no son malos por ser ricos, en todo caso, son malos por otra cosa. Utilizando como justificación este enorme desequilibrio entre ricos y pobres, algunos partidos políticos mal calificados como de izquierdas –el PSOE es burgués y Podemos es populista- basan sus políticas en las ayudas y prestaciones sociales, lo cual no deja de ser lamentable al tiempo que fomenta la insana costumbre de vivir del estado. El gran y verdadero problema de nuestro país no es que no existan ayudas suficientes; el gran problema es que mientras nuestras empresas se hinchan a beneficios, nosotros, los trabajadores, cobramos una auténtica miseria. Y eso se ha convertido en algo normalizado, en un tipo de modelo económico. Nuestra economía es la 4º más potente de la zona euro desde hace tiempo mientras que nuestros salarios están en el puesto 16º. Eso es lo que hay que atajar –de un modo u otro- radicalmente.



17/01/2016

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Hacienda y el Efecto mariposa


Hacienda y el Efecto mariposa

Lo que la mayoría de los ciudadanos españoles ya sospechábamos desde hace tiempo, ahora por fin se ha confirmado. Resulta que eso de que "Hacienda somos todos" es solo un decir, una forma de hablar, un mero eslogan…; simple publicidad.

Hace ya varios meses, allá por el mes de octubre, pudimos ver por la televisión un anuncio del Ministerio de Hacienda en el que una persona que no pagaba el IVA era censurada por otra que le decía que por culpa de la gente que no pagaba el IVA no podían hacerse hospitales o carreteras. Sin duda, todo muy hermoso y cívico. Sin embargo, si eso es solo publicidad está bien que los españoles lo sepamos, porque así sabremos que cada vez que defraudemos a Hacienda no estamos defraudando a nuestros conciudadanos, sino a un ente abstracto con nombre de retrete llamado erario público. Así, dormiremos mucho más tranquilos cada vez que vayamos a un comercio, a un bar, a una tienda o a un taller y pidamos que –a poder ser- nos cobren sin IVA.

El peligro de afirmar –como lo ha hecho esta letrada- que “Hacienda somos todos” es solo un eslogan publicitario es muy grave. Y es muy grave porque es absolutamente falso. Hacienda somos todos, y quien roba, falsea, desvía, prevarica, malversa y se forra con dinero de los españoles debería poder ser acusado no solo por la Abogacía del Estado sino por cualquier ciudadano español. Lo que se estafa, lo que se malversa, lo que se roba es dinero que deja de invertirse, lo cual nos perjudica a todos, porque la falta de inversión en algunos casos puede conducir incluso a la propia muerte. No podemos obviar que todo el dinero robado en tantos y tantos casos de corrupción que padecemos en España es esa carretera mal asfaltada que puede provocar un accidente mortal; es esa falta de camas en un hospital donde nuestro abuelo está abandonado en un pasillo; es esa ambulancia que deja de prestar servicio en un pequeño pueblo de personas mayores que durante toda su vida han pagado a Hacienda; es esa lista de espera en la Seguridad Social para ser operado; es esa falta de investigación para curar la enfermedad de nuestro primo: lo que ahora mismo alguien está desviando desde su despacho a una cuenta en Suiza es lo que algún día quizá podría matarnos.



19/12/2015

Temática: Medio Ambiente    -    Medio: Reeditor


El Zoo de Castellar; una pequeña joya


El Zoo de Castellar; una pequeña joya

La navidad es una época para cumplir nuestros sueños. Yo cumplí el mío hace una semana. Desde muy pequeño, siempre he sentido pasión por los animales en general y por los felinos en particular. Y mi gran sueño era interactuar con algún felino mayor. Gracias a mi mujer y a los que ya considero como mis amigos del Zoo de Castellar -en Castellar de la Frontera, Cádiz-, pude cumplir ese sueño.

El Zoo de Castellar es un zoo especial. Me atrevería a decir que casi único en el mundo. Se trata en realidad de un centro de rescate animal para ayudar a los animales decomisados por las autoridades: animales víctimas de abandono, de maltrato o del mercado negro. Además de esta admirable labor, su principal virtud es que se trata de un centro donde las personas y los animales pueden interactuar. Las infraestructuras del Zoo de Castellar están realizadas de tal manera que el contacto con los animales es el más cercano que he visto nunca, con cristaleras por todas partes para poder observar a los animales más peligrosos muy de cerca, enrejados por donde pasan animales de un lado a otro y espacios abiertos en donde viven los animales más dóciles. Al tratarse de animales que no pueden regresar a la naturaleza, la idea del zoo es que los animales puedan interactuar con los seres humanos y se acostumbren a su presencia. Gracias a ello, podemos darle de comer a un mono, coger en nuestros brazos a un osito de la miel, darle de comer a un lemur, coger en nuestras manos a un erizo, tocar las plumas de un águila, tocar la piel de una serpiente o acariciar a un tigre de cinco meses, entre otras muchas actividades.

Todo ello, sin embargo, es solo la parte visible. Lo que no se ve –y que yo tuve la oportunidad de observar porque llegué al zoo cuando no había nadie más que los cuidadores, lo cuales ni siquiera sabían de mi presencia- es todo el trabajo que hay detrás. El amor que los cuidadores y el resto del equipo del Zoo de Castellar muestran por los animales me dejó absolutamente asombrado. No solo realizan las tareas propias de limpieza y alimentación, sino que achuchan a los animales, los miman y les dan besos como si fueran miembros de su propia familia. Los animales se vuelven locos de alegría cuando los ven llegar. Tampoco se ve el trabajo de recuperación que todos ellos realizan por culpa de aquellos seres humanos que dicen amar a los animales pero que luego abandonan o maltratan: animales que se compran como juguetes y que luego son tirados como basura en cualquier cuneta; animales que son utilizados y maltratados para espectáculos; o animales que son comprados y vendidos en el mercado negro para regocijo de ricos impresentables. Tampoco se ven los viajes al extranjero para recuperar, por ejemplo, a un tigre que va a ser abandonado por un circo que está en la quiebra; ni la falta de ayudas oficiales para este tipo de proyectos; ni la falta de espacio por el desinterés de las autoridades; ni las operaciones a los animales que llegan malheridos; ni las noches sin dormir para darle el biberón cada tres horas a un león de dos meses.

Todos los que amamos a los animales nos gusta verlos en libertad, eso es evidente, pero cuando eso no es posible, al menos deseamos que esos animales no sean sacrificados y puedan disfrutar de una segunda oportunidad. El Zoo de Castellar es esa segunda oportunidad. Y sus cuidadores son los que la hacen posible. Por eso, el zoo de Castellar es una pequeña joya. Mi gratitud desde aquí por su atención y por la magnífica labor que realizan. Y si ustedes, queridos lectores, tienen la oportunidad, hagan todo lo posible por visitarlos. Cambiará sus vidas.



06/12/2015

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


Sobre lo normal y lo deficiente


Sobre lo normal y lo deficiente

Hace unos días fui al dentista. Nada más llegar a la clínica, la enfermera me condujo a la sala de espera donde había ya un par de personas esperando. Unos minutos más tarde de mi llegada, llamaron de nuevo a la puerta. Al abrir, entró una familia compuesta por un padre, una madre y un niño. Los tres se sentaron a mi lado y se dispusieron a esperar. El niño en cuestión tenía sobre unos trece años y padecía Síndrome de Down.

Durante el tiempo en que estuve en la sala de espera, el padre estuvo hablando con el hijo de las actividades que había realizado en el colegio ese día. De vez en cuando, el niño le daba palmaditas en la espalda al padre con cariño, el cual respondía también dándole cariñosas palmaditas en la espalda a su hijo. Justo antes de dirigirme a enfrentarme con el dentista, padre e hijo quedaban abrazados sobre el sofá viendo la televisión. A pesar de que la experiencia de ir al dentista nunca es agradable, salí de la clínica feliz; contento de ver a aquella familia y admirado por la buena educación que aquellos padres le habían ofrecido a su hijo. Sin embargo, la alegría me duró poco.

Nada más salir de la clínica me fui directamente a coger mi coche. De repente, unos gritos me sobresaltaron. En un principio me pareció que se trataba del berrido de unos animales salvajes –búfalos o bueyes- pero al girar la cabeza me di cuenta de que en realidad eran seis jóvenes de entre doce y catorce años que estaban situados frente a una tienda de abierto 24 horas. La ropa de las dos chicas de la manada no se diferenciaba mucho de la de Julia Roberts en Pretty Woman, mientras que la de los cuatro chicos se parecía más a Kiko Rivera a la salida de la disco; ¡ya tú sabe! No llegué a precisar si el idioma en que se comunicaban aquellos seres humanos era español o sencillamente se entendían por gruñidos. Lo único que llegué a entender justo cuando ya los perdía de vista fueron las palabras “hijo de puta, cabrón, mierda, polla y capullo”. Al volver a cruzarme con ellos, ya metido en el coche, pude observar que seguían berreando a grito pelado en mitad de la acera y riéndose entre ellos como si fuesen hienas alcoholizadas.

Llegué a casa pensando lo extraña que es esta sociedad en la que vivimos. Aquellos individuos que están por debajo de la normalidad en el plano intelectual o físico son calificados como deficientes o subnormales –o con el resto de los diferentes eufemismos que han ido surgiendo a lo largo de los años-. Aquellos individuos que padecen, por ejemplo, síndrome de Down son calificados de ese modo. Los chicos de la tienda de abierto 24 horas, sin embargo, son calificados como normales porque tienen dos piernas, dos brazos, oyen, ven y tienen un rostro típico. Sin embargo, son absolutamente deficientes. Aunque imagino que mucho menos que sus padres. Se trata de una deficiencia que nos está diagnosticada. Ni siquiera determinada, lo cual no quiere decir que no exista. Se trata de la incapacidad para vivir en sociedad, de la incapacidad para comunicarse con otros semejantes, para responsabilizarse de los actos, para sentir empatía. Todo ello se traduce en individuos con agresividad, irresponsabilidad, incivismo, egocentrismo, egoísmo, chulería, arrogancia, y prepotencia. Es decir; lo más despreciable que puede tener un ser humano. Por eso, antes de reírnos de los demás, de cachondearnos por sus caras o por su modo de andar, de llamarlos deficientes o subnormales, primero deberíamos mirarnos un poco al espejo, no vaya a ser que descubramos que el verdadero subnormal somos nosotros.



06/12/2015

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


No a la violencia de género


No a la violencia de género

El 25 de Noviembre se celebró el Día Internacional contra la violencia de género. Cuando se han cumplido 10 años de la entrada en funcionamiento de los juzgados especializados en violencia sobre la mujer, los expertos aplauden que la ley da una respuesta específica a las víctimas pero advierten de la prevalencia de estereotipos y comportamientos machistas que impiden erradicar esta violencia de manera significativa En lo que va de año, la violencia de género ha dejado ya 48 mujeres muertas y 42 menores huérfanos. Si contamos desde el 2005, ya van 671 mujeres asesinadas. En estos últimos 10 años, unos 300.000 maltratadores han sido condenados en España, una cifra que pone los pelos de punta.

Con respecto a la violencia de género existe una cierta hipocresía social. Lloramos por las víctimas pero no hacemos nada para que no siga habiendo. En ese sentido, hay tres aspectos sobre los que tomar medidas. En primer lugar, la violencia de género de baja intensidad está absolutamente normalizada dentro de la sociedad. Una mujer sola por la calle puede ser víctima de las obscenidades de los obreros del edificio de enfrente, del camarero de turno y del baboso de la esquina. Incluso hay mujeres que lo aceptan como algo normal e incluso deseable. Sin embargo, ese es, sin duda, el germen que normaliza la sumisión sexual y moral de la mujer al hombre. Por muy guapo que uno sea, a ningún hombre le apetece que una desquiciada le vaya detrás diciendo que le va a comer esto o aquello. Sin embargo, los hombres lo hacemos, lo comentamos entre nosotros y -por si no fuera ya repulsivo de por sí- nos reímos.

En segundo lugar, ni yo -ni creo que nadie que esté cuerdo- entiende cómo un maltratador, un acosador, un violador, un pederasta puede estar en la calle como si tal cosa. En nuestro país podemos encontrarnos por la calle o viviendo al lado de nuestra casa a delincuentes con una veintena de robos a mano armada, a violadores reincidentes, a pederastas reconocidos, a maltratadores agresivo, sin que la justicia haga nada. La policía los detiene una, dos, tres y cuatro veces y la justicia se encarga de ponerlos de nuevo en la calle. No creo que eso ayude a rebajar el número de víctimas. Para finalizar, según un último estudio aparecido hace unos días, resulta que nuestros jóvenes son más machistas que sus padres y aceptan este tipo de conductas como algo normalizado. Incluso las chicas. Sin duda, algo está podrido en los valores de nuestra juventud, futuros ciudadanos –por cierto- de esta sociedad.

Ninguna persona que utilice la violencia para ejercer su poder sobre otro –especialmente sobre otro al que dice amar- debe convivir entre nosotros. La sociedad y la justicia debe preocuparse únicamente de defender y proteger a la víctima, jamás al verdugo. A fin de cuentas, la prevención es el arma ideal para erradicar cualquier problema; una vez que crece, lo demás es solo lamentar. Lo hemos visto ya en demasiadas ocasiones como para no aprenderlo.



08/11/2015

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Politízame Deluxes


Politízame Deluxes

Tal como ya imaginábamos, después de un mes de septiembre más o menos tranquilo, al fin se ha dado el pistoletazo de salida y todos los partidos políticos han entrado sin excepción en modo “campaña electoral”. La cercanía de las elecciones generales –que para el caso, bien podrían haberse puesto ya en Fin de Año- ha hecho que todos los partidos políticos dejen a un lado sus responsabilidades ciudadanas para dedicarse casi exclusivamente al márquetin y al maquillaje electoral. El Partido Popular, después de la debacle sufrida en las elecciones catalanas, se ha dado cuenta de que no sabe venderse, de que no sabe llegar al público y mostrar sus virtudes, y por eso ha comenzado a rejuvenecerse y a popularizarse, con el fin de ser más cercano, más tierno, más dulcificado. Como gran apoyo para revalidar el título de ganador de las elecciones, el PP sale con los buenos datos de empleo que –vistos simplemente como números- certifican que las medidas adoptadas por el gobierno han sido acertadas. Evidentemente, lo que no dicen los números es el coste; la precariedad, el desequilibrio social, la bajada de sueldos, la pobreza.

Tras el PSOE, a priori, aparecería Podemos, un partido joven, casi infantil, con un aire tan renovador como caduco, que vive de un lenguaje populista que cala con facilidad en la gente. A pesar de su juventud y su fuerza verbal, hasta el momento Podemos tampoco ha demostrado hacer las cosas de un modo diferente en los lugares donde gobierna, a excepción de cambiar nombres de calles y plazas. Si quiere ser más creíble, necesita sacarse algo más de la chistera.

En cuarta posición se encontraría Ciudadanos; un partido que a priori parece coherente, con las ideas claras y que ha irrumpido en el panorama político sin grandes estridencias ni alardes extremistas. Esas son, sin duda, sus mejores armas.

En quinto lugar, estaría Izquierda Unida, un partido tan válido como mal valorado, que parece que nunca ha sabido transmitir a los ciudadanos sus ideas, que sin embargo sí funcionan como reclamo en otros partidos. Su nuevo líder, Alberto Garzón, tiene la enorme responsabilidad de encauzar su rumbo y hacerse más visible e importante.

Noviembre está ya a las puertas y los partidos se han echado a la calle en busca del triunfo. Desde ahora hasta diciembre, aparecerán los guiños, los niños en brazos, los besos a ancianas, los jóvenes sentados tras los grandes líderes. Aparecerá, como no, Franco, y las banderas republicanas. Y volverán de nuevo los insultos, las descalificaciones, el lenguaje sucio, la insensatez, la falta de calidad en el mensaje, la verdulería; el Sálvame Deluxe, en definitiva, de la gran política española.



25/10/2015

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


El planeta de los monos


El planeta de los monos

Hoy me he levantado un poco animal. Es decir, me he levantado un poco mejor persona. Así que hoy, como me he levantado un poco animal, voy a hablarles de Koko. Koko es una famosa gorila adiestrada por la doctora Francine Patterson y otros científicos de la Universidad de Stanford conocida universalmente por comunicarse con sus cuidadores por signos. Como nació el 4 de julio, fiesta nacional en EE UU, le pusieron Koko, que es el diminutivo de Hanabi-Ko, que significa «Hija de los fuegos artificiales» en japonés. La finalidad de su entrenamiento en la Universidad de Stanford era poder comunicarse con ella mediante unos mil signos basados en la lengua de señas americana (ASL). Según sus adiestradores, Koko comprende aproximadamente 2000 palabras de inglés hablado. Incluso su adiestradora, la doctora Francine Patterson, afirma que Koko es capaz de inventar nuevas palabras, ya que para referirse a anillo „una palabra que no le enseñaron„ Koko unió las palabras ´dedo´ y ´pulsera´.

Aunque Koko es conocida mundialmente por sus enormes proezas humanas, estos días ha vuelto a ocupar las páginas de diferentes periódicos y a aparecer en infinidad de televisiones. A sus 44 años, Koko se ha convertido en una tierna y cariñosa madre. Hace unos días, su entrenadora, en nombre de la Fundación Gorila, le regaló seis preciosos gatitos. En el vídeo publicado en el portal Youtube puede verse como Koko mira al interior de la caja con desconfianza y luego comienza a interactuar con los pequeños gatitos. Después de examinarlos una y otra vez dentro de la caja, Koko elige un gatito gris y se lo acerca hasta su cara para verlo mejor. Más adelante, en el vídeo puede verse a Koko haciendo señas para que le coloquen al pequeño gatito en su cabeza. Lo más asombroso es que, además de tomarlos y ofrecerles cariño, Koko hizo espontáneamente a su entrenadora la señal de ´gato´ seguida de la señal de ´bebé´, comprendiendo que lo que tenía enfrente eran ni más ni menos que unos preciosos y pequeños gatitos.

Al margen de algunas excepciones, prefiero a los animales y a los cachorros humanos que a los humanos adultos en general. Prefiero, por decirlo de algún modo, a esa parte más primitiva de la naturaleza, más salvaje, pero siempre emotiva, instintiva y pura. Los seres humanos adultos „sin duda más evolucionados que Koko„ conocen, por lo general, más de 2000 palabras. Sin embargo, no saben usarlas. O las usan en infinidad de ocasiones para hacer daño a sus familiares, a sus compañeros o a cualquier otra persona que se ponga por delante. Insultamos al árbitro, criticamos a nuestra cuñada, ponemos verde a nuestro compañero de trabajo y nos reímos del vecino de enfrente. Las palabras en los seres humanos han pasado de ser comunicativas a lesivas. O, en su defecto, a ensalzadoras de nuestro propio ego, siempre tan desproporcionado con respecto a la realidad.

De igual modo, si bien es cierto que un animal feroz es capaz de despedazar a cien gatos en cinco segundos si se siente amenazado, también es cierto que es capaz de criarlos si los sabe desvalidos. Los seres humanos adultos, sin embargo, somos capaces de torturar a animales por placer, de matar a nuestros semejantes, de abandonar a un perro en una carretera, a un bebé en un contenedor y a un abuelo en una gasolinera. Por eso, cuando veo a Koko y a sus gatitos, me siento más cerca de los animales que de las personas, más feliz en ese mundo donde el corazón del mono domina a la estupidez de nuestro gran razonamiento.



01/11/2015

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


El cambio educativo


El cambio educativo

Durante este último año he visto con enorme satisfacción y alegría que se habla mucho de educación. La educación vuelve a despertar el interés de los medios de comunicación, y ya se sabe que todo lo que interesa a los medios de comunicación acaba finalmente interesando al ciudadano, como el libro de Belén Esteban, la operación estética de Kiko Matamoros o las lesiones de Messi o Ronaldo.

Se habla mucho de educación, digo; se habla de educación en la prensa y en la radio, en la televisión y en las redes sociales. Habla de educación el presidente del Gobierno, los candidatos a presidente, el intelectual, el escritor, el contertulio, el pintor, el portero, la cajera del Mercadona y hasta el vecino del quinto, que ni siquiera tiene hijos. Habla de educación gente con gran renombre –no quiero citarlos para no provocar discusiones- que creo que jamás ha dado clase en un colegio o en un instituto. Incluso hablan de educación grandes maestros que aprenden a tocar la caja, cosa –sin duda- de gran repercusión en la vida del alumnado. Yo, como no quiero ser menos, también voy a hablar de educación.



Resulta que en los últimos años se habla mucho de que hay que cambiar la educación. Se habla de cambiar la educación como si la educación fuese un trozo de azulejo del cuarto de baño o una lavadora estropeada. Cambiemos la educación, dicen, y da la sensación de que solo hay que ir al Media Mark y comprarnos una nueva. Sin embargo, la educación, al contrario que un azulejo o una lavadora, es un ente vivo; un ente vivo que se compone de políticos, padres, profesores y alumnos. Por eso, parece difícil hablar de cambiar la educación si no cambiamos a los políticos, a los profesores, a los padres y a los alumnos. No digo que los eliminemos así de raíz, pero sí debemos cambiar al menos algo en su interior. Habría que experimentar –por ejemplo- y traer a todos los alumnos suecos y meterlos en las aulas españolas para comprobar cómo son sus resultados después de tres o cuatro años. A lo mejor resulta que al cabo de tres años solo les preocupa el sol y las cervecitas del fin de semana. A lo mejor la culpa de la mala educación en nuestro país la tiene solo nuestro clima, y a lo mejor por eso Rajoy pretende privatizar el sol con fines educativos. Puede que –se me ocurre así, a bote pronto- que la educación no sea solo una palabra y dependa en gran medida de la cultura social.

Yo estoy de acuerdo; hay que cambiar la educación. Pero cambiar la educación no significa cambiar la ley de educación cada legislatura. Cambiar la educación no significa ser un maestro enrollado y molón, o un maestro con más alma de funcionario que de docente. Cambiar la educación no significa ser padre o madre de fin de semana. Cambiar la educación significa valorar los estudios como sociedad, valorar el hablar bien, el pensar antes de hablar, el informarse antes de hablar, ser responsables, respetar las normas, comprar menos móviles y más libros, valorar más la calidad profesional que el amiguismo, hablar en familia, cultivar esa parte inculta que tenemos, escuchar a Mozart, aunque sea en una versión de Pitbull, y leer, leer, leer y, si puede ser, volver a leer. La educación no se cambia sola, se cambia con el compromiso individual. A ver cuántos se apuntan ahora a empezar con el cambio.



18/10/2015

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


El Día de la Hispanidad


El Día de la Hispanidad

Esta semana se ha celebrado el 12 de octubre, la Fiesta Nacional de España, llamado también Día de la Hispanidad y festivo también en EE UU. Este día se conmemora la llegada el 12 de octubre de 1492 de la expedición capitaneada por Cristóbal Colón a la isla Guanahaní, en el archipiélago de las Bahamas, suponiendo el primer contacto entre los continentes europeo y americano. El día 12 de octubre no se celebra la masacre sucedida durante la conquista de América, las violaciones, las amputaciones, las torturas, la guerra, sino la unión sucedida después con el paso del tiempo. Evidentemente, la conquista de América no se produjo a base de besos, como ninguna conquista a lo largo de la historia. Tampoco el imperio azteca dominó la zona central de Mesoamérica „México, Guatemala, El Salvador, Belice, Honduras, Nicaragua y Costa Rica– gracias a sus preciosas sonrisas. Juzgar los acontecimientos de siglos pasados con parámetros actuales es digno solo de estúpidos o manipuladores, cualidades muy peligrosas cuando se juntan en una persona.

Sobre el Día de la Hispanidad, la incalificable alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, manifestó a través de Twitter su rechazo a la celebración de la Fiesta Nacional de España, que para ella supone la exaltación de un genocidio. «Vergüenza de estado aquel q celebra un genocidio, y encima con un desfile militar q cuesta 800mil €». Por su parte, el gran intelectual y alcalde de Cádiz, José María González, conocido como Kichi, también escribió en contra de la Fiesta Nacional: «Nunca descubrimos América, masacramos y sometimos un continente y sus culturas en nombre de Dios. Nada que celebrar». Está claro que personas como estas son las que hacen que España sea tan ridícula y que uno tenga que avergonzarse de ser español.

Este tipo de comentarios en contra de la Historia son muy típicos en aquellos que les gusta refocilarse en la simpleza y en la demagogia populista. Evidentemente, la invasión de América, de ser hoy en día, sería vergonzosa, escandalosa, repugnante, incluso un genocidio, pero hace casi seis siglos aquel era el proceder habitual. Cualquier imperialismo es expansionista y violento por definición y nuestro gran imperio en ese sentido no era ni mejor ni peor que ningún otro. Nadie se atrevería a sentir vergüenza por el gran Alejandro Magno, ni por Gengis Khan, ni por Napoleón, ni por Julio César. Nadie, excepto un español, sentiría vergüenza pos sus grandes imperios en épocas pasadas. Conquistar América, con su extensión y su multitud de tribus, no fue tarea fácil, y no se utilizaron técnicas suaves para imponerse y mantener el poder.

Porque, a pesar de lo que puedan decir algunos ignorantes, la parte religiosa en la conquista de América fue ridícula y secundaria; lo importante de América no eran las almas; eran las riquezas.

Cuando pienso en Latinoamérica siento una profunda cercanía. De no ser por la conquista, para mí los latinoamericanos serían como los esquimales. Latinoamérica ha sido origen de la inmigración española, y España es origen de la inmigración latinoamericana. Nuestras dos historias están unidas a través de un mismo idioma. Borges, García Márquez, Carlos Gardel y miles de personalidades más son el reflejo de una hermandad cuyo origen „nadie lo niega„ fue sangriento, pero que con el tiempo ha supuesto la unión de dos hermanos. Eso, y no otra cosa, es lo que se celebra y debe celebrarse.



12/10/2015

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


El derecho del piojo


El derecho del piojo

Hace unos días, en referencia a una noticia sobre una pelea entre dos chicas adolescentes grabada y subida al canal Youtube, un experto en no sé qué decía en un informativo de televisión que la violencia era un problema que surgía en la escuela y que había que abordarlo desde las aulas. Por culpa de gente así, la escuela de hoy en día se ha convertido en un triste estercolero que recoge todas las miserias del ser humano. En particular, del ser humano llamado “padres”. Si los jóvenes cogen el coche de madrugada a la salida de una discoteca, borrachos como cubas, y causan accidentes, un experto dirá que hay que trabajar la educación vial en las escuelas, como si los profesores y no los padres fuesen los que les compran el coche y les dan dinerito fresco para vodka y porretes. Si en la sociedad comienza a extenderse como un virus la obesidad y la mitad de la población se hincha a bollería industrial y a hamburguesas, un experto dirá que hay que tratarlo en la escuela, como si fuesen los profesores y no los padres los que llevan a sus hijos al McDonald´s a que se llenen las arterias de bacon y salsas. Si se descubre a través de un estudio que los adolescentes no saben follar y las chicas quedan embarazadas a edades muy tempranas, un experto dirá que hay que tratarlo en la escuela, como si fuesen los profesores los que tuviesen que preocuparse por montar una boda de urgencia o un aborto de última hora. Y así, infinidad de aspectos más. De este modo, al final, los padres no educan ni en sexualidad, ni en alimentación, ni en respeto, ni en normas, ni en tolerancia, ni en salud, ni en hábitos, etc., etc., delegando todo ello en la escuela, que por su parte no puede educar en matemáticas ni en lengua ni en filosofía ni en otra disciplina.

Sobre la situación de la escuela de hoy en día, basta decir que si a una madre o a un padre se le antoja, puede llevar a su hijo al colegio aunque tenga piojos hasta en las orejas. O aunque tenga conjuntivitis, ébola, malaria o difteria. Ni siquiera el director de un centro puede obligar a estos padres a que se lleven a sus hijos para desinfectarlos. Cuando el derecho de una madre o de un padre irresponsables y piojosos está por encima del derecho del resto de los compañeros a no ser infectados y por encima incluso del poder del director, entonces no estamos hablando de educación; estamos hablando de asistencia. Y en eso, en asistencia pura y dura, es en lo que se ha transformado hoy en día nuestro sistema educativo.

En nuestro país, el problema de la educación es que no hay educación. La educación básica que los niños deberían recibir en casa –sentarse bien, saludar, no insultar, no correr entre las mesas del restaurante, no chillar, no dar balonazos a los cristales, recoger su ropa, hacerse su mochila, no sacar el dedo, etc.- la tienen que recibir en el colegio, y la educación que reciben los niños en el colegio, la destrozan los padres durante el resto de la jornada en casa. Así, en una fila de mil alumnos europeos, todos localizaríamos a la perfección al alumno español, que sería aquel que intenta colarse, inquieto, nervioso, maleducado, que llama la atención, que vocifera, que no respeta el turno, que insulta, que dice “me aburro” o que grita como un descerebrado “no me da la gana”… Ese, y no otro, es el problema de nuestro sistema educativo, y hasta que eso no cambie, no lo mejorará ni mil cambios de ley ni un millón de estándares de aprendizaje.



05/10/2015

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


El coste humano de la corrupción


El coste humano de la corrupción

Reconozco que las imágenes del ex alcalde de Marbella, Julián Muñoz, extremadamente delgado y muy demacrado en los juzgados de Málaga me impactaron cuando las vi por primera vez, hace ya unas cuantas semanas. La visión de una persona a la que parece faltarle el aliento, las fuerzas, una persona envejecida con rapidez y debilitada, siempre causa un sentimiento de compasión. A pesar de que algunos hablaron de que esa imagen podría ser una estrategia para provocar lástima en el tribunal, lo cierto es que Julián Muñoz sufre diversas enfermedades graves y que, prueba de ello, este mismo jueves ha sido hospitalizado para practicarle un doble cateterismo. Todo ello, sin duda, lleva a compadecernos de este hombre. Sin embargo, si lo analizamos con atención y objetividad, la verdad es que ese sentimiento de compasión desaparece casi por completo.

Recuerdo que hace unos años, mi padre –al que también le practicaron un cateterismo que tuvo que pagarse él mismo porque la lista de espera de la Seguridad Social era interminable- sufrió una insuficiencia respiratoria y tuvimos que llevarlo al hospital. Mi padre trabajó desde los doce años hasta los setenta, y –hasta donde yo sé- nunca robó ni un duro. Como en el hospital no había ni camas ni médicos suficientes, mi padre estuvo cerca de ocho horas en una camilla casi sin atención en mitad de un pasillo atiborrado de camillas y enfermos que aguantaban sus propios sueros. Llegados a este punto, ustedes se preguntarán; ¿y qué tiene que ver una cosa con otra? Pues paso a explicárselo.

Julián Muñoz fue imputado en el caso Malaya. El caso Malaya es uno de los tantos casos de corrupción que sufrimos en nuestro país. En el caso Malaya se calcula que se robaron a las arcas de Marbella unos 500 millones de euros. Por poner un ejemplo, el coste total de un hospital medio como el Hospital de Burgos es de unos 200 millones para la obra y 100 millones de equipamiento. Un hospital de esas proporciones cuenta con unas 1.000 camas para enfermos. Si echamos cuentas, podemos decir que solo con el dinero robado en el caso Malaya se podrían construir dos hospitales de unas 1.000 camas cada uno.

Personas corruptas como Julián Muñoz provocan de algún modo que personas respetables como mi padre tengan que estar en un pasillo de un hospital ocho horas sin prácticamente intimidad ni atención. Muchas insensatos dicen, como en el caso de Isabel Pantoja, que este tipo de corruptos no han matado a nadie y que hay gente que hace cosas mucho peores. Y, en parte, es cierto. Pero también debemos recordar que la corrupción en España tiene un coste social de unos 40.000 millones de euros, y que ese dinero que cae en las cuentas bancarias de los corruptos es dinero que deja de invertirse en hospitales, en médicos, en educación, es seguridad ciudadana, en la mejora de las carreteras… Y la falta de inversión en algunos de esos sectores también provoca de manera indirecta la muerte de muchas personas.



27/09/2015

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


La singularidad catalana


La singularidad catalana

Según parece, las elecciones al parlamento catalán se han convertido en unas elecciones plebiscitarias sobre la independencia de Cataluña, es decir; al no poder realizarse un referéndum, estas elecciones se plantean como una consulta popular sobre la independencia catalana.

Es triste pensar que hace un par de décadas en Cataluña no existía un sentimiento separatista mayoritario. Sin embargo, los nacionalistas –gracias a la impunidad legal y al apoyo de partidos fluctuantes como el PSOE- han logrado poco a poco a través de ciertas estrategias moral y legalmente discutibles -véase la política lingüística- imponer un pensamiento y una necesidad hasta entonces inexistente. Y como el vulgo es como es, pronto comenzaron a aflorar personas afines al partido que expandieron dicha ideología, unas veces mediante el convencimiento y otras, a través del miedo o la sanción –véase las denuncias populares y las multas por no rotular en catalán-.

A pesar de que creo que es un error que Cataluña quiere la independencia, para mí, sin embargo, sería preferible que Cataluña no formara parte de España. Como docente, no puedo trabajar en Cataluña sin conocer el idioma catalán, mientras que sí puedo trabajar en mi comunidad autónoma. Desde ese punto de vista profesional, Cataluña me perjudica. Sin embargo, me es indiferente su espíritu de independencia. Además, como gallego, me resulta un poco ridículo. Lo único que me molesta de la posible independencia es lo que podría perjudicar a los catalanes que quieran seguir siendo españoles. Por lo demás, absoluta indiferencia. Sin embargo, lo que no acepto ni tolero es ese término que personajes como Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y gente de esa rama mental llaman "la singularidad de Cataluña". Seguramente aquellos que hablan de la singularidad catalana no saben de historia, no han oído o ni siquiera sabemos leer. La historia de Cataluña es absolutamente vulgar en comparación con la historia de otras comunidades autónomas españolas como Aragón, Castilla, Euskadi o Galicia. La cultura catalana no difiere en esencia de la cultura del resto de las comunidades autónomas españolas. Su Sagrada Familia, a pesar de su hermosura, no es comparable a la Catedral de Santiago de Compostela. La Barceloneta, por muy hermosa que sea, no es comparable a la Playa de Riazor y, mucho menos, a la Playa de las Catedrales. El pan con tumaca, por muy bueno que esté, es una pequeña frente a los gallegos o al churrasco gallego o al cocido gallego. El idioma gallego nunca necesitó una normativa agresiva de imposición porque en Galicia la mayoría de la población habla desde tiempos inmemoriales gallego y español de manera indistinta, con palabras internacionalmente conocidas como morriña, saudade, orballo, Santa Compaña, meigas, queimada o manda carallo . Antiguamente, en la época de Lope de Aguirre, se llama "mándame un gallego" cuando querían a alguien fuerte y trabajador. Las recientes embajadas catalanas no tienen comparación con los clásicos centros culturales gallegos diseminados por todo el planeta. En Sudamérica, todos los españoles se les llama gallegos, incluidos los catalanes. También hay una canción que afirma sin ruborizarse que hay un gallego en la luna, lo que tampoco resultó extraño. con palabras internacionalmente conocidas como morriña, saudade, orballo, Santa Compaña, meigas, queimada o manda carallo. Antiguamente, en la época de Lope de Aguirre, se llama "mándame un gallego" cuando querían a alguien fuerte y trabajador. Las recientes embajadas catalanas no tienen comparación con los clásicos centros culturales gallegos diseminados por todo el planeta. En Sudamérica, todos los españoles se les llama gallegos, incluidos los catalanes. También hay una canción que afirma sin ruborizarse que hay un gallego en la luna, lo que tampoco resultó extraño. con palabras internacionalmente conocidas como morriña, saudade, orballo, Santa Compaña, meigas, queimada o manda carallo. Antiguamente, en la época de Lope de Aguirre, se llama "mándame un gallego" cuando querían a alguien fuerte y trabajador. Las recientes embajadas catalanas no tienen comparación con los clásicos centros culturales gallegos diseminados por todo el planeta. En Sudamérica, todos los españoles se les llama gallegos, incluidos los catalanes. También hay una canción que afirma sin ruborizarse que hay un gallego en la luna, lo que tampoco resultó extraño. Las recientes embajadas catalanas no tienen comparación con los clásicos centros culturales gallegos diseminados por todo el planeta. En Sudamérica, todos los españoles se les llama gallegos, incluidos los catalanes. También hay una canción que afirma sin ruborizarse que hay un gallego en la luna, lo que tampoco resultó extraño. Las recientes embajadas catalanas no tienen comparación con los clásicos centros culturales gallegos diseminados por todo el planeta. En Sudamérica, todos los españoles se les llama gallegos, incluidos los catalanes. También hay una canción que afirma sin ruborizarse que hay un gallego en la luna, lo que tampoco resultó extraño.

No pretendo crear polémica entre comunidades autónomas, porque cada cual conoce –o debería conocer- su historia y su cultura, pero cuidado con la singularidad de los pueblos, porque si tiene una cuenta para reformar la constitución, Cataluña tiene que ponerse a la cola .



20/09/2015

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


Sangre, barbarie e incultura


Sangre, barbarie e incultura

De un modo sencillo, podemos decir que una tradición es cada uno de esos acuerdos que una comunidad considera dignos de formar parte integral de sus costumbres. A lo largo de los siglos, las tradiciones aparecen y desaparecen a medida que las costumbres de los pueblos cambian y que las culturas avanzan.

Dentro de las tradiciones, tienen una especial relevancia aquellas que están basadas en la barbarie y la crueldad. Desde los sacrificios humanos, pasando por la ablación de clítoris, hasta quemar a la mujer cuando muere el marido han resistido los siglos de una manera desconcertante. Lo mismo podríamos decir de aquellas tradiciones donde se torturan animales.

En un país tan avanzado culturalmente como Dinamarca, por ejemplo, en las islas Feroe, existe un ritual donde miles de jóvenes matan brutalmente con cuchillos y ganchos a un millar de ballenas y delfines cortándoles el cuello y dejándolos agonizar entre gritos y sollozos. Los defensores de esta tradición señalan que es el modo de festejar que los jóvenes llegan a la madurez, y que la matanza da sustento a la Isla, que vive de esa carne. Sin embargo, que no dejen asistir a ningún extranjero y las imágenes que se han logrado captar hacen pensar que la brutalidad del acto es absolutamente innecesaria.

Sin embargo, hay tradiciones muchísimo más crueles. Por ejemplo, cada 6 de marzo, en algunos pueblos de Bulgaria, se celebra una tradición conocida como “El giro del perro”. En las orillas de un pequeño río, generalmente poco profundo, se instalan dos pilares y entre ellos se tira una cuerda. Los organizadores del evento inclinan los pilares hacia el centro del río y giran la cuerda varias veces en torno al eje hasta formar un lazo en el extremo. Luego toman a un perro seleccionado para participar en el ritual, y a través del cuello, le ponen el lazo que se fija a su pecho. Después de colocar al perro en la estructura empiezan a poner rectos los pilares inclinados que, al enderezarse la cuerda, hacen girar al animal a gran velocidad. Al final de los giros, la cuerda se afloja y el perro cae al agua. Según los defensores de esta tradición, este ritual ayuda a prevenir la rabia y alejar a los malos espíritus. Además, señalan que a los perros no les pasa nada, aunque muchos de ellos mueren ahogados o por heridas en los órganos internos. Además, no cuentan que a los perros se les tapa el ano y se les atiborra durante días para, llegado el día del giro, destaponarlos para que el perro suelte todos los excrementos por el aire, ya que entienden que a mayor cantidad mayor suerte en el cultivo.

Sin embargo, de las 10 tradiciones más crueles con los animales en el mundo civilizado, 6 se festejan en España. De hecho, en nuestro país existen unas 16.000 fiestas donde se maltratan animales. La más brutal de todas ellas es la ya famosa “Toro de la Vega”. Después le siguen otras como El toro júbilo, Los toros ensogados, El toro de San Juan, Patos al agua y Las corridas de gansos. Como no podía ser de otro modo, existen infinidad de personas que defienden estas tradiciones por diferentes razones, especialmente por los años de antigüedad.

No voy a entrar en la polémica sobre estar a favor o en contra de este tipo de festejos. Desde el punto de vista legal, son fiestas donde se maltratan animales. No hay mucho más que discutir. Desde el punto de vista moral, asusta pensar que entre nosotros existan seres humanos capaces no solo de asistir, sino de disfrutar escuchando los gritos de dolor de un animal y viéndolo morir envuelto en sufrimiento y sangre. Su falta de empatía, sencillamente, da escalofríos; tanto, que resulta extraño e irónico creer que seamos nosotros precisamente los animales más evolucionados.



20/09/2015

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


Los Aylanes del mundo


Los Aylanes del mundo

La semana pasada, la terrible imagen de un niño sirio ahogado en la orilla de la playa nos impactó a todos. Todas las televisiones nacionales e internacionales recogieron en portada esa horrible escena, y las redes sociales comenzaron a difundir la imagen de una manera vertiginosa. Muchos artistas dibujaron hermosas viñetas sobre la tragedia y otros, escribieron bellos poemas sobre el asunto. Golpeados por esta imagen, en Europa se produjo de repente una enorme oleada de solidaridad, y así, infinidad de personas y pueblos enteros mostraron su apoyo ofreciendo acogida y habitaciones a los miles de refugiados desesperados y hambrientos que llegaban a Hungría escapando de la guerra en Siria con la esperanza de alcanzar el falso paraíso que ahora es Alemania.

No voy a negar que tanta solidaridad junta me conmovió en su momento, pero la conmoción me ha durado más bien poco. Es cierto que ver a un niño muerto en la orilla de la playa no es una escena agradable de ver, pero que sea visible no significa que sea la única. Cualquiera que quiera sentirse solidario puede acceder a través de Internet a millones de imágenes y vídeos muchísimo más terribles. La realidad del día a día es que decenas de niños como Aylan mueren a cada minuto en los conflictos armados que hay actualmente en el mundo -Irak, Siria, Yemen, Afganistán, Pakistán, La República Centroafricana, Sudán del Sur, Mali, Somalia, República Democrática del Congo o Nigeria-. De igual manera, miles de Aylanes mueren cada día de hambre, con el estómago hinchado como una pelota y la cabeza tan raquítica que parece que los ojos se les van a salir de las cuencas. Igualmente, miles de Aylanes son usados a diario por los ejércitos para cometer las atrocidades más inimaginables. Sin embargo, por lo general, no nos acercamos a la red para ver sus caras, por eso, cuando una televisión nos muestra el rostro de uno de esos niños, de repente se nos despierta la solidaridad. Y es que para poner un poco las cosas en su sitio, debemos recordar que la guerra en Siria lleva 4 años y 11.000 Aylanes muertos, así que la solidaridad la llevamos ya un poco atrasada.

En la actualidad, en el mundo hay 59 millones de desplazados por conflictos bélicos, cerca de 300 millones de personas que quieren huir del hambre en sus países para entrar en Europa o en EE.UU de manera ilegal y cerca de 1.200 millones de personas que viven en la pobreza extrema. Teniendo en cuenta esas cifras, es evidente que es imposible acoger a todos. Y también es evidente que la acogida no es la solución. Es lo más cómodo, pero no es la solución. Las personas que vienen a Europa no vienen por la belleza de nuestros paisajes; vienen huyendo de guerras tribales, guerras religiosas o del hambre. La solución no está en que las personas de los países en conflicto se desplacen miles de kilómetros para poder escarbar en un cubo de basura alemán, sino que en su país puedan tener una vida en paz y con futuro. Y para ello, solo se puede tomar una medida. Sin embargo, en esta sociedad de manos limpias donde gobiernan los gestos, en esta sociedad de seres solidarios a través del “Me Gusta” de Facebook, en esta sociedad de seres cobardes, preferimos cerrar los ojos ante la verdad. Así, muchos hablarán de lo hermoso de las acogidas, cuando la verdad es que a Aylan no había que salvarlo en Alemania, sino que había que haberlo protegido en Siria. Lo demás, inútil demagogia y palabrería.



20/09/2015

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


El juego político de la Educación


El juego político de la Educación

Tras las elecciones autonómicas celebradas hace unas semanas, la ley de educación –conocida también como la ley Wert- parece que está en peligro. A tres meses para el inicio del próximo curso escolar 2015-2016, la nueva ley del ministro de Educación puede que no entre en vigor en algunas comunidades autónomas, que se han rebelado contra la aplicación de esta norma. Esta ley educativa no gusta en Andalucía, ni en Asturias, ni en Canarias, ni en Castilla-La Mancha. Tras un año de funcionamiento en los cursos impares de Educación Primaria, Cataluña y el País Vasco ni siquiera la han implantado ni han aprobado aún los desarrollos curriculares de ninguna de las etapas. Por otro lado, sólo cuatro comunidades autónomas -Madrid, Castilla y León, Baleares y Aragón- han aprobado la normativa correspondiente a Secundaria. Por si esto fuera poco, el PSOE ha reiterado en infinidad de ocasiones que, si llegan al gobierno central en las próximas elecciones generales, derogarán la ley Wert de inmediato, con lo que tendrían que legislar una nueva; la octava ley educativa de la democracia. No hace falta decir que ocho leyes de educación en treinta y cinco años no solo es una aberración y un despropósito sino que, además, es una absoluta irresponsabilidad. Tanto cambio de ley –una cada cinco años- afecta negativamente al sistema educativo y a la educación que reciben los alumnos –lo cual se demuestra claramente en las evaluaciones externas internacionales-, pero además desmotiva absolutamente al profesorado, que no se ha adaptado a una ley cuando ya llega otra, como en una sucesión de olas. Y es que la educación en nuestro país no tiene un interés meramente educativo, sino un interés primordialmente político.

Qué duda cabe que quien controla la educación controla el poder. Y qué duda cabe también que quien promueve la incultura entre la sociedad tiene más posibilidades de controlar a una masa de analfabetos. La cultura y la educación en los individuos provoca preguntas e interrogantes, y ningún gobierno corrupto y plagado de seres poco cualificados quiere una sociedad culta que lo cuestione. En este sentido, y a pesar de los intereses políticos de cada cual, hay que reconocer que tanto el PSOE como el PP son iguales. Ni la ley Wert es el demonio ni la ley del PSOE, la panacea. Durante sus años en el gobierno, tanto el PP como el PSOE han aprovechado la ley de educación para implantar su cultura moral. Por si esto fuera poco, gracias al desarrollo curricular que la ley les permite a las comunidades autónomas, algunos gobiernos han aprovechado para incorporar en su currículo un sentimiento tribal, cuando lo lógico sería que la educación en un país no dependiera de las comunidades sino del gobierno central y que fuese igual en todo el territorio. Esto evidencia que todos los partidos políticos han jugado hasta ahora con la educación para generar seres adeptos, no seres educados. Y eso ha sido gracias a que, para hacer las leyes de educación, los gobiernos han contado con presuntos expertos bien subvencionados, fieles a las ideas de los partidos y, también, fieles a sus intereses personales, ya que gracias a las nuevas leyes muchos de ellos han publicado y vendido libros como churros. Para hacer una buena ley de educación que dure años en España no queda más remedio que contar con el consenso de todas las fuerzas políticas y de expertos imparciales. De otro modo, cualquier nueva ley de educación está abocada al fracaso.



14/06/2015

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


La educación del más fuerte: sobre el acoso escolar


La educación del más fuerte: sobre el acoso escolar

Hace un par de semanas, una joven de 16 años que padecía discapacidad se arrojó por la ventana tras sufrir acoso escolar en el instituto Ciudad de Jaén del barrio de Usera, en Madrid. Este último caso de suicidio viene a sumarse a otros suicidios de menores en España debido al acoso escolar. En la actualidad, el suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte entre jóvenes y adolescentes en muchas comunidades autónomas y en muchos países occidentales. Según algunos estudios, se calcula que uno de cada cuatro alumnos en España sufre acoso escolar en la escuela y que el 81% de los adolescentes está preocupado o muy preocupado por este asunto.

Tras la lamentable muerte de esta joven, algunas personas –expertos, padres, profesores y contertulios- han señalado que este tipo de problemas se deben a los recortes en educación. Y tienen razón, pero no en el sentido en el que ellos lo dicen. Es cierto que debe aumentarse el número de docentes en los centros educativos, pero no para atender a los alumnos violentos o criminales potenciales. La función de los docentes es educar, aunque hoy en día esa función ha pasado a convertirse en secundaria, siendo la función principal en muchos institutos la reeducación de alumnos díscolos, desmotivados y violentos. Esto se debe a que en este país siempre hemos tenido una absurda inclinación por defender y justificar a los delincuentes, debido a lo cual, una parte importante del gasto público en educación va encaminado a la atención de los futuros delincuentes y de los alumnos que ni estudian ni quieren estudiar. Al final, la víctima nunca importa. Por eso, los acosadores siguen yendo a los institutos donde acosan mientras que los acosados tienen que huir del centro educativo y, en muchas ocasiones, de la propia ciudad, cuando lo lógico sería que a los acosadores se les prohibiera la entrada a cualquier centro educativo público, ya que la educación es y debe ser un derecho, pero para los estudiantes, no para los delincuentes. Para los delincuentes existen otro tipo de centros.

Cuando digo que estoy de acuerdo con las declaraciones de aquellos que dicen que el problema del acoso en la escuela es un problema causado por los recortes en educación, como ya he dicho, no me refiero a dinero o a personal. Me refiero a que en este país la educación básica ha sufrido un grave recorte, junto con los valores básicos de convivencia. Desde no saludar al entrar o al salir hasta justificar que menores tomen una borrachera cada fin de semana, pasando por aparcar donde nos dé la gana o encumbrar la telebasura en cultura y a los famosos más despreciables en los escritores más vendidos. Porque eso, a fin de cuentas, es educación, y en este sentido los españoles nos hemos convertido en seres muy poco educados. Y esa falta de educación general y social, esa falta de moralidad y de valores se traslada a la escuela, no al revés, cosa que algunos confunden. Los niños y jóvenes imitan los roles sociales de éxito. Por eso, en España, los graciosos, los violentos, los vagos, los chulos son los líderes en las escuelas e institutos, mientras que los estudiosos, los creativos, los inocentes, los reservados se convierten en el centro del acoso y de las risas. No muy distinto a lo que sucede en el resto de nuestra sociedad, donde el irresponsable, el gracioso, el inmoral, el colega y el mediocre es el que triunfa. Los nombres de los famosos que poseen dichas características y que tienen éxito los conocemos todos. Solo cambiando eso podremos cambiar la escuela.



07/06/2015

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Tócame el pito


Tócame el pito

El sábado pasado, durante la Final de la Copa del Rey de fútbol entre el F.C. Barcelona y el Athletic Club de Bilbao, se produjo una enorme pitada en el estadio del Camp Nou cuando sonaba el himno de España. Al parecer, a la entrada del estadio, cientos de personas se dedicaron de manera organizada a repartir pitos o silbatos para que la pitada luciera más hermosa.

Semejante espectáculo fue recogido tanto por los medios de comunicación nacionales como por los internacionales, dando la imagen de una España –como siempre- dividida. Sin embargo, esa división entre los españoles es algo muy habitual en infinidad de eventos. Por ejemplo, cada vez que se producen manifestaciones de grupos de izquierdas, suele ser habitual ver a cientos de personas con la bandera republicana. Lo mismo, pero en el lado contrario, sucede con la bandera denominada franquista. Esa lucha constante en la que se divide España entre izquierdas y derechas, entre monárquicos y republicanos, entre banderas nacionales, autonómicas, del águila o republicanas, entre himnos nacionales y cantos regionales, hace que uno sienta una mezcla entre el asco, el cansancio y la vergüenza. Durante las últimas décadas, da la sensación de que los españoles seguimos viviendo en una guerra civil mental, propiciada por aquellos que no padecieron la desastrosa Guerra Civil física. Es como jugar a las batallitas que sufrieron nuestros abuelos y bisabuelos, pero sin tener en las piernas los agujeros de las balas ni el hambre en el estómago. Un juego de niños tontos, inconscientes e irrespetuosos.

Desde el punto de vista político, yo me califico como republicano y de izquierdas. Desde el punto de vista geográfico, me califico como gallego y español. Y en mí conviven sin problemas cientos de sentimientos y definiciones más. Soy progresista, pero también comparto algunas ideas con la derecha que me parecen absolutamente razonables. No me gustan las monarquías, pero acepto la bandera española que tenemos sin ningún problema, así como el himno, esperando a que el debate entre monarquía y república se produzca de manera sana y pausada. Soy gallego, pero soy capaz de bailar una sardana y de tomar un bacalao a la vizcaína sin que ello me produzca ningún problema de estómago ni urticaria. Defiendo al F.C. Barcelona cuando juega contra un equipo extranjero y me alegro de todos los éxitos españoles en el ámbito deportivo, artístico, científico o médico como si fuesen éxitos propios. Y acepto toda la historia de España porque es la historia familiar que vivieron mis padres, mis abuelos y mis bisabuelos, y que me han hecho ser como soy. Pero lo que me gustaría hoy en día, en esta España desquiciada y maloliente, es saber cuál es mi patria. O si –a lo mejor- es que ya no hay patria. Si somos tan solo una amalgama de individuos que buscan su interés particular, si somos una mezcla de individuos que reman cada uno para su lado, si ya nadie comparte los mismos valores democráticos sin estridencias, si ya no queda nadie que comparta nuestra diversidad cultura sin tribalismos, si ya no hay nadie que asuma la historia sin insistir en caer en los errores ya cometidos, si ya no queda nadie que quiera una España culta, económicamente potente, una España digna para que vivan nuestros hijos, una España construida con las manos, con los valores y con el sacrificio, no con estandartes, ni con himnos, ni con panderetas, ni con pitos. Porque esa España tribal, desunida, analfabeta, estridente, inculta, vaga, soberbia, maleducada, intransigente y egoísta es la que nos ha traído hasta donde estamos, a la España de la pobreza y la corrupción, a la España que hace que miles de españoles sientan vergüenza de su propio país y que huyan de aquí en cuento pueden. Porque esa España es y será siempre la España de la miseria.



31/05/2015

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El poder del cambio


El poder del cambio

Por fin se han celebrado las tan esperadas elecciones municipales y autonómicas y ya tenemos los resultados. De entre todos los titulares, el más destacado ha sido sin duda el enorme batacazo del Partido Popular, que con respecto a las elecciones municipales y autonómicas de 2011, ha perdido dos millones y medio de votos, cientos de municipios y varias comunidades, entre ellas, sus bastiones más importantes. Parejo a esta noticia, el otro gran titular es la subida espectacular de Podemos, tanto por separado como en sus agrupaciones, que ha conseguido las alcaldías de las dos ciudades más importantes de nuestro país y que, seguramente, logrará el gobierno en varias comunidades.

Con respecto a los demás partidos políticos, podemos decir que tanto Izquierda Unida como UPyD han asistido casi definitivamente a su extinción o, en su defecto, a su lenta desaparición o su presencia testimonial en el panorama político. Por su parte, Ciudadanos ha conseguido un importante crecimiento, aunque quizá menor del esperado, y se ha convertido en la llave para el gobierno en muchas ciudades y comunidades autónomas. El PSOE, el otro gran partido del bipartidismo, ha logrado salir más o menos airoso de estas elecciones, recuperando municipios y comunidades históricamente socialistas, aunque finalmente han perdido la friolera de 800 mil votos con respecto a las anteriores elecciones.

Ahora, tras los resultados, ha comenzado ya la emocionante ronda de contactos para conseguir formar gobiernos. Por proximidad, aunque esto no está muy claro, se entiende que Ciudadanos podría apoyar al Partido Popular, y el PSOE a Podemos, y viceversa. Sin embargo, parece que Ciudadanos tiene claro que no pactará con nadie a menos que se cumplan sus condiciones más básicas, que son –entre otras- separar a los imputados, realizar primarias, listas abiertas y bajada del IRP. Por ahora, el comportamiento de Ciudadanos ha sido ejemplar, eliminando de sus listas a aquellos que no cumplían un perfil o cuyo currículo parecía no muy fiable, y esa es la imagen que parece que quieren seguir dando. Algo semejante ocurre con Podemos, que tiene dos condiciones para pactar; tolerancia cero con la corrupción y cambiar la política de recortes. Aunque el populismo de Podemos a veces llega a repugnar, hay que reconocer que por ahora –excepto algún caso aislado- su comportamiento también es ejemplar, claro que tanto Podemos como Ciudadanos no han gobernado nunca, lo cual facilita que puedan criticar sin preocuparse. El PSOE, por su parte, parece que estaría encantado de pactar con Podemos, por eso de la ansiedad por reconquistar el poder, aunque el propio Secretario General del PSOE dijera hace unos meses que jamás pactaría con Podemos porque era un partido populista y quería convertir a España en Venezuela. Lo malo es que, como el PSOE sigan con su falta de ideología, acabará finalmente fagocitado por la formación de Pablo Igleasias. Por último, el PP, que parece que ya no tiene amigos para pactar ni en el patio de recreo. Los casos de corrupción y los recortes le han pasado factura. Ahora, le quedan cinco meses de cara a las elecciones generales para convencer a la ciudadanía de que no son tan corruptos ni tan malos. Sin embargo, parece difícil que no continúe la sangría de votos si no cambian sus políticas económicas y, sobre todo, si no eliminan de sus carteles los rostros asociados a la corrupción.

Sea como fuere, finalmente el pueblo –que unas veces es sabio y otras estúpido- ha hablado, y ha decidido castigar al PP en favor de lo que se ha dado en llamar la izquierda radical. ¿Adónde nos llevará el pueblo? Lo iremos viendo.



23/05/2015

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Elecciones o sobre la operación biquini


Elecciones o sobre la operación biquini

Si en estas últimas semanas usted ha escuchado en las calles más ruido del habitual, ha notado ajetreo en el ambiente y el aire le huele a alquitrán o a combustible, no se preocupe; no nos han invadido los extraterrestres con sus naves espaciales, sencillamente, hay elecciones. Y es que las elecciones en España son como los años bisiestos, como los eclipses o como las pulgas; suceden de cuando en cuando y no se notan hasta que ya están ahí. Por eso, hasta ahora, las calles de su ciudad estaban con baches, las rotondas sucias, los colegios en la ruina, los árboles sin podar, los contenedores escasos, las farolas rotas, el alcantarillado sin hacer, las aceras con socavones. Ahora, sin embargo, como llegan las elecciones, los municipios sacan todo su arsenal de trabajadores a la calle para que parezca que hacen algo. Es algo así como la operación biquini: cuidar el exterior aunque el interior esté hecho una pena. En fin.

Al margen de esta triste realidad publicitaria, las elecciones municipales y autonómicas que se van a celebrar en estos días van a ser sin duda las más reñidas y emocionantes de los últimos tiempos. Según todas las encuestas, hay una enorme igualdad técnica en intención de voto entre cuatro partidos; el PSOE, el PP, Podemos y Ciudadanos. Después de leerme la mayoría de los programas electorales y de escuchar las declaraciones de los líderes de los partidos, hay algunas cosas que me llaman la atención. La más curiosa, sin duda, es que todos los líderes prometen más puestos de trabajo, algo especialmente llamativo en el caso del PP y del PSOE, que no lo han conseguido cuando estaban en el gobierno pero que parece que ahora ya saben cómo hacerlo. Por otra parte, existen infinidad de promesas electorales que los partidos actualmente gobernantes, el PSOE y el PP, no han llevado a cabo en los cuatro años de gobierno pero que –como si fuese un “corta y pega”- vuelven a repetir de nuevo en sus programas electorales. Es como cuando el PSOE apoya la dación en pago pero no la legisla cuando está en el gobierno. Además de las promesas más locales –rotondas, carriles bici, aparcamientos, etc.- parece claro que todos los líderes de los partidos políticos -sean del color que sean- coinciden en las mismas promesas; mayor empleo, ayudas a los más desfavorecidos, ayudas a los parados, transparencia, ayudas a los autónomos, bajada de impuestos, defensa de la educación pública y defensa de la sanidad pública. Parece claro que todos saben qué es lo que funciona mal, que –curiosamente- es lo más básico para una sociedad que pueda considerarse desarrollada; el empleo, la educación y la sanidad. Y esto es muy significativo y triste. Si en Islandia o en Luxemburgo algún político basara su campaña en la creación de empleo o en la mejora de la calidad educativa, no tendría nada que hacer, ya que sus tasas están por debajo del 5% de paro y su sistema educativo, entre los mejores del mundo. Esto pone de manifiesto que los problemas de nuestro país son graves y que es urgente una regeneración. Nuestra tasa de desempleo está por las nubes, los sueldos son ridículos, la sanidad está colapsada, la educación sufre un recorte tras otro, los autónomos están con el agua al cuello y existen demasiadas ayudas sociales porque hay demasiadas desigualdades.

Si, como decía al principio, estas elecciones van a estar muy reñidas que nunca, la decisión de a quién votar tampoco va a ser nada fácil: unos nos han traído hasta donde estamos y otros, nos pueden llevar a la curación… o directamente al infierno.



17/05/2015

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Las grandes ligas


Las grandes ligas

Según parece, los jugadores de fútbol han amenazado con ir a la huelga. Si esto sucediera finalmente, no podría terminarse la liga y nadie sabría quién ha ganado el campeonato. Ante esta horrible posibilidad, los medios de comunicación y los aficionados se han llevado las manos a la cabeza aturdidos e indignados. A juzgar por la cobertura informativa que ha suscitado este asunto, da la sensación de que la no finalización de la liga sería una tragedia única en la historia; una tragedia mucho mayor que la crisis que padecemos, que los terremotos en Nepal o que la muerte de inmigrantes en el Mediterráneo.

Para ser sincero, no tengo ni idea del por qué de la huelga. He intentando descifrar las razones pero no consigo adivinar cuál es el verdadero motivo. Según parece, hay una lucha de intereses entre la Asociación de Futbolistas Españoles –AFE-, la Real Federación Española de Fútbol –RFEF- y el Gobierno de España –Rajoy y sus ministros-. Sin embargo, aunque no alcance a saber cuál es la razón, supongo que –como siempre- tendrá algo que ver con el poder y el dinero. Sobre todo con el dinero.

Si, al final, los jugadores de fútbol se fuesen a la huelga y no terminase la liga, no pasaría nada. El fútbol es un deporte que está por encima de los jugadores y que cualquiera de nosotros tiene en sus pies. Por ejemplo, Olivia. Olivia juega al fútbol. Tiene 14 años, es muy seria, con cara de mal humor y vive en Kampala, Uganda. Es la más joven del equipo, pero a pesar de su juventud lo más probable es que muera a los 23 o 24 años, porque tiene SIDA. Hace unos días, por fin consiguió jugar un partido. Fue gracias a Patricia Campo Doménech, una mujer que muy pocos conocen en España pero cuyo currículo es sencillamente espectacular. Fue la primera mujer piloto de reactor en España, la primera española entrenadora profesional de un equipo de fútbol femenino en Estados Unidos y la primera que ha logrado que en Kampala las mujeres con SIDA tengan esperanza. El único defecto que tiene es que es mujer; porque si fuese un hombre su historia saldría hasta en Sálvame diario. Gracias a su labor como voluntaria, Patricia consiguió hace unos días que esas mujeres de Kampala pudieran al fin jugar un partido contra un equipo rival, algo que fue muy difícil de conseguir debido a la marginación y rechazo que sufren por su enfermedad. Y el partido, aunque no tuvo cien mil espectadores, fue todo un hito en la historia de la humanidad. Lástima que ninguna cadena de televisión se dignara a retransmitirlo porque están demasiado ocupadas llenando de basura la parrilla.

En fin. No me vayan a entender mal. Yo soy un enamorado del fútbol. Los primeros libros que me compré fueron sobre técnica de fútbol. Tenía siete años. Desde entonces, he jugado en infinidad de equipos, tanto profesionales como de aficionados. Admiro el regate de Messi, la fuerza de Ronaldo, el toque de Iniesta, pero también me encanta el esfuerzo de Olivia. La única diferencia es que Messi cobra 20 millones de euros netos al año, Ronaldo, 17 y un tratamiento de SIDA para una persona cuesta unos 8.000. Yo sé que Ronaldo, Messi o Neymar nos impresionan, pero mientras ellos se juegan cada fin de semana la liga y el dinero, cientos de miles de personas se juegan cada día la vida. Mi admiración hacia unos y hacia otros no tiene ni punto de comparación.



22/03/2014

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Día Mundial de la Poesía


Día Mundial de la Poesía

Decía Rabindranath Tagore que “la poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”. Durante muchos años, la poesía ha representado una de las ramas artísticas y literarias más importantes de la cultura. Nombres como Byron, Pablo Neruda, Borges, Gustavo Adolfo Bécquer, García Lorca, Dante Alighieri, Antonio Machado, Caváfis, Shakespeare, Goethe, Rosalía de Castro, Yeats, Leopardi, Rimbaud y un larguísimo etcétera son reconocidos y admirados por sus ya inmortales poemas. Antiguamente, no existía revista cultural o periódico que no publicase uno o varios poemas entre sus páginas, y las lecturas poéticas estaban repletas de asistentes.

Hoy en día, la cultura en general está sufriendo una crisis no solo económica, sino también creativa –aunque una cosa es consecuencia de la otra-. En España, donde la cultura media del ciudadano es bastante límitada y existe un cierto desprecio general hacia todo lo cultural, los índices de lectura no crecen ni a tiros, las exposiciones fotográficas o pictóricas cada vez cuentan con menos afluencia, apenas existe oferta de música clásica o de teatro y la poesía ha muerto casi definitivamente entre los gustos de lectura de los lectores.

La importancia de un país no se mide solo por su Producto Interior Bruto, se mide también por su cultura. El nivel cultural de los ciudadanos y su civismo social son el referente clave para medir el desarrollo de una nación. En nuestra nación, la mayoría de los ciudadanos conocen a Ronaldo, a Messi, a Belén Esteban o a Paquirrín, y saben de la vida de estos personajes más incluso que de la propia, pero pocos conocen a Leopoldo María Panero, ni saben que ha muerto recientemente, ni han leído aunque sea un solo poema suyo –algunos ni siquiera sabrán que era poeta- y, lo que es peor, ni siquiera les importa. Pero, además de esta apatía social hacia lo cultural, lo más grave es el escaso interés que la cultura supone para nuestros gobernantes. En nuestro país, el IVA de una cerveza es semejante al IVA de un libro. Se subvenciona los toros pero se penaliza a las editoriales. Se institucionaliza el arte y se desprecia al artista. Mientras en otros países cientos de artistas –escritores, pintores, músicos, bailarines, etc.- viven de su profesión, en nuestro país son excepción los casos de escritores o pintores que pueden vivir de su arte.

El 21 de marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía, un día en el que hay poco que celebrar. La pérdida creciente de la poesía o la filosofía en la sociedad actual es el reflejo más claro de que el funcionalismo y el materialismo han vencido, en detrimento de lo espiritual y artístico. Joaquín Sabina dijo en una ocasión que “la poesía huye, a veces, de los libros para anidar extramuros, en la calle, en el silencio, en los sueños, en la piel, en los escombros, incluso en la basura. Donde no suele cobijarse nunca es en el verbo de los subsecretarios, de los comerciantes o de los lechuginos de televisión”. Hoy en día, la poesía parece haber huido también de las calles y de los sueños, y ya no somos capaces de oír, como decía Tagore, la melodía del universo en nuestros corazones.



16/03/2014

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En memoria de las víctimas


En memoria de las víctimas

Hace diez años –el 11 de Marzo de 2004-, los españoles nos despertábamos con la trágica noticia de los fatales atentados en cuatro trenes de la red de Cercanías de Madrid llevados a cabo por una célula de terroristas yihadistas. Aquel se convertiría en el segundo mayor atentado cometido en Europa de toda la historia. Ciento noventa y dos personas asesinadas, 1858 heridas y miles de familias destrozadas ya para siempre. En un primer momento, todos los partidos políticos y medios de comunicación atribuyeron la autoría de los atentados a ETA, excepto Batasuna, que mediante un comunicado de su dirigente Arnaldo Otegi, negaba a las 12 del mediodía la participación de ETA en los mismos. A las 12:30, en otro comunicado, el ministro del Interior, Ángel Acebes, atribuía a ETA la autoría de los atentados, añadiendo “Me parece absolutamente intolerable cualquier tipo de intoxicación que vaya dirigida, por parte de miserables, a desviar el objetivo y los responsables de esta tragedia, de este drama”. Alrededor de las ocho de la noche, en una segunda comparecencia, el ministro del Interior informaba del hallazgo de una furgoneta y de la existencia de una cinta y unos detonadores, sin mencionar que fueran distintos a los habitualmente utilizados por ETA. A las 21:30, el periódico Al Quds Al-Arabi, en su sede en Londres, recibía una carta que afirmaba que las Brigadas de Abu Hafs Al Masri, en nombre de Al Qaeda, la red terrorista de Osama bin Laden, estaba detrás de los atentados perpetrados en Madrid.

Al día siguiente, el viernes día 12, todos los medios de comunicación españoles y extranjeros hacían ya referencia a los nuevos indicios que apuntaban a la autoría de grupos islamistas. A partir de ese momento, asistimos a un espectáculo lamentable: un gobierno empecinado en defender la linea de investigación que apuntaba a ETA y una oposición que en ocasiones parecía estar más preocupada por los réditos políticos que podía sacar cara a las elecciones que por la propia tragedia del atentado. Ni siquiera en los momentos de mayor dolor, las malditas dos Españas son capaces de colaborar conjuntamente.

Ese trágico 11 de Marzo de 2004, todos los españoles íbamos en esos trenes. Íbamos en esos trenes porque aquel no fue un atentado con nombres y apellidos; fue un atentado dirigido contra todo nuestro país. Pero, además de esa circunstancia, también íbamos en esos trenes porque todos los ciudadanos somos vulnerables ante los actos de terrorismo, ya sea en aviones, cafeterías o trenes. Por esa razón, cualquier acción encaminada a erradicar el terrorismo mundial no es solo una acción justificada, sino obligatoria para cualquier gobierno.

El dolor de la muerte de un familiar en unas circunstancias tan dramáticas como las acontecidas el 11 de Marzo de 2004, o las heridas físicas o psicológicas sufridas por la vivencia del atentado, no cicatrizarán jamás. Por esa razón, nuestro recuerdo y nuestro aliento a las víctimas tampoco pueden desfallecer nunca. In memoriam.



09/03/2014

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De ignorantes y ladrones: las preferentes de Blesa


De ignorantes y ladrones: las preferentes de Blesa

Warrants, ETF, derivados, futuros, opciones, CFD´s, Sicav, depósitos, opciones binarias, subyacente, cobertura, call, put, activo financiero con rendimiento explícito, beneficio distribuible, cuota de liquidación, disolución del Garante, disolución del Emisor, Euribor, IRS, interés nominal, TAE, fondo de pensiones, plan de pensiones, fondo de garantía parcial… y podría seguir así toda la noche. Seguramente, la mayoría de nosotros hemos leído o escuchado en alguna ocasión alguna de estas palabras referentes a productos financieros. Muchas menos personas sabrán decir el significado y las características de tres de ellas. Y casi ninguno de nosotros sabría explicar claramente las diferencias fundamentales que existen entre un depósito y un fondo, entre el TAE y el interés nominal.

Pues bien, esta misma semana –por el juicio de las llamadas “preferentes”-, el ex presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, alegó ante el juez de la Audiencia Nacional que ser minorista o jubilado no implicaba ser un "ignorante financiero". No se puede afirmar que entre la gran cantidad de personas que fueron “estafadas” con las preferentes no hubiese por ahí algún genio de las finanzas –alguien que entendiese todas las palabras del primer párrafo sin ninguna duda-, pero todos sabemos que la gran mayoría no lo eran. Eran –en todo caso- confiados, por creer ingenuamente que los empleados de las entidades bancarias se preocupaban por los intereses de sus clientes, y no por los del propio banco. Hacer este tipo de declaraciones tan a la ligera es algo peligroso, porque –del mismo modo- a la gente se le podría calentar la boca y decir que ser presidente de un banco o de una caja en España implica ser un sinvergüenza y un ladrón. Sin embargo, lo más grave de todo lo que dijo este señor no fue esa frase tan incendiaria –que oculta la realidad de todo el meollo-, sino que, en cualquier caso, cada uno de los afectados era “responsable” de lo que firmaba y que él no podía “responsabilizarse” de lo que ofreciesen o dejaran de ofrecer los directores de las sucursales.

Cuando uno acepta un cargo, sea cual sea, acepta con ello también una responsabilidad. La palabra “responsabilidad”, como ya sabemos, no existe en nuestro país, ya que aquí nadie es responsable de nada; los bancos quiebran solos, el paro aumenta porque le da la gana, el precio de la gasolina sube porque la gasolina es así de caprichosa, el precio de la luz es muy inestable porque padece de hiperactividad, el dinero se desvía a cuentas de Suiza porque es muy viajero, los edificios pagados con dinero público son caros porque son muy caprichosos y los afectados por las preferentes decidieron joderse la vida comprando un producto que ni siquiera los directores de banco sabían lo que era.

En un país corrupto hasta la médula como es España, asistimos a un momento crítico donde la justicia –si no quiere unirse a la inmundicia generalizada que sufren los demás poderes- debe hacer honor a esa palabra. Los ciudadanos estamos hartos de ver un día sí y otro también que los cargos políticos y los grandes empresarios están exentos de cualquier responsabilidad, como si fuesen una raza aparte de seres intocables.



02/03/2014

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El debate sobre la nación: la misma piedra


El debate sobre la nación: la misma piedra

En el Debate sobre el Estado de la Nación celebrado este martes, el presidente del Gobierno –Mariano Rajoy- comenzaba su intervención en el Parlamento dando lectura a los titulares que sobre España se hacía hace apenas un par de años; “España se ha convertido en la gran preocupación de Europa", "La deuda ahoga a España", "Los males de España pueden golpear a la economía mundial", "La crisis española da vértigo a Europa", "España colapsará, sí o sí", "España: el rescate o el caos", "España al borde del precipicio". Después de esta lectura de titulares, el presidente daba paso entonces a la lectura de los titulares que sobre nuestro país se hace en la actualidad, donde se habla del saldo positivo en la balanza exterior, del récord histórico en las exportaciones y del sector turístico, de la inversión extranjera creciente y de la prima de riesgo reduciéndose. Después de esto, el presidente Mariano Rajoy sentenciaba "Este es el cambio de tendencia; ha variado el rumbo; hemos pasado del retroceso al avance, de la caída a la recuperación, de la amenaza a la esperanza, hemos pasado con bien el Cabo de Hornos..."

Yo no sé en qué país vive nuestro presidente Mariano Rajoy -igual que en su momento tampoco sabía en qué país vivía el lamentable presidente Zapatero-, pero, desde luego, ninguno de ellos parece vivir en España. No voy a negar que las cifras macroeconómicas han mejorado, que la prima de riesgo ya no es un riesgo, que las exportaciones están creciendo, que el turismo en nuestro país aumenta… pero todo ello ha sido a costa de convertirnos en un país tercermundista, un país con una mano de obra barata y unos costes empresariales bajísimos. Hasta el momento actual, las únicas medidas adoptadas por este desgobierno para paliar la crisis han sido una reducción extrema de la inversión pública y una presión impositiva sobre los ciudadanos: aumento de los impuestos directos e indirectos, rebaja de sueldos y eliminación de pagas extras a los funcionarios. Está claro que llevando a la pobreza a los ciudadanos, la crisis se termina más tarde o más temprano; la crisis económica del estado, claro, porque la crisis económica de las familias, aumenta. Así, mientras miles de personas rebuscan en la basura para llevarse algo a la boca, la mayor parte de nuestro dinero como contribuyentes va destinado a pagar las elevadísimas nóminas de nuestros políticos, a paliar la deuda de los bancos y a los ladrones de guante blanco escondidos tras las tramas tipo Gürtel o tipo Nóos.

Las cifras macroeconómicas –por muy buenas que sean- no dan de comer, solo son el reflejo de lo bien que les van los negocios a los grandes empresarios. Un país sin crisis es aquel en el que los ciudadanos pueden trabajar en la profesión para la que han estudiado –en éste ni siquiera pueden trabajar-; donde los sueldos son decentes; donde no solo se recibe turismo, sino que también sus ciudadanos pueden hacer turismo; dónde se valora el esfuerzo, la cultura, la ciencia y los estudios. Sin embargo, en nuestro país de Sálvames, Gandía Shores y fútbol lo único que estamos esperando es a que vuelva a repuntar la construcción para volver a hincharnos a comprar pisos y cometer otra vez los mismos errores.



22/02/2014

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Por una jornada laboral digna


Por una jornada laboral digna

El diario estadounidense The New York Times ha publicado recientemente un artículo sobre las costumbres españolas. Bajo el título "España, el país donde se cena a las 22.00 h., pregunta si no es hora de cambiar los horarios", el reportaje retrata la costumbre de las cenas tardías propias de nuestro país, poniendo como ejemplo un miércoles cualquiera en un bar a la hora de la cena, cuando los clientes se reúnen en torno a un cubo de botellines de cerveza mientras la camarera sirve raciones de tortilla de patatas. "Entonces comienza el partido, a las 10.00 pm", señala. Añade el diario que aunque España "sigue funcionando con sus propios ritmos y horarios", la "devastadora crisis económica" ha hecho que surgiera un movimiento en favor de la eficiencia, que sostiene que el país puede llegar a ser más productivo y estar más en sintonía con el resto de Europa si adoptara un horario estándar. Para ello, el artículo señala que se deberían modificar distintos aspectos, siendo el más importante que la jornada laboral fuera cambiada por un horario de 9 a 5 de la tarde.

No seré yo quien diga que los españoles somos unos trabajadores dignos de elogio. En realidad, pienso justamente todo lo contrario. De hecho, creo que en España los horarios laborales son excesivamente largos pero que el tiempo productivo es vergonzosamente corto. Nos gusta más la cháchara, el compadreo, el compañerismo, la hora del café que agachar la espalda, y eso se nota cuando se mide la productividad de los países, donde siempre aparecemos en la parte baja. Sin embargo, aparte de nuestra propensión a la holgazanería, existen varios aspectos que sí me gustaría aclarar.

En España da igual que produzcas más o que produzcas menos: siempre hay ladrones dispuestos a robarte. En unas ocasiones es el propio estado el que elimina las pagas extras o “roba” los sexenios o reparte el dinero público a eléctricas, constructoras y bancos. En otras ocasiones son los empresarios, que en este país de chorizos abusan de sus empleados para mejorar sus beneficios. Así que, visto el percal, pedirnos a los trabajadores productividad cuando son algunos empresarios y el propio estado los culpables de nuestra crisis particular, es un poco de caraduras.

Por otra parte, mi primo –como muchísimos otros trabajadores- comienza a trabajar a las nueve de la mañana, tiene quince minutos para comer y regresa a casa a eso de las ocho de la noche. Once horas metido en una nave. Como su jefe dice que la empresa está en crisis, mi primo realiza el trabajo de dos o tres operarios; eso sí: con la cabeza agachada, porque si protesta se va a la calle. De horas extras y vacaciones, ni se habla. Mi primo, al final, produce como tres personas y cobra como media.

Quien gobierna el dinero manipula el mundo, y así nos han hecho creer que el trabajo nos hará libres. Qué duda cabe que cuando uno va al trabajo tiene que trabajar, pero la vida es algo más que ocho horas metido en una oficina; en la vida también debe haber tiempo para ir al cine, para leer, para pasear por la playa, para ver un programa de televisión, para jugar con los hijos, para pintar, para saltar a la comba o para estar tumbado mirando las estrellas. Por eso, el debate no debería ser cómo mejorar la productividad, sino cómo repartir mejor la riqueza; esa riqueza que hace que unos tengan tiempo para pasear sus colgajos en yate y otros no vean ni la luz del día.



16/02/2014

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El precio del delito


El precio del delito

El Gobierno –o lo que sea esto que tenemos- se ha puesto manos a la obra y ya está preparando un nuevo mecanismo para fijar el precio de la luz. De hecho, parece ser que este mecanismo empezará a funcionar en el mes de abril, aunque no se sabe si beneficiará a los consumidores o a las compañías eléctricas. Viendo el interés de este gobierno por sus ciudadanos, estoy seguro de que será lo segundo.

El caso es que a partir del mes de abril, los precios de la luz se fijarán de manera que los usuarios que ahora están acogidos a tarifas reguladas paguen el kilovatio consumido en función de cómo cotiza este en el mercado mayorista, llamado técnicamente pool. Si el usuario tiene contador inteligente –es decir, que mida el consumo por horas-, en su factura mensual vendrá desglosado cuánto consumió en cada momento y qué precio tenía el kilovatio en ese preciso instante, según su cotización en el pool. Sin embargo, si el usuario no tiene contador inteligente –que cuesta unos 60 euros, instalación incluida-, la compañía eléctrica calculará la media de todos los días del periodo de facturación, que seguirá siendo bimestral. Lo curioso de todo este batiburrillo de cálculos es que el precio medio del pool se mueve más que una pulga rabiosa, y mientras que el precio de esta semana rondaba los 3,18 euros por megavatio, el día 31 de enero –por ejemplo-, el precio era de 39 euros, aunque lejos de su récord, situado en diciembre del año pasado, donde casi alcanzó los 100 euros. Así que, al final, pondrán el precio que les de la real gana, como han hecho siempre.

Pero milongas y engaños aparte, lo cierto es que el precio de la potencia contratada -que es independiente del consumo que se haga- ha pasado de 21,8 euros kilovatio/hora en febrero de 2013 a 42 euros en febrero de 2014. Es decir; el doble en un año. Al reducirse por parte del Gobierno el peso de la parte variable, se hace prácticamente imposible ahorrar en el consumo de la luz. Según el propio Ministerio de Industria –o lo que sea eso- la parte fija ha pasado del 35% en enero de 2013 al 60% en febrero de 2014, con lo cual lo mínimo que se ha de pagar cada mes cuesta el doble que hace un año, por lo que ya no cuenta tanto si uno se deja encendido todo el día las luces de toda la casa, el horno, el microondas, la vitrocerámica y la lavadora juntos. Al final el 60% de lo que se paga es fijo.

En un país tan empobrecido como el nuestro, donde el 26% de la población activa está en el paro, donde un 12% de los trabajadores no pueden cubrir las necesidades básicas, donde los sueldos de los trabajadores son de los más bajos de toda Europa, donde los contenedores son más visitados que el ruinoso aeropuerto de Castellón, resulta absolutamente insultante seguir manteniendo un precio de la luz como el que tenemos. Pero claro, las eléctricas son y han sido el retiro dorado de muchos de nuestros políticos –una treintena de altos cargos de los últimos gobiernos democráticos según algunas investigaciones periodísticas-, así que esta propuesta del Gobierno no es más que un nuevo y burdo truco de ilusionismo para seguir favoreciendo a los de siempre.



08/02/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Un par de hostias


Un par de hostias

Se cuenta que en un pueblo pequeño y pobre nació un niño cuyos padres querían a toda costa que fuese músico. Para conseguir este objetivo, los padres llevaron al niño a clases particulares y, posteriormente, al conservatorio de la capital. A pesar de que el chaval era un poco zopenco, la obstinación de los padres era tal que a base de castigos consiguieron que su hijo fuera pasando curso a curso hasta acabar sus estudios de música. Tras aquello, lo enviaron a estudiar a Estados Unidos, donde residió varios años y se convirtió en un músico con cierto prestigio. Como agradecimiento a tanto esfuerzo paterno, el hijo regresó a su pueblo después de muchos años para interpretar gratuitamente ante todos sus vecinos y la prensa local su última composición, una obra moderna llena de acordes tan monorrítmicos como adormecedores. Al terminar la interpretación, un periodista se acercó a un anciano y le preguntó: ¿qué piensa de la ejecución? El hombre se quedó pensando y después de un rato dijo: hombre, tanto como la ejecución, no… pero un par de hostias…

La semana pasada, mis queridos amigos del Fondo Monetario Internacional, en su enésimo estudio sobre cómo reactivar el crecimiento y el empleo en Europa, señalaba que la elevada tasa de paro que padecemos en España –recordando que está entre las más altas de la OCDE- no se explica únicamente por el estallido de la burbuja inmobiliaria sino que “se debe en gran parte a la rigidez salarial, la insuficiente flexibilidad de las condiciones laborales y el alto dualismo del mercado laboral”. Con toda esta palabrería lo que querían decir es que el despido en nuestro país debería ser más barato y, sobre todo, que los sueldos deberían bajar más, ya que –según este organismo- la caída de los salarios que se ha producido desde el año 2010 no ha sido suficiente para compensar la excesiva subida de los años anteriores. Si la memoria no me falla, el salario mínimo interprofesional en España está en 752,85 euros al mes, gracias al subidón del 0,6% aprobado por el Gobierno en Diciembre. En nuestro país vecino, Francia, es de 1.425,67 euros. Según Adecco, España ocupa el puesto número 15 del ranking de salarios europeos, gracias al salario medio más alto, que lo cobran en el País Vasco y que asciende a 1.981 euros brutos al mes. Si solo contásemos la media del conjunto de las comunidades, sería de 1.450 euros mensuales. Por debajo de España tan sólo están Portugal (1.078 euros) y Grecia, que no ofrece datos. El ranking lo lidera Noruega, con un sueldo medio de 3.644 euros mensuales. Tampoco lo hacen mal Alemania y Reino Unido, con 2.445 y 2.341 euros mensuales, respectivamente.

Por el lado contrario, España es uno de los países de la Unión Europea con la gasolina más cara, la electricidad más cara, el agua más cara, el gas más caro, la telefonía más cara, el ADSL más caro, los estudios más caros, etc, etc, etc. Solo para poder ducharse, acudir al trabajo, tener un frigorífico enchufado y llamar a nuestra madre, en España se necesitan cerca de unos 400 euros al mes, así que decir que hay que bajar los sueldos es un atentado moral de proporciones mayúsculas. Por eso, si alguien me preguntase sobre la ejecución del FMI, les diría que tanto no, pero un par de hostias...



26/01/2014

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


La incívica sociedad española


La incívica sociedad española

Hace unos días, en una conocida tienda de ropa, contemplé una escena que se repite con muchísima frecuencia en todo tipo de comercios y que bien podría exportarse como la “marca España” de nuestro carácter. Una pareja que rondaría la cuarentena paseaba por los pasillos del comercio mirando ropa. En un momento determinado, la mujer tomó entre sus delicadas manos tres perchas con camisetas interiores, miró el preció, las ojeó por un lado, luego por el otro e intentó colocarlas de nuevo en el mismo lugar, fracasando en el intento. Las camisetas interiores y las perchas cayeron al suelo. La mujer miró para las camisetas y -sin descomponérsele la cara lo más mínimo- siguió caminado al lado de su pareja para cometer quién sabe si otra fechoría. A menos que ambos tuviesen un lumbago atroz o una fístula en el culo, bien podrían haber agachado el espinazo y recoger lo que se les había caído. Pero no.

Cuando uno va a los centros comerciales en España que están dirigidos especialmente a clientes extranjeros –ya no digo cuando uno va a otros países de Europa--, se da cuenta inmediatamente de que estos centros están infinitamente más limpios que los centros comerciales donde la marabunta española es mayoritaria. Y eso es porque los españoles somos unos cochinotes, unos amantes del fango, y no nos importa tirar colillas al suelo, ni dejar una lata de cerveza encima de un banco, ni hacer pis en el portal del vecino. Sin embargo, lo grave de este tipo de conductas no es solamente que refleje que los españoles en general somos puercos hasta decir basta; lo importante es que refleja que los ibéricos somos individualistas, clasistas, egoístas, egocéntricos y, sobre todo, que nos la suda el resto de la sociedad. Por eso, no nos importa que los vecinos no puedan dormir por culpa de la música que ponemos a todo volumen, ni que el conserje del edificio tenga que recoger una compresa que hemos tirado –verídico-, ni nos importa que un niño pueda cortarse con el botellín de cerveza que hemos dejado en el banco de un parque, ni nos importa que las calles de nuestra ciudad parezcan una pocilga, ni nos importa ocupar dos plazas de aparcamiento y que otro conciudadano no pueda aparcar. Y, por eso mismo, tampoco nos importa que otro trabajador –esos que defendemos con tanta ligereza- tenga que recoger la ropa que hemos tirado. Y si somos así como clientes, como empresarios somos igual, por eso no nos importa pagarles decentemente a nuestros trabajadores, ni respetarlos, porque si son esclavos cuando paseamos por una tienda, más aún si somos nosotros quienes les pagamos.

España, como sociedad que comparte, defiende y transmite una cultura y unos valores, no existe. Es un problema que arrastramos desde hace siglos. En realidad, somos una panda de individualistas que compartimos la misma causa solo si es para beneficio propio, pero huimos como ratas cuando el asunto beneficia solo a los demás. Por eso, resulta paradójico que critiquemos tanto a nuestros políticos cuando no son más que el reflejo de lo que somos. Hasta que no comencemos a tener una verdadera conciencia social, a preocuparnos por respetar a los demás, a concienciarnos de que todo lo que hagamos negativamente afecta a los otros y que eso debe importarnos, hasta entonces, seguiremos siendo lo que somos; una sociedad inculta y mediocre.



19/01/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Ricos más ricos y pobres... más pobres


Ricos más ricos y pobres... más pobres

Una de las características más determinantes de los países pobres es que este tipo de países posee una clase media muy baja. Por lo general, la clase media es la que mantiene vivo el consumo, la que hace que las empresas tengan que producir más y, por añadidura, la que hace que un país sea más rico. Pues bien; según los últimos datos conocidos esta semana a través de un estudio elaborado por Icsa y la escuela de negocios Eada, parece ser que la clase media española está desapareciendo. Para ser más concretos, este estudio señala que desde el inicio de la crisis, el poder adquisitivo respecto al nivel acumulado de inflación de los mandos intermedios y de los empleados de las empresas se ha visto disminuido en un 8,56 y un 4,72%, respectivamente. Según este mismo estudio, la retribución de los salarios de mandos intermedios y empleados cayeron un 3,18 y 0,47% en 2013, con retribuciones medias de 36.552 y 21.307 euros anuales, respectivamente. Sin embargo, el dato curioso viene ahora. Al parecer, según los datos que se han presentado, los directivos de las empresas han ganado un 3,42% más desde el inicio de la crisis; un 7% ni más ni menos en 2013. La retribución media anual de los directivos se situó así en 80.330 euros brutos. En resumen; que los ricos cada día son más ricos y los pobres –cómo no- cada día son más pobres.

Como ya he señalado en más de uno de mis artículos, resulta curioso que ninguno de los grandes directivos de nuestras grandes y medianas empresas nacionales haya perdido poder adquisitivo en una crisis en la que los contenedores de basura se han convertido en los supermercados del pueblo. También resulta curioso que en estos casi cuatro años de crisis brutal ninguna gran empresa nacional o internacional haya bajado considerablemente en sus beneficios –cuando no los aumentan-, y que aquellas que han caído en la quiebra hayan sido salvadas por los gobiernos. Siguiendo con las curiosidades, también resulta llamativa la cantidad de políticos que una vez que abandonan la política son de repente contratados por las grandes empresas de este país recibiendo a cambio unos sueldos sencillamente escandalosos. Siendo mal pensados, uno puede llegar a imaginarse que estas empresas contratan a tanto político inútil en agradecimiento a la ingente cantidad de dinero que reciben en forma de subvención del Estado; un dinero –por cierto- que sale mes a mes de nuestras famélicas nóminas.

Teniendo en cuenta todos estos datos y todas estas circunstancias, parece que la crisis tan solo la padecemos los ciudadanos corrientes y que –por el contrario- beneficia a la clase más poderosa. Tal vez por eso las crisis duran tanto. No soy de los que defiende así porque sí el paternalismo estatal en modo de becas, subvenciones y ayudas a los ciudadanos. Tampoco de los que justifica a aquellos que han vivido muy por encima de sus posibilidades y ahora lo han perdido todo. Sin embargo, sí creo en una economía responsable y en el reparto de los beneficios. Porque los beneficios –ya sean de empresas o de estados- los generamos todos aquellos que nos levantamos a las siete de la mañana para pasar ocho o más horas de trabajo. Cuando frente al escandaloso aumento de las nóminas de los directivos y a los beneficios de las empresas observamos a la cantidad de personas que injustamente se van al paro como estrategia para seguir engordando los beneficios, no se puede hablar más que de robo y de estafa. Y estas conductas –por ilegales e inmorales- deben ser condenadas.



11/12/2013

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


La educación emocional en la adolescencia


La educación emocional en la adolescencia

La adolescencia es uno de los periodos más complejos en la vida de un ser humano. En ella se producen enormes cambios físicos y psicológicos como consecuencia de dejar atrás la infancia y prepararse para la vida adulta. Es, por tanto, un periodo de incertidumbres, pero -sobre todo- un periodo donde emergen de manera extraordinaria las emociones. Debido a este crecimiento de sentimientos, se producen en esta etapa ciertos desequilibrios emocionales. Estos desequilibrios emocionales se deben a dos razones principales: la primera, a que la llegada a la adolescencia supone un desarrollo espectacular de las emociones, especialmente las relacionadas con el amor, pero también con la ira, la frustración, la violencia, la angustia, la ansiedad, la timidez, etc. La segunda razón de estos desequilibrios emocionales se debe a la necesidad del adolescente de hacer uso de su autonomía, lo cual choca frontalmente en muchas ocasiones con las necesidades de control de profesores y, especialmente, de padres. En una era tecnológica como la que vivimos, parece que no existe nada más allá de las nuevas tecnologías. Los seres humanos aprendemos a utilizar los más avanzados instrumentos tecnológicas, pero apenas tenemos herramientas para enfrentarnos a la muerte de un ser querido o a la frustración o a la soledad o a la marginalidad o a la presión grupal. En la actualidad, las estadísticas sobre incidencia y prevalencia de estados de ansiedad, estrés, depresión, consumo de drogas, violencia de género o suicidios tanto en adultos como en jóvenes son sencillamente alarmantes.

En la adolescencia, más que en cualquier otra etapa, es no solo fundamental sino necesaria una educación emocional dentro de las aulas. Se trataría de una educación encaminada al desarrollo de las competencias emocionales por parte del alumno, con el fin de capacitarle para la vida y aumentar su bienestar personal y social. Es decir; para que el alumno construya una serie de mecanismos que le ayuden a afrontar de manera equilibrada todos los aspectos emotivos que surgen del hecho de vivir: la rabia, el odio, la envidia, el amor, la amistad, la muerte.

En mi último libro, “Manual para superar la adolescencia: tratado de educación e inteligencia emocional” http://bit.ly/1d59qii abordo los problemas que más preocupan a los jóvenes: la relación con los padres, las drogas, las relaciones sexuales, la imagen corporal, las redes sociales y la violencia de género. Para tratar dichos temas, se han recogido opiniones de adolescentes y de padres, se han seleccionado noticias y se han analizado diversos estudios al respecto. Está escrito con un lenguaje cercano, al tiempo que didáctico, de tal modo que los jóvenes puedan acercarse a su lectura sin sentirse aleccionados, aspecto fundamental en la educación emocional. Pero, también, con un lenguaje claro y directo, en ocasiones provocativo, con el fin de fomentar la reflexión y la autocrítica.

Además de para adolescentes y profesionales de la educación, su lectura también está recomendada para los padres, ya que les ayuda a comprender cómo son sus hijos, lo que piensan y cuáles son sus problemas fundamentales, de tal modo que puedan establecer con ellos una relación más equilibrada.



14/06/2014

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


Ya llegó el Mundial


Ya llegó el Mundial

Me encanta el fútbol. Soy un tonto de ese deporte. Yo es ver un balón de fútbol y lanzarme tras él a zancadas como un león tras una gacela. Y es que el fútbol es el deporte rey, el juego por excelencia, la madre de todas las ciencias. A lo mejor no hemos cambiado una bombilla en nuestra vida, ni hemos entendido el principio de Arquímedes, ni sabemos enlazar una palabra con otra, ni sabemos hacer la o con un canuto, pero ¿quién no ha dado alguna vez una patada a un balón o –en su defecto- a una lata de refresco chafada? Ahí radica su grandísima virtud. Sin embargo, siempre que hablo del fútbol se me queda una espinita clavada: amo el fútbol como deporte y lo desprecio como negocio.

No creo que nadie en el mundo valga 41 millones de euros. Esa es, precisamente, la cifra que cobra Lionel Messi al año: 12,5 millones de euros de sueldo del F.C. Barcelona, 2 millones y medio en primas y 25 millones más de diferentes marcas publicitarias, y eso que es soso como él solo. Al igual que él, la mayoría de los jugadores de fútbol mejor pagados del mundo –no he dicho científicos, ni artistas, ni investigadores- juegan en nuestro país. Ya sé que cuando decimos 41 millones de euros no se nos ponen los pelos como escarpias porque ya estamos acostumbrados a escuchar ese tipo de cifras, pero con tan solo un millón de euros en el banco, cualquiera de nosotros podría vivir de lujo sin trabajar durante toda la vida.

El dinero suele corromper el espíritu, y los jugadores de fútbol de hoy en día ven este deporte más como un modo de enriquecerse que como un modo de desarrollarse. La escasa moralidad de los jugadores de fútbol ha llegado a tal extremo que incluso la selección camerunesa se negó a viajar a Brasil para jugar el Mundial si no llegaban a un acuerdo con las primas. A parte del dinero que cobrarán, los propios jugadores de la selección española recibirán una prima de 720.000 euros si ganan el Mundial. El doble que Alemania, Brasil o Francia. Esto absolutamente injustificable, ya que ganar es su obligación, y nadie debe cobrar primas por realizar bien su trabajo. Tampoco se le pagan primas a un cirujano cada vez que opera a un paciente a corazón abierto, ni a un bombero que apaga un incendio, ni a un profesor que enseña a leer a un niño, ni a un policía que detiene a un delincuente –aunque luego el juez se encargue de ponerlo en la calle de nuevo-.

Hay quien dice que los jugadores de fútbol cobran lo que generan, pero no es cierto. Los clubes de fútbol españoles todavía deben a Hacienda –a esa hacienda que, según nos dicen, somos todos- 3.218 millones de euros. El presupuesto del Ministerio de Sanidad es de 1.907 millones de euros. El presupuesto del Ministerio de Educación es de 2.150 millones de euros. Cuando cualquiera de nosotros comete un error de un céntimo en la Declaración, Hacienda se encarga de cobrarnos el céntimo más una sustanciosa multa. Así que, tal como está el percal, yo no sé si cuando aplaudo a mi equipo de fútbol o a nuestra selección en realidad estoy aplaudiendo a mi equipo o a un modelo social inmoral e injusto que mientras me entretiene, por detrás, me jode la vida.



08/06/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Otros vendrán


Otros vendrán

La verdad es que me cae bien el Rey, qué le voy a hacer. Tal vez se deba a esa cara simpaticona, o a que lo he visto en tantas ocasiones que me he emocionado y me he enfadado con él como si fuese un miembro más de mi familia, o a su imagen de preocupación en el 23-F, o a que ha sido uno de los personajes principales para que en este país tengamos una democracia. Yo que sé. Pero lo cierto es que, sin ser monárquico, sí soy “juancarlista”, y creo que en todos sus años de reinado ha realizado una buena labor como embajador de nuestro país, con sus aciertos y sus enormes errores, muchos de los cuales son absolutamente injustificables.

Siendo progresista como soy, yo sé que quedaría mucho mejor que dijera que en este momento de abdicación se abre un periodo ideal para restablecer una “Tercera República”, pero no lo creo. Dicen aquellos políticos y periodistas que defienden esta opción que los ciudadanos deberíamos tener derecho a elegir en referéndum si queremos una monarquía o una república. Y es cierto. Sin embargo, puestos a hacer referéndums así a lo loco, yo preferiría poder elegir si los políticos que no cumplen sus programas electorales o que hunden un país deberían ir a la cárcel, al igual que el resto de profesionales que cometen graves errores en su trabajo. También me gustaría poder elegir si aquellos nacionalistas cuyas ideas de independentismo generan segregaciones y discriminaciones deberían ser acusados de alta traición al estado. También me gustaría poder decidir si todo el sistema de justicia debería ser reformulado, por eso de que en nuestro país hay más delincuentes fuera que dentro de la cárcel. También me gustaría poder decidir si aquellos banqueros que han hecho quebrar un banco deberían estar en prisión, y no en las mejores empresas de España. También me gustaría poder decidir sobre la ley del aborto, sobre la seguridad ciudadana, sobre la incultura de nuestro país, sobre las becas, sobre el sistema sanitario, sobre las jubilaciones. Y después de todo eso, también me gustaría poder decidir si establecemos en nuestro país una República o seguimos con nuestra Monarquía parlamentaria.

Por otro lado, cuando veo quiénes podrían ser Presidentes de la República en nuestro país, se me ponen los pelos de punta, sobre todo cuando pienso en Zapatero o en Mariano Rajoy. Lo mismo me sucede si pienso en Susana Díaz, en Cayo Lara o en Pablo Iglesias. Ni qué decir tiene lo que siento cuando pienso en otros políticos como Artur Mas, Inigo Urkullu, Alberto Ruiz-Gallardón o Pilar Rahola. Y es que, a pesar de que la monarquía se basa en un derecho de sucesión arcaico, también es cierto que nuestros políticos actuales son una casta aparte, una casta con unos privilegios inaceptables, que se cubren y defienden entre ellos, cuyos cargos también pasan de padres a hijos, primos y demás familia, cuya formación es escasa y que roban mucho más de lo que nos supone el gasto de la corona. Así que, puestos a decidir, yo preferiría que el primer referéndum fuese cambiar la ley electoral e introducir en ella las regulaciones y sanciones necesarias para no sufrir de nuevo esta lacra de politicuchos que nos han conducido a la degeneración social, al hambre y a la miseria.



30/05/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Las decepciones europeas


Las decepciones europeas

Los resultados de las elecciones europeas han dejado algunas sorpresas y curiosidades tanto en España como en el resto de los países europeos. En lo que respecta a España, como en años anteriores, la abstención ha sido la fuerza más votada, tal vez porque ya pocos ciudadanos creen en esta Europa divida e inútil y menos aún piensan que votar sirva para algo. Al margen de este dato ya consabido y esperado de la abstención, lo más significativo en nuestro país ha sido la fisura que ha sufrido el bipartidismo reinante. Aunque al final, como casi siempre, todos los dirigentes han salido en pantalla haciendo valoraciones muy positivas sobre los resultados obtenidos, en realidad, tanto el Partido Popular como el Partidos Socialista se han dejado cientos de miles de votos y algunas decenas de escaños. Ni siquiera los sondeos más pesimistas habían anticipado esta situación, que ha cogido por sorpresa a los dirigentes de ambos partidos. Por su parte, los partidos minoritarios -como IU, Podemos o UPyD-, han conseguido mejorar sus resultados, gracias en buena medida a la mala gestión que han realizado tanto el PP como el PSOE en sus respectivos gobiernos. Los casos de corrupción, la ayuda a los bancos, el servilismo hacia las grandes empresas, la despreocupación por los ciudadanos y el apoltronamiento que comparten ambos partidos ha hecho que muchos ciudadanos se hayan decantado por nuevas fuerzas políticas más reivindicativas y comprometidas con la sociedad.

En cuanto al resto de países europeos, lo que más ha llamado la atención –incluso, más ha atemorizado- es el aumento significativo de las fuerzas de extrema derecha, que ha crecido en la mayoría de los países europeos, subiendo con especial fuerza en Austria, Croacia, Dinamarca, Francia, Letonia y Reino Unido. Evidentemente, el aumento de este tipo de grupos no es del agrado de la mayoría –sí de quienes les han votado- pero no podemos fijarnos tanto en su aumento como en las causas que lo ha generado. En este sentido, la mayoría de los partidos de extrema derecha basan sus mensajes en los perjuicios sociales que genera el aumento de la inmigración y la inseguridad ciudadana -a veces como causa y efecto-, combinando estos mensajes con un sentimiento patriótico. Este tipo de ideologías consiguen infinidad de adeptos gracias especialmente a las crisis económicas y a las crisis de valores sociales, tal y como ocurre en la actualidad. Muchos ciudadanos tienen la sensación de que su gobierno les olvida en favor de otros ciudadanos extranjeros, y ese sentimiento es bien aprovechado por este tipo de partidos. Como afirma Dominique Reynié, profesor de ciencias políticas, “Las extremas derechas han sido las únicas que han tenido en cuenta el desarraigo de las poblaciones afectadas por la erosión de su patrimonio material –paro, poder adquisitivo– y de su patrimonio inmaterial, es decir; su estilo de vida amenazado por la globalización, la inmigración y la Unión Europea”. Por este motivo, tenemos que tener muy en consideración la fuerza de los sentimientos ciudadanos, no vaya a ser que en un futuro volvamos a llevarnos otra vez alguna que otra desagradable sorpresa.



23/05/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


La cara de la mentira: sobre la ética PP-PSOE


La cara de la mentira: sobre la ética PP-PSOE

Hace ya muchos años, cuando era pequeño, vi una película de humor que ahora me ha venido a la memoria. No me acuerdo del título ni de los actores, pero me acuerdo de una escena que me resultó muy graciosa. Trataba de un diminuto país donde gobernaba un dictador. Este dictador en cuestión, para mejorar las libertades de su país, había convocado elecciones presidenciales. Todo el país se movilizó para celebrar el feliz acontecimiento. Entonces, en la escena en cuestión, tras convocar las elecciones, aparecía una pared donde había dos carteles. Uno de los carteles, con un fondo azul, ponía: “vote al partido azul”. El otro cartel, con un fondo rojo, ponía, “vote al partido rojo”. Lo gracioso del tema era que en los dos carteles –en el rojo y en el azul- aparecía la misma cara del candidato: la cara del dictador.

No sé por qué razón, las elecciones europeas me han recordado aquella escena. Tal vez porque el partido rojo y el partido azul de nuestro país son muy parecidos, aunque nos quieran hacer creer lo contrario. Yo entiendo que los hooligans de cada uno de los partidos se enfaden cuando se hace esta afirmación y que digan que no todos son iguales, pero la verdad es que tanto el Partido Socialista como el Partido Popular comparten –sino ideología- sí al menos una misma raíz ética. Ni el Partido Popular ni el Partido Socialista han condenado firmemente hasta la fecha la corrupción política. Esto se debe a que muchos miembros de ambos partidos llevan cometiendo actos de corrupción desde tiempos inmemoriales. Tampoco ninguno de los dos partidos ha tomado medidas internas para eliminar a aquellos políticos ladrones que recorren los pasillos de sus respectivas sedes. Debido a esta falta de ética, ni en el Partido Popular ni en el Partido Socialista dimite nadie por temas relacionados con la corrupción. Es más; siguen manteniéndolos en el partido y defendiéndolos hasta que ya se hace imposible o les salpica directamente. Además de todo esto –aunque luego se tiren los trastos unos a otros-, ambos partidos comparten también la tradición, ya que si nos fijamos en los dirigentes tanto del PP como del PSOE, podemos comprobar que muchos de ellos proceden de familias con miembros en política desde la época del franquismo.

Durante estas últimas semanas, he estado escuchando atentamente lo que decían el partido rojo y el partido azul de nuestro país. Entre las frases del candidato del Partido Popular, el incalificable Miguel Arias Cañete, me quedo con esa que decía que ahora España ya no es el problema de Europa. Y es verdad; España es y ha sido el problema de España, porque en nuestro país se roba y se evade una cantidad de dinero ingente que empobrece a la población con el beneplácito de los gobiernos. Por el lado contrario, entre las frases de la candidata de currículo inflado del Partido Socialista, Elena Valenciano, me quedo con aquella que decía que buscarán el dinero de los paraísos fiscales para devolvérselo a los trabajadores, algo curioso, porque el Partido Socialista se ha olvidado de los trabajadores desde el año 1996.

El día 25 de mayo iré a votar a las elecciones de una Europa que no existe para ejercer mis derechos democráticos que cada vez son menos. Intentaré votar en conciencia, pero –si digo la verdad- empiezo a estar ya harto de ver en todos los carteles –en el azul y el rojo- la misma cara.



18/05/2014

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


De yonquis, enfermos y homicidas


De yonquis, enfermos y homicidas

Siempre me ha admirado la capacidad que tenemos los españoles para justificarnos ante nuestras malas acciones. Como prueba máxima de la justificación, hemos inventado la expresión “que yo no he matado a nadie”. Así, si aparcamos en doble fila y el policía intenta ponernos una multa, le decimos a voz en grito: “oiga; que yo no he matado a nadie”, y con eso damos por hecho que somos buenos y no merecemos ningún tipo de sanción. Lo mismo decimos si incumplimos una norma de tráfico, si no pagamos a hacienda, si mentimos a otros o si cometemos algún delito menor. Lo que sucede es que, en muchas ocasiones, matar o no matar a alguien no depende única y exclusivamente de nuestra voluntad, sino de nuestro grado de irresponsabilidad.

Hace ya varios meses, en el programa Sálvame Deluxe, Sofía Cristo hacía unas declaraciones en las que confesaba que tomaba drogas desde los 15 años. Ante las preguntas de los contertulios, esta mujer afirmó que ser drogadicto era una enfermedad, como quien tenía un cáncer. Aquella comparación entre el consumo de drogas y una enfermedad tan cruel como el cáncer pasó prácticamente desapercibida, y nadie pareció escandalizarse por ello, tal vez porque algunos de los contertulios –en otras épocas- también disfrutaron de esa costumbre. Tampoco aquella declaración causó escándalo en los medios de comunicación, tal vez porque todos damos por sentado que tomar drogas es una enfermedad. Hasta donde yo sé, ninguna persona elige coger una jeringuilla e inyectarse, por ejemplo, un cáncer o una artrosis. Sin embargo, para esnifar cocaína, hay que ir a comprar la droga, ponerla en un lugar seco y llano, coger un tubito, introducirlo en nuestra nariz y aspirar el polvillo profundamente. No voy a negar que ser drogadicto o tener un familiar yonqui no sea una desgracia, duro, doloroso, pero no es algo sobrevenido, sino algo en lo que interviene de algún modo la voluntad.

En este punto, se preguntarán, ¿a qué viene todo esto? Pues bien, según ha indicado el Instituto Nacional de Toxicología, un 43% de los conductores fallecidos el año pasado en accidente de tráfico había consumido drogas, alcohol o psicofármacos. De igual modo, el informe destaca que el 23% de los fallecidos por atropello también presentaban concentración de estas sustancias en sangre. Hace unas semanas, el famoso torero José Ortega Cano entraba en prisión condenado a dos años y medio de cárcel por un accidente de tráfico en el que murió una persona cuando –según la sentencia- conducía con una alcoholemia el triple de lo autorizado. Hace tan solo unos días, en Monterrubio de la Serena (Badajoz), cinco menores fallecían al chocar el microbús en el que viajaban con una máquina agrícola. El conductor de la retroexcavadora fue detenido por dar positivo por drogas.

Es evidente que cualquiera puede cometer un error en la carretera, pero si consumimos algún tipo de sustancias el riesgo de padecer o –lo que es peor- provocar un accidente mortal aumenta considerablemente. Sin embargo, en este país extraño, aplaudimos alegremente a personajes famosos que han declarado consumir drogas, los invitamos a charlas para que cuenten sus experiencias, los ensalzamos, escriben libros, mientras los enfermos de cáncer padecen a diario el dolor de la enfermedad, tienen que pagar por ver la televisión en los hospitales, soportan largas listas de espera y sufren el olvido y el silencio de una sociedad que, cuando menos, parece profundamente corrompida.



11/05/2014

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


La riqueza de los docentes


La riqueza de los docentes

En la conferencia sobre la Evaluación de las Competencias de Adultos (PIAAC) en Brasilia, la secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, Montserrat Gomendio, afirmó durante el acto inaugural que en España "se ha invertido mucho dinero" en educación durante la última década, "pero no se ha invertido bien". Para matizar sus declaraciones, la señora Gomendio precisó que "la mayor parte de la inversión se ha desviado a reducir la ratio alumno-profesor y a mejorar el salario de los profesores". No contenta con semejantes declaraciones, esta mujer afirmó que "La ratio está en los 12 alumnos por profesor”. Alentados por estas palabras y por los pésimos resultados del alumnado español en las evaluaciones internacionales, cientos de periodistas y contertulios se dispusieron a criticar duramente la labor y –sobre todo- el salario excesivo de los docentes.

Según un informe de la Unión Europea de octubre del año pasado, España se encuentra entre los países de la U.E. que más han recortado el gasto en educación. El informe señala que el gasto público en educación en España cayó del 5,1% del PIB en 2009 al 4,7% en 2011, por debajo de la media europea del 5,3%, y que la asignación presupuestaria total para educación disminuyó un 4,1% en 2012 y un 7,3% en 2013. Y todo ello teniendo en cuenta que en nuestro país -por nuestra historia política particular, con una democracia muy reciente- debemos realizar un enorme esfuerzo económico y social para ponernos a la altura de otros países europeos en materia educativa.

En cuanto a la ratio, decir que en España la ratio se encuentra situada en 12 alumnos por aula parece un desliz o, sencillamente, una mentira descarada. Puede que existan centros con esa ratio, pero yo no conozco ninguno. Sin embargo, sí conozco colegios con más de 25 alumnos por aula e institutos con más de 35.

Por otro lado, con respecto a los sueldos, hasta donde yo sé, los docentes llevan más de cinco años de recortes en sus nóminas además de la eliminación de las pagas extras. Como soy mal pensado por naturaleza, tal vez no sería de extrañar que lo que pretende el ministerio con este tipo de declaraciones sea generar opinión pública para justificar así un nuevo recorte en los sueldos. Además, el patrimonio de la educación no se mide por lo que cobran los docentes, sino por la riqueza que generan.

Sin embargo, en una cosa sí tiene razón esta mujer, cuando afirma que “se ha mejorado el salario de los profesores sin ofrecerles incentivos, de tal manera que no tienen actualmente los retos suficientes para ir mejorando en su carrera". Y es que veinticinco alumnos por aula, un alto porcentaje de inmigración, la injerencia de los padres, la indisciplina en las aulas, luchar contra una sociedad sin normas ni valores, batallar contra el ejemplo que ofrece Sálvame o Gandía Shore, enfrentarse cada cuatro años a nuevas leyes y modas educativas o soportar un currículo cerrado no suponen un reto suficiente para los docentes, especialmente si el ministerio y las consejerías se dedican día sí y día también a desprestigiar y desacreditar su labor. Cuando la educación deje de servir como arma política, la burocracia desaparezca de las aulas y se devuelva el poder educativo a los docentes, la situación mejorará considerablemente.



05/05/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


En mi puta vida


En mi puta vida

Esta semana, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ha rechazado de forma tajante que haya percibido algún tipo de sobresueldos en algún momento, en contra de las acusaciones vertidas por la portavoz socialista, Soraya Rodríguez, que la acusó de recibir casi 600.000 euros de gratificación. Para hacer enérgica su declaración, Soraya Sáenz de Santamaría señaló en los pasillos del Congreso que "En mi puta vida he cobrado un sobre del partido". Está claro que si uno dice “en mi vida he cobrado un sobre del partido” puede estar mintiendo, pero si en su lugar de eso decimos “en mi puta vida”, entonces es seguro que decimos la verdad. Yo, en mi puta vida, había cobrado tan poco. Lo digo para que quede constancia de que digo la verdad por si los miembros del gobierno no lo tenían muy claro. Desde que el Partido Socialista Obrero Español –al que ya empiezan a sobrarle siglas- comenzara con sus recortes y éstos fueran continuados por el Partido Popular, actualmente cobro un 25% menos que hace cinco años. Lo mismo le pasa a mi madre, a mi hermano, a mis primos y a toda la gente que conozco. Hasta donde yo sé, ningún político en España ha rebajado su sueldo en igual proporción, por lo cual está claro que, de una forma o de otra, todos siguen cobrando sobresueldos, especialmente si tenemos en cuenta su mediocridad y lo poco y mal que trabajan.

En España, este hermoso país de ricos embutidos, donde priman los chorizos, hay en la actualidad casi 1.700 causas abiertas en diferentes órganos judiciales por corrupción, con más de 500 imputados. Alrededor de unos 300 políticos y 200 empresarios. Solo desde el año 2.000, los quince casos de corrupción más importantes –solo los más importantes- se han cobrado la suma de 6.839 millones de euros. Esta cantidad supone mil millones de euros más que el presupuesto del Ministerio de Defensa, tres veces más que el presupuesto de Educación y tres veces más que el presupuesto de Sanidad. Si me permiten decirlo; eso yo no lo había visto en mi puta vida.

Según distintas fuentes, se calcula que en Suiza hay unos 50.000.000.000 millones de euros procedentes de ciudadanos españoles. Cincuenta mil millones, con letra, por si se han mareado con tantos ceros. La gran mayoría de ese dinero proviene –al parecer- de corruptos y de grandes empresarios que prefieren la comodidad de tener su dinero en un paraíso fiscal antes que en su propio país, al que utilizan como váter o inodoro Todo esa ingente cantidad de dinero -robado a los españoles o no regularizado para evadir impuestos- suponen una gran lacra para las arcas del estado y –por añadidura- para el resto de ciudadanos, que vemos al final como hacienda no somos todos.

Siguiendo con este tipo de cosas, en la actualidad hay en España unos 5.933.000 parados, un aumento atroz de la pobreza infantil, hospitales que cierran plantas mientras los pacientes mueren en los pasillos, gente que rebusca en la basura, aumento de delincuencia, … En fin; todo lo que yo no imaginé para mi país en mi puta vida.

Al final, el problema de que en este país los sueldos sean tan miserables y los servicios tan precarios es de todos aquellos conciudadanos que roban a espuertas, enriqueciéndose a nuestra costa, empobreciendo el país y haciéndonoslo pasar tan putas.



24/04/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Aprovecharse de los parados


Aprovecharse de los parados

Hace unos días, una amiga mía acudió a una entrevista de trabajo. La oferta -encontrada en un portal de Internet-, ofrecía un sueldo de novecientos cincuenta euros al mes, incorporación inmediata y tres vacantes disponibles para una empresa “muy importante”. Un par de semanas después de suscribirse a la oferta, mi amiga recibió una llamada de una empresa nacional especializada en entrevistas de trabajo para otras compañías en la que le decían que –si seguía interesada- debía acudir a su oficina a una hora determinada para una entrevista individual.

Al llegar a la oficina, mi amiga se encontró con otras tres personas esperando en el hall de entrada. Poco a poco, fueron llegando un total de 10. Una vez reunidos todos, la responsable encargada de la entrevista les pidió que pasasen a una sala. Lo de “sala” lo he puesto yo, porque en realidad era un cuchitril con sillas desparramadas donde cabían con dificultad los entrevistados. Una vez en sus asientos, la mujer les explicó en qué consistía la entrevista, que al parecer ya no era individual, sino grupal: una presentación, un cuestionario de preguntas sobre uno mismo en inglés y en español y una resolución individual y común sobre un supuesto práctico. Para mejorar el escenario, el hilo musical ofrecía bellas canciones de David Bisbal y Los Mojinos Escozíos. Como iluminación, un ventanuco cutre y sucio alumbraba un espacio triste y lleno de cajas y archivadores apilados. Como no podía ser de otro modo, no había mesas ni pupitres para contestar a los cuestionarios, por lo que los entrevistados tuvieron que escribir sus respuestas apoyados en el aire. Tras la finalización de la prueba, la entrevistadora les informó de que había una vacante –ya no eran tres- para una empresa importante de la que no podía decir el nombre, no fuera que se le desgastase. La contratación ya no era inmediata, sino prevista para el mes de septiembre, y no era con un sueldo de novecientos cincuenta euros al mes, sino unas prácticas remuneradas por quinientos euros.

Una persona sin trabajo es una persona llena de desesperanza y preocupaciones. La necesidad o la urgencia por encontrar un puesto de trabajo con el que sustentarse o sustentar a una familia crea en las personas una enorme ansiedad y una sensación de no valer para nada o de estar en el sitio equivocado en el momento más inoportuno. A cada una de las personas que se han sacrificado en sus estudios o en sus trabajos anteriores y que ahora están en paro deberíamos tratarlas como a reyes. Chotaerse de los parados –ya sea a través de entrevistas embaucadoras o directamente fraudulentas, u ofreciendo trabajos por un sueldo de esclavo- debería tener la consideración de delito grave, ya que no se atenta contra quien posee el poder, sino contra el débil que se siente frágil y desamparado.

Los ciudadanos, por norma general, siempre nos quejamos de nuestros gobernantes. Pero nuestros gobernantes –aunque lo parezca- no bajan de naves espaciales: son iguales a nosotros. Por eso, si no nos respetamos entre los ciudadanos, difícilmente podemos pedir que nos respeten aquellos que nos gobiernan. No somos conscientes de que los cambios sociales, muchas veces, empiezan por cambiar nosotros mismos.



05/04/2014

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


PISA: nuestro propio reflejo


PISA: nuestro propio reflejo

Siempre que oigo por ahí que nuestros jóvenes actuales son la generación mejor preparada de la historia, no puedo dejar de reírme a carcajadas. Tal vez, como mucho, puedo admitir que los jóvenes actuales bien preparados están mejor preparados que los jóvenes bien preparados de hace una década. Pero –claro- son tan poquitos aquellos jóvenes que no piensan en algo más que el botellón lento, el sexo rápido, el piercing en el ombligo, el tatuaje un poco más abajo y la vida contemplativa que representan una minoría prácticamente insignificante. Aunque –para ser justos- hay que decir que esta actitud de pasotismo por parte de nuestros jóvenes no es de extrañar; la juventud perpetua se ha instalado en nuestra sociedad y hoy en día es frecuente encontrar por las calles a “jóvenes” de cuarenta y tantos años con la música a tope en el coche comportándose como auténticos gilipollas.

Para refrendar esta opinión sobre la nula preparación de nuestros jóvenes –que tanto me critican algunos compañeros y amigos- esta semana han salido nuevos datos del famoso informe PISA 2012 –donde participaron 2.709 estudiantes de 368 centros educativos españoles- que son sencillamente escalofriantes. Estos nuevos datos hacen referencia a la resolución de problemas cotidianos, como calcular el tiempo que dura un itinerario, manejar billetes, programar aparatos electrónicos o calcular la ruta más corta. Pues bien, según los resultados finales, de los 44 países participantes en la prueba, nuestro país ocupa el puesto 29. No está mal. Sin embargo, si se tiene en cuenta sólo a los 28 países de la OCDE, ocuparía la posición 23. Todo un éxito. Según el estudio, apenas se detectan diferencias en los resultados entre chicos y chicas. Sin embargo, sí se aprecia que los alumnos de origen inmigrante tienen un nivel "significativamente" inferior al del resto de estudiantes –cosa que no sucede en otros países con tanta o mayor inmigración que el nuestro, ya que en dichos países el nivel de exigencia a las familias inmigrantes en materia educativa son mucho mayores que en España-.

Teniendo en cuenta estos nuevos datos y los anteriores del informe PISA 2012, podemos afirmar que esta generación tan preparada que tenemos en España apenas sabe leer, no entiende lo que lee, suma y resta con los dedos y no sabe desenvolverse en su vida cotidiana ni con un mapa. Sin embargo, y a pesar de lo dicho, no se puede afirmar –como graznan muchos agoreros- que el problema esté en la educación. Nuestro país rezuma incultura por todos los poros, y sería muy pretencioso decir que el problema está en las escuelas y no en las familias. De hecho, hoy en día los colegios e institutos se parecen cada día más a hospitales de guerra; los niños y jóvenes llegan malheridos, y los profesores ocupan gran parte de su esfuerzo en recuperarlos; niños con familias desestructuradas, niños a los que nadie les espera en casa, niños a los que se les regala un Play Station pero ningún libro, jóvenes de 15 años a los que se les permite salir hasta las cinco de la madrugada, jóvenes que han probado el alcohol y las drogas a los 13 años… En resumen; niños a los que no se les protege su niñez. Por eso, y aunque nos escandalicemos con nuestros jóvenes, estos resultados nos suspenden a todos, y lo único que nos indican es que estos jóvenes son –ni más ni menos- el reflejo de lo que somos como sociedad.



29/03/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


No al bilingüismo


No al bilingüismo

Imaginémonos que somos los dueños de un comercio, y que en el comercio de al lado se dedican también a vender productos de nuestro mismo sector. Imaginémonos que cada vez que llega un cliente le decimos que está bien que nos compre a nosotros, que se lo agradecemos, pero que mejor que le compre al comercio de al lado. Lógicamente, con el tiempo, nuestro comercio entrará en quiebra y el comercio de nuestro vecino tendrá enormes beneficios. Pues bien; algo parecido es lo que estamos haciendo con el idioma español.

Según parece –a juzgar por las últimas regulaciones en materia educativa-, las distintas Consejerías de Educación autonómicas y el propio Ministerio de Educación están obsesionados con convertir a todos los colegios e institutos en centros bilingües, con el beneplácito de la sociedad, que aplaude esta maravillosa iniciativa. En la actualidad –y según infinidad de evaluaciones internas y externas-, un número nada despreciable de nuestros alumnos salen balbuceando en español, sin embargo, los responsables educativos creen que es mejor que, en vez de aprender mejor español, salgan también balbuceando en inglés, que es más moderno. Esta ofuscación por el bilingüismo se debe –al parecer- a que es muy importante que los niños y jóvenes sepan hablar inglés por cuestiones laborales. Da la sensación de que, o bien todos nuestros alumnos se van a ir a trabajar a un país extranjero o que todos van a tener en su trabajo contacto con personas de esta lengua. La estupidez administrativa y empresarial ha llegado a tal punto que ahora se pide el inglés como requisito para cualquier trabajo, ya sea para envolver bocadillos, cortar chuletas o vender zapatos. Así, para trabajar en los jardines públicos de nuestro país hay ayuntamientos que piden como requisito conocimiento de idiomas, ya que –lógicamente- nunca se sabe en qué lengua nos va a responder un gladiolo.

Yo entiendo que aprender idiomas –especialmente el inglés- puede llegar a ser importante para la formación de un individuo -también lo es cocinar y, sin embargo, no se enseña en los institutos-. Sin embargo, el inglés ya se estudia como lengua en los centros educativos, y –para quién quiera perfeccionar su aprendizaje por razones personales o profesionales- existe la posibilidad de acudir a la Escuela Oficial de Idiomas, que para eso está. Por su parte, como deferencia, uno puede intentar contratar a personal que sepa inglés –no hace falta que sea nativo- para atender a los extranjeros que no sepan castellano, pero en nuestro país se habla español, y tampoco estaría de más que quien venga a nuestro país aprendan al menos un par de frases básicas, como hacemos todos cuando salimos por el mundo adelante.

A veces hay que recordar que el castellano –o español- es la segunda lengua en el mundo por número de hablantes nativos y el segundo idioma en comunicación internacional. Se calcula que con el ritmo de crecimiento de nuestra lengua, en 2030, el 7,5% de la población mundial será hispanohablante. En la actualidad, unos 18 millones de alumnos estudian español como lengua extranjera en todo el mundo. Con estos datos, es absolutamente absurdo llevar políticas educativas donde el inglés tenga la misma relevancia que nuestra propia lengua: aprender inglés, sí; bilingüismo, no, thanks.



26/10/2014

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Tenemos Blesas para Rato


Tenemos Blesas para Rato

En marzo de este mismo año 2014, el infumable y acartonado Miguel Blesa -ex presidente de Caja Madrid y cazador de leones, ñus, hipopótamos, cebras y preferentistas-, alegó ante el juez de la Audiencia Nacional por el juicio de las llamadas “preferentes” que ser minorista o jubilado no implicaba ser un “ignorante financiero”. Seis meses después, curiosamente, sus amigotes de las tarjetas black alegan ignorancia, y dicen que no sabían que estaban cometiendo un fraude o un delito utilizando dichas tarjetas, lo que demuestra que esta gentuza es definitivamente estúpida o que realmente nos toma por estúpidos a los demás. Apuesto por lo segundo.

Mientras cientos de empresas cierran a diario, mientras miles de españoles hacen cola desde la seis de la mañana ante las oficinas del paro, mientras cientos de personas rebuscan en la basura cada noche, mientras todo eso sucede, los consejeros de Bankia y de Caja Madrid –dos entidades a las que hubo que rescatar- se gastaban el dinero de sus entidades bancarias –es decir; de sus clientes- en hoteles, clubs deportivos, restaurantes, viajes, artículos electrónicos, perfumes, trajes, vestidos o teléfonos móviles. Algunos de los implicados –rozando el colmo de la desvergüenza- se han quejado de la violación del derecho a la intimidad que ha supuesto la publicación de las informaciones detalladas sobre sus gastos con las famosas tarjetas, como si ellos pudiesen hablar de derechos o de honestidad. Sin embargo, esta práctica de las tarjetas black no es una excepción de estas dos entidades. Pronto comenzarán a salir más casos en otros bancos y cajas de nuestra querida España, tan podrida de gusanos. Pero, claro, al final no pasará gran cosa: como el poder es el poder, los 86 consejeros bajo sospecha por el uso de las “visas opacas” tienen la posibilidad de sufragar los gastos de abogados con una póliza de responsabilidad civil suscrita por –qué raro- Caja Madrid. Una veintena de ellos, imputados en la pieza principal del sumario, ya han contratado prestigiosos y carísimos bufetes.

Personajes como Blesa o como Rato representan el ejemplo de lo más despreciable de la humanidad; seres enmascarados en un aire de honestidad que son capaces de hundir bancos o arruinar a personas con tal de lucrarse. El beneplácito con el que cuentan este tipo de personajes por parte de políticos y de un ministerio de Hacienda que está en Babia –para lo que le conviene- es sencillamente espeluznante. Esto hace que lo grave de las tarjetas black no sean las juergas que se han pegado esta panda de degenerados. Eso no es más que algo puntual, lo descubierto, lo que hemos podido pillar. Lo grave es todo lo que se oculta tras esto, que no es ni más ni menos que la creación de un modelo político y económico basado en privilegios para unos pocos. Hoy en día, con la ingente cantidad de casos de corrupción política, financiera y empresarial, uno comienza a tener la sospecha –casi certeza- de que todo el sistema sobre el que se basan nuestros poderes legislativo, ejecutivo y judicial en España no es más que un mero entramado para el enriquecimiento personal de una casta ladrona y voraz. Su delito, por tanto, no debería ser tan solo este aprovechamiento económico; su delito debería ser el desmantelamiento democrático.



19/10/2014

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El poder absolutista sigue vigente en España


El poder absolutista sigue vigente en España

Decía la filósofa alemana Hannah Arendt que “Nadie puede ser libre ni feliz si no puede ejercer el control del poder político”. Antiguamente, los reyes absolutistas nombraban condes o marqueses a aquellos que les eran fieles para que estos ejercieran en su nombre el control de los pueblos y hacerse cargo así de cobrar los impuestos e instaurar un orden favorable a la monarquía. Era un modo de controlar al pueblo para que los ciudadanos quedasen privados de ciertos derechos y no tuviesen muchas opciones a revelarse contra ese sistema. Han pasado ya muchos siglos desde entonces. Sin embargo –aunque nos pueda parecer lo contrario-, el modo de ostentar y controlar el poder sigue siendo muy parecido. Hoy en día –evidentemente- el poder ya no recae en el rey, pero sigue existiendo una estructura y una red de personas muy contadas que poseen el poder político, económico y judicial, y lo controlan para que éste siga estando en manos de unos pocos.

Según publicaba el diario El País esta semana pasada, J.A., un opositor al Tribunal de Cuentas, estuvo a punto de obtener un pleno de aciertos. Pero no en la oposición. Al parecer, semanas antes de iniciarse en 2010 los exámenes para cubrir las 14 plazas de auxiliares de grabación y subalternos en el órgano que se encarga de fiscalizar a todas las administraciones públicas, J. A. se presentó ante un notario y le pidió que levantase acta de un futurible. Ante el asombro del notario, J.A. le facilitó 14 nombres, de los que el hombre dio fe. Al terminar los exámenes, J.A. cotejó su lista notarial con la de aprobados que figuraban en el BOE: había conseguido ni más ni menos que la friolera de 12 aciertos. Lógicamente, J. A. no es ningún adivino; sencillamente, tenía alguien dentro del Tribunal que le alertó de que casi todas esas vacantes ya tenían dueño; familiares o amigos de los miembros del tribunal. Como era presumible, J.A. comenzó una batalla legal –una batalla que llegó incluso hasta el Tribunal Supremo- sin que obtuviera ningún resultado positivo.

Aunque en los países más evolucionados culturalmente este tipo de prácticas son excepcionales y fuertemente penalizadas, en España -donde la corrupción no solo afecta a los políticos sino que se extiende por todos los ámbitos públicos y privados-, este tipo de conductas son habituales, y suponen la continuidad de un sistema corrupto de poder. Con este tipo de actuaciones, los que ostentan el poder procuran que dicho poder siga quedando en las manos de los cercanos, de los próximos, de tal manera que sea fácil crear una red de favores donde los beneficios puedan repartirse entre unos pocos. Así, podemos ver políticos que una vez que abandonan su carrera política acceden inmediatamente a cargos muy bien pagados en las mejores empresas constructoras o eléctricas de nuestro país; empresas que acceden a contrataciones públicas en ayuntamientos, comunidades o el propio estado cuyos ejecutivos son familiares o amigos de quienes ofertan la licitación; jueces que protegen en infinidad de ocasiones a aquellos que incumplen la ley pero que tienen poder o apaños en empresas privadas para contratar al amigo o familiar de turno.

Desde hace ya demasiados años, en España los ciudadanos no tenemos ningún control sobre los poderes político, económico o judicial; unos poderes que cada vez están más corrompidos. De este modo, siguiendo la frase de Hannah Arendt, los españoles no podemos ser felices ni –lo que es más preocupante- libres.



12/10/2014

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Alerta ébola


Alerta ébola

En el mes de agosto –cuando estaba en el pico más alto de la pandemia- quise apostarme con mis amigos que España sería el primer país no africano en el que habría un caso de ébola, pero no pude. Resulta que todos mis amigos pensaban lo mismo que yo. Y no lo pensábamos porque España estuviese próxima a África –geográfica, cultural y políticamente-, ni porque creyéramos que el virus del ébola quisiera visitar Magaluf y todo su puterío. Lo pensábamos porque sabíamos lo chapuceros que somos en este país, y teníamos la convicción de que más tarde o más temprano se produciría algún error en los protocolos de control, ya fuese en los aeropuertos o en los centros sanitarios. Sin embargo, este no es un pensamiento particular; por las redes sociales ya circulan fotografías donde se dice “el gobierno activa el protocolo de seguridad máxima por el ébola” que muestran a dos personas cubiertas con una bolsa del Carrefour. Esa es la idea común que tenemos los españoles sobre nuestros máximos responsables en los diferentes ámbitos.

Tras este triste primer caso de ébola en Europa los culos de los dirigentes occidentales se han contraído por el miedo a las consecuencias políticas y económicas y han comenzado ya a dar prioridad a la búsqueda de una vacuna contra el virus. Lógicamente, mientras se encontraba en África, esto no les interesaba tanto, porque negros hay muchos y todos se parecen, y –además- si no mueren de ébola morirán de malaria, de diarrea o simplemente de hambre. Por su parte, las compañías farmacéuticas saben que, aunque descubriesen algo que pudiese combatir el virus, África no es un buen lugar para hacer negocio. Pero Europa o EEUU, sí. Tampoco es un buen negocio para el turismo. Como no podía ser de otro modo, el primer afectado económico por este caso de ébola en nuestro país han sido las aerolíneas y los hoteles, que tras conocerse la noticia cayeron en bolsa fuertemente.

Desde el punto de vista político, no queda más remedio que comparar este caso con lo sucedido años atrás con la famosa gripe A. Aunque en aquella pandemia fallecieron en España 17 personas, las circunstancias son muy parecidas. Por aquel entonces, en al año 2009, la actual ministra de Sanidad, Ana Mato, dijo que "La política es la obligación de intentar impedir que la enfermedad se propague y ellos no lo han hecho", refiriéndose al PSOE. No contenta con eso, añadió que "A mí me parece gravísimo y si la ministra no da explicaciones suficientes, debería dimitir", exigía. Pero como siempre somos muy valientes para criticar a los demás y no a nosotros mismos, en unas declaraciones posteriores a la prensa sentenció “con la salud de los españoles no se juega, es un tema fundamental para nosotros, y queremos que se tomen las medidas necesarias para que se garantice la salud de todos los españoles”. No sabemos qué ha cambiado del año 2009 al 2014, pero parece que –en contra de sus propios principios y de sus propias palabras- la ministra Ana Mato no tiene ni la más mínima intención de dimitir. Y es que el asiento en el Congreso es demasiado jugoso y demasiado calentito, y las bocas de nuestros políticos, demasiado grandes.

Sea como fuere, tenemos otra pandemia a la vista. No sabemos lo que puede pasar, lo que sí está claro es que con el nivel de estupidez y mediocridad general de nuestros políticos, desde ahora estamos todos en peligro.



05/10/2014

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De hombres y bestias: delincuentes reincidentes en libertad


De hombres y bestias: delincuentes reincidentes en libertad

Durante una charla sobre derecho penal a la que asistí hace ya algunos años, el ponente –un abogado y profesor universitario- nos explicó que las leyes tenían principalmente dos funciones: castigar y reinsertar. Castigar por el delito cometido y reinsertar al individuo en la sociedad una vez que hubiese cumplido su condena. Las dudas, por tanto, se centrarían en qué castigo debe aplicarse para cada delito y quiénes merecen ser reinsertados y cuándo.

Durante esta semana, tras el caso del presunto pederasta de Ciudad Lineal, Antonio O.M., se vuelve a hablar mucho de leyes y de justicia. O de injusticia. Según parece, además de los casos de pederastia, este hombre cuenta con un amplio historial policial por robos con violencia, robos con fuerza, secuestros, detenciones ilegales y violencia de género. Su primer delito fue en el año 1998, cuando obligó a una niña de 7 años a introducirse en su vehículo para abusar sexualmente de ella. En aquella ocasión, Antonio O.M. reconoció los hechos y la Audiencia Provincial de Madrid le consideró culpable de agresión sexual y de detención ilegal, delitos por los que le condenó a nueve años de prisión y a indemnizar a la niña con un millón de pesetas. Salió barato.

Desde el punto de vista político, no queda más remedio que comparar este caso con lo sucedido años atrás con la famosa gripe A. Aunque en aquella pandemia fallecieron en España 17 personas, las circunstancias son muy parecidas. Por aquel entonces, en al año 2009, la actual ministra de Sanidad, Ana Mato, dijo que "La política es la obligación de intentar impedir que la enfermedad se propague y ellos no lo han hecho", refiriéndose al PSOE. No contenta con eso, añadió que "A mí me parece gravísimo y si la ministra no da explicaciones suficientes, debería dimitir", exigía. Pero como siempre somos muy valientes para criticar a los demás y no a nosotros mismos, en unas declaraciones posteriores a la prensa sentenció “con la salud de los españoles no se juega, es un tema fundamental para nosotros, y queremos que se tomen las medidas necesarias para que se garantice la salud de todos los españoles”. No sabemos qué ha cambiado del año 2009 al 2014, pero parece que –en contra de sus propios principios y de sus propias palabras- la ministra Ana Mato no tiene ni la más mínima intención de dimitir. Y es que el asiento en el Congreso es demasiado jugoso y demasiado calentito, y las bocas de nuestros políticos, demasiado grandes.

Resulta curioso que un individuo pueda cometer infinidad de delitos y esté en la calle. Sin duda, no parece algo lógico. Sin embargo, en España esto es algo habitual. Carteristas, ladrones, asesinos, violadores, pederastas, conductores suicidas y demás familia entran por una puerta del juzgado y salen por la otra. O entran en la cárcel y salen a los tres días. Existen incluso casos de delincuentes que, una vez conducidos a los juzgados, están en la calle antes de que los propios policías que lo han trasladado regresen al coche patrulla.

Por otra parte, la gran mayoría de los violadores, pederastas y maltratadores –según muchos estudios psicológicos y neurológicos- no se reinsertar. Esto también ocurre con algunos asesinos. Su carácter les conduce a cometer el delito una y otra vez. Teniendo esto en cuenta, resulta preocupante saber que la justicia deja en libertad a personas que son claramente peligrosas para el resto de los ciudadanos. Esto supone un acto de absoluta irresponsabilidad judicial, ya que gracias a estas sentencias se está poniendo en peligro a multitud de hombres, mujeres y niños. Con tanto delincuente fuera, las vidas de las personas agredidas, violadas, robadas o asesinadas parecen no tener valor, ya que los jueces no los tienen en consideración a la hora de dictar sentencia. Pero lo más grave es que ni los jueces ni las leyes tienen en cuenta la posible prevención de delitos futuros por parte de este tipo de delincuentes. Si el presunto pederasta de Ciudad Lineal –por ejemplo- no estuviese en la calle, varias niñas no hubiesen sido violadas. Tal vez por ello, cabría preguntarse qué responsabilidades legales tienen los legisladores en este tipo de casos, ya que –de alguna manera- son responsables de los actos delictivos que estos delincuentes realizan gracias a sus leyes.

Existen muchas personas que se escandalizan cuando escuchan las palabras “cadena perpetua”, como si esto supusiese una degeneración social. Sin embargo, en casos donde los delitos han sido claramente demostrados y en los que se sabe que es prácticamente imposible la reinserción, lo incivilizado es dejar que un delincuente pueda seguir violando a una niña de 7, 5 ó 3 años.



28/09/2014

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España: se vende para disfrute de extranjeros


España: se vende para disfrute de extranjeros

La verdad es que estoy radiante de felicidad. Y es que tengo una alegría que no me cabe en el cuerpo. Resulta que, según hemos sabido esta semana, España recibió entre enero y agosto de este año la cifra récord –sí, cifra récord- de 45,4 millones de turistas extranjeros, lo que supone un crecimiento del 7,3% respecto al mismo periodo de 2013, según la encuesta de Movimientos Turísticos en Fronteras (Frontur), difundida este lunes con júbilo por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Tan solo en agosto llegaron a nuestro país 9,1 millones de visitantes, el 8,8% más que en el mismo mes del año pasado, con lo que en este agosto también se alcanzó un máximo histórico. Me dirán si no es para estar contento.

Por si esto fuera poco, esta semana también hemos conocido que 1 de cada 5 viviendas que se venden en España es adquirida por un extranjero. Así, la compraventa de vivienda libre por extranjeros experimentó un crecimiento del 11,9% en el segundo trimestre de este año 2014, hasta las 18.466 operaciones, según las estadísticas del Consejo General del Notariado, que muestran cómo los extranjeros no residentes continúan ganando peso y representan ya el 54,3% de las transacciones realizadas por foráneos.

Estos dos datos son realmente buenos, porque es un ejemplo de que se reactiva nuestra economía y eso siempre es positivo. Así, nuestro gobierno ya podrá asegurar sin ruborizarse que las raíces no solo son vigorosas, sino que -como sigan creciendo tanto- van a acabar rompiendo las aceras e inundando las calles y los contenedores de billetes. Sin embargo, yo –que tengo la insana costumbre de rebuscar entre la letra pequeña-, creo que ambas noticias son realmente preocupantes.

Resulta curioso que un individuo pueda cometer infinidad de delitos y esté en la calle. Sin duda, no parece algo lógico. Sin embargo, en España esto es algo habitual. Carteristas, ladrones, asesinos, violadores, pederastas, conductores suicidas y demás familia entran por una puerta del juzgado y salen por la otra. O entran en la cárcel y salen a los tres días. Existen incluso casos de delincuentes que, una vez conducidos a los juzgados, están en la calle antes de que los propios policías que lo han trasladado regresen al coche patrulla.

De una manera clara y sencilla, podemos afirmar que los extranjeros vienen a nuestro país de vacaciones porque hacer turismo en España es barato. Sí; hay muchos lugares hermosos que visitar y se come genial; pero sobre todo, es barato. De igual manera, los extranjeros compran viviendas en España por dos razones principales; la primera, porque para ellos –con los sueldos que cobran- la vivienda en España está tirada de precio y, en segundo lugar, porque es una buena manera de invertir y ganarse unos eurillos cuando regrese el boom inmobiliario, que –conociéndonos- regresará. Si reflexionamos sobre lo anterior, podemos afirmar que en la mayoría de los países europeos los sueldos son infinitamente superiores a los que se cobran en nuestro país. También podemos afirmar que el ciudadano medio español no puede comprar pisos en Suiza, ni en Alemania, ni en Francia, y –en la mayoría de los casos- ni siquiera en España, y que –además- nuestros sueldos tampoco nos permiten viajar quince días al extranjero a todo tren, como hacen una gran mayoría de extranjeros cuando vienen a nuestro país.

Si juntamos todos estos datos, queda claro que ambas noticias –a pesar de lo que podría parecer en un principio- son nefastas para nosotros, ya que quieren decir que España es un país para disfrute de los extranjeros e imposible para los españoles. Somos tan pobres que al final -como hambrientos pedigüeños-, incluso tenemos que estar contentos por recibir de fuera unas miserables migajas.



21/09/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Mejorar la Sanidad pública


Mejorar la Sanidad pública

Si ustedes quieren saber lo que es la celeridad, la rapidez y la eficacia, ni se les ocurra acercarse a las urgencias de un hospital público. La palabra “urgencia” pierde allí todo su significado. Nada más atravesar la puerta, uno se encuentra como si estuviese en el Santiago Bernabéu, porque hay cientos de personas esperando para entrar. Claro que allí, las caras no son de felicidad y alegría, sino de resignación y dolor.

Hace unas semanas, por avatares de la vida, tuve que acudir a urgencias con un familiar. A las dos horas de estar esperando de pie en un pasillo donde celadores, enfermeros y médicos cruzaban de un lado a otro con parsimonia y la mirada fija en sus papeles, un médico nos informó por primera vez de que la sala para curas estaba ocupada por camillas con enfermos y que tendríamos que esperar a que la despejaran. Después de aquella información, nada más hasta otras dos horas más tarde. Una vez que le realizaron las primeras curas a mi familiar, nos mandaron pasar a otra sala de espera a la espera –valga la redundancia- de un TAC. Allí la situación era digna de ser grabada. Una chica llevaba 8 horas de dolor porque tenían que operarla, pero faltaba no sé quién. Otro hombre que acompañaba a su padre -que era enfermo crónico- comentaba que un día entró a las 12 del mediodía y salió a las 4 de la madrugada. Una anciana sola, senil y meada hasta el cuello se levantaba una y otra vez amenazando con irse, porque –según ella- tenía cosas que hacer y no podía perder allí toda la noche. Como no había asientos para todos, los acompañantes teníamos que permanecer de pie en un pasillo dificultando el paso de camillas y personal sanitario. Después de una media hora de espera, fui a la zona donde se realizaban los TAC. Allí había dos hombres charlando animadamente. Entonces regresé y le pregunté tímidamente a una de las enfermeras si faltaba mucho para el TAC. La mujer descolgó el teléfono y llamó a los encargados, que salieron inmediatamente, lo que significa que no estaban haciendo nada. Tal era el espectáculo que allí se vivía que una de las enfermeras animó a todos a poner una reclamación. Tras otra hora de espera, finalmente vino el primer médico para darle el alta a mi familiar. En total, 6 horas para unas curas y un TAC.

Tras esta magnífica experiencia, hablé con varias amigas mías enfermeras sobre el asunto. Ambas me dijeron que eso era algo habitual. Si bien era cierto que los recortes del gobierno en Sanidad habían agravado la situación, ambas me confirmaron que la falta de organización, la deficiencia en los protocolos y la dejadez de muchos compañeros que viven sin dar palo al agua provocaban ese desastre a nivel organizativo. Salas vacía, médicos que hacían tiempo entre paciente y paciente, enfermeros que se escaqueaban, coordinadores que no coordinaban, etc.

Nuestra Sanidad pública está considerada como de las mejores de Europa, pero más por su cobertura que por cómo se trabaja. O, mejor dicho; porque el trabajo de los mejores oculta la dejadez de los peores. No cabe duda de que los españoles abusamos de los servicios de urgencia, pero eso se debe al mal funcionamiento del resto del sistema, donde para hacerse una ecografía hay que esperar un año en el mejor de los casos. Todos los meses, el estado nos quita una parte considerable del sueldo para la sanidad pública, así que lo mínimo es que los directores de los hospitales, así como sus trabajadores, ofrezcan a los pacientes, sino dignidad, al menos sí un poco de respeto.



14/09/2014

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


Al rico maestro: los problemas de la educación son sus sueldos


Al rico maestro: los problemas de la educación son sus sueldos

Chabelita Pantoja -la hija de la famosa cantante Isabel Pantoja- una chica con estudios limitados y cero años de experiencia, ha fichado por el programa de Telecinco “Cazamariposas” en el que dispondrá de un espacio como estilista y “experta” en moda. Según diferentes diarios, la hija de la cantante -con tan solo 19 años- cobrará la nada despreciable cifra de 7.200 euros al mes. Ante esta noticia, muchos profesionales de la moda han criticado duramente esta intromisión. Sin embargo, en este país, que es –como Estados Unidos- el país de las oportunidades, pero para los gilipollas, otros tantos profesionales de ese mundo apoyaron su estreno con el hermoso mensaje de que todo el mundo debe luchar por sus sueños, aunque el único mérito que uno presente sea su apellido. Incluso, ante las críticas recibidas, cientos, miles, millones de tuiteros se unieron en las redes sociales para defender y apoyar a la joven.

Mujeres, hombres y viceversa –MHYV- es uno de los programas más vistos por los jóvenes españoles. El estilismo que presentan los tronistas y pretendientes es ejemplo a seguir por millones de jóvenes con ciertas limitaciones espirituales e intelectuales. Para los mayores de esa edad está Sálvame, también de Telecinco y con una audiencia casi demoledora, que es el programa que entretiene a los padres de los que ven MHYV.

El libro de Belén Esteban fue uno de los más vendidos de este año. En tan solo unas semanas tuvo que realizarse una segunda edición. En pocos años será más vendido que la propia Biblia. Tal ha sido su éxito que las editoriales –esas prestigiosas instituciones culturales- se matan entre ellas para tener entre sus escritores a famosos, hijos de famosos y demás familia del famoseo. Por lo demás, el español medio no compra libros, excepto para colocarlos debajo de alguna mesa que cojee.

Con el boom inmobiliario y del consumo, en este país –que rezuma conciencia social por los cuatro costados- mucha gente se reía de los funcionarios públicos por cobrar un sueldo tan ridículo, mientras ellos navegaban en la opulencia del pan para hoy y hambre para mañana.

El número de agresiones de hijos a padres ha aumentado escandalosamente en los últimos años. Las agresiones entre jóvenes y adolescentes, también. Lo mismo sucede con los embarazos no deseados en adolescentes. La policía ronda institutos y colegios en busca de drogas un día sí y otro también porque, según parece, España es el país del mundo donde los jóvenes se drogan más y mejor.

Posiblemente, ustedes se estarán preguntando a qué viene tanta divagación, pero es que esta semana, Dirk Van Damme, responsable del informe “Panorama de la Educación” de la OCDE, dijo con absoluta desvergüenza que los altos salarios de los profesores eran los culpables de los problemas de educación en nuestro país. El sueldo de los profesores –por su responsabilidad y por lo que tienen que padecer- es una auténtica miseria, porque los docentes tienen que soportar con absoluta resignación que nuestra sociedad tenga como ejemplo del éxito a gente como Chabelita o Belén Esteban, que la lectura sea despreciada en las familias, que se banalice la sexualidad y las drogas, que una persona sin estudios cobre el triple que una con estudios, que las normas en las casas sean inexistente. Hasta que eso no cambie, la educación no tiene remedio ni trabajando gratis.



07/09/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Carrusel de políticos: carrera hacia las elecciones


Carrusel de políticos: carrera hacia las elecciones

Con la llegada del primer día de septiembre se han terminado definitivamente las vacaciones de verano y, sin tiempo casi para respirar, comienza ya un nuevo y sugestivo curso político. Todos los partidos políticos empiezan a preparar este nuevo curso con premura, dispuestos a posicionar a sus mejores ejemplares en la línea de salida, ante un año crucial que nos conducirá definitivamente a unas elecciones generales, presumiblemente a finales de 2015. El Partido Popular, con Mariano Rajoy a la cabeza, intentará remontar el vuelo de su gaviota, que parece divagar un poco desorientada. Sin bien es cierto que los datos macroeconómicos le están saliendo bien, también es cierto que la economía del país sigue descarrilando cuesta abajo y sin frenos, con unas cifras de paro que serían la vergüenza de cualquier dirigente, con un aumento considerable de la miseria miremos donde miremos y con una OCDE que advierte de la penuria de los hogares españoles por la bajada continuada de los salarios. En el lado opuesto, el recién nacido Podemos continúa su remontada histórica con Pablo Iglesias como jinete fustigador. Su creciente aumento en intención de voto no puede enmascarar, sin embargo, la excesiva simplicidad de sus propuestas populistas, algunas de las cuales ya están comenzando a reconocer que serían difícilmente aplicables. Tampoco parecen muy acertados en cuanto a su visión de España, porque oyendo hablar a su máximo exponente da la sensación de que en nuestro país das una patada y salen miles de fascistas cantando el “Cara al sol” con la mano en alto. Sin embargo, cuando se transmite la idea constante y machacante de que quien no opina como uno es un fascista, puede dar a entender que el fascista es uno mismo, y no el otro. Por su parte, el Partido Socialista Obrero Español, con el guapo y fornido Pedro Sánchez al frente de las tropas, sigue con las mismas dudas y complejos de siempre, esto es: ni es un partido –en Cataluña dicen lo contrario que en Madrid-, ni se atreven a ser socialistas, ni son obreros y, en algunas de sus asociaciones como la catalana o la vasca, ni siquiera se sienten españoles. Con ese desalentador panorama de incongruencias, y tal como ya escribí en este mismo diario hace un par de años, el PSOE corre el riesgo de quedar relegado a una tercera posición en votos, lo cual ya no parece tan lejano. En cuanto a los partidos nacionalistas, gracias a la idiosincrasia de este país donde las normas y las leyes están para pasárselas por el forro, siguen y seguirán llorando y lamentándose por la invasión española de sus territorios allá por el siglo cincuenta y seis antes de Cristo, por la marginación de sus ciudadanos, por la opresión que sufre su cultura, por su derecho a decidir lo que les salga del mondongo.

Durante estos meses que nos esperan hasta las elecciones no sé si veremos refriega o concordia, no sé si veremos brotes verdes o raíces vigorosas, fascistas imaginarios o populistas indignados, maquillaje de cifras o maquillaje de tupés, referendums independentistas o respeto por la constitución... lo que sí veremos seguro son más y más casos de dinero público que sale de las arcas del estado para terminar en la cuenta suiza de algún político. Eso sí; gracias al amparo o negligencia de todos los partidos que han convertido nuestra democracia en su propio criadero de generar billetes.



01/07/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Embutidos Marca España


Embutidos Marca España

Hace apenas unos días, según una investigación del diario El País, conocíamos la noticia de que el Tribunal de Cuentas, organismo encargado de fiscalizar a los partidos políticos y a los organismos públicos, acoge en su plantilla, que es de unos 700 trabajadores, a casi un centenar de familiares de altos y ex altos cargos de la institución y de sus principales representantes sindicales, en especial de UGT. Esta cifra supone que aproximadamente el 14% de la plantilla tiene vínculos familiares dentro de la institución, y cerca del 10% tienen vinculaciones con altos y medios cargos. Según publica este diario, desde el actual presidente hasta los responsables del comité de empresa, pasando por consejeros y conocidos políticos, tienen entre la plantilla del tribunal a esposas, cuñados, concuñadas, primos carnales, hermanos, sobrinos, hijos, nueras, yernos e incluso a amigos de la infancia. También hay parejas sentimentales y hermanas de éstas. Es decir; una gran familia unida. Como entre los familiares se quieren bien, este tribunal es uno de los organismos públicos que mejores sueldos paga a sus empleados, en torno a unos 3.000 euros de media. Para poder acceder a un puesto en esta institución, uno debe enfrentarse a un proceso de oposición, pero claro, las preguntas de las oposiciones se preparan dentro del tribunal, y la mayoría de examinadores -tres de los cinco- son altos cargos y representantes sindicales del organismo. Blanco y en botella.

Y hablando de sindicatos; la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil detenía esta semana a 14 personas en Sevilla, Jaén y Madrid y practicaba seis registros en esas mismas ciudades en relación con las facturas falsas elaboradas por empresarios y trabajadores de UGT Andalucía y que fueron abonadas por la Junta de Andalucía con cargo a los cursos de formación. Según fuentes del caso –algo que ya no sorprende a nadie- las facturas fueron supuestamente facilitadas por los empresarios a empleados del sindicato de manera fraudulenta para desviar fondos públicos.

Y hablando de fondos públicos; el juez José Castro imputaba este miércoles a la infanta Cristina, hermana del Rey Felipe VI, la presunta comisión de delito fiscal y blanqueo de capitales. En un auto de 167 páginas, el magistrado resume tres años de investigación que, según su relato, no deja dudas sobre la intervención de la hermana del Rey: "Hay sobrados indicios de que doña Cristina de Borbón y Grecia ha intervenido, de una parte, lucrándose en su propio beneficio y, de otra, facilitando los medios para que lo hiciera su marido, mediante la colaboración silenciosa de su 50% del capital social, de los fondos ilícitamente ingresados en la entidad mercantil Aizóon".

En resumen, que España se desangra porque está plagada de ladrones, y por culpa de sus delitos los españoles padecemos la crisis que padecemos y pagamos los impuestos que pagamos. A estas alturas del partido, donde ninguna institución pública ni privada se salva de la quema, es imprescindible una limpieza y una regeneración de la clase política, empresarial y sindical de este país; un país que ya empieza a estar harto de que la verdadera imagen de la marca España en el exterior sea la de una ristra inacabable de chorizos.



22/06/2014

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


Tonto el que lo lea


Tonto el que lo lea

Por fin se acabó la Feria del Libro de Madrid. Y digo “por fin” porque –como señalan algunos escritores- esta celebración últimamente se parece más a una feria de ganado que a una feria del libro. Según se lamentan muchos autores, desde hace ya varios años, el mundo editorial ha comenzado a despreocuparse por la cultura para dedicarse al mundo del espectáculo. Y es que, en la última década, y con mayor virulencia en estos cinco últimos años, las editoriales españolas se han convertido en una ramificación –o una ramerización- de la televisión. La televisión ha invadido de tal modo el mundo editorial que personajes como Jorge Javier, Maxim Huerta, David Cantero, Mario Vaquerizo, Mónica Carrillo, Cristina Morató, Christian Gálvez, Luján Argüelles, Cristina Pardo, Dani Mateo, Adriana Abenia, el Gran Wyoming, Nieves Herrero, y –cómo no- Belén Esteban –que en solo 24 horas se colocó como número uno en ventas con su libro Ambiciones y reflexiones- son en la actualidad los grandes reclamos de las casetas de las ferias de libros a lo largo y ancho de nuestro país. Todos estos personajes –y muchos otros - no son famosos por escribir, sino que escriben porque son famosos. La situación de los escritores de verdad –los escritores con mayúsculas- es tan precaria que, según el último informe de Estadística de Producción Editorial, la economía doméstica, la cocina y los trucos del hogar han sido los únicos títulos que han aumentado su presencia en el panorama librero nacional desde 2008, mientras que la filosofía, la novela, el ensayo o la poesía cada vez tienen menos lectores y menos libros en las estanterías de las librerías y de los hogares. De igual manera, se calcula que en España solo hay cinco escritores que viven de sus libros.

Sin embargo, para ser justos, la culpa de esta deplorable situación en el mundo “literario” no es solo de las editoriales –que también- sino, por un lado, de nuestros gobernantes y, por otro, de nuestros conciudadanos. Con respecto a los primeros, basta decir que aplicar un IVA del 21% a los productos culturales como si fuesen productos de lujo es un auténtico despropósito, además de un medio para que los ciudadanos –siempre tan felices- no se cultiven y sean más estúpidos y sumisos. En cuanto a nuestros conciudadanos, no hace falta recordar que los españoles nos hemos aborregado. Aunque habrá quien discrepe, solo hace falta comparar los libros más vendidos o películas más vistas en los distintos países civilizados con los que se venden y se ven en España para confirmar esta afirmación. Y es que en nuestro país la cultura escuece, nos causa eccemas, repelús, y preferimos los diarios deportivos a los periódicos generalistas, las películas chorras a las películas con contenido, los cotilleos de la vida ajena a la lectura de los clásicos.

Así que, vista la situación, en unas décadas las grandes editoriales publicarán ya solamente bazofia, mientras que cientos de escritores se morirán sin apenas ser descubiertos. De todas formas, mientras tengamos chismorreo, cervecita, fútbol y playa, ¿a quién le importa?



10/05/2015

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


El tapón o la vida


El tapón o la vida

Debajo de mi casa, donde antes había un cartel luminoso de Mercadona, ahora hay un cartel que anuncia “Un café por Guillen”. Según he sabido, Guillen es un adolescente de San Pedro del Pinatar que sufre distrofia muscular, y con ese anuncio se pretende que a través de SMS se done el importe simbólico de un café para apoyar la investigación de las enfermedades raras.

A primera hora de la mañana –cuando todavía el sol no ha despuntado- y a última hora de la noche –cuando todo el mundo duerme-, algunas personas salen de sus casas, arrancan su coche y recorren cientos de kilómetros para deambular por supermercados, colegios, bares, restaurantes y centros comerciales para recoger tapones o pegar carteles. Aunque, por lo general, no conocemos sus caras porque no salen en televisión -y lo que no sale en televisión no existe-, son los padres de niños como Guillen, o como Ana, Alejandro, Paula, Aitana, Nacho y otros tantos niños y niñas que sufren las llamadas “enfermedades raras”. Sus nombres no nos suenan ni enviamos mensajes de apoyo ni recogemos tapones porque no participan en Gran Hermano ni en Supervivientes ni en ningún otro concurso de esos que tanto nos emocionan. Estos padres combinan con muchas dificultades su trabajo con el cuidado de sus hijos, la pegada de carteles y la recogida de tapones para alcanzar su propósito de conseguir los 300.000 o 500.000 euros que se necesitan para que se investigue sobre la enfermedad de sus hijos o para poder llevar a cabo una operación en un hospital situado en la otra punta del mundo. Paradójicamnete, en muchos ayuntamientos medianos, ese es el gasto de móviles al año.

Muchos de estos niños, por lo general, no saben lo que es un parque, ni asistir al colegio con regularidad, ni una pizza cuatro estaciones, ni una película en el cine, ni unos patines en línea, ni la arena de la playa, porque se pasan la mayor parte de su vida ingresados en un hospital. El azar, ese que nos puede señalar a todos con el dedo, ha querido que padezcan una enfermedad poco común, y han pasado de padecer una enfermedad rara a convertirse en niños raros. Viven acostumbrados a estar rodeados de tubos, máquinas, respiradores, llagas y jeringuillas. Sin embargo, siempre tienen una sonrisa en la cara Si la esperanza tuviese una imagen en los diccionarios, sería esa sonrisa –si el heroísmo tuviese una imagen, sería la de sus padres-. Sin embargo, a pesar de que los ojos de estos niños son igual de luminosos que los ojos de cualquier otro niño, a pesar de sus sonrisas y a pesar de que sus lágrimas tienen el mismo sabor amargo que las nuestras, son raros. O poco rentables, que en una sociedad tan avanzada como la que vivimos suele ser lo mismo. Por lo general, al margen de las ayudas de entidades y fundaciones, este tipo de niños no tienen acceso a medicamentos que ayuden a mitigar su padecimiento o a revertir su enfermedad, sobre todo porque para la industria farmacéutica su enfermedad es tan poco generalizada que la producción o el estudio de un medicamento no es rentable. Y lo que no es rentable, no interesa.

Al final, cuando uno lo piensa detenidamente, se da cuenta de que en realidad estas enfermedades no son raras, y de que estos niños no son raros. La que es rara es esta sociedad; esta sociedad que considera como algo normal que los estados y las grandes empresas se desvinculen de este tipo de problemáticas; que considera normal que la rentabilidad se mida en euros y no en sonrisas; que considera normal enviar “salva a Belén Esteban” pero no “salva a Guille”; que considera normal, en definitiva, que un padre o una madre cada mañana al levantarse tenga que elegir entre el tapón o la vida.



22/02/2015

Temática: Medio Ambiente    -    Medio: Reeditor


El hombre: el rey más animal


El hombre: el rey más animal

Hace unos días fui a una zona cercana a la playa donde hay una comuna de gatos para llevarles un poco de comida y agua. De vez en cuando me gusta pasear por esa zona y aprovecho para llevarles algunas latas a los mininos. Mientras estaba dejándoles la comida, un hombre que paseaba con un perro de la marca bóxer me dijo elevando la voz que estaba muy mal lo que estaba haciendo, que los gatos se habían convertido en una plaga y que había que exterminarlos.

Me dijo que él amaba la naturaleza, pero que dándoles de comer solo conseguía que se reprodujesen y se convirtiesen en una amenaza para la biodiversidad de la zona y para los vecinos. Yo le intenté explicar –al bóxer, me refiero, porque enseguida me di cuenta de que era más inteligente que el humano que lo paseaba-, le expliqué, como digo, que había una ONG que se encargaba de la esterilización y el control de los gatos, y que –además- los gatos ya estaban en esa zona mucho antes de que un grupo de constructores y el ayuntamiento decidieran joder la playa construyendo enormes edificios para que viviera gente como él. También le intenté explicar que, por lo general, un perro de la marca bóxer no era feliz viviendo en un apartamento de sesenta metros cuadrados, que aquello atentaba un poco contra la naturaleza a la que decía que tanto amaba. Por último, le dije que si tuviésemos que exterminar a todas las plagas deberíamos comenzar por los seres humanos, que –en muchos casos- lo único que hacían era reproducirse y aniquilar la biodiversidad de cualquier zona en la que viviesen.

Yo no sé desde cuando el hombre ha decidido que es el dueño de la naturaleza. Por mucho que lo intento, no me cabe en la cabeza que un hombre con un chándal, un perro de la marca bóxer y un apartamento minúsculo en una zona carísima de la costa pueda opinar sobre la vida de cualquier otro ser vivo. En mi pueblo natal, hasta hace bien poco, había zorros, liebres, mariposas, gorriones, jabalíes, petirrojos, corzos e infinidad de animales más, y podías cruzarte con ellos en cualquier momento. Ahora, en cambio, hay un polígono industrial. Los seres humanos hemos ido desplazando al resto de animales de su hábitat natural. Y yo no digo nada, porque es la evolución –o la involución, según se mire-. Comprendo que para algunos sea mejor que sus hijos conozcan a los animales a través de una tablet, en el zoológico o en un circo. Y lo acato, aunque me disguste.

Reconozco que el problema es mío; comprendo mejor a los animales que a las personas. Su crueldad casi nunca es gratuita. Por eso, para todos aquellos seres humanos que no respetan a los demás animales, para aquellos seres humanos –o lo que sean- que cuelgan a los galgos de un árbol cuando ya no les sirven; que abandonan a sus perros, gatos, tortugas o iguanas en mitad de la carretera; que maltratan a los cerdos o a las gallinas o a las ovejas; que envenenan a los perros o a los gatos que hay por las calles; que se creen que una zona determinada es de su propiedad sencillamente porque han plantado allí un trozo de ladrillos con cemento; que dicen respetar a la naturaleza pero que luego pueden ver morir a un gato de tres meses sin inmutarse, para esos, yo también propondría, si no una campaña de exterminio, al menos si una de sensibilidad, porque falta les hace.



04/05/2015

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


Asesinato en la educación


Asesinato en la educación

Hace unos días, hablando con unos compañeros, profesores en colegios e institutos, me comentaban que dar clase hoy en día en España es algo triste. Evidentemente, me aseguraban, había grandes momentos y grandes satisfacciones, pero que –en general- cada vez había menos de unos y de otros.

Hoy en día, en España, dedicarse a la educación supone dedicarse a una profesión difícil de desempeñar. Últimamente, la profesión de docente se ha vuelto muy poco gratificante. Da la sensación de que todo lo que se intenta transmitir en los colegios e institutos –ya sean valores, conocimientos o cultura- pierde toda validez en cuanto los alumnos salen del aula. Las circunstancias han cambiado tanto que la docencia de hoy no se parece en nada a la de hace veinte años. Ni siquiera a la de hace diez. El entorno actual es mucho más poderoso e influyente que hace un par de décadas. Muchos programas de televisión, como Gandía Shore, Sálvame o Mujeres y hombre y viceversa -entre otros muchos-, transmiten una cultura determinada que choca frontalmente con la cultura que en institutos y colegios se quiere transmitir. Esto es así hasta tal punto que hace unos días un compañero me comentó que una alumna suya de doce años le había dicho que de mayor quería ser choni. Toda una declaración de intenciones.

Por otra parte, las familias de hoy en día tampoco son lo que eran. Sé que no está bien generalizar, pero todos aquellos que nos dedicamos a la educación sabemos –porque así lo recogen los datos de matrícula- que un gran número de alumnos viven en familias desestructuradas y poco sólidas, muchas de las cuales tienen un nivel cultural igual a cero o por debajo de esa cifra. Cuando a veces charlo con algunos compañeros que se dedican a la educación, al final casi todos llegamos a la conclusión de que, en la actualidad, el problema general del alumnado no son los conocimientos, sino las emociones. Muchos de los alumnos llegan a las aulas carentes de afecto, carentes de responsabilidad, de valores, de normas y de estímulos. Están casi sin civilizar. Esto provoca que los profesores dediquen gran parte de sus clases a corregir las faltas de deberes, a atajar las faltas de conducta, a llamar la atención sobre las faltas de responsabilidad y a corregir las continuas faltas de actitud. Esta situación se intensifica en los institutos, donde los alumnos le han perdido por completo el respeto a sus docentes y, en ocasiones, se enfrentan verbal y físicamente a sus profesores vejándolos incluso delante de los propios compañeros de clase.

Hoy en día, la profesión de docente en España pasa por uno de sus peores momentos. Los docentes actuales ya casi no pueden dedicarse a enseñar, porque son pocos los alumnos a los que les interesa aprender. Por lo general, los docentes de hoy en día no enseñan lengua o matemáticas; sencillamente, se dedican a luchar contra los estímulos externos con los que los menores se han educado: las redes sociales, el whatsapp, las drogas, los embarazos no deseados, las broncas en casa, la soledad, la bulimia, el desapego familiar, el sexo sin control, las chonis...

Hace unas semanas, un compañero nuestro, Abel Martínez Oliva, fue asesinado a manos de un adolescente cuando acudía a auxiliar a una compañera al oír los gritos procedentes del interior del aula donde el alumno estaba sembrando el terror. La noticia de su asesinato, después del impacto inicial, ha tenido menos trascendencia que un resfriado de Messi o que la victoria de Belén Esteban en Gran Hermano. El cruel asesinato de Abel Martínez es el síntoma definitivo de que algo grave nos está pasando. Estamos enfermos, pero ni siquiera nos interesa verlo.



26/04/2015

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


Maldito Día del Libro


Maldito Día del Libro

Vamos a hablar de cultura. Según el barómetro publicado por el Centro de Investigación Sociológica (CIS) sobre los hábitos de lectura en España, el 35% de los españoles encuestados reconoce que no lee “casi nunca” o –directamente- “nunca”. Es decir; uno de cada tres españoles no abre un libro en su vida ni siquiera para ver lo que hay dentro. Sin embargo, esos son solo los que lo reconocen, porque seguramente otro tercio no leen pero no lo reconocen, por vergüenza o por cualquier otra razón. Para hacernos un ejemplo visual sobre este asunto, podríamos decir que cuando el estadio Santiago Bernabéu se llena hasta la bandera para ver jugar a Ronaldo y al resto de sus soldados, de los cien mil espectadores, treinta y cinco mil no han leído ni la entrada, y otros treinta y cinco mil la han leído pero se han mareado con tanta letra junta.

Según esos mismos datos del CIS, y teniendo en cuenta a esos dos tercios que afirman que sí leen, los españoles que dicen leer leen una media de 8,6 libros al año. En Finlandia, sin embargo, los libros leídos por habitante al año son 47, cinco veces más. No creo que haga falta señalar en qué posición de desarrollo social está Finlandia y en qué lugar está España. Como siempre que escribo un artículo sobre nuestra incultura, habrá alguien que salga defendiendo la ignorancia patria y diga que en el desierto del Sahara o en Groenlandia se lee bastante menos, pero si somos tan evolucionados como nos creemos supongo que deberíamos compararnos con los países más avanzados. Eso es lo que a mí, al menos, siempre me han enseñado. El regodearse con la inmundicia propia nunca conduce a nada.

Con estos datos –y otros tantos, como nuestro desinterés por la danza o el arte, etc.- queda claro que el gran problema de nuestro país es la incultura. Y de ella, aunque creamos que no, se derivan infinidad de problemas añadidos. Por ejemplo, esta semana se ha conocido que España vuelve a conquistar por enésima vez consecutiva el preciado título de líder de la Unión Europea en abandono escolar prematuro. Puede que alguien no sepa sumar dos más dos, pero -por lo general- cuando los padres no leen, los hijos tampoco; y cuando los padres desprecian la educación, los hijos también. Su fracaso es el nuestro. Nuestra responsabilidad como adultos sobre este dato y sobre la incultura de nuestro país es evidente. Sin embargo, como sociedad, transmitimos a los jóvenes que lo mejor es conquistar el sueño de trabajar como peón en la construcción –nuestro gran potencial-, para poder comprarnos un BMW y un adosado en la costa, aunque luego no sepamos leer ni el contrato.

No es que me importe que en nuestro país se cierren dos librerías cada día, ni que las editoriales ya no publiquen más que basura, ni que nuestros científicos tengan que emigrar para ganarse la vida, ni que las únicas películas españolas que triunfen solo se basen en estúpidos gags, ni que los españoles no conozcan el nombre de nuestros científicos más importantes, ni el nombre de un premio nobel español. Uno se ha acostumbrado ya a que el libro más leído sea el de Belén Esteban y el programa más visto, Sálvame. Pero me duele observar la herencia que estamos dejando a nuestros jóvenes, abocados a vivir en un desierto cultural que será difícil de recuperar en cientos de años.



19/04/2015

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


La España desvergonzada


La España desvergonzada

Si resumiésemos de un modo simple nuestra situación como país, podríamos decir que España es un país que sufre una grave crisis económica, donde existen infinidad de casos de corrupción política y empresarial, donde la educación se sitúa a la cola de Europa, donde la justicia es lenta y no funciona, donde las mafias se instalan con facilidad y donde miles de borrachos y drogadictos de distintas nacionalidades vienen de fiesta a nuestras costas –y a nuestra costa-. Sin embargo, a pesar de todos esos graves problemas, en realidad, esas no son las causas de nuestra miseria, sino las consecuencias. Nuestro problema, el causante del resto de los males que padecemos, no es ni la crisis económica ni la corrupción política ni las leyes laxas; el principal problema es nuestro desvergonzado carácter. Y me explico.

Hace unos días, una mujer con un carrito de bebé apareció por el despacho donde trabajo sin llamar a la puerta. Empujó la puerta con el carrito como si fuese un tanque de combate y comenzó a sacar papeles sin saludar siquiera. El horario de oficina de atención al público está situado a la entrada de la puerta, a la entrada del vestidor y a la entrada del edificio, así que -como estaba trabajando delante del ordenador realizando la gestión económica, cerca de unos cien apuntes bancarios-, le dije muy amablemente a la mujer del carrito acorazado que no podía atenderla porque estaba fuera –muy fuera- del horario de atención al público. De hecho, dos horas. En otras circunstancias, la hubiera atendido, pero la gestión económica requiere una gran concentración, ya que cualquier baile de números puede dar al traste en un segundo con dos horas de trabajo. Después de informarle de nuevo del horario de atención al público, por si no le llegaban los tres enormes carteles, la mujer me miró con desprecio, puso cara de culo y antes de salir del despacho me dijo con tono despectivo “no trabajen ustedes tanto”. Así, sin más.

Posiblemente, esto pueda parecerles una anécdota, pero no lo es. Hoy en día, la anécdota es lo contrario. La desvergüenza, la falta de educación, la prepotencia, el egocentrismo y la creencia de que todos somos perfectos y tenemos razón se ha adueñado del comportamiento del animal medio español. Sin tener el más mínimo criterio, rayando el analfabetismo cultural, sin preocuparse de las normas, los ciudadanos españoles se han acostumbrado a creer que tienen derecho a todo. Por eso aparcamos donde nos sale de los cojones, aunque haya un vado o esté reservado para minusválidos. Esto hace que nos justifiquemos constantemente ante conductas que son despreciables. No llamar a la puerta, no preguntar si se puede pasar, hablar con respeto a nuestro interlocutor y reconocer que nos hemos equivocado es algo imposible de pedirle a un español, acostumbrado a vociferar en restaurantes, a berrear en museos y a mugir en bibliotecas públicas. Y todo ello, como digo, aunque parezca anecdótico, es el inicio de la corrupción social, el inicio de la falta de responsabilidad y compromiso ante el trabajo, el inicio de la mala educación frente a nuestros hijos, el inicio de la corrupción moral, el inicio de una incorrecta atención, el inicio del chapuceo, el inicio de la improductividad, el inicio de la factura sin IVA, el inicio de enchufar al sobrino o al cuñado, etc.

Aunque no nos demos cuenta, cuando criticamos a nuestros políticos o a nuestros banqueros, en realidad nos estamos criticando a nosotros mismos, porque somos nosotros quienes los hemos parido y les hemos dado de mamar. Ellos son nuestro reflejo. Sin embargo, a pesar de ello, seguimos sin cambiar, refocilando entre la incultura y el aborregamiento, convencidos de que hagamos lo que hagamos siempre, siempre, siempre, tenemos derecho y razón. Y así nos va.



30/10/2019

Temática: Educación    -    Medio: Innovación y Desarrollo Docente


EN SERIO, JORGE: ¿EMOCIÓN ANTES QUE MATEMÁTICAS?


EN SERIO, JORGE: ¿EMOCIÓN ANTES QUE MATEMÁTICAS?

En los últimos años, están proliferando en la prensa titulares correspondientes a entrevistas a supuestos expertos en educación que dicen que “aprender matemáticas no sirve de nada si no tienes empatía”, “aprender a multiplicar es menos importante que saber gestionar los sentimientos”, “es mejor saber de emociones que aprenderse los ríos”, “no hace falta enseñar conocimientos porque ya existe Google” y cosas espeluznantes por el estilo. Pues bien; llegados a este punto de locura colectiva donde parece que hay que destrozar toda la educación clásica para introducir un currículo puramente sentimental, yo –al estilo de un vendedor de Nespresso- le preguntaría a estos expertos: “Really George?” (¿En serio, Jorgito?). ¿De verdad que ustedes preferirían un arquitecto que le dé muchos abrazos pero que no sepa de matemáticas ni de ángulos y se le caiga la casa encima? ¿De verdad que ustedes preferirían a un anestesista con una empatía como la Argentina de grande pero que no sepa multiplicar y le meta una dosis que le deje en la camilla de operaciones para toda la vida (o la muerte)? ¿De verdad? ¿De verdad? Pues, entonces, bravo por ustedes, pero yo, no: las emociones son importantes, pero las matemáticas también.

Decía Nelson Mandela que “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Y es cierto. Es cierto, porque a través de la educación transformamos a las personas que transformarán el mundo. Por eso, para manejar el arma de la educación hay que saber primero la enorme responsabilidad que supone ser educador y, después, saber lo que se está haciendo, porque -como todas las armas- no hay nada más peligroso que las cargue el diablo y las empuñe un tonto.

Jugar a ser docente es absolutamente deleznable. Lo es por la enorme influencia que los docentes tenemos en las vidas de los niños y niñas a los que educamos. La responsabilidad de un docente no se resuelve con eslóganes de tazas de desayuno. Hay que ser más serio. Nuestras enormes responsabilidades como docentes nos exige tener una formación exquisita en sociología, pedagogía, metodología, epistemología, neurociencia, didáctica, psicología… y también en educación emocional. No podemos confundir la profesión de docente con la de animador sociocultural. Evidentemente, para mí, como maestro, sería mucho más fácil decir en mis entrevistas eslóganes preciosos con frases huecas que todo el mundo pudiera aplaudir. O llenar la puerta de mi aula con frases súper híper mega positivas; o darles a mis alumnos abrazo, palmada o salto al entrar; o dejarles hacer lo que quisieran ganándome el cariño de todos mis alumnos y sus padres y la atención de los medios de comunicación antes que enseñarles a calcular ángulos o a pasar de decilitros a centilitros, pero esos niños en un futuro serán arquitectos o anestesistas y necesitarán de todos esos conocimientos –y más- para su carrera profesional.

Por supuesto que educar las emociones es importante. Hace ya 25 años –mucho antes de esta moda dictatorial de la educación emocional- que yo educo las emociones en mi aula. Y cuando digo que “educo emocionalmente” me refiero precisamente a eso, a que educo emocionalmente y no solo, como se hace en la actualidad, la parte feliz de las emociones. Para educar emocionalmente, hay que educar no solo el amor o la felicidad, sino el dolor, la rabia, la envidia, los celos, el abuso, la violencia en casa, la dependencia, la frustración, el miedo, la ansiedad, la pena, el egocentrismo… ¿Están esos expertos hablando de esa educación emocional o solo de la parte más fácil y superficial de la misma?, porque para trabajar la educación emocional de un niño maltratado cuyos padres se matan a palos delante de él todas las noches hay que estar bien formado, bajar al fango y ensuciarse de barro, y no solo decir dos frases bonitas copiadas de Internet.

“Aprender matemáticas no sirve de nada si no tienes empatía”, “es mejor saber de emociones que aprenderse los ríos”, dicen estos presuntos expertos. ¿En serio, Jorge? Pues va a ser que no. Todos conocemos fantásticos físicos con la empatía de una puerta que han revolucionado el mundo de la física y que nos ha traído a los seres humanos enormes beneficios en nuestras vidas diarias. Todos conocemos a un médico con la sensibilidad de una sartén al que acudimos cada vez que tenemos un problema porque es una auténtica máquina en lo suyo. Todos conocemos a un matemático increíble con la sensibilidad de un trozo de granito que ha revolucionado nuestro mundo tecnológico y comunicativo. En definitiva; todos admiramos los goles de Messi aunque no entendamos qué carajo dice. Y todos ellos, con sus empatías, sus sensibilidades o sus modos de hablar, también son felices, en parte, gracias a lo que han logrado en aquello que les gusta.

Así que, padres, madres, abuelos, docentes, medios de comunicación y demás familia; desconfiad de aquellos que solo os ofrezcan un eslogan fácil como que “solo con soñarlo, puedes conseguir todo lo que quieras”, porque -por lo general- solo les enseñarán a sus alumnos el eslogan, pero no todo el sacrificio que hay que hacer para alcanzar ese eslogan, lo que hará que caminen sonrientes, eso sí, pero frustrados y desarmados por la vida.



16/03/2020

Temática: Educación    -    Medio: Innovación y Desarrollo Docente


CORONAVIRUS, EDUCACIÓN Y ENSEÑANZA VIRTUAL


CORONAVIRUS, EDUCACIÓN Y ENSEÑANZA VIRTUAL

Tras el cierre de los centros educativos debido al aumento de infectados por el coronavirus, se ha producido un estado de incertidumbre en las diferentes etapas educativas obligatorias y no obligatorias. Para empezar por las etapas educativas más bajas, las Consejerías de Educación, con el fin de garantizar que los alumnos pudieran seguir con su programación educativa dentro de lo posible, pidieron a los docentes que realizasen su trabajo desde los colegios e institutos, enviando las tareas a través de las distintas plataformas Web oficiales y no oficiales. Esto puso de manifiesto dos problemas importantes: por un lado, la falta de formación de una parte del profesorado sobre las plataformas online y, por otro, la lamentable falta de recursos informáticos en los centros educativos. Nadie puede discutir que las nuevas tecnologías son importantes en educación, sin embargo, es evidente que, con ordenadores de hace 10 años, que no paran de tener problemas de inicio y que están desactualizados, es difícil que el docente pueda utilizar estos medios en el aula de manera eficaz, ya que incluso muchos de estos ordenadores ya ni siquiera soportan nuevos programas ni plataformas. Si a eso añadimos que el profesorado apenas tiene tiempo para actualizarse en un mundo virtual que cambia de manera vertiginosa cada cinco minutos, que apenas tiene tiempo para crear material online y que apenas tiene tiempo para realizar una buena selección de recursos TIC, tenemos el cóctel perfecto para que los medios tecnológicos en el aula en muchos de los colegios públicos no acaben de funcionar como debieran. Posteriormente, y tras declararse el estado de alarma, se solicitó finalmente a los docentes que realizasen estas tareas desde casa, lo cual hace que muchos profesores tengan que enfrentarse por primera vez a software de comunicación online, a entornos de trabajo conjunto o a servicios de alojamiento en la nube.

Gracias a esta situación novedosa, muchos youtuberos, profesores youtuberos y amantes de las herramientas Web se vinieron arriba, criticando la falta de preparación de los profesores para realizar recursos online, algo absolutamente demagógico, ya que este tipo de situaciones, por fortuna, son absolutamente infrecuentes. Este tipo de defensores de entornos virtuales y herramientas 2.0 y 3.0 muchas veces se convierten en hooligans de determinados softwares y pierden la visión de que lo importante no es la herramienta sino el contenido. Por ejemplo, en el ámbito de la Educación Primaria, nunca he entendido que un docente se crea un profesor más original por grabarse vídeos en su casa dando clase y luego se los envíe a sus alumnos, como si tuviese más valor la misma clase a través de un vídeo que presencial. Esto es aún menos comprensible cuando cierto tipo de docentes se disfrazan para buscar la atención de su alumnado, como si lo importante fuese el show antes que el aprendizaje, acostumbrando además a los alumnos a que todo el aprendizaje tiene que ser super mega divertido, cuando no es así. Además, aunque en España el 93% de los ciudadanos ya tiene Internet en sus casas, este tipo de formación online no es la más aconsejable en alumnos de Educación Primaria -niños de 6 a 12 años-, ya que para formarse de manera online hay que saber gestionar muy bien el tiempo, saber seleccionar el contenido y tener una gran dosis de disciplina, aspectos que obviamente todavía no son propios en esta etapa. Por el contrario, lo hermoso de la vida académica en la etapa de Educación Primaria es precisamente lo contrario: el contacto directo, la convivencia en la diversidad, las miradas a los ojos, las palmadas en la espalda, las conversaciones en confidencia, los abrazos a la salida y a la entrada, la explicación individualizada cuando se requiere, los diversos tipos de materiales manipulativos y de elaboración propia que muchos docentes realizan para alumnos que así lo precisan, el olor a plastilina, las relaciones en el recreo, la resolución de dudas a través de diferentes explicaciones, el ejemplo en el comportamiento o las tareas cooperativas y colaborativas, algo que jamás podrá ofrecer ni YouTube ni ninguna otra plataforma virtual.

Otra cosa muy distinta es lo que ha sucedido con la Universidad. Como estudiante universitario y como docente, a lo largo de mi vida me he encontrado con profesores universitarios que en sus clases leían sus libros -los cuales teníamos que comprar-, profesores que si no funcionaba el proyector para exponer su PowerPoint no sabían cómo dar clase y la cancelaban para otro día o profesores que repetían lo mismo que ya estaba en la fotocopia que habían repartido. Debido a todo ello -y a muchos de los cursos presenciales a los que he asistido-, como adulto, yo soy un amante de la formación online, siempre que esta formación sea de calidad. Para aprender sobre diferentes materias, me encanta descargarme mis documentos, ver los vídeos y aprender mediante estudios e informes antes que escuchar a una persona con una formación mediocre repetir lo mismo que pone un papel: para eso, ya me lo leo yo en casa; gracias. Aunque en el ámbito universitario es mucho más fácil enviar tareas online -ya que los alumnos son más autónomos a la hora de utilizar las diferentes plataformas- esta situación provocada por el cierre de las universidades ha puesto de manifiesto algo que hasta ahora no se quería poner sobre la mesa: la asistencia de los estudiantes universitarios a clase. Según muchos docentes universitarios, la asistencia de los estudiantes al aula es, en muchos casos, simplemente testimonial. Esto obliga a replantearnos si la universidad presencial tal como está concebida en la actualidad debe seguir entendiéndose de este modo. Para ello, surgen muchas dudas y preguntas. En primer lugar, deberíamos preguntarnos si aprende lo mismo un alumno que acude a clase que uno que solo recoge los apuntes, ya que, de ser así, no tiene mucho sentido que existan ciertas clases presenciales y que se mantengan enormes edificios que son tremendamente costosos. Si no es así, tendríamos que plantearnos si no debería ser obligatoria la asistencia a clase para poder aprobar una asignatura, ya que si un alumno se matricula y luego ni va ni aprende está generando un gasto al estado que no es necesario. De hecho, en la actualidad, muchas universidades ofrecen titulaciones online sin la necesidad de acudir a clase, si bien es cierto que -en algunos casos- la calidad del producto que ofrecen con respecto al precio podría considerarse un timo o una tomadura de pelo, algo que también nos obliga a plantearnos si el estado está controlando correctamente la calidad de la formación universitaria que están recibiendo nuestros estudiantes.

Sea como fuere, el coronavirus ha puesto de manifiesto algunas deficiencias en el ámbito educativo, aspecto que deberíamos aprovechar para replantearnos determinados aspectos del sistema educativo y no, precisamente, en las etapas más bajas -que son las que casi siempre reciben las críticas más duras, las que padecen una nueva ley tras otra y las que menos recursos tienen-, sino en la enseñanza superior, que parece no haberse sabido adaptar a la nueva realidad educativa que requieren nuestros estudiantes quedándose anquilosada en una estructura de programas y de formación que cada día parece de menor calidad y más obsoleta.



17/12/2019

Temática: Educación    -    Medio: Innovación y Desarrollo Docente


EL CASTIGO ANTE EL INCUMPLIMIENTO DE LAS NORMAS


EL CASTIGO ANTE EL INCUMPLIMIENTO DE LAS NORMAS

Hace unos días, un docente por Twitter comentó que los alumnos valoraban a los maestros que cumplían cuatro claves: ser consecuente, enseñar, escuchar y castigar. Fue leer la palabra castigar y cientos de personas -docentes y no docentes- comenzaron a lanzarse sobre él señalando que aquello de castigar era arcaico, dictatorial, troglodítico, que castigar era como ser un Dios prepotente y vengativo, que castigar era humillar y toda una serie de adjetivos calificativos dignos de una novela de Stephen King. A cambio del castigo, estas personas proponían que había que convencer, ser empático, motivar, amar, abrazar y cosas tan preciosas que parecían vivir en una nube maravillosa rodeada de pétalos de gominolas. Posiblemente, estas personas tan comprensivas son tan bondadosas que si algún día un chaval de 15 años -caso real- le lanza a su hija una piedra a la cara y le revienta un ojo, irán al colegio a toda velocidad para ser empáticos con el alumno y motivarlo para que aprenda incluso a lanzar las piedras con mayor precisión, sin pensar siquiera en poner una denuncia al colegio y pedir la cabeza del director y del alumno.

Según la RAE, el castigo es la pena que se impone a quien ha cometido un delito o falta. Es decir, es una sanción por una mala acción o conducta. Está claro que en esta sociedad Wonderfuliana actual suena mejor sanción que castigo, pero finalmente vienen siendo la misma cosa. Aunque los adultos por lo general somos más bien tirando a lerdos, los niños no lo son, y saben a la perfección que si comenten una mala acción recibirán un castigo o una sanción. Lo ven todos los días en los partidos de la Champions (cuando le preguntas a cualquier niño o niña que le guste el fútbol qué le pasa a un jugador que realiza una entrada con los pies por delante y sin balón, todos te contestarán sin dudar que eso es tarjeta roja directa). Dicha sanción o castigo, obviamente, dependerá de la gravedad de la acción, pero nunca llegará -no se inquieten- a llevarlo a la garrucha ni a ningún otro instrumento de tortura medieval. Evidentemente –que hoy en día parece que hay que explicarlo todo- el castigo no es la primera opción en muchos casos, ni debe castigarse por cualquier cosa, ni debe utilizarse como modo de prevención (por eso es tan importante el control emocional), pero a lo largo de mi carrera he visto alumnos que le han robado el móvil a la maestra, alumnos que robaban material de manera habitual a sus compañeros, alumnos que iban por el patio como matones amedrentando a los demás, alumnos que le pedían dinero a alumnos más pequeños en los recreos, alumnos que robaron 500 euros de un viaje de estudios, alumnos que se pasaban por la cornisa del hotel en un viaje de estudios, alumnos que en una pelea le rompieron varias piezas dentales a otro alumno, alumnos que le rompieron una costilla a un profesor, alumnos que lanzaban piedras a sus compañeros, alumnos que se llevaban una navaja y la sacaban en el patio en los partidos de fútbol, alumnos que mearon en la botella de agua de una maestra y todo ello, como es lógico, tiene que tener su sanción correspondiente. Luego, después de la sanción, ya seremos empáticos y dialogantes y ya veremos de dónde viene el problema, cómo motivar al alumno o encauzarlo, cómo fortalecer el control de sus emociones, etc., etc., pero mientras la otra alumna se va al hospital con una hemorragia en el ojo, no queda otro remedio que castigar.

Cuando nosotros conducimos a más de 120 km por hora en la autovía, o cuando vamos conduciendo y hablando con el teléfono móvil, o cuando no entregamos la declaración de la renta a tiempo, inexcusablemente tenemos un castigo y/o una sanción. El respeto a unas normas de conducta, y no otra, es la base de la convivencia pacífica en sociedad. Aquellos que apuestan por eliminar sanciones o castigos -a pesar de lo que puedan creer- no consiguen con ello un mundo más hermoso, sino que lo único que hacen es crear una dictadura de impunidad donde los únicos que están cómodos y felices son los que no cumplen las normas.



22/03/2015

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


El fémur de Cervantes o de cómo industrializar la cultura


El fémur de Cervantes o de cómo industrializar la cultura

La investigación sobre los restos de Cervantes se está convirtiendo en todo un folletín. Este martes pasado, en una rueda de prensa apresurada, los investigadores confirmaban que al fin habían hallado los restos del autor de El Quijote en la cripta de la iglesia del convento de las Trinitarias. Sin embargo, ante una serie de contradicciones y, sobre todo, ante el uso reiterado de la coletilla "es posible", los medios de comunicación convocados comenzaron a preguntar por cuál debería ser el titular para el día siguiente; “sí pertenecen a Cervantes” o “es posible que pertenezcan a Cervantes”. Ante las preguntas que comenzaron a surgir, los responsables de la investigación respondieron que debían ser prudentes, ya que no habían podido resolver con certeza absoluta la pertenencia o no de los huesos. “Estamos convencidos de que tenemos algo", aseguró el forense y director del equipo. Ya para finalizar, los investigadores señalaron a la "presión mediática" como la causa de aquella precipitada rueda de prensa. Y es que da la sensación de que la noticia se ha convertido en más importante que el hecho. Es decir; lo importante es que se diga cuanto antes que los restos sí pertenecen a Cervantes, no que los restos pertenezcan a Cervantes.

Sean o no los restos de Cervantes, lo que parece claro es que el Consistorio no quiere dejar pasar la oportunidad de usarlos como reclamo turístico. Ana Botella confirmó en esa misma rueda de prensa que había mantenido conversaciones con el Obispado para que la tumba sea abierta al público. "Cervantes es una persona que no se puede separar de la cultura española. Hoy hemos contribuido a la historia y la cultura de España", afirmó la Alcaldesa de Madrid. Y aquí viene lo interesante, porque en esa cultura de la que hablan los políticos parece que lo cultural es lo secundario, y lo económico, lo primordial. Tal vez por esa razón, el IVA cultural en España es de los más elevados de Europa y, por consiguiente, del mundo. También por esa misma razón, en nuestro país, ni los ayuntamientos ni las comunidades autónomas ni el propio estado apoya a los escritores, pintores, escultores, bailarines excepto para exportarlos como reclamo turístico, no para fomentar la cultura. Tal vez también por esa razón, las librerías francesas tienen un apoyo de 4 millones de euros, mientras que en España la ayuda a este sector es de 150.000. Claro que, a los ciudadanos españoles, eso tampoco les importa en exceso, porque mientras siga existiendo el clásico Madrid – Barça, mientras Belén Esteban siga en Gran Hermano o Chabelita en Supervivientes, lo demás no importa.

Con respecto a esa cultura de la que tanto hablan los políticos y que tanto dicen defender los ciudadanos, habría que señalar que en el año 2014 se cerraron en España cerca de mil librerías. Es decir; 83 librerías al mes. O lo que es lo mismo; casi tres librerías al día. Según los datos de la Conferencia Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), en 2008 había en España 7.074 librerías, mientras que en la actualidad hay 3.650. De ellas, tan solo unas 500 basan su negocio en el libro. Es decir; 1 librería por cada 100.000 personas. Se calcula que en nuestro país hay unos 5.000 burdeles y unas 350.000 prostitutas, convirtiendo a España en uno de los mayores destinos turísticos sexuales del mundo. Así que la tumba de Cervantes lo va a tener jodido. Y es que, al final, va a tener razón Pérez Reverte; España es un país deliberadamente inculto. Y, además, nos encanta.



08/03/2015

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


Nuestros viejos


Nuestros viejos

Los seres humanos somos ante todo recuerdos. A veces nos confundimos y pensamos que somos un buen coche, una televisión 3D, un smartphone o un chalet con piscina… pero en realidad somos recuerdos. Somos, en definitiva, nuestras experiencias, nuestras emociones, nuestras ilusiones, lo que vivimos, lo que amamos y lo que experimentamos a cada momento hasta el final de nuestros días.

Cuando era pequeño, me encantaba escuchar las historias de mi abuelo. Sus recuerdos. Oía sus relatos absorto, encandilado, y me podía pasar horas y horas escuchándolo. Sin embargo, ya desde muy joven, siempre que miraba a mi abuelo, lleno de arrugas por todo su rostro y su eterna boina en la cabeza, pensaba que algún día –si Dios me lo permite- llegaría a estar como él, y que mis historias y mis vivencias ya no le interesarían a nadie. Y es que los jóvenes, los adultos, creemos que nuestros viejos ya han nacido viejos, y ni siquiera les otorgamos el don de haber vivido.

Hace unos días el Papa Francisco advirtió de que las familias que pasaban mucho tiempo sin visitar a sus ancianos incurren en "pecado mortal", y recordó que en una sociedad donde no hay "honor para los ancianos" no tendrá "futuro para los jóvenes". Estas declaraciones las realizó tras llevar a cabo una visita a varios geriátricos en Buenos Aires y conversar con una mujer que no recibía la visita de sus seres queridos desde la Navidad anterior. "Los ancianos están abandonados y no solo en la precariedad material, sino en las numerosas dificultades que hoy deben superar para sobrevivir en una sociedad que no les permite participar", dijo el Papa Francisco, que señaló que "los ancianos deberían ser para toda la sociedad la reserva de sabiduría de nuestro pueblo".

Evidentemente, hay ancianos que se han ganado a pulso estar solos. Esto es innegable. Pero también hay otros ancianos que cuando ya se vuelven dependientes son abandonados emocional y físicamente. Hoy en día las relaciones entre padres e hijos han sufrido enormes cambios. El ritmo de vida y los nuevos valores han transformado el modo de entender la familia. Según datos del Observatorio Jurídico de Legálitas, desde que se hizo pública la Sentencia del Tribunal Supremo del 3 de junio de 2014, por la que el maltrato psicológico por menosprecio y abandono se consideraba causa de desheredación a los hijos, las consultas sobre cómo desheredar a los hijos subieron significativamente, alcanzando un 18% de subida en 2014. Del mismo modo, las consultas sobre Incapacitación, por la que se solicita al Juzgado que declare incapaz a una persona mayor, han subido un 8% en 2014 sobre el año anterior. Según sus explicaciones, se trata en su mayoría de consultas de hijos que quieren evitar que la persona que cuida a su progenitor, un hermano generalmente, pueda mermar su futura herencia mediante actos realizados en vida del padre o madre a su favor.

El mundo cambia demasiado deprisa. Y esa transformación constante hace que lo que hoy es novedad mañana esté caduco; los teléfonos móviles, las televisiones inteligentes, los coches y, por supuesto, las personas. Al margen de creencias religiosas y morales, lo que es evidente es que lo que valoremos hoy como sociedad, lo mismo recibiremos mañana. O como reza la frase que hay situada en el cementerio de mi pueblo: “como te ves, me vi. Como me ves, te verás”. Pues eso.



01/03/2015

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


Educación Lowcost


Educación Lowcost

España es uno de los países europeos con uno de los niveles más bajos en educación. Al margen de maravillosas y extraordinarias teorías y explicaciones sobre este asunto, lo que es evidente es que en nuestro país la educación no se valora. Sé que muchos se echarán las manos a la cabeza y dirán que es mentira, pero solo hay que visitar los países más civilizados para darnos cuenta de que el nuestro no lo es. En España no se valora la educación; ni la formal —la de los colegios e institutos— ni la informal —la de la propia familia—. Conocedores de esta situación y de la escasa movilización de los sectores implicados para defender algo que en realidad no importa, el actual ministerio de Educación —con el extraño personaje José Ignacio Wert a la cabeza—, ha decidido que ya está bien de gastar dinero en educación y ha pasado a ingeniar un plan de actuación para recortar gastos sin que nadie se entere.

Hace ya unos cuantos meses, algunas comunidades autónomas comenzaron a contratar a dedo a profesores nativos del reino Unido y de Irlanda para dar asignaturas en inglés, esa nueva moda tan propagandística como inútil. La mayoría de estos profesores ni siquiera sabían hablar español. Otras comunidades también comenzaron a contratar a nativos en lengua inglesa como auxiliares de conversación, muchos de los cuales ni sabían español ni tenían siquiera formación académica alguna, que es algo así como contratar a Belén Esteban para ser lectora de español sencillamente porque ha nacido en España.

No contentos con eso, hace unas semanas nos enteramos de que el ministerio de Educación había aprobado un programa para que 2.000 titulados universitarios dieran clases de apoyo en los colegios públicos. La secretaria de Estado de Educación, Monsterrat Gomendio, una lumbrera del asunto, explicó a la prensa que los futuros becarios acudirían a centros especializados en alumnos con necesidades especiales o que tuviesen una alta proporción de alumnos repetidores. Es decir, que la educación compensatoria —que es la destinada a garantizar la equidad— y la Pedagogía Terapéutica —que es la destinada a atender a alumnos con algún tipo de deficiencia— van a pasar de estar en manos de especialistas a estar en manos de becarios, una medida digna del mayor de los estúpidos o del peor de los temerarios.

Según los datos oficiales del Ministerio de Hacienda, en los dos últimos años se han ido al paro 25.000 docentes. Esto supone un 4,75% menos de plantilla. Todos ellos son especialistas, formados en Universidades, con experiencia laboral —ya que la mayoría han sido interinos— y muchos poseen el B1 o el B2 de algún idioma. Y, lo que es peor, casi todos ellos son necesarios. Lo que sucede es que, debido a esa cualificación, todos ellos son más caros que un becario o que un nativo británico que viene a España para cobrar un sueldo que bien podría cobrar un español, y esa es la razón principal para su paulatina sustitución. Sin embargo, lo grave no es que se tomen medidas que suponen recortes económicos o laborales, lo grave es que se está experimentando y jugando con la educación de los menores, especialmente con la educación y el futuro de los más necesitados y de los más indefensos. Y eso, a todas luces, es absolutamente inaceptable.



15/02/2015

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Mala hierba: la corrupción no solo está en los políticos


Mala hierba: la corrupción no solo está en los políticos

Este martes, al abrir la prensa como todos los días, me encontré de repente con varios titulares sobre casos de corrupción; así, todos juntos, uno tras otro, como una gran bola de porquería en un estercolero: Monedero y sus 700.000 euros; Hacienda investigando a Pablo Iglesias; detenidos en Andalucia por el escándalo de la formación; Artur Mas y la cuenta de su padre en Liechtenstein; Tania Sánchez y los contratos de su hermano; Oleguer Pujol y sus inversiones; los españoles de la lista Falciani y sus 1.800 millones de euros escondidos en Suiza, Bárcenas y sus amenazas al PP… En fin, una página tras otra repleta de casos de corrupción, falsedad, mentira, escándalo y putrefacción.

Hay quien dice por ahí que todos los políticos no son iguales, pero esa es una afirmación realmente difícil de defender. Hay una maravillosa frase de Edmund Burke, filósofo y político del 1.700, que dice que “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”. Durante muchos años, durante demasiados años, esos políticos que dicen ahora que no son como los demás han estado callados, sin denunciar lo que sucedía a su alrededor, sin sentirse avergonzados de pertenecer a un partido o a una institución rodeada de corrupción por todas partes. Ellos, tan honestos como mudos, también permitieron con su silencio que el mal terminase triunfando, lo cual les convierte tristemente en culpables.

Después de todos los casos de corrupción abiertos en los últimos años y que son una vergüenza nacional e internacional, nuestros políticos siguen día tras día acusándose unos a otros de corrupción. El PSOE al PP, el PP a Podemos, Podemos al PSOE, y así continuamente como una estúpida ruleta de acusaciones. Pero, tras un análisis más profundo, hay que reconocer que el problema de la corrupción en España no está en la política; sencillamente, es parte de la sociedad.

El honor, la honestidad, la integridad han desaparecido del vocabulario común de los españoles. No solo de los políticos. Desde hace ya varias décadas, nuestro país ha dejado aparcado el esfuerzo, el sacrificio, la responsabilidad y el honor y lo ha cambiado por el buen-rollismo y el compadreo. Nos juzgamos unos a otros no por el trabajo que realizamos o por nuestra moral, sino por lo majos que somos. Incluso muchas empresas se preocupan más del buen clima de trabajo que del propio trabajo. Así, los trabajadores españoles ostentan el récord de bajas falsas, muchos ciudadanos se preocupan más de las ayudas estatales que de las exigencias laborales, los sindicatos buscan sus beneficios a través de subvenciones más que defender a los trabajadores, los ciudadanos no respetamos las normas de convivencia, ni las de cortesía, ni las de imparcialidad y los telespectadores reímos a carcajadas las gracias de los seres más vagos y despreciables que se hacen famosos y millonarios gracias a la televisión.



08/02/2015

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


El fin de la literatura: entre la piratería y la huida de lectores


El fin de la literatura: entre la piratería y la huida de lectores

Hace unos días, y tras tres años de una lucha titánica contra un cáncer de páncreas, el presidente del grupo Planeta, José Manuel Lara Bosch, fallecía en Barcelona a los 68 años. Con un carácter enérgico y emprendedor, José Manuel Lara consiguió hacer del grupo Planeta lider de ventas en España y segundo en Francia, con un catálogo de 15.000 autores y una publicación de 130 millones de libros al año. Su lucha en favor de la promoción cultural y en contra de la piratería lo colocó a la vanguardia del mundo cultural de nuestro país. En sus últimos meses, José Manuel Lara decía que si algún día se retiraba, le gustaría volver a los orígenes y llevar una pequeña editorial para dedicar la jornada completa a los libros de toda la vida, y parte de ese cansancio por convertir lo cultural en económico podía apreciarse ya en sus ojos durante la edición del último Premio Planeta.

Es evidente que España no es un buen lugar para hacer negocio con la literatura. Como reconocen la mayoría de los editores, para vender libros, las editoriales se ven obligadas a publicar lo que más vende, que casi nunca es lo que más calidad tiene. Solo hay que echar un vistazo a los “número uno” en ventas. La contratación de un famoso se ha convertido en los últimos años en lo más práctico, porque en España si no sales en televisión no eres nadie. Esta situación es especialmente dramática para las pequeñas editoriales, que año tras año ven como mengua considerablemente el número de libros que publican por falta de ventas y de lectores, aunque las estadísticas digan lo contrario. Según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros de 2012, el porcentaje de lectores de libros alcanza en España el 63% de la población, reduciéndose la distancia que nos separa de la media europea, que está situada en el 70%. De hecho -según este barómetro que a mi juicio no recoge la realidad- el 59,1% de los españoles mayores de 14 años lee en su tiempo libre y el 47,2% lo hace con una frecuencia diaria y semanal. Curiosamente, y a pesar de este casi increíble aumento de lectores, en España, la actividad editorial ha descendido en torno a un 20% en los últimos tres años.

Dejando al margen estos datos, los principales problemas del sector editorial de nuestro país son el IVA que sufren los productos culturales y, especialmente, la piratería, que afecta a las editoriales pero especialmente a los escritores, ya que cuanta menos actividad editorial menos autores son publicados. Según un estudio realizado por el Observatorio de Piratería y Hábitos de consumo de contenidos digitales de 2013, el número de españoles que accede ilegalmente a contenidos digitales supera el 51%. La descarga ilegal de libros, con un 21%, aumenta considerablemente año tras año. Pero la cifra más preocupante de las que señala el estudio es que un 84% de todos los contenidos adquiridos en España es pirata. Un dato dramático si tenemos en cuenta que la industria cultural es un factor estratégico en la economía de nuestro país, pues aporta más del 4% del PIB español, muy por delante de la agricultura, ganadería y pesca (2,5%), la industria química (1,1%) o las telecomunicaciones (1,8%).

Teniendo en cuenta que la cultura es la base de cualquier sociedad desarrollada, y que la falta de apuesta por la cultura de nuestros políticos facilita el aborregamiento social, llegará un día en que tanta incultura ciudadana terminará pasándonos factura. Aún estamos a tiempo de no lamentarnos.



01/02/2015

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Jroña que jroña: análisis de las elecciones en Grecia


Jroña que jroña: análisis de las elecciones en Grecia

Las elecciones en Grecia han dado como resultado un amplio respaldo en las urnas a la formación izquierdista Syriza –liderada por Alexis Tsipras-, que consiguió 149 escaños, quedándose a solo dos de la mayoría absoluta. Tras los resultados, pueden extraerse de estas elecciones diferentes conclusiones desde el punto de vista político y sociológico realmente interesantes. Para comenzar, podemos señalar que gracias a la nefasta política y a los vergonzosos casos de corrupción de los partidos tradicionales –especialmente en los países que más han sufrido la crisis-, Europa tiende a los extremismos: tanto los partidos de extrema izquierda como los partidos de extrema derecha están consiguiendo cada día más partidarios. Por otra parte, también parece claro que los extremos se tocan. De los posibles aliados en Grecia, Syriza ha elegido como compañero de gobierno al partido de la derecha nacionalista Griegos Independientes (ANEL) que, paradójicamente, es la fuerza que más se acerca a sus tesis en lo relativo a la deuda o al diálogo con la llamada troika.

Ahondando un poco más, podemos afirmar que los mensajes populistas han calado en los ciudadanos. Lógicamente, resulta fácil criticar cuando uno no gobierna, pero gobernar es algo más complicado que lanzar mensajes con los que casi todos estamos de acuerdo. Es fácil decir que debemos ser más duros con los corruptos, o que no debemos aumentar los impuestos, o que debemos subir las prestaciones a los parados y a los jubilados, o que paguen más lo que más tienen. Lo difícil es llevarlo a cabo, sobre todo con un gobierno aislado, rodeado de una política económica mundial dominada por los mercados. Por eso, la responsabilidad que asumen los partidos que recogen estos aspectos en sus programas es realmente enorme, porque en el caso de no saciar las necesidades ciudadanas corren el riesgo de desparecer en el olvido en una sola legislatura.

Pero quizá, como conclusión más importante, podemos extraer que los ciudadanos de los países más deprimidos están cansados de pasar hambre. Como ya sabemos hoy en día –y como ya era de imaginar- esta famosa crisis que dicen que estamos padeciendo la estamos sufriendo únicamente los ciudadanos. Las grandes empresas y sus respectivos directivos siguen manteniendo –y en muchos casos aumentando- sus beneficios, en muchas ocasiones gracias a los despidos masivos y, en otras, a rebajar los sueldos de sus trabajadores. Los políticos, por su parte, también siguen manteniendo su estatus, y no realizan ni el más mínimo gesto para ajustar sus sueldos y sus privilegios al estado de crisis que dicen que padecemos y con el que luego se justifican para adoptar medidas durísimas que empobrecen más a la sociedad.

Las grandes empresas y los políticos actuales se han hartado año tras año de beneficiarse de la democracia para enriquecerse personalmente. Ahora el ciudadano prefiere el extremismo y el populismo. Ahora parece que sí que viene el lobo.



25/01/2015

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Con la matrícula en el culo


Con la matrícula en el culo

Si alguna vez me ven pasear por la calle con una matrícula en el culo, no se preocupen: no me he vuelto loco, sencillamente me estoy adaptando a la nueva normativa que quiere implantar la Dirección General de Tráfico. Según parece, la DGT pretende que se apruebe un reglamento que limite la velocidad de los peatones y que les obligue a someterse a controles de alcoholemia. Según el artículo 48.5 del texto: "Los vehículos en los que su conductor circule a pie no sobrepasarán la velocidad del paso humano y los animales que arrastren un vehículo, la del trote". Por ahora, nadie conoce ningún vehículo en el que se circule a pié, pero en la DGT son tan avanzados que llaman así a lo que la gente vulgar como yo llama peatones. Esto supondría, como es obvio, la prohibición de correr, que por fin pasaría de ser un deporte a ser un delito. Del mismo modo, la DGT pretende que los peatones sean obligados a someterse a una prueba de alcohol o drogas en el caso de verse implicados "directa o indirectamente" en un accidente. Es decir, que ya no se podrá tomar alcohol en bodas, fiestas o bautizos por el riesgo a ser testigo de un accidente y encima ser multado. Además, el concepto de droga que maneja el reglamento es tan amplio que abarca desde la heroína hasta la codeína, que es la base del jarabe para la tos. Así que, además de la matrícula, si queremos estar seguros deberemos llevar también las recetas.

Evidentemente, soy un fiel defensor del comportamiento cívico de los ciudadanos, tanto de peatones como de conductores. Sin embargo, la DGT se ha convertido desde hace ya muchos años en un despropósito. Su ineficacia y su ineptitud se deben principalmente a su obsesión por legislar todo lo habido y por haber con una finalidad únicamente recaudatoria. Recuerdo que hace unos años, cuando viajaba por una autovía, vi a un conductor que circulaba con una pierna por fuera de la ventanilla, mientras el gilipollas que llevaba al lado se reía como un imbécil. Al ver semejante imagen, me detuve en una zona segura y llamé a la Guardia Civil de Tráfico. Según sus indicaciones, yo tenía que acudir al cuartel más cercano y denunciar al conductor del vehículo. Eso sí; unos kilómetros más adelante un coche camuflado estaba apostado en una cuneta para poner multas por exceso de velocidad, que es lo importante.

Asociar solo velocidad y alcohol –que también- con siniestralidad es un gravísimo error. Está claro que España cuenta con una de las mejores redes de carreteras de todo el mundo. Eso es innegable. Pero muchas de ellas pecan de falta de mantenimiento y puntos negros muy peligrosos. En el año 2013 se detectaron 597 puntos negros en los que hubo 2.621 accidentes con 4.018 víctimas: 32 fallecidos y 3.986 heridos. Esto supone el 9,6% de los accidentes, el 3,2% de los fallecidos y el 9,5% de los heridos totales. A pesar de estas cifras, la DGT no se ha preocupado lo más mínimo de solicitar con urgencia la mejora de esos puntos negros, y ni siquiera se ha molestado en colocar radares en esas zonas. Los radares están en las autovías, donde la siniestralidad es la más baja. Si realmente le preocupa bajar la siniestralidad, la DGT debería comenzar a analizar estas cifras y no solo regodearse con los enormes beneficios que a costa de nuestros bolsillos les aportan sus radares.



18/01/2015

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


La mujer de mi vida


La mujer de mi vida

La historia de amor entre Romeo y Julieta –que se encuentra entre la ficción y la realidad- es sin duda una de las más románticas de la historia universal. Pero no es la única. Existen historias auténticamente reales y maravillosas. Por ejemplo, la relación amorosa entre el filósofo francés Pedro Abelardo y Eloisa, con pasión a escondidas y fuga incluida. Lo mismo sucede con la historia de amor entre el emperador mogol Shah Jehan y la princesa persa Muntaz Mahal, tras cuya muerte el emperador enloqueció y se arruinó con la construcción del famoso Taj Mahal. Y qué decir de la historia entre Cleopatra y Marco Antonio. O la de Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla, los famosos “Amantes de Teruel”. O la de Sissi de Baviera y Francisco José. O la historia de Dante Alighieri y Beatriz Portinari. O la de Hernán Cortés y Malinalí, más conocida como La Malinche. O la preciosa histora entre Liu Guojiang -que tenía 19 años de edad- y Xu Chaoqin -una mujer de 29, madre y viuda-, que tuvieron que fugarse y vivir en la miseria repudiados por todos los familiares por su situación y la diferencia de edad. Sobre esta historia, basta decir que, como el camino hasta la recóndita cueva donde vivían era muy complicado y lleno de escarpados riscos, la mujer terminó por quedarse en casa, así que su amante decidió tallar con sus propias manos durante 50 años las gradas de una escalera para salvar los 1.550 metros de desnivel de la montaña y facilitar así la bajada de su mujer. Dice uno de sus hijos que cuando murió su padre, su madre no paraba de repetir día tras día “Tú me prometiste que cuidarías de mí, que siempre estarías conmigo hasta el día en que muriera, ahora, tú te fuiste antes que yo, ¿cómo voy a vivir sin ti?”

Todo esto que he contado viene porque hace unos días vi un cartel en un edificio público que rezaba “No puedo ser la mujer de tu vida porque ya lo soy de la mía”. Y ese mensaje me llenó de una profunda tristeza. Es evidente que hoy en día el romanticismo es un reducto del pasado. Entre esta “modernidad” que potencia el individualismo y la falta de compromiso, y la violencia de género que hace que muchas personas confundan posesión con amor, se tiende a interpretar las relaciones de amor altamente pasionales como ridículas, absurdas, antiguas y, lo que es peor, como propias de seres con problemas de identidad personal. En la actualidad, todos los personajes de las historias anteriores serían considerados unos pobres y estúpidos gilipollas, ya que cada uno de nosotros debemos tener nuestra individualidad, sin necesidad de ser alguien gracias al otro.

Evidentemente una mujer puede ser la mujer de su vida. Y eso está bien. Yo, por ejemplo, también soy el hombre de mi vida. Y eso me hace feliz. No necesito a nadie para caminar, ni para beber, ni para rascarme la cabeza. Pero también tengo a mi lado a una mujer de mi vida. Como soy el hombre de mi vida, podría comer solo, pero prefiero comer con la mujer a la que amo, porque ella le da sentido a ese primitivo acto de tomar alimentos. También podía ir al cine solo, porque soy el hombre de mi vida, pero la mujer de mi vida me da visiones que a mí me pasan desapercibidas y eso me encanta. También podría caminar por una calle solo, porque soy el hombre de mi vida, pero si no voy acompañado por la mujer de mi vida me siento cojo, incluso un poco ridículo. Podría ir a la deriva por esta vida siendo solo el hombre de mi vida, pero la mujer de mi vida me complementa, me ayuda a encontrar el rumbo cuando estoy perdido, me apacigua cuando estoy nervioso, me anima cuando estoy desesperanzado, comparte mis alegrías y me hace partícipe de las suyas, me hace reír cuando estoy triste, me alegra mi existencia en esta fugaz vida cuando me despierto, o al acostarme, o cuando dice mi nombre, o cuando viajamos juntos.

Tal vez soy un individuo con problemas de identidad, no me cuesta reconocerlo; yo soy el hombre de mi vida, pero sin la mujer de mi vida, soy solo medio hombre.



22/12/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


La historia interminable


La historia interminable

Cuando mi hermano y yo éramos pequeños, a mi padre le encantaba leernos textos que encontraba en los periódicos, en las revistas o en la infinidad de libros que tenía. Por la noche, reunidos todos en el salón, mi padre contaba historias inimaginables. Hace ya muchos años, no recuerdo si 25 o 30, mi padre nos leyó un texto que aún hoy conservo. Se trata de una historieta que ya por entonces ejemplificaba a modo de relato cómo éramos los españoles. El texto decía algo así:

Cuentan las crónicas que se celebró una competición de remeros entre dos equipos, uno compuesto por funcionarios de los servicios de la administración central española y el otro, por funcionarios de la administración pública japonesa. En cuanto se dio la salida, los remeros japoneses empezaron a alejarse de los españoles desde el primer momento. Finalmente, el equipo japonés cruzó la meta ni más ni menos que con una hora de diferencia sobre los españoles. De vuelta a casa, los ministros españoles se reunieron en el gobierno civil para analizar las causas después de tan bochornosa actuación. Tras varios análisis publicaron la siguiente conclusión: “Tras sutiles investigaciones se pudo detectar que en el equipo japonés había un jefe y diez remeros, mientras que en el equipo español había diez jefes y un remero, por lo que para el año próximo se tomarán las medidas adecuadas”. Al año siguiente, el equipo japonés y el español volvieron a enfrentarse. Tras darse la salida, el equipo japonés nuevamente se distanció del español desde la primera remada. Al cruzar la meta, el esquipo español llegó esta vez con dos horas y media de retraso. De vuelta a casa, los ministros españoles volvieron a reunirse en el gobierno civil para analizar las causas de la debacle y llegaron a la conclusión de que el equipo nipón se compuso en esta ocasión de nuevo de diez remeros y un jefe, mientras que tras las ingeniosas medidas adoptadas el año anterior, el equipo español se compuso de un jefe, nueve asesores y un remero, por lo que dictaminaron que el remero era un incompetente y decidieron tomar nuevas medidas. Al año siguiente, el equipo japonés y el español volvieron a enfrentarse, luciendo el equipo español una espectacular trainera diseñada por el propio ministerio de Cultura. Tras alcanzar la meta, el equipo español cruzó con cuatro horas de retraso. Finalizada la regata y a fin de evaluar los resultados, se celebró una reunión del gobierno en pleno llegándose a la siguiente conclusión: “Este año, el equipo nipón, sin ningún esfuerzo de imaginación, optó una vez más por una tripulación tradicional, formada por un jefe y diez remeros, eso sí, mucho mejor entrenados que el año anterior. Por su parte, el equipo español, tras una auditoría interna y dos externas, así como el asesoramiento del propio presidente, optó por una formación mucho más vanguardista y se compuso de un jefe, siete asesores con gratificación especial, un sindicalista liberado y un remero, al cual se le trató de incentivar castigándole sin gratificación por el enorme fracaso del año anterior. Tras varias semanas de reuniones se acordó que para los próximos años, una de dos; o se camuflaba un motor fueraborda en la trainera o bien se jubilaba al cabrón del remero.

De esta historia han pasado 30 años. Pero solo eso; 30 años. Por lo demás, seguimos en lo mismo.



14/12/2014

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


La evaluación de los docentes


La evaluación de los docentes

Uno de los grandes problemas que se derivan de democratizar cualquier estamento u organismo es la de pensar que todo el mundo puede opinar de todo. Bajo este prisma de participación, no hace falta saber: basta con tener boca para adquirir el derecho a decir lo que a uno le venga en gana.

A lo largo de mi ya extensa carrera profesional me he encontrado con infinidad de padres que en un momento determinado cuestionaron una nota negativa de sus hijos porque no estaban de acuerdo. Así de sencillo; porque no estaban de acuerdo. Vaya, que les parecía mal. También me he encontrado con padres de alumnos de sexto de Educación Primaria que creían que como tutor debía vigilar que los alumnos apuntasen uno por uno sus tareas en la agenda. Y también que debía vigilar que cada uno de ellos metiesen todo su material en la mochila para regresar a casa. Me he encontrado con padres que creían que ponía muchos deberes. Y con padres que creían que ponía pocos. Me he encontrado con padres cuyas faltas de ortografía harían revolverse en su tumba al pobre Cervantes. Y con padres que piensan que sus hijos son perfectos, y que el imperfecto es el sistema. Me he encontrado con padres que eran un lastre para sus hijos. Me he encontrado con padres que aceptan la mentira de su hijo antes que la verdad de un maestro. Me he encontrado con padres que han agredido a compañeros míos. Me he encontrado con padres en colegios de difícil desempeño que me amenazaban de muerte a la entrada del colegio y, para no perder la costumbre, también a la salida. Me he encontrado con padres que piensan que los profesores tenemos demasiadas vacaciones. Me he encontrado con padres que no les compran material a sus hijos pero que fuman pitillos de los caros.

Esta semana pasada, los diferentes diarios e informativos de la Región de Murcia recogían la noticia de que la opinión –repito, opinión- de los padres contaría para la evaluación de los docentes. Según la directora general de Calidad Educativa, Begoña Iniesta, para diseñar la evaluación de los docentes “una de las cuestiones a tener en cuenta podría ser el nivel de satisfacción que tienen las familias, preguntarles qué piensan sobre los profesores de sus hijos o del funcionamiento general del centro y sus programas”. Por esta regla de tres, supongo que en un futuro cercano los docentes podremos evaluar a los inspectores de educación, y también a los directores generales e incluso al propio Consejero. También deberíamos evaluar a los padres, y que esta evaluación tuviese sus consecuencias. En un paso más, todos deberíamos poder evaluar a los cirujanos –aunque no sepamos nada de medicina-, y a los pilotos de avión, y a los arquitectos, y a los ingenieros de telecomunicaciones, o de puertos y caminos.

No soy de los que defienden a ultranza a los docentes, ni de los que cree que los profesores no debamos ser evaluados –todo lo contrario-, pero, sinceramente, con veinte años de profesión, centenares de publicaciones y más de tres mil horas de formación, parece quizá un poco pretencioso que un padre pueda criticar subjetivamente lo que unos profesores de carrera, un tribunal de oposición, directores de cursos o editoriales me han avalado.



07/12/2014

Temática: Educación    -    Medio: Reeditor


Un sistema indefendible


Un sistema indefendible

Animado por eso de las raíces vigorosas que nos dice el gobierno, durante estos dos últimos meses he estado pendiente de las noticias económicas para comprobar si eso era cierto. Y parece que lo es.

Durante días, he leído detenidamente los titulares de los periódicos en la sección de economía. Entre los cientos de titulares, he recogido los siguientes: “Gas Natural Fenosa gana 1.239 millones hasta septiembre, un 10,6% más, por plusvalías”; “Banco Santander obtuvo un beneficio de 4.361 millones hasta septiembre, un 32% más”; “IAG mejora su previsión para 2014 tras multiplicar por nueve el beneficio: sus ingresos aumentaron un 3%”; “NH Hotel Group vuelve a beneficios en el tercer trimestre”; “BME mejora un 25% sus beneficios en el tercer trimestre: el grupo gana 40,5 millones de euros entre julio y septiembre”; “Repsol gana 1.646 millones de euros hasta septiembre, un 28% más”; “El grupo Telefónica logra un beneficio neto de 2.849 millones de euros hasta septiembre”; “Banca March aumentó sus beneficios el 108% en el tercer trimestre”; “Santander y Telefónica, líderes en beneficios y ventas”; “Banco Sabadell obtiene un beneficio neto atribuido de 265,3 millones de euros, un 42,5% más que tras el mismo período del año anterior”, etc., etc., etc. Como podemos ver, la economía va viento en popa a toda vela. Beneficios y más beneficios. Sin embargo, a mí hay cosas que no me cuadran.

Después de mirar todos estos titulares, me he ido a mirar mi nómina. Haciendo cálculos, he visto que entre las subidas de precios, las subidas de impuestos directos e indirectos, la eliminación de las pagas extras y la rebaja de sueldo, cobro un 21% menos que hace tres años. Esto, lógicamente, no me coincide con las fantásticas noticias económicas, ya que mientras las empresas aumentan sus beneficios, yo –y el resto de trabajadores españoles- aumentamos nuestras pérdidas. Para explicar esta situación, he rebuscado y rebuscado hasta encontrar la razón. Esta semana pasada, la web de Zero hedge publicaba una gráfica demoledora donde se demostraba que las compañías tenían cada vez mayores beneficios gracias a pagar menos a sus empleados. Para seguir manteniendo beneficios, desde el año 2007 las empresas han despedido a cientos de miles de trabajadores y han rebajado el sueldo a los que les quedaban. De esta forma se explica que el banco de España dijera estos días que "El sector empresarial ha dejado atrás los elementos de ajuste propios de una crisis", ya que las empresas no financieras han tenido en los primeros nueve meses del año un 62,4% de crecimiento de los beneficios cosechados. Y así se explica también que -según la revista “Forbes”-, las 100 grandes fortunas de España aglutinen 164.424 millones, el equivalente al 15,6% del PIB.

Con todos estos datos en las manos, uno se da cuenta de que los beneficios de las grandes empresas se sustentan sobre la miseria y el hambre de sus trabajadores. En esta crisis que padecemos, las empresas siguen manteniendo beneficios, sus directivos siguen cobrando enormes fortunas, y en caso de pérdidas, el estado –con el dinero de todos- saldrá a su rescate. Con un modelo económico como éste, queda claro que nuestro actual sistema político, económico y social es absolutamente indefendible.



30/11/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Politizar la educación


Politizar la educación

Si ustedes habían pensado últimamente en acudir a algún mercadillo o a alguna verbena, no se lo piensen más; no vayan al Rastro de Madrid, ni a la Alcaicería de Granada, ni siquiera al mercadillo de Torrevieja: visiten sin dudarlo la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense. Según publican algunos diarios, el pasillo de la cafetería de esa facultad se ha convertido en un museo antifascista y en un mercadillo moderno. Al parecer, a lo largo y ancho de los pasillos hay infinidad de pancartas, pegatinas, pintadas y mensajes reivindicativos de todo tipo. En cada columna, la cara recortada a spray de un fusilado del franquismo que pintaron cuando murió Manuel Fraga y cien mil consignas más: contra el totalitarismo en Ucrania, contra los bancos, contra la “Casta everywhere”, contra Bolonia, contra Wert, a favor de las “locas lesbianas y rebeldes”. Según estos diarios, en el suelo de los pasillos se sientan decenas de estudiantes, que comen, trabajan, charlan o echan una partida como si se tratase de una gran comuna feliz. En una mesita de camping, uno puede encontrarse con dos chicas que venden comida vegana. Y no solo eso; a lo largo del pasillo, además de comida sana, se ofrecen chucherías, bizcochos de supermercado y café con vaso de usar y tirar. Se sirven en mesas en las que los estudiantes fuman tabaco y pitillitos de la risa. Entre las curiosidades, destaca una pareja de más de 30 años que regenta un puesto de collares y pendientes hippies.

Según parece, en esta facultad es donde se fraguó el partido político Podemos. 19 de los 62 miembros del Consejo Ciudadano que controla el grueso de las decisiones del partido son profesores, trabajadores, investigadores o alumnos de la facultad. La cúpula del partido -Monedero, Pablo Iglesias, Miguel Urbán y Carolina Bescansa- se conocieron ahí. Parte del profesorado acusa a Pablo Iglesias y su camarilla de controlarlo todo. Usando sus propios términos, les echan en cara que la “casta” de la facultad son ellos. Otros profesores les acusan de fomentar los “escraches” contra algunos políticos que acudieron a la facultad a dar conferencias, con gritos, abucheos y patadas en las puertas de las salas.

La utilización de las facultades para la difusión de ideas políticas no es algo nuevo en España. Ya en los años 80 el PSOE utilizó esa misma facultad para crear su red propagandística. Esta utilización es, cuando menos, preocupante; a la facultad de políticas debería acudirse para aprender ciencia política, no para hacer política. A aquellos que defendemos la educación pública, plural, de calidad y abierta, nos repugna este tipo de actividades. La educación debe quedar al margen de las ideologías políticas personales, porque eso supone una manipulación manifiesta. Los docentes estamos para enseñar, no para adoctrinar. Los que defendemos la educación pública pensamos que todos tienen derecho a una educación de calidad; los que son de izquierdas y los que son de derechas, los que son católicos y los que no lo son, los que aman el circo y los que lo odian, las mujeres y los hombres. De otro modo, aquellos que nos definimos como progresistas y demócratas perderíamos todo nuestro valor: no podemos hipócritamente usar los mismos métodos de aquellos a quienes tachamos de fascistas.



24/11/2014

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Las cifras de la infancia


Las cifras de la infancia

El jueves pasado se celebró el Día Universal del Niño o Día Internacional de la Infancia. Por desgracia, este día no ha habido muchas cosas que celebrar. La infancia está en situación de grave riesgo, y año tras año todos perdemos la oportunidad de solucionar este escenario. Seguramente, habrá quien piense que esta afirmación es exagerada, alarmista, pero basta con mirar las cifras para comprobar que, en realidad, cada vez hay menos niños que puedan disfrutar felizmente de su infancia.

Se calcula que en el mundo hay 178 millones de niños que padecen desnutrición aguda. La mayoría de ellos no duran con vida más de un par de semanas. Un mes, a lo sumo. Estos niños nacen y mueren de un día para otro, como si su muerte y su vida fuesen en balde.

Cerca de 121 millones de niños y niñas en edad de asistir a la escuela están sin escolarizar en todo el mundo. Estos niños no pueden disfrutar de la infancia y, muy posiblemente, tampoco podrán disfrutar de su juventud y su madurez. En otros países, en cambio, sí hay escuelas. Pero solo para niños. Las niñas no tienen derecho a asistir a clase, y si lo intentan, son rociadas con ácido, perseguidas o tiroteadas.

Según Amnistía Internacional, en la actualidad hay más de 300.000 niños en 86 países que son usados como combatientes, es decir, como niños-soldado. De esos 300.000 menores, el 40% son niñas. En esos mismos conflictos, muchas niñas son violadas, torturadas y asesinadas impunemente, sin que exista siquiera una cifra sobre este aspectos.

Seguramente, alguien podrá pensar que en Occidente la situación es muy distinta. Y lo es, pero por el otro extremo. En los países llamados desarrollados hay cerca de cincuenta millones de niños obesos. Y no por enfermedad, sino por sobrealimentación o mala alimentación El número de niños adictos a los videojuegos crece día a día, sin que sepamos aún donde está el tope. Lo mismo sucede con el número de niños adictos a las redes sociales. Un porcentaje muy elevado de menores en el mundo llegan a una casa donde no hay nadie esperándoles. Es la llamada ´generación de la llave´. Otros están en la calle tirados sin vigilancia hasta las tantas de la noche. Algunos de ellos, incluso, les pegan a sus padres. Solo en España se calcula que medio millón de familias están afectadas por esta situación. Asimismo, la violencia entre los adolescentes crece de manera imparable. También crece el número de niños maltratados por sus padres, los cuales pagan con sus hijos los problemas de pareja. Crecen también los casos de abuso por parte de pederastas y el número de acoso escolar entre menores.

Como se puede comprobar, entre la situación de miseria y hambruna que sufren los niños en los países subdesarrollados y la situación de violencia y desamparo que padecen los niños en los países desarrollados, la infancia en el mundo está en peligro de extinción. Solo los adultos somos responsables de esta situación. Nuestras celebraciones y nuestros actos institucionales resultan absolutamente absurdos frente a sus lágrimas.



15/11/2014

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


Siempre Rossi


Siempre Rossi

Este fin de semana pasado –para desgracia de los seguidores- finalizó en el circuito de Cheste, en la comunidad valenciana, el Campeonato del Mundo de Motociclismo. Los aficionados a las motos hemos disfrutado a lo largo de este año de grandes y emocionantes carreras en las tres categorías; Moto 2, Moto 3 y Moto GP. El genial Marc Márquez, campeón del mundo de Moto GP, ha sido a lo largo de este año el centro de todas las admiraciones y de todos los elogios. Y eso está muy bien, porque -sin duda- con lo que ha demostrado a lo largo de estos últimos años, se lo merece.

Está claro que Marc Márquez ha batido récords, ha realizado grandes carreras, ha ganado campeonatos y, por todo ello, hay que reconocer que es un grandísimo piloto. Es arriesgado, carismático, veloz y calculador cuando se requiere. Lo que sucede es que, en muchas ocasiones, a las personas nos encanta lo novedoso, y encumbramos a los cielos a quienes en un momento determinado parecen rozar la gloria. Pero la gloria, como todas las cosas, hay que ganársela. Cuando hace unos años Jorge Lorenzo ganaba su primer mundial de Moto GP, muchos fueron los que vieron en él al próximo gran mito del motociclismo. Y, por ahora, no lo ha logrado, porque, como bien dice el refrán, lo difícil no es llegar; lo difícil es mantenerse. Y si hablamos de “mantenerse”, tenemos que hablar obligatoriamente de Valentino Rossi.

Decía Ángel Nieto hace unos días que, antes de la llegada de Valentino al campeonato del mundo de motos, casi nadie reconocía a los pilotos de motociclismo cuando llegaban a los aeropuertos. Excepto para unos pocos, los pilotos pasaban prácticamente desapercibidos. Y es que hace treinta años, éramos cuatro gatos los seguidores de este deporte hasta entonces minoritario. Valentino Rossi, con su carisma, con su modo de pilotar, su valentía, sus adelantamientos, sus apuradas de frenada, modificó aquella situación y nos conquistó a todos el corazón. Desde su llegada y tras comenzar a ganar campeonatos, Valentino Rossi se convirtió en el referente del motociclismo y, actualmente, no hay país en el mundo donde “The Doctor” no sea recibido con cariño y admiración.

Valentino Rossi, es actualmente el piloto con más podios, poles y puntos en la historia del Mundial de Motociclismo, y tiene también el mayor número de victorias y podios en Moto GP. Ha ganado nueve títulos mundiales en las tres categorías -125cc, 250 cc y Moto GP- y cuatro subcampeonatos. Ha sido el único “gran” piloto que ha participado en la máxima categoría con tres grandes equipos de motociclismo: Honda, Yamaha y Ducati, arriesgándose con esta última cuando bien podría haber seguido cómodamente en Yamaha. Pero así es su carácter.

Hace una semana, con 35 años cumplidos, Valentino Rossi se proclamó subcampeón del mundo de Moto GP, algo que está destinado solo a unos pocos. Admiro a todos los pilotos de motociclismo. A todos sin excepción –los hermanos Márquez, Pedrosa, Bradl, Rins, Corsi, etc., etc.-. Todos ellos me hacen disfrutar cada fin de semana. Pero, para ser justos, todos le debemos a Valentino que el motociclismo sea lo que es hoy en día. Él es, sin duda, su historia.



09/11/2014

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


Pá que se lo lleve otro...; me lo llevo yo


Pá que se lo lleve otro...; me lo llevo yo

Hace un par de semanas, mientras estaba zapeando, terminé finalmente en Telecinco, en el programa Sálvame Deluxe, donde estaban entrevistando al intelectual Alberto Isla, ex novio de la famosa presentadora Chabelita, hermana del fantástico Dj Kiko Rivera e hija a la postre de la famosa cantante condenada Isabel Pantoja, ex pareja del condenado Julián Muñoz, ex marido de la condenada Mayte Zaldívar. En fin; a parte de este fascinante árbol genealógico de personalidades ilustres, la entrevista resultó realmente interesante. Después de que Kiko Hernández –colaborador del programa- acusara a Alberto Isla de haber realizado un montaje, vendiendo fotos a un periodista a espaldas de su pareja, el susodicho Alberto Isla confesó finalmente que aquella acusación era cierta y pronunció en un perfecto español de cateto una de las frases más representativa sobre nuestra inmensa cultura española: “pá que se lo lleve otro, me lo llevo yo”.

El “pa´ que se lo lleve otro, me lo llevo yo”, es una de las características principales de nuestra cultura. Con esta frase lo que queremos significar es que somos unos ladrones, sí; pero que el resto tampoco son mejores. Es decir; es un modo de justificar que somos unos corruptos, unos desalmados, unos ladrones, unos sinvergüenzas y unos mierdas, bajo la premisa de que si nosotros robamos es porque estamos seguros de que los demás también lo hacen. Lo que sucede es que esto no es más que una pobre y ridícula justificación; quién es ladrón cuando puede, también lo es cuando no puede. Gracias a esta interpretación tan común y extendida a lo largo y ancho de nuestro cerril territorio nacional, España es el país más corrupto de Europa, el más corrupto de Occidente y uno de los más corruptos del mundo, semejante a algunos países africanos, donde la corrupción es una práctica habitual. Así, cuando uno alcanza un cierto puesto de poder en un cargo público o en una gran empresa, lo primero que hace es crear una red criminal de relaciones y favores con la intención de robar dinero del estado, que –como es de todos- no se nota.

Todos, absolutamente todos, nos escandalizamos con la ingente cantidad de casos de corrupción que hay en nuestro país. Sin embargo, la diferencia entre Rodrigo Rato y Alberto Isla es mínima; lo único que sucede es que cada uno roba en función de lo que puede. De igual modo, cientos, miles, millones de ciudadanos españoles parecidos a Rodrigo Rato y a Alberto Isla falsean su declaración de la renta, pagan sus gastos sin IVA, enchufan a su primo o a su tío en la empresa o roban CD´s de la oficina. Y esto lo hacemos porque lo hace todo el que puede.

Evidentemente, nosotros, los ciudadanos de este país, somos responsables de nuestros actos, y si somos ladrones lo somos por voluntad e iniciativa propia. Y esto es grave. Pero como nunca se sabe si la gallina fue antes que el huevo o viceversa, lo más grave es que nuestros máximos representantes sean los primeros en dar un ejemplo repugnante. De continuar con esta condescendencia con la corrupción condenaremos a la ruina económica y moral a nuestras próximas generaciones. Toda una responsabilidad.



30/11/2013

Temática: Cultura, sociedad y educación    -    Medio: Reeditor


La mala educación


 La mala educación

El informe PISA conocido esta semana nos desvela que España está más o menos donde estaba hace una década, es decir; en los últimos puestos en materia educativa. Según los resultados de esta evaluación realizada a escolares de 15 años, de 34 países examinados, España ocupa el 25º en Matemáticas, el 23º en Lectura y el 21º en ciencias. En conjunto, el rendimiento académico de los estudiantes españoles no empeora, pero sigue igual de mal, porque España aparece de nuevo situada significativamente por debajo del promedio de la OCDE en las tres áreas examinadas.

Estos resultados tan penosos, tan vergonzosos, son el producto de diferentes causas. Uno de los problemas que perjudican claramente el nivel de nuestros jóvenes es el continuo cambio de leyes educativas que sufren. Durante la democracia, el sistema educativo ha estado regulado por ni más ni menos que ocho leyes: la LGE de 1970, la LOECE de 1980, la LODE de 1985, la LOGSE de 1990, la LOPEG de 1995, la LOCE de 2002, la LOE de 2006 y ahora la LOMCE de 2013. Es evidente que si no existe un acuerdo entre los distintos sectores de la educación y las leyes educativas se politizan, difícilmente se puede ofertar una educación coherente y de calidad, especialmente si cada comunidad autónoma puede realizar su propio currículo como le venga en gana y no se cuenta con la participación del profesorado.

Aparte de los políticos, lógicamente, también tienen responsabilidad los docentes. Hoy en día tenemos alumnos del siglo XXI y maestros del siglo XX. En muchos casos, los docentes no cuentan con una preparción adecuada para afrontar los retos educativos del futuro, ya que se olvidan de seguir formándose en temas relacionados con la educación, especialmente porque el sueldo tanto para los que poseen un curríulo brillante como para los que no, es el mismo. Además, los docentes han permitido la injerencia de políticos, padres, pedagogos y editoriales, quedando relegados a una función meramente asistencial en lugar de educadora.

Como los alumnos son menores de edad y no se les puede responsabilizar de su falta de interés, sacrificio, esfuerzo y gusto por el aprendizaje, otra parte importante de la responsabilidad en estos vergonzosos resultados la tienen los padres. Como ya hemos comprobado en distintos informes internacionales, los adultos españoles tampoco vamos muy sobrados de cultura y conocimientos. Los resultados del informe PISA para adultos así lo demuestra. Tal vez por ello, los padres de hoy en día no le otorgan el valor que se merece a la educación ni a aquellos que la sustentan, que son los docentes. Para la sociedad en general, los profesores son una panda de vagos que tienen demasiados meses de vacaciones. Nada más. Como hoy en día las familias ya no representan el estatus de educadores de valores como lo eran antaño, los alumnos llegan a los centros sin ningún tipo de habilidades para aprender y, de ese modo, cerca del 40% de los alumnos repite en alguna ocasión a lo largo de la Educación Primaria y Secundaria Obligatoria sin que a los padres les importe lo más mínimo, porque social y laboralmente no se valora si uno tiene estudios o si no los tiene; cobra más un albañil de segunda que un médico de primera.



30/11/2013

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Las mentiras de Rajoy


Las mentiras de Rajoy

Como soy bueno por naturaleza, reconozco que al principio le di un voto de confianza al presidente Rajoy. Yo creía que Rajoy era un tipo valiente, un gallego curtido por el clima, de esos que soportan tempestades, que son capaces de remar contra viento y marea, aunque tengan que enfrentarse al mismísimo Odín. Y como soy de los que no quiere criticar así de buenas a primeras, le di un margen de maniobra. Aunque hoy por hoy Rajoy todavía no supera en incapacidad para gobernar a Zapatero, la verdad es que en dos años de gobierno ya lo tiene a tiro de piedra.

Este martes pasado, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, aseguraba que se ha pedido "mucho" a los españoles durante sus dos años de mandato, al tiempo que afirmaba de manera tajante y rotunda que "el tiempo se lo va a devolver con creces", porque ya hay "signos de mejora" en la economía española, aunque aún sean "insuficientes". En realidad, tan insuficientes, que entre los brotes verdes de Zapatero y el final del túnel de Rajoy, los españoles llevamos con el culo al aire y los bolsillos vacíos desde hace ya cinco años. En esas mismas declaraciones, decía Rajoy que hay quienes sostienen que se está atravesando "la mayor" crisis desde el punto de vista económico "en muchos años", añadiendo que "soy de los que creen que esa afirmación es cierta". Y a mí, en realidad, los números no me cuadran. A menos que mis cálculos me fallen, no ha habido ninguna gran empresa ni nacional ni internacional ni interplanetaria que haya dejado de tener beneficios en estos últimos años. Es más; incluso en aquellas que han quebrado, sus directivos se han ido silbando para otra empresa cobrando lo mismo o –en el caso de la banca- han sido rescatadas con el dinero del contribuyente. De hecho, la mayoría de las grandes empresas han conseguido incluso en este último año mejorar sus ganancias, gracias a aumentar el precio de los productos y a echar a la calle a miles de trabajadores, contratando en su lugar a esclavos contemporáneos que realizan el trabajo de dos personas por el sueldo de media.

Comentaba ese mismo día el presidente del ejecutivo –se nota que estaba sembrado- que había que afrontar la actual situación con "valentía" y "sumando esfuerzo entre todos", aunque me parece que se le olvidó añadir que “sumando esfuerzo entro todos los demás”, porque hace unos días Soraya Sáenz de Santamaría se paseaba por la llamada “Milla de oro madrileña” con coche oficial y escoltas para parar un tren para hacer unas compritas. Y, lógicamente, no es la única: personas que, como ella, están sumando esfuerzos, la práctica totalidad de congresistas, senadores y demás familia. Aunque son tan buenos que a lo mejor lo hacen con la intención de reactivar el consumo, nunca se sabe. Eso sí; de modificar sus sueldos y sus pensiones, nada de nada.

En esta falsa crisis hay muchas personas que se están enriqueciendo; banqueros, grandes empresarios o políticos entre ellos. Los únicos que pagamos la crisis y generamos los beneficios de unos y de otros somos los ciudadanos. Así que, para no seguir insultando a aquellos que ya nos sabemos estafados, lo mejor que pueden hacer nuestros gobernantes es cerrar la boca. Sería, por fin, el primer gesto de diginidad.



18/11/2013

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


El que no corre, vuela: la desvergüenza de nuestras señorías


El que no corre, vuela: la desvergüenza de nuestras señorías

El atleta jamaicano Usain Bolt es conocido en el planeta por ser el deportista más veloz de la historia al poseer el récord del mundo de 100 metros lisos en 9,58 segundos. Sin embargo, eso a mí no me impresiona ni lo más mínimo; su velocidad no es nada comparada con la velocidad que adquieren los miembros y miembras de nuestro Congreso de Diputados cuando llega el momento de salir para casa.

El jueves pasado, tras la última votación en el Congreso, en la que se decidía ni más ni menos que la reforma de las pensiones, nuestros diputados y diputadas protagonizaron una escalofriante carrera escaleras abajo para meterse vertiginosamente en sus coches oficiales y dirigirse lo más rápido posible a la estación de tren o al aeropuerto para iniciar su puente de Todos los Santos. Como su desvergüenza es aún mayor que su velocidad, muchos diputados se defendieron en las redes sociales intentando justificar sus comportamientos. Entre esas justificaciones, destaca la de la socialista Patricia Hernández, que aseguraba con un par de ovarios bien puestos que "el trabajo no se mide por lo que se corre, sino por lo que se hace". Y es que esta buena mujer tiene más razón que un santo, porque la capacidad de correr de nuestras señorías es excelente, pero su trabajo –visto cómo está el país y lo mucho que les gusta poner el cazo- deja mucho, muchísimo, que desear. "¿Qué hay de malo en querer volver a casa después del trabajo?", se preguntaba compungida Susana Camarero, del Partido Popular. Y la verdad es que no tiene nada de malo querer volver a casa después del trabajo; lo malo es no tener un trabajo del que poder escaparse, sobre todo porque las colas del paro están muy estáticas, gracias a sus señorías, por supuesto. Sin embargo, esta no es la primera vez que nuestros políticos nos regalan una imagen tan esperpéntica. El pasado 1 de agosto, cuando Mariano Rajoy acudía al Senado para dar explicaciones sobre el “caso Bárcenas”, los diputados nos dejaron una estampa de sillones y pasillos llenos de maletas con motivo de la operación salida.

El pensador e historiador griego Plutarco, que se especializó en temas vinculados con la moral –algo que hoy ni nos suena de lejos-, decía que la mujer del César no solo debe ser honrada, sino parecerlo. Es evidente que una gran parte de nuestros desvergonzados diputados no son honrados, pero es que además ni siquiera hacen el más mínimo esfuerzo por parecerlo. ¿Qué tiene de malo correr por los pasillos del Congreso como un colegial babeante para llegar a casa antes que nadie? Pues precisamente eso. Nuestras señorías, con los sueldos que cobran –y para el desempeño por el cual lo cobran-, no tienen ese privilegio, porque su responsabilidad para con la sociedad -para esos 12 millones de pobres que viven en España, para los 6 millones de parados-, está por encima de votar con las maletas en la mano. Es sencillamente, un tema de responsabilidad, y en ese sentido, nuestras señorías son unos auténticos irresponsables.



18/11/2013

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Vuelve el PSOE


Vuelve el PSOE

El PSOE ha vuelto. Eso al menos es lo que gritaba hace unos días un eufórico Alfredo Pérez Rubalcaba en su discurso de cierre de la Conferencia política del partido. Y tras ese rugido atronador, casi amenazante, realmente no sé si alegrarme o echarme a temblar. Para todos aquellos que nos consideramos progresistas, que defendemos la cultura, la justicia social, el trabajo, la honradez, el PSOE representa todo lo contrario al socialismo. Desde hace décadas, el Partido Socialista Obrero Español ha ido perdiendo por el camino una a una todas sus siglas; primero fueron traicionando su ideología socialista –eliminando sistemáticamente a los ideólogos del partido-; luego dejaron de preocuparse por los obreros –eso sí; financiando indiscriminadamente a los sindicatos que se enriquecieron a costa del trabajador-; después comenzaron a convertirse en agrupaciones independientes y locales y, finalmente, se hicieron nacionalistas.

Sin embargo, a pesar de todos los problemas del pasado, el PSOE ha vuelto, ruge Rubalcaba y todos los socialistas de bien. Para regenerar el partido -por una vez en la vida-, en esta última Conferencia, los socialistas dejaron de dedicarse a criticar única y exclusivamente al Partido Popular y comenzaron a preocuparse verdaderamente por los errores cometidos por los cuales perdieron las últimas elecciones. Y eso me inquieta, porque una cosa es renovarse y otra cosa bien distinta es programar actuaciones para ganar unas elecciones. Sea como fuere, al PSOE le queda un largo recorrido por delante. Para comenzar, muchos de los líderes socialistas actuales representan a la burguesía más asquerosa y recalcitrante de nuestro país. Sin lugar a dudas, prefiero a un noble que vaya de noble que a un burgués que vaya de hippie; que por delante defiende lo público pero por detrás tiene a sus hijos matriculados en colegios privados y usa la sanidad privada. Y cambiar eso resulta complejo, porque el PSOE está repleto de ese tipo de gentuza; personas cuyo currículo es vergonzosamente exiguo y que no creen en el socialismo, sino en el enriquecimiento personal gracias a la camaradería.

Otro de los retos importante del partido es comprender que el socialismo no consiste en repartir becas y subvenciones a los ciudadanos. Ese tipo de políticas es radicalmente contrario al socialismo. El socialismo no reparte migajas, ni peces; enseña a pescar. El socialismo no se basa en aumentar subvenciones, becas y ayudas sociales; se basa en crear un sistema justo y equilibrado donde no sea necesario subvencionar, becar o ayudar socialmente a nadie.

Otro de los retos importantes del partido es aclarar si el PSOE es una mezcolanza de partidos nacionalistas o, por el contrario, tienen una idea común de país. Su coqueteo con el nacionalismo extremo es peligroso, especialmente porque el nacionalismo siempre es ultraconservador y segregador, algo que no es precisamente muy progresista.

En fin; a mí me alegraría sinceramente que el PSOE regresara de verdad, que volviera a recuperar su senda, porque aunque no me preocupa la alternancia política –es sano para cualquier democracia-, sí me preocuparía que en nuestro país no hubiese alternancia, sino un puro cambio de siglas.



24/11/2013

Temática: Opinión Política    -    Medio: Reeditor


Barra libre en la justicia española


Barra libre en la justicia española

Hace ya muchos años, unos amigos míos tenían un hijo de unos cuatro años al que siempre que se le preguntaba qué quería ser de mayor respondía “criminal”. Lógicamente, el niño ni sabía lo que significaba aquella palabra ni lo que estaba diciendo, pero como causaba la risa en quienes le preguntaban, mantuvo esa afirmación un par de años más. Ahora que ha pasado el tiempo, me doy cuenta de que aquel niño, sin saberlo, era en realidad un visionario.

En este último mes, se ha producido la barra libre en las cárceles españolas. Y todo ello gracias a la sentencia del Tribunal –por llamarle de algún modo- Europeo de Derechos Humanos –ni más ni menos- sobre la doctrina Parot. Así, violadores, terroristas, asesinos, ladrones, pederastas han salido a la calle sin cumplir la condena impuesta. Y eso que en España las condenas son de risa; por eso no hay mafia que se precie que no tenga su sede en nuestro indigno país. Y es que en nuestro país, unos chavales que asesinan a una chica pueden hacer bailar a toda la policía y a todos los jueces como peleles; una persona puede cometer doscientos o trescientos hurtos sin entrar en la cárcel; una persona puede ser un pederasta o un violador reconocido internacionalmente sin que se publique su nombre en una lista pública para el conocimiento de todos los ciudadanos; una persona puede tener atemorizada a toda una comunidad de vecinos sin que la policía o la justicia puedan hacer nada; un conductor kamikaze puede matar a un joven que, si tiene el bufete adecuado, Gallardón lo puede indultar; un padre puede infiltrarse en una banda criminal donde uno de sus cabecillas reconoce que ha matado a su hijo sin que el juez tome las grabaciones en consideración; una persona puede ser víctima de una injusticia que si no tiene el dinero suficiente no podrá acudir a los tribunales; una princesa puede supuestamente estar involucrada en una trama de millones de euros que no será imputada; un presidente de gobierno puede llevar a la ruina a un país sin que le pase nada; los responsables de una entidad bancaria pueden estafar a miles de clientes sin que las justicia les reclame lo más mínimo; uno jamás podrá defender su propia casa de un robo a menos que quiera ir a la cárcel. Sin embargo, uno se pasa un céntimo en la declaración de la Renta, y la justicia caerá con todo su peso sobre la nómina de ese pobre desgraciado. Esa es la justicia que tenemos. Porque, en realidad, la justicia hoy en día no es otra cosa que un gran negocio. Es lo que tiene poner la justicia en manos de personas de gran memoria pero poco sentido común. Y, sobre todo, personas con una manifiesta incapacidad de empatía. Así, se ha generado toda una estructura legal absolutamente indecente; leyes al servicio de la política, leyes cuya terminología es demencial, procuradores, notarios, abogados defensores, penalistas, laboralistas, etc., etc., etc.

Desde hace ya muchos años, siento un profundo desprecio por esta justicia que tenemos que soportar los españoles. Especialmente, porque las víctimas siempre sufren el crimen dos veces; una por parte del criminal y otra por parte de un estado absolutamente permisivo con la delincuencia. Hay quién dice que leyes no pueden hacerlas las víctimas, porque no serían ni imparciales ni objetivas. Y puede que sea cierto, pero esa afirmación siempre me ha dejado mal sabor de boca, porque siempre me surge la misma pregunta: si no se hacen las leyes a favor de las víctimas, ¿no será que las estamos haciendo a favor de los criminales?



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